
Ayer, Lily y yo nos fundamos las botas de montañeses ingenuos y vimos con ojito entusiasta y esperando buenos sustos y carnicería la infravalorada (como siempre sólo unos pocos la supieron ver bien) Wrong Turn (que promete más atrevimiento en su secuela) estrenada aquí como Km. 666 en un momento cósmico: La Matanza de Texas y La casa de los mil cadáveres como compañeros de generación (comparte con la primera los títulos de crédito bellos que heredaría el remake de Aja ; y el conocimiento de causa como leit-motiv de la segunda pero en dosis sustancialmente menores: el resultado es droga light).
A Rob Schmidit hay que agradecerle una cosa: que prefiere el reconocimiento cómplice (La Gasolinería; La Avería; La Casa) al plagio sonriente del dj Aja. Sin duda prefiere elaborar su revestimiento de la clásica Las colinas tienen ojos en los bosques de Virginia (si y todo el american gothic) con más amor que falsedad. El principal problema es que en todo este disfrute, Schmidt parece no querer aprovecharse del todo del paso del tiempo: Eliza Dushku, pura sensualidad guerrera, podría haber sido una Ripley vs. Rednecks maravillosa en un clímax final soso por visto y antes y mejor. Lo que nos hace pensar que pocos artistas (pensar en el remake de Nispel o en el dios Zombie) son capaces de remodelar y mejorar los modelos: Wrong Turn es un festival de amor, con uno de los mejores prólogos que he visto en el género (¡casi como parodia del inicio de M:I2!) que no está a la altura. Por supuesto Schmidt sabe que un buen epílogo puede arreglarlo todo o... casi.
Wrong Turn es una entretenidísima película en la que echamos en falta rednecks más salvajes, romper más barreras (o sea, introducir más abiertamente la historia de amor fou que queda sólo insinuada): en ese sentido Aja prendió de efectismo su manierista remake, pero puede que debamos apreciar más la intencionalidad cómplice de Schmidt. El resultado en ambos casos es muy parecido: un divertido acercamiento al género, este menos terrorífico (y truculento, en el buen sentido) pero más honesto en más de un sentido.