jueves, septiembre 10, 2009

Esperando la barbarie

District 9 (2009, Neill Blomkamp)

-Spoileracos-

En The Ultimates 2, obra cumbre en la reconfiguración ética post-Watchmen de los iconos superheroicos, Mark Millar proponía la creación de los Liberators, reflejo oscuro y satírico de la América de Bush en el que se aliaban Irán, Siria, China, Corea del Norte y ¡Francia! en una improbable y divertidísima guerra. Lejos de acentuar la estética satírica que aprendió en The Authority, Millar llevó a Marvel ideas parecidísimas pero las vició en una narrativa corrupta, convirtiendo a los Ultimates en glamourosas estrellas de cine y rock para un mundo Vogue cuyos objetivos eran políticos. Para llevar a cabo esta reflexión, Millar usa en su díptico al Capitán América, algo muy significativo ya que en Los Vengadores, Lee y Kirby también rescataron a un Capi América necesitado de un carisma perdido tras la Segunda Guerra Mundial. Lee y Kirby le dieron inocencia y heroísmo a un icono propagandista pasado de moda, y Millar quiso hacer lo mismo con un héroe que, en los tiempos turbios post11S, no podía presentarse a la ligera: así, el Capitán América es un hombre pasado de moda, un anacronismo viviente que cree en el simbolsimo propagandístico como algo hondo y ético y que es poco menos que una anomalía en medio del cinismo global e imperialista de la era Bush.

The Ultimates 2 cierra el círculo ético, cuando el Capitán América lleva a cabo una misión en Irán y de un soldado asesinado entonces, sale el Capitan Abdul-Al Rahman que al principio parece una evidente forma de que el héroe se enfrente a sus daños colaterales. Pero Millar va más allá y lejos de funcionar como un recurso de igualación ética, funciona como una forma plena de introspección menos obvia: cuando vence al Capitán Al-Rahman, el líder de los Ultimates descubre que su función es la de ejercer de extensión vulgar y eficaz del poder antes que de símbolo. En definitiva, que no hay lugar para mitos y que ambos son armas para la presunción de potencias y la victoria del Imperio.

District 9 funciona como un punto exacto en el que la ética Millariana se encuentra con una concepción del alienígena más propia de Steven Spielberg, en la que los invasores tienen alma y están extraviados accidentalmente. En este debut del aquí adorado Neill Blomkamp, un hombre va a tardar más de una mañana en convertirse en cucaracha, pero por el camino descubrirá que cualquier mutación/superpoder sólo sirven para alimentar el Poder y que los gestos humanos están contenidos en los modos de expresión más patéticos y rudimentarios. Blomkamp dirige con nervio, quizá hace trampa al narrar mal la primera huida del protagonista o desaprovechar la tensión espacial del asedio, también al no aclarar algunos detalles contextuales, y puede ser presa del hype que creó la película en el Comic Con, condicionado demasiado lo que es una serie B sorprendente (atención a la maravillosa secuencia del Mecha), que antes que ejercer como parábola del Apartheid, que sirve como contexto simbólico/paisaje (Esos nigerianos de tebeo), funciona a una escala más grande: los refinamientos (a)morales de una sociedad capaz de generar campos de concentración al tiempo que reescriben la historia con la intrusión y la contaminación de todos los documentos existentes (como ha explicado Steiner que hicieron los nazis). No es casualidad que una parte, mutante, de la película sea la narración que documenta la MNU, multinacional armamentística que se intuye como gran centro económico de la ciudad, sobre la figura de Wikus Van der Rohe, en la que al final esquivan el hecho, terrible, de que se haya creado con éxito el Distrito 10, donde la población alienígena ha sido existosamente reubicada…y marginada, siendo el perfecto epílogo a una guerra mundial.

Addenda: Críticas de John Tones y Diego Salgado.

3 comentarios:

Haciendo Amig@s dijo...

Me sorprende que no la pongas a parir, como otros que, inexplicablemente para mí, la enfrentan a "Alien Nation", que no era más que una "buddy movie" sobre policías tras un traficante de drogas (alienígenas, claro) y con caligrafía de telefilme.

Tampoco entiendo porque todo el mundo que la critica arremete contra la psicología del prota, que me parece lo más logrado de la peli. Ni arengas sobre derechos, igualdad, justicia ni esas cosas. Un pobre diablo racista, enchufado y simplón convertido en su peor pesadilla... obligado a ponerse en el lugar de "el otro"... y que lo lleva fatal, claro. Sus reacciones son egoistas, arbitrarias y solo rozan el heroísmo cuando ve que ya no hay marcha atrás y prácticamente no tiene otro remedio que luchar por una mínima esperanza. Es claramente un antihéroe.

Me sorprende muchísimo que tus colegas y tú le critiquéis a la peli una de sus virtudes, ya que es mucho menos tópica de lo que parece. Basta con ver como el prota comienza a desintegrar alegremente a seres humanos en un paroxismo de miedo y desesperación. O esos alienígenas francamente repulsivos que, sin embargo, logran darnos pena aunque nadie dice nada a su favor en toda la puta peli.

La historia tiene sus defectos, poero el conjunto es, para mí, brillante.

Haciendo Amig@s dijo...

Pero bueno, que te felicito por la crítica, que parece que en mi post anterior te echaba en cara algo. Pero es que me soprenden ciertas crñiticas... la tuya es más que justa.

Alvy Singer dijo...

¡Muchas Gracias! A mi me ha parecido un gran protagonista y una película como mínimo notable. Me parece muy justa y coherente la decisión de preferir Alien Nation como metáfora que detalla mayor las diferencias sociales, al fin y al cabo para eso sirve el cine negro, pero, personalmente, creo que esta película tiene ideas y mucho talento y forma parte de una visión distinta y contemporánea.

Yo estoy a favor de Blomkamp y no comparto el escepticismo, pero creo constructivo enlazar críticas muy interesantes.