viernes, febrero 21, 2014


"Marido".

Jaume me pide salir y empezamos a comportarnos como un matrimonio en miniatura. A lo tonto nos convencemos, nos ajustamos al molde, nos metemos en una frase hecha de la que no queremos salir. La frase es: estamos hechos el uno para el otro. Chupo el tenedor con el que él pincha el filete, él chupa el cuchillo con el que corto la fruta. Deseamos pasar juntos una noche. Meternos en una cama con la única intención de dormir. Ponernos los rulos y comer pastillas de menta para aclararnos la garganta y tener buena liento. Descubrir si roncamos. Acompañarnos al dentista. Adoptar un perrito. Entrar juntos en la farmacia para comprar condones. Caminamos, con las manos entrelazadas. Nos sentamos en los bancos frente al mar, nos miramos a los ojos, nos besamos.

Tenemos broncas y reconciliaciones. El mundo se cae y se levanta. Los niños son de goma. Nos guardamos ausencias y fidelidades. Por fin, nos desvirgamos. Jaume no me abandona. No me tira como un trapo sucio. Parece que me quiere incluso más. Somos una bonita pareja. Una pareja eterna. Indestructible. Nos hacemos promesas de tipo numérico: ni un día sin hacer el amor, ni un día sin hacer el amor cinco veces, ni un día sin...Todo el día pegados, encajados, empotrados. Nos queremos tanto y con tanta calidad. Somos la perfecta combinación de carne y espíritu. Somos el hijo del notario y la hija adoptiva de la empresaria más próspera. Estamos condenados o nos amamos por narices. Nos amamos mucho y con todo a favor. A veces nos gustaría tener algo en contra para que nuestro amor fuese mucho más romántico. Vivir películas.

Jaume y yo nos comportamos como un matrimonio en miniatura: estoy cansada de la excentricidad erótica de Amparo Orts, de mis propias investigaciones, de esa irresponsabilidad de Janni Frankel que todo el mundo comenta. Quiero quedarme a vivir en este lugar porque no creo que exista una playa, un puerto, una iglesia, una montaña mejores en el mundo. Soy parte de este sitio. No quiero que me expulsen. Me gusta el abrazo de Jaume que me ampara y me adormece. Nos regalamos cintas con las que rodeamos nuestras muñecas. No me separo nunca de mi novio. Nos empeñamos en estar siempre juntos. Nos empeñamos en querernos por encima de todas las cosas. Él y yo. Acabaremos casándonos. Hasta el agotamiento.

Marta Sanz, Un buen detective no se casa jamás.