viernes, marzo 25, 2016


(Do not disturb) Quien dice que hay que estar a la altura de los tiempos o ir con el signo de los tiempos, sabiendo que nadie puede sustraerse a la servidumbre de tener que sufrirlos y aguantarlos, está movido al cabo por un temor rastrero que le impulsa a evitarles a los tiempos hasta una mala cara, un gesto de impaciencia, o aun el más leve ruido que les turbe el sueño; como el gerente de un hotel de lujo, servilmente aterrado ante la posibilidad de la más pequeña queja por parte del millonario americano, se afana sin descanso para que todos, unánimemente, sonrían a los tiempos, tal vez para evitar que alguien acabe induciendo en él la turbación de empezar él mismo a sospechar de ellos y de su autoridad, lo cual podría ser la fatídica señal que desatase finalmente la instrucción de la causa, cuya urgencia ya está clamando al cielo, del proceso a los tiempos, es decir, a la Historia Universal.

Rafael Sánchez Ferlosio, Vendrán más años malos y nos harán más ciegos.