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jueves, octubre 08, 2009

Una problemática del emblema

Jordi Costa y Darío Adanti 'Mis problemas con Amenábar' (Ed. Glénat, 48 páginas a todo color)

I

La antología Mutantes: Narrativa española de última generación ofrecía una posibilidad de leer a un Costa que se enunciaba genuino: 500% Costa era un ejercicio que canibalizaba otros textos literarios, previamente publicados para presentar a un autor aislado en sí mismo y condenado a su propio bloqueo como escritor. Costa ya predijo esta obra cuando describió
Regreso al Futuro 2 como "una cegadora lección intertextual de festiva autorreferencialidad".

El narrador se describe: "He estado de suerte: a los 40 ya no podía aspirar a la etiqueta de Joven Promesa y el sambenito de Gandulazo es lo único que parecía ir cobrando forma en el horizonte. Si la nada absoluta es mi audiencia cautiva, me da menos vergüenza colocarme detrás de este atril, centrar la luz del flexo y comenzar a desgranar mi pequeño recital integrado por los parcos highlights de una trayectoria holgazana".

Irónicamente, la otra gran obra de Costa no es de ficción, sino sus crónicas y artículos recopilados en Vida Mostrenca, clásico ilustrado por el ojo alucinado del cómplice Dario Adanti. La trilogía se completó con un completo estudio sobre la obra de Todd Solondz que supo usar muy bien la gloriosa firma invitada y un pequeño catálogo de Mitologías contemporáneas compuesto a la manera feliz de Ramón Gómez de la Serna, del que Costa se ha declarado discípulo en Greguerías Ilustradas.

Mis problemas con Amenábar , páginas semanales previamente publicadas en la imprescindible Mondo Brutto, funciona como disfuncional cuarta entrega a la fructífera colaboración del Canon Costa/Adanti, pero también como interesante confesión autoparódica y honesta en la línea de relatos como 500% Costa.

II

Alejandro Amenábar es tratado como emblema en esta colección de anécdotas personales y un recuento crítico de la conquista mediática por parte del cineasta. Sin embargo, creo que Amenábar es antes una 'singularidad estatal' (por su condición solitaria, aislada, de claro liderazgo) que una pecularidad exclusivamente nacional, como da a entender Costa cuando su cómico alter-ego asegura que la revolución definitiva del cine debe salvarse a través del placer. Sin embargo, esto implica una omisión del modelo al que aspira Amenábar, un cine industrial que se puede rastrear, precisamente, en Robert Zemeckis, en Forrest Gump y Náufrago, en el cine sin identidad y nada transacional facturado por cierto Wolfang Petersen (Troya) o en muchos momentos del último Ridley Scott (Gladiator; American Gángster). Sigue siendo este un país sin demasiada industria, y esto es lo que concede la singularidad a Amenábar, sin embargo, el cine nacido de la UCLA, modelo Zemeckis y Ron Howard (Apolo 13; Cinderella Man) es el que hace sentir a mchos espectadores posibles de Amenábar bien: al fin un cineasta que no parece español, que se codea con los mejores. Pero esta reacción sirve para explicar el éxito, no el fenómeno, por el que pasan una astuta descripción de su fascinante condición de calculador animal político (pág. 41), pero descuida que el cine de Amenábar es un mero eco de los calculadores esfuerzos del mainstream norteamericano por despersonalizarse.

III

Darío Adanti y su multiforme estilo se adaptan perfectamente a la propuesta de Costa, un chiste cinematográfico con gags cuasi beckettianos, como la revelación de la página 35 y su desenlace en la página 40. Adanti muta de un collage que se diría inspirado en el primer Crumb, incluyendo sus colaboraciones para Harvey Pekar, hacia una mezcla indiscriminada de Tex Avery que incluye cierto estilo de Clampett, otro cartooner contemporáneo de Avery, pero de estilo muy distinto. Es perfecto para describir a Costa y su universo. Cuando más triunfa Mis problemas con Amenábar no es en su divertidísima forma de ejecutar la denuncia, con severos diagnósticos, sino como un testimonio humanista y autobiográfico. Johnson ha escrito que el escritor de su propia vida tiene al menos la mejor cualificación de un historiador: el conocimiento de la verdad. Y Costa lo tiene y se dibujac omo un tímido e inocente guionista, como un egocéntrico y alucinado testigo accidental de los noventa, como un patético y cuasi abandonado disidente mientras que sus más íntimos maestros y camaradas aplauden a Amenábar. Es en esa imaginación del universo de Costa como un álbum francobelga de 48 páginas, como una hilarante forma de autobiografía que este tebeo alcanza su cima, antes que como eficaz chiste sobre el 'eterno retorno' al que parecen sometidos los enemigos.

En Mis problemas con Amenábar hay ocasiones en las que brilla el hilarante y autodestructivo retrato de una personalidad excéntrica, patética, valiente, aislada, inteligente, furiosa y pochísima al mismo tiempo y no se trata de Amenábar, sino de Mostrenco, el verdadero centro de este tebeo y el que le da los momentos más apasionantes. Si disculpamos sus peros intelectuales, deberíamos esperar, con paciencia, una secuela que debería titularse 'Mis garbeos con Dionysos' y con la que Costa podría completar su visión del arte y del mundo y del placer como lógica en un mundo que considera previsible y al borde de la barbarie intelectual.

sábado, octubre 04, 2008

Trilogía Mostrenca

Definida por su autor como "una versión pequeñoburguesa de Vida Mostrenca", Monstruos Modernos es la entrega decididamente menor de la Trilogía Mostrenca facturada, como siempre por Jordi Costa y Darío Adanti. Ahí están los hasta ahora inexistentes improperíos estilísticos del Mostrenco Articulista (el repetido uso de Gañán que en el columnismo semanal resulta imperceptible, algunas forzadas frases entrecortadas como recursos humorísticos) como prueba casi irrefutable de ello. Pero es, también y casi por encima de todo, la consagración de un Adanti que hace del color casi un manifiesto: sus ilustraciones adquieren un tono que justifica la edición más bella que ha tenido la Trilogía y también hipnotiza a los textos desde otras galaxias.

Puede que el coleccionista reproche la ausencia de los artículos escritos para ADN de Costa, extended and uncut, que incluyeran además la lectura de Adanti, bastante cercanos a este furioso acercamiento a los rincones más extraños de la vida contemporánea (pienso en La Siesta o Los Perros) tamizados por una autobiografía histérica, casi borrosa. Ya al principio de su relato incluído en Mutantes, 500% Costa, el narrador admitía que de camino a la antología no le había pasado nada divertido y se revelaba escritor demasiado inédito, incluso para sí mismo.

También es cierto que este libro contiene muchos otros, casi de posibilidades infinitas: puede ser leído como una Travesía de Madrid en clave inequívocamente Mostrenca, también preocupada por el lenguaje (atención al uso sarcástico de dar un giro a su vida) que tanto inventó y escuchó Umbral. O esta sentencia, que puede proyectar el siguiente paso de la Bibliografía Mostrenca más allá del Futurible Epílogo que recopile las tiras de Mondo Brutto:

Quizás, a este paso, la Cultura consiga, por fin, estar tan mal vista como el tabaco. ¿Por fin? ¿Acaso no lo estaba ya

Pero todo ello sin perder, por supuesto, su condición de Bestiario Contemporáneo. El resultado oscila, como en toda la obra de su autor, como un hijo mutante y descarriado de Lo Cursi y Otros Ensayos de Gómez de la Serna y las Mitologías de Roland Barthes. Tampoco esquiva Costa su prosa ágil, su divulgación de referentes heterodoxa y a veces indiscutible cuando escribe:

Quizás el universo sea finito, pero está poblado de visionarios que, con las improvisaciones de su música del azar, diseñan un mapa posible de la infinitud. La física cuántica tiene ritmo de jazz.

Este final, por ahora, del aprendizaje de lo mostrenco llega para conectar con aventajados discípulos y en un contexto muy distinto al de su primera entrega: si entonces había demostrado que no se trataba de una ampliación del campo de Mondo Bulldog, ahora encontramos a un autor que rinde tributo a sus maestros y es un cronista preferente de la periferia cinematográfica nacional.

Una buena puerta de entrada para los no iniciados para las dos entregas anteriores, con momentos de puro nihilismo:

La evolución es, en definitiva, una película aburrida que tuvo un inicio prometedor.

O auténtico, insobornable, amor al Arte (musical o no):

El problema de la fundación de toda modernidad es que uno acaba descubriendo que ya fue fundada tiempo atrás por quien, en nuestro confuso presente, consideraríamos antiguo. Y no era antiguo: era, en todo caso, Eterno, Axiomático o Primigenio. Como Lola, Lolita, Lola.

Una delicia.

Trilogía Mostrenca:

-Todd Solondz: En Los Suburbios de la Felicidad

Lecturas comparativas más que recomendables:

Jordi Labanda: el hilo musical ilustrado
(Vida Mostrenca) vs. Novelas y Niños (Mitologías, pag. 33 del link)

Los plumeros (Lo Cursi y Otros ensayos) vs.El brunch o la redención de la resaca (Monstruos Modernos)