Javier Marías no dejará que los tabernarios del Internés le roben SU SONRISA.
Confirmo en Repronto lo que ya sabíamos: que a Javier (Marías) no lo saques del Ducado, que con el pueblo (se) ha topado y además son cabroncetes como un juzgado. Aún te van a llamar Alfaguarro, los muy ingeniosos. Por eso, este bloguero necio, anónimo e inculto quiere echarse unas risas con Don Javier (Marías) y va a comentar algunos de los momentos estrella de su artículo.
"Eso sí, no me pregunten con qué diablos estoy escribiendo. Lo que sí puedo confesarles es que la semana pasada, al estar fuera de Madrid y en un sitio en el que era imposible comprar máquina alguna, no me quedó otro remedio que tomar prestado un ordenador de la casa en la que me alojaba y teclear con él, tanto el artículo de rigor como algunas líneas de una posible novela nueva (que si es no será larga, descuiden). El ordenador ha vuelto a no gustarme, lo siento; pero ya que lo tenía en mis manos durante unos días, aproveché para navegar un poco por Internet, por primera vez en mi vida o casi (No quisiera decir que esto condiciona la actitud, la opinión y la legitimida de Don Javier. Que él sabe más de Tristram Shandy que yo. ¿Está claro?). Así, logré visitar por fin, al cabo de unos diez años desde su creación, la web que lleva mi nombre y que montó por propia iniciativa una lectora de Gijón, Montse Vega (señorita a la que seguimos también nosotros desde hace tiempo), a la que, visto lo visto, debo mucho más de lo que jamás podré devolverle. También me quedé admirado de que en la Red existan datos sobre todo lo habido y por haber, aunque demasiados no sean de fiar o estén equivocados. Es decir, aquello parece una enciclopedia de vastedad incomparable, pero de calidad muy dudosa y variable. Comprendo ahora de dónde salen muchas "documentaciones" de periodistas y -lo que es más grave- novelistas (aquí viene un momento estelar de Marías: ese dónde asume que los periodistas, que tratan con la siempre indecorosa realidad, son peores que los novelistas, cuya condición de linces de la ficción les impide "introducirse" en el basurero de la red), y por qué tantos de éstos se atreven hoy a hacer novelas históricas sin saber nada sobre el periodo elegido antes de empezar a redactarlas (Eso, Eso, que en los foros sólo se junta chusmilla).
Pero de todo esto estarán la mayoría de ustedes al cabo de la calle, y disculpen que les diga nada sobre mediterráneos que habrán descubierto hace siglos. Lo que más me ha desagradado, sin embargo, son los llamados blogs y foros(los llamados blogs dice el llamado escritor), por algunos de los cuales me he dado un paseo (Un paseo muy poco Cervantino, Don Javier que cualquiera diría). No entiendo que tantos escritores tengan un blog propio (como decíamos, el novelista no debe ensuciarse) y le dediquen, por fuerza, numerosas horas de su tiempo, porque me parece equivalente a esto: uno va a un bar, se sienta a una mesa y habla de lo que sea, y a continuación está expuesto a que cualquiera coja una silla y le suelte a su vez su rollo o -con demasiada frecuencia- sus imprecaciones (entra Don Javier [Marías] a un bar y dice "Esta la Sfera?" "¿Quién" "La sfera" ¿Qué? Porque la BLOGO es ESTO ¿No? ¿No?.... ). O bien a esto otro: uno inicia una conversación telefónica particular, y cualquier individuo puede colarse en ella y opinar lo que le plazca o ponerle verde a uno (¿Fue Don Javier [Marías], académico de la lengua y Redondo el muy Rey, el que dejó el comentario "Aquí lavan ropa?" "¡PUES QUÉ GUARROS!" en algunos blogs ingleses). No sé, para mí sería una pesadilla tener que escuchar pacientemente a personas que no he elegido (muy Flaubertiano es el no elegido, como si la visita de blogs fuera forzada. ¿Sabrá Don Javier [Marías] la existencia de buscadores, de feeds RSS para leer los blogs que tan sólo interesan?), y con las que en algunos casos no quisiera ni cruzar media palabra (Y tu qué has hecho en la vida chaval, que yo he traducido a Sterne, piltrafilla). ¿Cuál es la gracia de estas tertulias escritas? (¿Aquí lavan ropa?) ¿Ver que uno provoca reacciones? (¿Psicología social? Nah) ¿Tener la comprobación inmediata de que lo que expone no cae en el vacío? (¿Y eso no le llena, Don Javier [Marías]?) ¿Llevar una vida "interactiva" (y perdonen el adjetivo)? Debe de haber mucha gente solitaria, o que aguanta la soledad -ese gran bien- pésimamente (Ha punteado el Sabina, pero ha terminado haciéndose el inglés con "ese gran bien" dicho con una firmeza nada nihilita). Pero lo que más me ha desagradado es el frecuente tono insultante de los comentarios y el veneno que a menudo destilan (Qué mala gente, qué mala uva). Amparados en el anonimato cobarde de los llamados nicks, no hay asunto que no les merezca a unos cuantos blogueros toda suerte de improperios (menuda perraca la tal George Eliot o el tal Larra, Digo, Los Nicks, claro. ¿Y el tal John Banville, usando seudónimo para la novela negra?). No veo que se discuta ni argumente apenas (Si no lo veo, no lo creo, decía el refrán), sino que más bien se lanzan denuestos y groserías como en las tabernas más zafias (¿Cómo en las de Pérez Reverte o en las zafías de verdad, esas llenas de gente rara que está hecha de muchos metales?). Hay en este mundo, o eso parece, una desproporcionada cantidad de odiadores, o llámenlos negativistas, resentidos, amargados, venados (Muy Buenafuente, el Digue'm Agosarat). No tantos en los blogs o foros en inglés (Sterne, muchacho, tú si que sabías). En esa lengua la gente es más propensa a emitir sus opiniones, a discutir civilizadamente, a pedir una información o aportar otra interesante y útil (Sí, claro, nada que ver)En los españoles, en cambio, veo una sobreabundancia de rabiosos y cabreados, de individuos a los que todo parece una mierda, o que dedican horas y horas a estudiar la obra de un autor, por ejemplo, con el solo ánimo de ponerla a caldo, en vez de abstenerse -como quizá sería lo lógico- de seguirla leyendo. También se lleva uno sorpresas en este mundo, y ve intervenir, con su nombre, a personas de las que se distanció hace años, sólo para comprobar que la edad no las ha hecho más sabias ni gratas sino todo lo contrario, que el gusto por despotricar sin razones les ha ido en aumento y que ni siquiera han variado sus obsesiones durante tan larga ausencia. No sé, pero asomarse a esa inmensa taberna (no son varias tabernas, sino que una y en la que seguramente mataron a Billy Bones, ¡Groar!) que son los blogs y foros de Internet, en España, le hace tener a uno la sensación de vivir en una región ocultamente furibunda, en la que más vale no entrar, si es posible (Hijo, ves lo que pasa si vas a los bares, que juegas a las tragaperras, pegas a tu mujer y en general, te conviertes en tercermundista).
Confundir la estupidez con un objeto no es nuevo. Que este medio proporcione a la estupidez un poco más de ruido, tampoco es neceseriamente terrible: dice mucho de la situación cultural de un país. Pero ¿Ha leído el nivel de una discusión en el blog de Vicente Luis Mora? ¿Y a Minchinela? Admito que la mayoría disgusta, sobretodo cuando da razón a la idea ilustrada del Pueblo, pero siempre hay sorpresas. Gente inteligentísima que ha encontrado en este medio una herramienta de intercambio de ideas y de riqueza democrática en una dialéctica, al fin, adecuada. Gente que es furibunda, pero sin vestirse de gitana ni extrañarse si le hablan de Cervantes, esa novia fea, ni levantan la ceja para debatir las elecciones/traducciones de Flaubert, ni tienen miedo en descubrir nuevas narrativas, ni creen que Onetti es el nombre de una pizzería legendaria. La grandeza no es propiedad, todavía, de un hombre arrogante. La grandeza la conceden la inteligencia, los argumentos, algo que Don Javier (Marías) lleva mucho tiempo sin darnos.