domingo, febrero 09, 2014


El hecho de que yo me hubiera formulado a mí mismo la naturaleza de mis sentimientos ('debo estar enamorado o bajo el influjo desconocido de un fortísimo capricho para pensar y desear así', me dije) me pareció de pronto un tremendo inconveniente, que me obligaba a actuar con un plan más o menos premeditado (pero que aún estaba por meditar) y por tanto con artificialidad, en vez de continuar como hasta entonces, tomando las cosas, si no pasivamente, sí al menos con naturalidad, sin forzar ni guiar nada, en una espera de sin expectativa ni determinación. Qué cansado es querer, pensé. Afanarse, proyectar, ambicionar, no poder contentarse con la perseverancia y la inmovilidad. Qué cansado es lo concreto, pensé, lo que no tiene más remedio que tener contenido.

Javier Marías, El hombre sentimental