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domingo, agosto 17, 2008

Algunos apuntes sobre Oliver Stone, Michael Haneke y Sergei M. Eisenstein

Cuando Eisenstein habló de los usos del montaje fílmico estaba en realidad describiéndose a si mismo. Podríamos achacar esos usos en Eisenstein como pioneros, sin duda, pero también podríamos hablar que Eisenstein nunca tuvo una conciencia del montaje global. De su famosa escena de las escaleras de Odessa en El acorazado Potemkin, la parte más interesante (aunque no la más expresiva) está en la toma más larga, la que enfoca a la madre con su hijo subiendo la escalera. Es un momento clave porque el soviético consigue al fin expresar una emoción a través de todo el lenguaje, sin renegar de su valiosa aportación, con una pureza sin igual. La guerra y la madre herida. Tal vez debiera haber sido ese el argumento de su película.

Brian De Palma a mi juicio supo extraer de su lectura de Eisenstein una valiosa lección: al prodigio técnico del cine solo cabe desearle un lenguaje poderoso. Su tiroteo en la estación relee la escena en sus claves más conseguidas: la madre, el niño y la inocencia en juego. Es además una escena que mantiene una relación poderosa con el resto del metraje porque en la película ya muere un niño, entregando un paquete. Los Intocables está construida sobre la idea de la brutalidad y DePalma tuvo la ambición de superar a Eisenstein en sus mismas herramientas, pero además definirle maestro, de un cierto logro.

Con motivo de su remake clónico Michael Haneke declaraba que Asesinos Natos era una película que no funcionaba porque usaba una estética fascista. En casi todas las conversaciones asentimos en que Haneke estaba equivocado, era un moralista o demás lugar común de lo que apriorísticamente podría ser considerado una provocación. Pero Haneke en realidad estaba hablando de la importancia del lenguaje y es algo que nadie se ha planteado a la hora de evaluar a Oliver Stone. El cineasta norteamericano ha usado en toda su filmografía formatos cercanos a la propaganda fílmica o incluso a las adscripciones genéricas sólo para llegar al sitio dónde pretende. Asesinos Natos es una película contaminada, en el sentido que le dio Steiner a Años de Perro, porque asume que algo ha ocurrido. Haneke quiere reflexionar siempre sobre los límites de la imagen desde el fuera de plano. Pero ¿acaso no es su recurso del rebobinado una pirueta inteligentísima de un calado similar al de Stone? Haneke en realidad cree que la pirueta narrativa del rewind es propia de sus criminales y la intención de Stone de, por ejemplo, convertir un caso de pedofilia en una sitcom es puramente de Stone. O sea que el problema que tiene Haneke es con la decisión de Stone de delatarse narrador en todo momento.

miércoles, julio 09, 2008

Más juegos divertidos

¿A qué juega Michael Haneke? Sarcasmo o sentido práctico, da igual. La nueva versión de Funny Games tiene momentos perturbadores servidos por el excelente plantel de actores, pero nuevamente, Haneke, decide no jugar con los pocos, escasísimos elementos que podían diferir la película. Entre ellos la elección de Darius Khondji como su cámara. Jürgen Jürges no se sentirá frustrado ni siquiera. También es cierto que desde Anything Else, dónde aún daba algo de belleza a la penúltima cinta de Allen, los retos de Khondji han sido profundamente insatisfactorios: un Pollack de sobremesa y un Wong Kar-Wai, condenado por la tiranía restrictiva de la autoría, de resaca norteamericana. Esta importación del fascinante film austríaco de 1997 mantiene intacta la tensión y hace preguntarnos si nuestro moralista Haneke, tan europeo y sarcástico, no ha pecado de francés, al creer que puede meterla doblada a la industria de Hollywood, entrando en la misma dialéctica de no-subtitular-pero-si-remakear, siendo su resultado un claro paso atrás, un vacío fílmico respecto a Caché y confirmando las sospechas de que ya ha dicho todo lo que tenía que decir. También ha conseguido que yo mismo hable de dos aspectos que en general me parecen anecdóticos de una película: la fotografía y los actores. Así que me parece que Haneke, en cierto sentido, ha triunfado sobre mí que no se como enfrentarme a la crítica de esto, uno de los primeros ports cinematográficos, aportando diferencias nimias equiparables a las mejoras gráficas, las readaptaciones para nuevas plataformas. Pero la diferencia estricta respecto al original es que Haneke ha fracasado respecto a su obra por mucho que conserve su mirada intacta. Es decir, Haneke consideraba que Funny Games estaba hecha para provocar al gran público de entonces, aficionado a películas que él detesta, como Natural Born Killers. El triunfo de Haneke ya no está en hacer sonreir a la crítica, ni en que cuatro le riamos el chiste sobre su inteligente deconstrucción (no de la violencia sino, como aseguró en su día Palacios en Goremanía 2, de los mecanismos del género, en este caso el psychothriller y el terror). El cineasta quería provocar, incomodar. Ha ido a Estados Unidos, en tiempos de Saw y Hostel, para escandalizar allí a la capital del imperio y erigirse conciencia, como un nuevo viejo novelista europeo. Supongo que a cada crítica de la imdb que diga que no vean esta película, Haneke se considera ganador. Porque sabe que los críticos y molestos la han visto hasta el final. Pero lo cierto es que más allá de eso, ay, han vuelto a ser los cuatro de siempre los que han ido a ver que cuenta y que pese a esos pequeños atisbos de triunfo, le queda a Haneke el boca oreja del videoclub y poca cosa más.