
Art School Confidential se convirtió un poco sin quererlo y visto el irregular resultado de la estimable Ghost World en lo que iba a ser la película definitiva sobre Daniel Clowes, teniendo en cuenta que Terry Zwigoff estaba ya curtido de la novatada y que el autor se encargaba de nuevo del guión.
El resultado es bastante satisfactorio y tiene un elemento un tanto curioso: si el Clowes autor con sus personajes neuróticos y curiosos nos recuerda (puede recordarnos) a algunos neuróticos urbanos de Philip Roth, la película tiene una ironía de una herencia inequívocamente woodyalleniana lo que demuestra otra vez la extraña conexión paralela que hay entre escritor y cineasta.
Art School Confidential es una comedia tan divertida como irónicamente previsible (el tratamiento de la historia tiene ecos muy woodyallenescos, propio de sus primeros libros de relatos o del Allen más desenfrenado de Deconstructing Harry en el que readaptaba muchos de éstos primeros trabajos) y que encuentra sus mejores momentos en sus constantes puyas contra el mundillo artístico y un estupendo reparto dónde sobresalen los actores que están estupendamente aprovechados (¡quién me diría a mi que Matt Kesslar podría estar tan adecuado, o que John Malkovich podría volver a las alturas!). Puede que sorprenda su tono de comedia oscura que adquiere al final pero no pierde ese raro sentido del humor que tan bien caracteriza a Clowes y a diferencia de Ghost World uno no tiene la sensación de que el cómic era m superior (o al menos distinto), a esa percepción ayuda el equilibrio del guión que apuesta por un desarrollo que se dilata un tanto hacia al final del todo. La desaparición de algunos secundarios se hace un tanto repentina y reduce su presencia a meramente anecdótica (pensar en Bardo) aunque hay que reconocer el envidiable trabajo de Clowes adaptando perfectamente a Jerome Platz, perfecto en el andrógino Minghella.