martes, marzo 16, 2010

El fuego de la venganza

Inglourious Basterds (2009, Quentin Tarantino)

La crítica ha señalado que Tarantino lleva ya un tiempo ocupado en historias de venganza. Es cierto que las tres últimas películas de este cineasta comparten este hilo temático. Pero no es menos cierto que no podían ser revanchas más distintas. Kill Bill (2003-04) empezaba como un film de una belleza admirable, toda ella construida en un ejercicio estilístico que adelgazaba todo el relato y lo reducía a forma, a emoción. Pero su final desarrollado en el volumen dos, con un inolvidable monólogo de Superman mediante, obligaba a los personajes a desarrollar alma, a la venganza a ser antes una historia dolorosa y melancólica de dos tipos que se aman y que son incapaces de no hacerse daño y a tener el final más conmovedor que ha rodado Tarantino con permiso de la despedida entre Robert Forster y Pam Grier en su Jackie Brown. Death Proof (2007), por otra parte, no podía ser una película más estimulante. Jordi Costa escribió que era una película sobre el erotismo, lectura muy adecuada dado el festival de pies- el fetiche femenino tarantinesco- con el que se abre la película. Yo creo que se trata de una película que fue potenciada por su montaje europeo y en ella pudimos apreciar su trabajo especulativo desarrollado en los márgenes (Estructurales, gramáticos) en los que la misma Psycho hitchcockiana o el trabajo de Monte Hellman eran parte del trabajo desarrollado.

Inglourious Basterds tiene un título tan sonoro como tuerto. Jim Hoberman ha señalado que esta película amoral es más honesta que Schindler's List (1993) y que contiene toda la cosmovisión de Tarantino. Hay muchos temas que discutir. Coincido con Hoberman en que como entretenimiento amoral es una película perfecta, enérgica: antes de batear, Brad Pitt asegura que torturar a los nazis es "lo más cercano a ir al cine". Pero ¿qué tiene de nuevo o de sugerente esta reflexión metalingüística? Nadie duda de que el juego metalingüístico es algo personal, pero pocos se preguntan si hay algo en su juego o sencillamente es una forma recreativa menor fácilmente digerible. Creo lo segundo, pero me gustaría discutir primero la noción de violencia y su uso en el film.

¿Qué hay de estético en esta escena, en este mismo plano? No hay demasiado, se apuesta por el hiperrealismo y el feísmo. Los nazis grababan estrellas de David en los rabinos antes de matarlos, así que descartando el plano moral y asumiendo la dialéctica de Hoberman/Tarantino de que solamente es una película, de que se apuesta por una diversión amoral (construid como reverso, como farsa, de hechos acontecidos durante el Holocausto), sigue siendo una escena estéticamente aburrida y fea. Como método de resaltar, a modo de shock, el carácter sucio de la guerra no funciona a los niveles de Zwartboek (2006, Paul Verhoeven) una película cuya coherencia es mayor que la que nos ocupa en todos los aspectos: ¿acaso no es la película el triunfo de la reescritura? Con esta esvástica que Aldo Raine pretende hacer justicia. Es puro shock, no existe un plano estético.

Volviendo al asunto del gran homenaje al cine. Es cierto que lo es. Pero la película alude a su condición de película para convertir la sala en un homenaje en llamas.

Hay algo fantasmagórico y fascinante en la imagen de Shosanna en el humo del cine. Pero el papel de la sala, cerrada, ha generado no pocos dilemas.

Sin embargo, el homenaje funciona en unos niveles no intencionales. Por comparativa negativa: Sherlock Jr., Hellzapoppin', Le Mépris, All About Eve (o su variante directa, The barefoot Countess), Otto e Mezzo, Takeshis o incluso la reciente Los abrazos rotos parecen tener algo más interesante que la coartada de que el cine puede reescribir la Historia. Incluso la mayor de las atrocidades dice Tarantino, pero este homenaje al cine usa como recurso formal y emocional la venganza. No hay nada más, no hay mayor especulación que la victoria del cine sobre la Historia, una celebración intensa, pero exenta de toda poesía (que queda banalizada por lo histérico de la propuesta) más allá del citado plano y exenta de toda reflexión más allá de su propio alcance.

La mejor secuencia de esta película, la que es puramente memorable es la del Capítulo Uno: Érase una vez en una Francia ocupada por los nazis. Es en esta escena donde el genio de Tarantino brilla. Voy a intentar explicarlo. La escena es un reworking del principio (y también del final) de The Searchers (1958) el clásico de John Ford. Pero no es solamente eso. Atendamos al guiño al clásico protagonziado por John Ford.

La película de Ford se abre y se cierra con dos planos simétricos, perfecto espejo de lo que veremos y de lo que hemos visto.

En Kill Bill vol. 2 (2004) Tarantino ya ensaya este homenaje.

Y aquí lo perfecciona.

Este es un plano memorable a la manera de Tarantino porque su conexión no es meramente intertextual: evoca y especula los usos tensos y simétricos que se destilaron en una película y también los que hizo él mismo en otra. Los incluye en un largo plano para sustituirlos, para igualarlos a ellos: se trata de un mecanismo ambicioso e interesantísimo cuyo alcance parece más completo que el mero uso paródico (véase la coda visual de Hugo Stiglitz rememorando la tortura, hecha a la manera del Wild Bunch de Peckimpah).

Pero la tensión de esta escena no se construye solamente a partir de Ford, del que hereda espacio, sino también con Leone, en la distribución de los primeros planos obsesiva y delatora. Pero otro referente que me parece interesantísimo es Monte Hellman, en particular su olvidada Ride in the Whirlwind (1965).:

Tarantino lo relee con un plano general evocadoramente fordiano.

Pero la situación es la misma. Hasta el punto que Tarantino juega a la simetría, al orden, a un cierto tipo de belleza en su memoria cinéfila.:

Pero la premisa es, esencialmente, la misma:

Pese a este gran capítulo, creo que estamos ante un importante fracaso artístico en el que podemos ver todas y cada una de las debilidades del cine de Quentin Tarantino. Como estudio de la tensión, la comentada primera escena parece ser la más interesante con diferencia: es el verbo el que enmascara la verdad y esto se intentará repetir en la escena de la taberna. Pero aquí lo que empieza como un cambio de idioma que sirve para demostrar el talento de Tarantino con el inglés (donde tiene una prosodia y un talento excepcional) forma parte de la estrategia de captura de Landa. "Facts can be so misleading, where rumors, true or false, are often revealing".

La película, como ha explicado Adrian Martin en su artículo La venganza es inútil, usa siempre la misma explosión de violencia dilatada. En este procedimiento la película parece enérgica porque se potencian el mismo tipo de estructuras, de diálogos amenazantes que se dilatan y se interrumpen con una epxlosión de violencia. Reduciendo su ultraviolencia a una estética hiperrealista y feísta y borrando toda elaboración narrativa, el film tiene interés en menos aspectos de lo habitual: la love story entre Zoller y Shosanna se presentaba en el guión original como una reescritura visual de la Nouvelle Vague. El juego de citas visuales se reduce a las interrupciones de la voz en off encarnada por Samuel L. Jackson y al juego habitual con las tipografías para presentar a los personajes. Hay una coda, por supuesto, a Woo. Y al slow motion de Castellari. La estética de la cita, la que presupone al cine como memoria, es muy interesante como procedimiento estructural pero es un recurso puramente emocional antes que una dosis de sofisticación.

Por supuesto, en los diálogos los chistes son continuados: las referencias a King Kong, Antonio Margheriti, Wilhem Pabst, Riefenstahl y en frases más autconscientes como "en Francia respetamos a los directores". Pero estos chistes son recreativos: repiten la misma idea de (ir)realidad del film una y otra vez, nunca añaden otro nivel de lectura.

Pero siempre hay espacio para la composición tarantinesca y el uso de wide angles. Sobre esto ha hablado el operador Robert Richardson en la revista American Cinematographer. Particularmente gracioso me parece esta composición.

Pero incluso el clímax funciona como algo menor, como un DePalma de segundo grado en la introducción. Tarantino parece haber dejado demasiado poco en esta película, apenas un entretenimiento apreciable, con una escena imprescindible y un desarrollo esquemático, muchísimo más pueril de lo que él admitiría porque la última palabra que se oye en esta odisea es masterpiece.

*Agradecimientos: Este post no se hubiera razonado del mismo modo sin las valiosas observaciones de Henrique Lage, John Tones y Vicente Luis Mora.

19 comentarios:

Enrique Ortiz dijo...

Me deja de piedra. Brillantísima reflexión, Alvy, genial. Un abrazo.

Henrique dijo...

Ya sabe que me voy a pelear con usted:

En esos planos detalle violentos no existe plano estético: existe intención narrativa. Son planos desagradables que irrumpen en el tono cómico que crea Tarantino. Tenemos demasiado asimilada la idea de que Tarantino es violento, pero nunca dejamos ver que le damos esa prioridad a la violencia en sus películas porque sabe escoger cuando esconderla… y cuando ser asquerosamente explícito. La cámara se escapa cuando Madsen le corta la oreja al policía, pero no duda en mostrar el charco de sangre en el que se encuentra Tim Roth. La matanza de la Novia es legitimada en cuanto a lo explícito: todo lo que mata no son personajes, son maniquíes que emanan sangre; pero, ay amigo, cuando se trata de mostrar la misma violencia contra la Novia, la cámara se queda fuera de la iglesia. No dudamos en ver como Vincent y Jules revientan cráneos, pero nunca dejamos que Bruce willis nos muestre el golpe mortal que asesta como boxeador. La violencia como una empatía inversa, donde el que mata o sufre bellamente tiene más simpatía que el que lo hace fuera de plano, es el gran hallazgo de Tarantino.

Y si la primera escena tiene su tensión en el cambio de idioma, la de la taberna es una revisión del mismo concepto: el idioma queda desenmascarado por el lenguaje gestual. a mi me parece digno de un genio.

Está usted considerando que la memoria cinéfila, por el hecho de no ser práctica, por ser “emocional” no es interesante. Precisamente por ser “emocional” es por lo que tiene sentido: da igual los manuales de guión que se lea, al final la más efectiva, que no efectista, forma de llegar al espectador es ser honesto. Sabe usted muy bien que odio las citas cómplices, pero Tarantino, que narices, las sabe utilizar para engatusarnos sin tener esa sensación manipuladora que sí dejan sus pobres imitadores.

La irrealidad del tono de la película es la distancia que marca Tarantino; vivimos en tiempos lo suficientemente susceptibles como para entender que una película de venganzas judías contra nazis “de palabra” necesita ser todo lo banal que pueda. Y dentro de esa banalidad, inyectar disimuladamente temas más importantes. Tarantino no es un cineasta político, como “Munich” tampoco es una película política, salvo que la Spielberg tuvo que aguantar de todo por que, ya sabe, el tema que trataba es “polémico” y la sociedad necesita posicionarse. Tarantino rompe eso cuando impone la barrera de la ficción, cuando te dice: “es solo una aventurilla. Disfrutala”.
Y la referencia al principio del climax no es De Palma, es Lubitsch. Al menos en la realización.

Mauro dijo...

"Malditos bastardos" es un cuadro malo de Kandinsky, un solo de Satriani, una tortilla de Adriá. Un "mirad lo que sé". Una puta mierda sosa sin alma.

Fanshawe dijo...

A veces, querido Alvy, creo que tu conocimiento no te hace libre, sino que te atenaza. Creo que pagaría por leerte algo desprovisto de referencias, porque en general son tantas y tan cruzadas que acabo sin saber si estoy leyendo a Alvy Singer o a Jonatan Rosembaun (por ejemplo).

Estupendo el análisis del capítulo uno, un trabajo meticuloso y muy muy bien hilado. Gracias.

Con respecto a lo demás, me temo que lo sustancial de lo que dices (por ejemplo sobre la ausencia de poesía o la falta de lecturas a otros niveles) no tiene ningún tipo de argumentación. No digo que no pueda tenerla: digo que en este texto es el equivalente elegante al "pues nomagustao".

Desde el amor se lo digo, ya lo sabe.

Fanshawe dijo...

Básicamente Mauro dice lo mismo que tú pero en tres líneas.

Por supuesto yo opino exactamente lo contrario. Es una película maravillosa, maestra y definitiva. Un cuadro bueno de Schiele, un Narciso Yepes con la guitarra, una tortilla de mi padre. Una maravilla llena de vida.

Henrique dijo...

Es que el alma de Tarantino es solo eso: cine. El niño que se cuela en un cine para ver a "Machine Gun Kelly" y luego le entrega el Oscar honorífico a Roger Corman, el tío que pasaba más tiempo en su videoclub que en los bares. El mismo que cuando cenó con Álex de la Iglesia, solo hablaba de películas españolas desconocidas. No hay que pedirle que reflexione sobre el Holocausto ni que cuente el daño que le hizo su novia en el instituto. El habla de lo que compone su vida: el cine.

Ryu_gon dijo...

Aquí otra demostración de fuerza. Uno de los mejores textos que he leído de ti, amigo (y eso que llevo desde el primer día siguiendo tus andanzas blogueras).

Desde mi humilde punto de vista, y a diferencia de Fanshawe, creo que el texto está muy bien argumentado. El mensaje final puede ser un "pues no me ha gustado", pero Alvy no se limita a eso. Da su visión completa del film y establece un análisis cinematográfico con fondo y forma que me parece a la altura de un genio.

Por supuesto que difiero en algunas ideas (mi posición estaría más cercana a la de Henrique), si bien el texto y las justificaciones de Alvy no pueden ser más abrumadoras.

Felicidades!

Fanshawe dijo...

Cierto, Ryu, estoy un poco gruñón :-) De todas maneras viene de largo mis ganas de leer a un Alvy más "a cara descubierta" y menos protegido por referentes crítico.

Pero se sigue defendiendo como dios él solo, sí.

Julián Glez. Aréchaga dijo...

Excelente reflexión de la primera escena de la película. Sobre las referencias, no olvidar que suena de fondo (en versión instrumental) "The Green Leaves of Summer" tema de "El Álamo".

aleXz dijo...

La película me ha parecido desde la primera vez que la vi lo mismo que a Alvy y a Mauro: fea, discursiva, pedante y sin alma. Un intento de masterpiece demasiado forzado y autoconsciente que me va agotando a base de citas, referencias, requetereferencias y juegos lingüísticos de nuevo-listo (como el nuevo-rico pero en intelectual).

En IG el tema principal deja de ser el Cine (y menos aún la serie B) para ser el Lenguaje, como si Tarantino quisiera subir nota con un trabajo final "serio". Parece que realmente se ha creído eso de que en vez de director es un novelista. Y le ha salido una exploitation de nouveau-roman bastante amateur.

A estas alturas ya deberíamos tener memorizadas en el inconsciente colectivo escenas como el paseo ralentizado de los Reservoir Dogs, los diálogos de Pulp Fiction, los personajes o la música de Kill Bill, el baile de Death Proof etc etc etc; puros iconos del pop contemporáneo y uno de los motores básicos de creación de Tarantino.

¿Qué nos ha dejado IG? Muy poca cosa. Y con el tiempo auguro que menos aún.

Henrique dijo...

Jackie Brown no tiene "algo" que dejar en el inconsciente colectivo y no es peor película por ello. Pero de todas formas, IG tiene mucho que dejar: Landa, la cara de Shosanna, el Hitler caricaturesco, el propio Pitt... son iconos que he visto repetidos ya miles de veces en distintos sitios desde el estreno.

aleXz dijo...

No creo que estén a la altura. No son imágenes únicas, no tienen esa cualidad sublime ni autónoma que define a las demás. Ni siquiera representan bien la propia película.

Jackie Brown tiene unos créditos y escenas como la de la prisión de mujeres, el asesinato de Chris Tucker o el diálogo final Foster/Grier que son apoteósicos. De todas formas JB es una adaptación, un caso un poco diferente en su filmo.

No es que una película sea peor por no tener momentos así, pero creo que es una prueba clara de un cambio de dirección (voluntario o no). Y no es un tema trivial, es uno de los pilares del estilo tarantiniano, reconocido incluso por él en incontables ocasiones.

Jorge Sánchez dijo...

Yo creo que si hay "algo", y mucho, en esta película, y en el cine de Tarantino en general. No me parece un cine vacío, que se regodea en la pura forma y el entretenimiento. Transcribo lo que escribí al respecto en otro lado:

Usualmente de Tarantino se alaba su buen hacer, su técnica soberbia para casi todos los aspectos puramente formales: fotografía, puesta en escena, tensión, montaje, banda sonora, dirección de actores, etc. Y se alaba, por supuesto, su cinefilia, las constantes referencias en su cine a decenas de películas de todo tipo (de las series A a la Z), y el recurso constante a los ya establecidos géneros cinematográficos: spaghetti western, policiaco, comedia de situaciones, bélico, exploitation, kung fu, anime, cine negro. En algunos casos la crítica es condescendiente incluso con sus diálogos “acerca de nada”. Pero en lo que muchos críticos y espectadores se están poniendo de acuerdo desde hace algunos años es en la ausencia de “mensaje” o de “ideología” en su cine, en su superficialidad, en una palabra en su vacuidad. Y esto lo ven como algo negativo.


De hecho, si usted es crítico de cine y posee una ideología sólida, tan sólida que toda su vida depende de ella, lo más fácil para usted será decir que el cine de Tarantino es vacío.


Pero no es cierto. En el cine de Tarantino no está ausente el mensaje. El cine de Tarantino no es vacío (o sí es vacío en el sentido de que todo en nuestras vidas lo es). Sus películas dicen algo concreto, lo gritan a los cuatro vientos, tanto formal como temáticamente.


Tarantino se mueve en las fronteras de todo lo que en algún momento fue sagrado. Ha absorbido –ha sabido absorber– tanto cine de calidad y géneros diversos que el resultado es un embutido coherente donde el respeto y el irrespeto hacia las fuentes son una sola cosa. Y todo esto puede ocurrir, y de hecho ocurre, en cada una de sus películas. La última, Inglourious Basterds, no es la excepción. Acá tenemos cine bélico, tenemos spaghetti western, tenemos comedia absurda (¿comedia absurda en una película bélica?), tenemos thriller, drama, gore, exploitation. Pero en esta película (como en todo su cine) hay un detalle que no podemos pasar por alto: sus personajes también se mueven en las fronteras de todo lo que en algún momento fue sagrado. Sus personajes replantean los clichés morales presentes en la historia del cine e incluso en muchas películas de hoy en día, y aun los clichés morales de la vida “real”. Sus personajes son orilleros. Se mueven en las grietas, en los bordes. Se van destruyendo a sí mismos al tiempo que se diluye la impresión inicial que teníamos de ellos. Y su propia moralidad la van replanteando a medida que evolucionan. De hecho, su moral no es nunca la del común de los mortales (tengamos siempre en cuenta el monólogo de Bill sobre Superman), y emociones tan disímiles como, pongamos por caso, la compasión y el sadismo, pueden ser para ellos dos caras de la misma moneda. Que lo digan el Coronel Hans Landa (un soberbio Christoph Waltz, completamente nietzscheano) o Shosanna Dreyfuss, de Inglourious Basterds. Y que lo digan, por supuesto, Bill, Beatrix Kiddo, Jackie Brown, Jules Winnfield, Butch Coolidge, Mr. White o Mr. Orange.


Tarantino nos dice, a la par que otros como él (Mike Patton o Josh Homme en música, Borges y Bolaño en literatura, Kubrick, Lynch y el Spielberg de los últimos años, etc.), que el mundo no es una cosa sólida o compacta –mucho menos coherente– donde podemos darlo todo por sentado. Es más, no podemos siquiera dar por sentado nuestro yo, o esa imagen que nuestros vecinos tienen de nosotros. El futuro (si es que hay algún futuro) será de aquellos seres fragmentados que van en puntas de pie por el borde del abismo, que es el basurero de todo lo que nos precede. Y que encima son capaces de reír.

Alvy Singer dijo...

Henrique, ningún problema con lo que dice. Pero no me interesa el arte recreativo: tiene un objeto. Volver sobre sí mismo.

Mauro y AlexZ gracias por los comentarios y estimular el debate. Aunque considero el primer capítulo puro genio, la película ciertamente enérgica y algunos momentos me parecen bien, en general creo que Tarantino tiene poco (o nada) que contar.

Fanshawe, entiendo lo que dice, pero creo que aquí debía apoyarme casi obligado en Costa y Hoberman. En el primero por su lectura, que suscribo completamente y que considero absolutamente imprescindible. Del segundo porque era una forma de entrar en su dialéctica ya que es la reseña más coherente e inteligente publicada en un gran medio.

Agradezco el apasionado comentario Jorge, pero discrepo.: Borges, un gnóstico genial, no tiene demasiado que ver con este Tarantino. En el mejor pastiche que he leido de Bolaño, se termina imponiendo una realidad histórica y política. Tarantino cree que todo es un guiño, una referencia.

Y cerrando (de nuevo) con Henrique: de acuerdo con Lubitsch, pero creo que Blow Out es un referente imprescindible en esta película. También es evidente que he esquivado otros referentes que usa y que son igualmente interesantes como los films de Lang, Litvak, etc.

Anónimo dijo...

La escena en que shosanna ve en el cine el rostro compungido del hombre al que acaba de disparar por la espalda y se enternece resume lo poco o nada que tarantino ofrece en esta vacía película, que es mucho. Quizás sea nihilismo o quizás un queja de otro tipo.

Paco Seo dijo...

Estimado Alvy, propuesta para intercambiar enlaces

Hola Webmaster,

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Mauro dijo...

Estoy de acuerdo con Paco Seo cuando sugiere que la película tiene que ver algo con el bingo.

Anónimo dijo...

Definitivamente, tu vanidad pseudointelectual es algo digno de pena.

¿Sabías que la capacidad de escribir no hace a nadie inteligente?

Fernando Hugo Rodrigo dijo...

Empiezo a pensar que el problema de estos textos, querido Alvy, no son ni tus opiniones, ni tus referentes. Creo que es que no estamos acostumbrados (o algunos no lo estamos) a leer post tan densos on line: si lo encontráramos en un libro, leeríamos, subrayaríamos, anotaríamos...

Supongo que también el modo de leer tiene que cambiar. Y en cuanto a que uno justifique que un film no le guste, mejor eso, que nada.

En todo caso, a mí Tarantino... a ratos. Entiendo su valor, pero, a ratos, me cansa. Ya, ya sé: no es una buena argumentación. Jajaja