miércoles, julio 09, 2014


-Sea como fuere, hace ya tiempo que desapareció de mi vida, gracias a Dios.

-Pero ha vuelto. ¿Sabes que eres un criticón, Bradley?

-Lo que ocurre es que hay ciertas cosas que censuro.

-Lo de censurar está muy bien. Pero no debes censurar a las personas. Eso te aísla.

-Precisamente lo que pretende es aislarme de personas como Marloe. El que uno sea una persona en el amplio sentido de la palabra es cuestión de establecer límites y trazar una raya y decir que no. No quiero ser un pedacito nebuloso de ectoplasma flotando por las vidas de los demás. Ese género de vaga compasión hacia todo el mundo excluye la verdadera compasión hacia nadie.

-La compasión no tiene por qué ser vaga....

-Y excluye toda verdadera lealtad.

-Uno debe conocer los detalles. A fin de cuentas, la justicia...

-Detesto el parloteo y el chismorreo. Uno debe morderse la lengua. Incluso a veces no pensar en los demás. Los auténticos pensamientos brotan del silencio.

-Bradley, eso no, por favor. ¡Escucha! Lo que yo estaba diciendo es que la justicia exige detalles. Dices que no te interesa la causa por la que fue suspendido del ejercicio de su profesión. ¡Pues debería interesarte! Dices que es una especie de granuja. A mí me gustaría saber de qué especie. Está claro que no lo sabes.

Haciendo grandes esfuerzos por dominar mi irritación, dije:

-Me alegré mucho de poder liberarme de mi mujer, y él también se esfumó. ¿Es que no lo entiendes? A mí me parece bastante sencillo.

-A mi me ha caído bien. Le he dicho que viniera a visitarnos.

-¡Díos mío!

-Pero, Bradley, no debes rechazar a las personas, no debes descartarlas. Debe inspirarte curiosidad. La curiosidad es una forma de caridad.

-No creo que la curiosidad sea una forma de caridad. Creo que es una forma de malicia.

-Eso es lo que hace de alguien un escritor, el conocer los detalles.

-Puede que haga de alguien que tú entiendes por ser escritor. Yo no opino igual.

-Ya estamos otra vez....- dijo Arnold-

-¿Por qué acumula un amasijo de detalles? De todos modos, cuando uno empieza realmente a imaginar algo, debe olvidarse de los detalles, te estorban. El arte no es la reproducción de cosas sueltas sacadas de la vida.

-¡No he dicho que lo fuera! - protestó Arnold-. No me baso en la vida real.

-Tú mujer así lo cree.

-Ah, eso. ¡Dios!

-La cháhchara inquisitiva y el catalogar las cosas que uno observa no es arte.

-Claro que no lo es...

-El vago y romántico mito tampoco es arte. El arte es imaginación. La imaginación cambia, se funde. Sin imaginación sólo te quedan absurdos detalles por un lado y sueños vacuos por otro.

-Bradley, sé que tú....

-El arte no es cháchara más fantasía. El arte brota de una infinita contención y silencio.

-¡Si el silencio es infinito no hay arte! Son las personas sin dotes creativas las que afirman que más significa peor.

-Sólo debe completarse algo cuando nos sintamos condenadamente afortunados de poseerlo. Los que sólo hacen lo que resulta fácil nunca se verán recompensados por...

-Zarandajas. Yo escribo tanto si me apetece como si no. Completo cosas, tanto si me parecen perfectas como si no. Todo lo demás es hipocresía. Y no tengo musa. Esto es ser un escritor profesional.

-En tal caso, doy gracias a Dios de no serlo.

-Tú eres un quejica impenitente, Bradley. Tú romantizas el arte. Lo enfocas de una manera masoquista, quieres sufrir, quieres sentir que tu incapacidad es continuamente significativa.

Iris Murdoch, El príncipe negro. Traducción de Camila Batlles.