lunes, mayo 06, 2013


- Ya veo - dijo - que no quieres hablar. No seré yo quien te acuse de cobardía. A todos nos cuesta que en un instante ya irrecuperable lo que apostamos todo a una vuelta de la ruleta antes de aprender las reglas del juego. Yo también creí que la vida era otra cosa. Luego se sigue jugando, se gana y se pierde alternativamente, pero ya nada es igual: las cartas están marcadas, los dados están cargados y las fichas sólo cambian de bolsillo mientras dura la velada. La vida es así y es inútil calificarla de injusta a posteriori.

Eduardo Mendoza, El laberinto de las aceitunas