jueves, mayo 14, 2015


-Nunca tomes una decisión - prosiguió tía Marton-. Prométeme que nunca lo harás. Yo sigo con tu tío porque tomé una decisión....y porque no he conseguido desprenderme de este absurdo sentimiento de fidelidad a mí misma. He tenido que capitular en muchas cosas y al menos en una de ellas no puedo dejar de serme fiel. Tan sólo necesito, de vez en cuando, airearme un poco...aunque sea con aire viciado. Necesito engañarme, como todo el mundo: ¡que el aire al menos sea otro! Tu tío es completamente irrespirable. Todo el mundo me lo decía...y es tanhorrible cuando todo el mundo tiene razón. No sabes lo pronto que desistí, lo rápida que fue mi renuncia, con qué claridad vi, tras la euforia de los primeros momentos, en qué iba a quedar mi tremendo acto de voluntad: en una pura labor de protección. He tenido, desde entonces, que proteger a tu tío, de mi elección, de mi fracaso. Tampoco creo que eso me haya salido muy bien. Sigo viéndolo inseguro, pendiente, cobarde; acude a mí con la tristísima conciencia de que yo no le basto. Y es muy posible que ni siquiera yo sea suficiente para él...pero me tiene ahí. Eso es lo que queda de mi gran decisión: estar ahí. Y ahí me matengo, porque, si me apartara, si diera el meno paso para alejarme..., ¿de quien me estaria alejando? Firmé un compromiso, y a fuerza de componendas lo cumplo. No es así como se cumplen los compromisos? ¡Si no quieres trampear, no te comprometas! ¡ Te pasará  la vida poniendo y quitando parches! No, prométemelo. Prométeme que nunca tomarás una decisión.

Luis Magrinyà, Los dos Luises.