lunes, abril 07, 2014


No había sabido cómo llamarlo, no había querido hacerlo, pero desde el primer momento supo que aquello iba a durar. Pasión, delirio, obsesión - aspiración quizá: pero eso era lo más apurado y horrible de todo - fueron palabras que con el tiempo llegarían a imponerse, pero aun entonces el impulso de decirlas le resultó ajeno, la voz que las articuló apenas la reconoció como suya, y el efecto final fue el mismo que si hubiese profanado algo muy precioso y muy profundo. Ni una sola de las palabras las había inventado ella, y nada le parecía tan detestable como lo que había oído tantas veces pronunciar a los demás. Si las pronunció, y lo hizo en aras - le dijeron - de una eventual lucidez, nunca dejó de sentir que lo había hecho definitivamente a pesar de sí misma, como una sonámbula a quien la fría aurora despierta de un sueño cándido.

Luis Magrinyà, G.C. en Belinda y el Monstruo.