EL RINCÓN DE ALVY SINGER
'Human beings are born image-makers and image-enjoyers' DENIS DUTTON
viernes, mayo 17, 2013
"Es natural que el Amor se presente después - y no antes - del aprendizaje sexual, bajo el aspecto de una puerta más alta, noble y capaz de conducnros a la felicidad, ya que se trata de una síntesis entre la felicidad política (colectiva, ética, dogmática) y la felicidad sexual (individual, estética y acéfala). El Amor parece una solución perfecta entre las abstracciones universales de la organización social y la tendencia anárquica, destructiva, de la relación sexual. Un Enamorado cree que ha resuelto por su cuenta el conflicto entre Mundo y Yo, desde el momento en que está convencido de que pertenece a Lo Otro, sin por elljo dejar de ser él Mismo. Espejismo de muchísima fuerza por lo secreto de su truco y lo doloroso de su elucidación, como ya intuyera alguien tan alejado de la psicología como Platón"
Félix de Azúa, Historia de un idiota contada por él mismo o el Contenido de la felicidad
"Las grandes añagazas sólo se comprenden muy tarde, cuando al no quedar tiempo para las enmiendas, el espíritu comprende que muchos errores que no podrán ser corregidos constituirán el sudario de unos cuantos aciertos; con cuánta frecuencia el arte une a su elegida a la mujer que hablará por su boca, para quedarse a solas con él rumiando un lenguaje privado"
Juan Benet, Otoño en Madrid hacia 1950
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Otoño en Madrid Hacia 1950
"-Porque los pasos, sobre todo los pasos, vienen a ser como un animal nocturno. Durante el día se quedan quietos en cualquier rincón. Tú a lo mejor andas por allí porque estás limpiando o lo que sea y los tocas, porque no sabes dónde están, y no ocurre nada. Pero si por la noche caminas o haces ruido, entonces se acercan a ti. Hay gente que se asusta yc hilla, y lo único que consiguen es atraerlos más y más. Y pueden llegar a pasarte por encima de la cara, y, aunque no hacen daño, luego no se olvida nunca porque son como una lengua de gelatina o algo así. Y si corres, lo mismo; peor, porque te siguen, al menos mientras corras por el interior de la casa
Juan José Millás, El Jardín Vacío
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Juan José Millás
lunes, mayo 13, 2013
"Un día, como digo - y quizás en el momento en que menos me podía interesar -, surgió el recuerdo y con él el refrendo de un convencimiento que si en un principio llegó a molestarme, con el tiempo paso a constituir una verdadera obsesión. Nunca he comprendido cómo la desaparición temporal del recuerdo se achaca al olvido, desmentido por tantos fenómenos, porque de la misma manera que la roca sedimentaria guarda en su seno todas las huellas de los seres que dejaron su impronta cuando tan sólo era un légamo blando e impresionable, así la memoria puede cobijar y atesorar todo lo que en su día tuvo la consistencia necesaria para dejar un rastro indeleble. Y de todo ese terreno ignorado del cual nacen las conjeturas y las hipótesis - de la misma manera que no se llama arqueología a todo lo que se supone que esconden las arenas del desierto sino al conjunto de restos extraídos de é y sobre el que se ha edificado una ciencia de la reconstrucción no - no se puede llamar memoria tanto a una facultad como a los resultados que el hombre ha sido capaz a su propia luz y que - en general - son tan escasos que bien puede decirse que apenas constituyen una base sólida para cimentar un conocimiento de lo que ha sido. Me pregunto muchas veces: si no fuera por los demás ¿qué sabríamos de nosotros mismos? ¿qué sería la niñez sino un espejismo contradictoria e incontrastable? Y qué de enigmas no presentan un carácter acuciante y misterioso en virtu dde que unac ontinuidad vital, garantizada por el organismo, se despreocupa de dar continuidad al conocimiento de tal hecho. Porque de treinta o cincuenta años vividos ¿qué es lo que se conoce con seguridad? En verdad lo único que se siente- no se sabe- de firme es que han sido vividos y recogidos y resumidos más por la ignorancia que por uns aber que - con la ausencia del cuerpo y gracias al olvido - siempre está dispuesto a desatender y abandonar su cometido. Una gran parte de recuerdos están acompañados de una sorpresa o de una intención muy acusada; y yo me imagino que ese medio denso, opaco e impenetrable a la investigación y verificación en el que quedan grabados tantos hechos de nuestra vida, sólo es susceptible de ser impresionado por loinsólito y en cambio - como esa losa marórea cuajada de conchas indiferente a los pies que la hollan, que no hacen sino desgastarla - es capaz de enfrentar toda su dureza y tenacidad al registro de las costumbres. Así que una gran parte de lo que es costumbre no lo guarda tanto la memoria como un saber distinto, emparentado con el proyecto de existencia que todo hombre se hace y que poco a poco va traduciendo en hábitos. La memoria guarda un viaje, un amigo l que no se le ha visto en años o una caída infantil pero con mucha frecuencia lo hace tras reducir todo ello a estampas insaboras, despojándolas de un sentir que las envolvía en el momento en que sucedía; se diría que se trata de un proceso esterilizador gracias al cual el recuerdo queda conservado desprovisto de unos sentimientos que de no ser extirpados fermentan; qué poco sabe, por consiguiente, en una primera instancia, cuando la burbuja va aflorando a la superficie, arrastrando tras ella mil otros detalles sepultos e intactos que le siguen en su camino a la conciencia, de todo ese maremágnu emocional que envuelve a la más intrascendente herida en una rodilla para cuya imperfecta comprensión sería menester más tarde hacer uso de la adivinación con tanta o más intensidad que cuando se pretende adentrar en el tiempo no vivido; ha grabado sí la caída pero qué poco dice del camino del colegial, repetido cientos de veces cada día de distinta manera, o del hastío domiical salvado cada domingo con una ilusión diferente, a causa de esas imágenes tópicas envolventes de los mil caminos y las mil tardes y los cientos de domingos - todos parecidos y ninguno semejante - que constituyen nuestro andar Si a eso se añade que a medida que vamos creciendo oe nvejeciendo más análogas son nuestras tardes y más simple esa imagen única que las envuelve, simplifica y representa, se comprenderá una razón por la cual cada día se hace menos uso de la memoria, no tanto un órgano ni una función como un saber que, sobretodo, fue utilizado y aprovechado antes de los trenta años"
Juan Benet, Una meditación
lunes, mayo 06, 2013
- Ya veo - dijo - que no quieres hablar. No seré yo quien te acuse de cobardía. A todos nos cuesta que en un instante ya irrecuperable lo que apostamos todo a una vuelta de la ruleta antes de aprender las reglas del juego. Yo también creí que la vida era otra cosa. Luego se sigue jugando, se gana y se pierde alternativamente, pero ya nada es igual: las cartas están marcadas, los dados están cargados y las fichas sólo cambian de bolsillo mientras dura la velada. La vida es así y es inútil calificarla de injusta a posteriori.
Eduardo Mendoza, El laberinto de las aceitunas
domingo, abril 21, 2013
" - Pasarán unos años y olvidaremos todo; se borraran los embudos de las explosiones,
se pavimentaran las calles levantadas, se alzarán casas que fueron destruidas.
Cuanto vivimos, parecerá un sueño y nos extrañará los pocos recuerdos que guardamos;
acaso las fátigas del hambre, el sordo tambor de los bombardeos, los parapetos de
adoquines cerrando las calles solitarias....
Juan Eduardo Zuñiga, Largo Noviembre de Madrid
lunes, marzo 25, 2013
El arte de la suplantación
De la entrevista original del Paris Review.:
¿Qué le sucede a Philip Roth cuando se convierte en Nathan Zuckerman?
Nathan Zuckerman es un acto. Es todo el arte de la suplantación, no es cierto? Ese es el don novelístico fundamental. Zuckerman es un escritor que quiere ser un doctor suplantando a un pornógrafo. Yo soy un escritor escribiendo un libro suplantando a un escritor que quiere ser un doctor suplantando a un pornógrafo - que entonces, para hacer la suplantación, para poner la lengüeta en el bode, pretende ser un conocido crítico literario. Creando una biografía falsa, una historia falsa, inventando una existencia medio imaginaria fuera del drama real de que mi vida es mi vida. Tiene que haber cierto placer en este trabajo, y eso es todo. Ir por ahí con un disfraz. Actuar como un personaje. Pasar uno mismo como alguien que no es. Pretender. La astuta y sagaz mascarada. Piensa en el ventrílocuo. Habla de un modo que su voz parece que procede de alguien que está a cierta distancia de sí mismo. Pero si no fuera por tu línea de visión, no encontrarías placer alguno en su arte. Su arte consiste en estar presente y ausente; es más él mismo cuando está simultaneámente siendo otro, ninguno de los dos es él una vez baja el telón. No tienes por qué necesariamente, como escritor, abandonar tu biografía completamente para abordar un acto de suplantación. Puede que sea más intrigante cuando no lo haces del todo. Lo distorsionas, lo caricaturizas, lo parodias, lo torturas y subviertes, lo explotas - todo para dar a la biografía esa dimensión que excitará tu vida verbal. Millones de personas hacen esto todo el tiempo, y no con la justificación de crear literatura. Lo hacen en serio. Es sorprendente qué mentiras puede sostener la gente tras la máscara de sus verdaderos rostros. Piensa en el arte del adúltero: bajo una presión tremenda y contra enormes dificultades, maridos y esposas ordinarias, que se petrificarían con autoconciencia encima de un escenario, aunque en el teatro del hogar, solo ante la audiencia del cónyuge traicionado, representan roles de inocencia y fidelidad con una técnica dramática perfecta. Grandes, grandes actuaciones, concebidas con genio para los más pequeños particulares, una actuación impecablemente meticulosa y naturalista, y todo hecha por un ránking de aficionados. La gente hermosamente pretendiendo ser "ella misma". La imaginación puede tomarse las formas más sutiles, sabes. ¿Por qué debería un novelista, un simulador de profesión, ser menos cuidadoso o de más confianza que un estólido, nada imaginativo, contable de un suburbio siendo infiel a su esposa? Jack Benny solía simular que era un ávaro ¿recuerdas? Se llama a sí mismo por su buen nombre y exclamaba que era tacaño y mezquino. Excitaba su imaginación cómica hacer esto. Probablemente no era tan divertido como cualquier otro tipo escribiendo cheques a la UJA y llevando a sus amigos fuera a cenar. Céline simulaba ser un indiferente, incluso irresponsable doctor, cuando parece, de hecho, que trabajó duramente en su profesión y que fue concienzudo con sus pacientes. Pero eso no era interesante.
domingo, marzo 24, 2013
Mi héroe: Philip Roth
Por James Wood (The Guardian)
¿Creyó alguien a Philip Roth cuando, a principios de año, anunció que se retiraba de la escritura? De todos los novelistas contemporáneos, es el único que ha hecho que el escribir parezca un acto necesario y continuado, inextricable de las continuidades y los conflictos del estar vivo. Para Roth, la narración y el yo parecen haber nacido juntos, y, por lo tanto, deben morir juntos también. Más que ningún otro novelista moderna, ha usado la ficción como confesión y como el desplazamiento de la confesión: sus virulentos, quejicas y alter egos, de Portnoy a Zuckerman o Mickey Sabbath todos parecen rothianos, incluso cuando están solamente siendo suplentes de Roth. Ha hecho de su infancia en Newark, su amor, sus padres irritantes, su condición judía, su sexualidad, su propia vida de escritor algo familiar y vívido a millones de lectores. Ha parecido necesitar la ficción como una clase de reportaje performativo y despiadado, es por lo cual, en años recientes, las grandes novelas (El teatro del Sabbath, Pastoral Americana) han compartido espacio con trabajos mucho más flojos, y por lo que ha sido tan productivo; la ficción al mismo tiempo urgente y algo incompleta, tan necesaria como el arte y tan desesperanzada como la vida.
Admiro a Roth (quien cumplió ochenta años esta semana) por muchas razones. Porque no ha seguido siendo el mismo (su prosa enjuta es ahora muy distinta de las pulidas cadencias de sus primeros trabajos). Porque esa prosa es un instrumento maravilloso, capaz de sorpresas líricas y de la más cruda de las franquezas, al mismo tiempo altamente construida y derrochantemente oral. Porque es muy divertido (pensad en el momento en el El escritor fantasma en el que Nathan Zuckerman que él ha hecho el bien, como un chico judío majo, al casarse con Ana Frank, que ha sobrevivido mágicamente el Holocausto). Y porque ha demostrado que el artificio posmoderno y el realismo americano no son incompatibles, sino que, en realidad, se alimentan el uno al otro - tal vez su mejor novela, La contravida, toma lo que necesita de la autoconciencia posmoderna y los juegos ficticios, y monta una conmovedora investigación sobre qué significa llevar tu vida. Que nuestra perpetua máquina de escribir profundice en las páginas, como con Henry James, hasta que tengamos que pelear por la pluma de su mano moribunda.
sábado, febrero 23, 2013
-Ahora ya no - continuó tras un suspiro-. Ahora el dinero son viles papeluchos arrugados. Yo cuando tengo alguno, estoy deseando soltarlo.
-Todo lo papeluchos que usted quiera - interrumpió el comisario- pero hacen falta para vivir.
-Eso suele decirse, sí. Para vivir....Pero ¿a qué llaman vivir? Para mí vivir es no tener prisa, contemplar las cosas, prestar oído a las cuitas ajenas, sentir curiosidad y compasión, no decir mentiras, compartir con los vivos un vaso de vino o un trozo de pan, acordarse con orgullo de la lección de los muertos, no permiten que nos humillen o que nos engañen, no contestar que sí ni que no sin haber contado antes hasta cien como hacía el Pato Donald...Vivir es saber estar solo para aprender a estar en compañía, y vivir es explicarse y llorar...y vivir es reírse...He conocido a mucha gente a lo largo de mi vida, comisario, y créame, en nombre de ganar dinero para vivir, se lo toman tan en serio que se olvidan de vivir. Precisamente ayer, paseando por Central Park más o menos a estas horas, me encontré con un hombre inmensamente rico que vive por allí cerca y entablamos conversación. Pues bueno, está desesperado y no sabe por qué. No le saca partido a nada ni le encuentro aliciente a la vida. Y claro, se obsesiona por tonterías. Al cabo de un rato, parecía yo la millonaria y él el mendigo. Nos hicimos muy amigos. Dice que él no tiene ninguno. Bueno, uno, pero que se está hartando de él.
Carmen Martín Gaite, Caperucita en Manhattan, Siruela, 1990.
-Todo lo papeluchos que usted quiera - interrumpió el comisario- pero hacen falta para vivir.
-Eso suele decirse, sí. Para vivir....Pero ¿a qué llaman vivir? Para mí vivir es no tener prisa, contemplar las cosas, prestar oído a las cuitas ajenas, sentir curiosidad y compasión, no decir mentiras, compartir con los vivos un vaso de vino o un trozo de pan, acordarse con orgullo de la lección de los muertos, no permiten que nos humillen o que nos engañen, no contestar que sí ni que no sin haber contado antes hasta cien como hacía el Pato Donald...Vivir es saber estar solo para aprender a estar en compañía, y vivir es explicarse y llorar...y vivir es reírse...He conocido a mucha gente a lo largo de mi vida, comisario, y créame, en nombre de ganar dinero para vivir, se lo toman tan en serio que se olvidan de vivir. Precisamente ayer, paseando por Central Park más o menos a estas horas, me encontré con un hombre inmensamente rico que vive por allí cerca y entablamos conversación. Pues bueno, está desesperado y no sabe por qué. No le saca partido a nada ni le encuentro aliciente a la vida. Y claro, se obsesiona por tonterías. Al cabo de un rato, parecía yo la millonaria y él el mendigo. Nos hicimos muy amigos. Dice que él no tiene ninguno. Bueno, uno, pero que se está hartando de él.
Carmen Martín Gaite, Caperucita en Manhattan, Siruela, 1990.
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