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sábado, noviembre 07, 2009

El existencialismo es un humanismo


The Box (2009, Richard Kelly)

Si tuviéramos que medir el cine de terror más o menos mainstream en dos extremos, La Huérfana (2009, Jaume Collet-Serra) sería su ejemplo más conservador y eficaz, aquél que quiere seguir a rajatabla todos los esquemas (sustos, clímax final de killer on the road) y fingirse una aportación mínimamente novedosa que, en realidad, revela la deriva conservadora del género y que se divierte desde la impersonalidad de la artesanía. The Box estaría en el otro extremo: una propuesta ultrapersonal camuflada detrás de un fácil thriller de sustos y giros finales, con un ritmo tenso, pero nunca frenético, con una autoría que gusta delatarse escena tras escena. Porque esta es una película que no va a reconciliar a nadie con Richard Kelly, por mucho que en sus tráilers pareciera una concesión (obligada) al mainstream después del baño de autoindulgencia de Southland Tales, película lastrada por lo evidente de su esqueleto conceptual.

The Box parece una adaptación de un moralista y divertido cuento de Richard Matheson, pero, en realidad, no parece satisfecha con esto. Es, sobretodo, una lectura que usa a Matheson para llegar, con citas que marcan el principio y el clímax final, a releer A puerta cerrada de Jean-Paul Sartre y darle una coda levemente política al mundo en el que viven los protagonistas, un tumultoso 1976, época de recesión económica y escepticismo político.

Esta es una película de Richard Kelly, esto es una perversión posmoderna (tardía) de los esquemas de sus maestros (ya posmodernos), en este caso un cruce improbable entre una película tipo Encuentros en la tercera fase (hay una coda visual en el último encuentro del protagonista con superiores) con un thriller paranoide de Alan J. Pakula (The Parallax View) que saca partido a toda su atmósfera y que no renuncia a ofrecer imágenes extrañas como esas puertas acuáticas que sirven de pasaje a la condena eterna que nadie quiere esquivar. El resultado es desconcertante y nunca previsible y su calculadísima atmósfera no usa nunca efectismos, sino los resortes de cintas como la citada The Parallax View, copiando incluso gramáticas visuales, sin caer en un manierismo setentero.

¿Confirma algo nuevo en el discurso autoral de Kelly? Seguramente que su cine es un poco más pesimista (incluso conservador) que el de sus maestros ya que sus protagonistas están enfrentados siempre al sacrificio más terrible imaginable y que liga a su primera película con este discurso de la vida como purgatorio y la creencia de otro mundo posible, pero que Donnie Darko no es una casualidad y que hay un cineasta absolutamente reconocible en todas sus escenas, que viene puntuado por una excelente banda sonora de Arcade Fire deliberadamente inspirada en los trabajos de Bernard Herrmann para Hitchcock en general y para Vértigo en particular. Quizá este sea el modo más justo de definir esta película: un juego de ecos pasados y distorsionados que desfiguran nuestra memoria como espectadores, aglutinan referentes de una década y los cruzan de un modo inesperado y crean un mundo único. El problema es si algún día podrá hacerlo remitiéndose sólo a sí mismo: le hace falta tiempo, pero ahora sabemos que capacidad no le sobra.

Lo que nos queda es una de las películas más notables del fantástico que este servidor ha visto y la confirmación de que Kelly sigue siendo un talento singular, anómalo y muy, muy prometedor.

Reportaje sobre Richard Kelly / Reseña de John Tones.