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viernes, abril 06, 2007

A perfect day for Bananafish

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Le long des golfes clairs
Et d'une chanson d'amour
La Mer, Charles Trénet


Empieza en el mismo lugar fresaniano que suena La Mer, el país de los hoteles. Termina con la despedida. Pero con dos despedidas, gracia salingeriana que nos dejaría a todos postrados en la arena, frente a las olas. Como Barton Fink con su caja.

"Goodbye," said Sybil, and ran without regret in the direction of the hotel.


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domingo, abril 01, 2007

Uncle Wiggily in Connecticut.

"Don't be funny,"

Es como una foto falsamente apacible de Diane Arbus, este cuento. Dos señoras hablando, plácidamente, tomando whisky. Sobre todo y nada a la vez (pero ya lo dice el velocirraptor de las cosas que tanto hablar de todo y nada se termina hablando de algo). Luego podemos pensar que Salinger es el escritor-cerrajero por excelencia, del que podemos abrir todas las puertas. Ramona, la niña triste, y yo nos hemos reencontrado en algunas páginas de Cheever. El ambiente, asfixiante, los cigarrillos, también estan en los no tan lejanos moteles de Sam Shepard. Eloise, con sus preguntas retóricas, está en cualquire página de Birds of América.

"I was a nice girl," she pleaded, "wasn't I?"

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lunes, marzo 26, 2007

Just before the war with the skimos

Estoy enamorado de Ginnie Mannox. La imagino siempre con su sombrerito dando tumbos por las avenidas del East Side. Y ya ven como fue su historia: Salinger nos hizo que descubriera al mesías. El chico sensible, lo saben. Ginnie tiene y tendrá para mí los ojos verdes. ¡Verdes! Su gorrito es, seguro, rojo y su sonrisa, fijo, un seguido de adjetivos superlativos a cada cual más bobalicón.

La historia de Ginnie no es la de todos nosotros. Nosotros somos la historia de Ginnie. Y aunque parezca un matiz bastante tonto, no lo es. Salinger nos cuenta como a través de una conversa, a través de lo miserable (el dinero que solicita del taxi, la deuda) Ginnie va a descubrir la clase de cosas que todavía no ha podido ver de cerca. Seguramente cuando coja el autobús entre la tercera y Lexington no va a volver a ser lo mismo.

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domingo, marzo 18, 2007

The laughing man

The last good look I had at Mary Hudson, she was over near third base crying

Me encantan las anécdotas. Sentarse en el autobús, enamorarse, y escuchar una historia de un tiempo que parecía mejor. Así se crean los mitos, me cuentan. Luego pienso que el hombre que ríe podría ser el mismo tipo que cantaba aquello de estar enfadado con el mundo. Luego podríamos deducir que casi todas las historias de Salinger van del fracaso, y de nuevo empezar a formular un montón de teorías. Pero, vaya, en la historia del laughing freak puede que sea la mejor infantil (mano a mano entre Richard Linklater y Tod Browning) del amor adolescente. Es así, anecdótica (aparente), juguetona e inofensiva. Pero luego hay bastante más. Luego está Thirteen, la canción de Elliott Smith, que seguro (o casi), cantó tras tener en su mente este cuento. O al menos eso me pareció a mi.

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Down at dinghy

Al principio, y eso fue la primera impresión, Boo-Boo no parece la madre sino la hija. Parece que hablen, otra vez, de nuevo, de otro chico. Hablan de ella, dos chicas.

"I mean ya gotta weigh every word ya say around him," Sandra said. "It drives ya loony."
"I still can't drink this," Mrs. Snell said. ". . . That's terrible. When ya gotta weigh every word ya say and all."
"It drives ya loony! I mean it. Half the time I'm half loony." Sandra brushed some imaginary crumbs off her lap, and snorted. "A four-year-old kid!"
"He's kind of a good-lookin' kid," said Mrs. Snell. "Them big brown eyes and all."


Nadie habla nunca -nunca- de Mr. Tannenbaum, o al menos eso le parece a Boo-Boo. Harper's, 1949. Cuando se publica el cuento, que termina con una carrera en la playa, los que los leímos por primera vez de forma cronológica ya sabíamos muchas cosas. Sabíamos que iba a ser un día perfecto para Seymour Glass. La carrera en la playa tiene algo de heroico, que sé yo, de despedida, de juego. Mientras exista Boo-Boo todos parecerán niños prodigios. Pues ella es la madre



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domingo, marzo 04, 2007

For Esme, With Love and Squalor

No tiene mucho sentido hablar de según que historias, porqué son historias para entenderlo todo o al menos practicamente. Es el caso de For Esmé, with love and squalor que es, perfectamente sacada de contexto, una versión salingeriana del esquema hemingwayano empleado en Farewell to the arms. Lo que no significa que esa fuera la intención pero tampoco altera ese resultado.

Al leer esa historia, al leer a Esmé halagando la inteligencia (es el gran momento de nuestro escritor recluso: el del reconocimiento de que hay algo en su conversador) del soldado es un subidón. Posiblemente porqué es como si los hermanos Coen hubiesen rodado, con razon de ser, una película como Salvar al soldado Ryan o algún capitulo de Hermanos de sangre: el resultado hubiera sido una descorazonadora y tristemente genial historia de amor dónde casi cada uno de los gestos (sean divertidos o no) tienen una importancia vital.

No es cursi nunca Salinger. Pero el sargento X abre sus cartas con una precisión de la que luego Chabon, sabedor de las ventajas de la domestic fiction en un mundo posmoderno, se hizo dueño y señorito en muchos de los momentos de Las aventuras de Kavalier y Clay.

Lo mejor es cuando Salinger habla. Lo hace de golpe. Casi malhumorado, como si le pudieramos ver refunfuñando. Pero claro, nunca va equivocado el gruñido.

"It doesn't have to be terribly prolific! Just so that it isn't childish and silly." She reflected. "I prefer stories about squalor."



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lunes, febrero 26, 2007

PRETTY MOUTH AND GREEN MY EYES

"Madame Bovary takes a course in Television Appreciation. God, if you knew how--"

Se trazan siempre muchas líneas sobre cada una de estas nueve historias. La más frecuente de ellas es la charla del autor con lo divino. Salinger juguetea con la anécdota y con su eterno tema místico y nos reta a atravesar lo obvio: se repiten muchas veces God y Christ, eso es, de veras, anecdótico, lo sabe. Sabe también que nos habla de lo humano.

Muchas veces las conversaciones desembocan hacia lugares inesperados. Muchas veces si uno se detiente en las conversaciones se da cuenta de lo absurdo del uso del verbo desembocar. Simplemente transcurren casi, diríase. El cuento habla del paso de las palabras y de nuestras angustias sin muchas vocaciones aparentemente claras: no hay otra atmósfera (mejor, claro) que la de las palabras.


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viernes, febrero 16, 2007

DE DAUMIER SMITH'S BLUE PERIOD

If It Made any real sense --and it doesn't begin to --

Puede que con esas cartas que mandaba, fuera Salinger el advenizo de aquél otro amante del género epistolar que decía que si estaba chiflado tanto mejor.

I'm tempted of say that Thursday evening was peculiar or perhaps macabre, but the fact is, I have no bill-filling adjectives for Thursday evening.

Puede que con De-Daumier Smith's Blue Period descubriera muchas más cosas sobre el antes y el después, prosiguiendo una inevitable y casi diría, con los ojos cerrados ante lo que es un libro favorito, mística ruta de lectura. Aquí no era tanto la aparición de ese maravilloso dibujo de Jescuristo como ese estudiante falsificador rondador de escuelas que tanto se parece a Max Fischer, otro genio de la mentira como la más vieja y sincera forma de comunicación. O esa prosa, de humor enloquecido e imparable, que me recordó en su primera lectura a los cuentos de Woody Allen con un pie costumbrista y el otro como siempre reformulando alguno de los temas contemporáneos. Tobias Wolff quiso contarnos como él fue Salinger en Vieja Escuela y hay un momento muy Daumier-Smith: Si aquí el protaognista descubría el talento tras una vulgar monja en clausura, allí era el plagio de un relato de una chica inconsciente. En ambas el descubrimiento conlleva cierto desencanto, cierta bajada de la realidad y un choque, bellísimo, íntimo, entre sensaciones divinas causadas por humanos. Quizá podamos hablar de ese gran tema pero es que Salinger hasta para eso se dedicó a hablarnos de todo a la vez.

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viernes, febrero 09, 2007

TEDDY

Salinger era un profeta como Philip K. Dick. Pero de otra manera, supongo, aunque no tan distinta como les pueda parecer. Teddy es un niño prodigio que ya ha visto la verdad, lo sabe todo y eso lo hace maravilloso al leerlo, un poco como Salinger que cuando descubrió lo que Teddy quizá iniciase ese santo silencio. Y el uso del cristianismo, como estigma de Palmer Eldritch, también une a estos dos genios en los vericuetos de la realidad, en los misterios ocultos tras los márgenes de la percepción humana. La verdad es que todavía no he podido olvidar cuando Teddy exclama ¿Se acuerda de la manzana que Adán comió en el Edén, como se cuenta en la Biblia? –preguntó-. ¿Sabe lo que había en esa manzana? Lógica. La lógica y demás cosas intelectuales. Eso es lo único que tenía dentro. Así que (esto es lo que quiero señalar) lo que tiene que hacer es vomitar todo eso si quiere ver las cosas como realmente son. Quiero decir que si lo vomita, no va a tener problemas con trozos de madera y cosas así. Ya no verá las cosas acabando todo el tiempo. Y sabrá qué es en realidad su brazo, si le interesa saberlo. ¿comprende lo que quiero decir? ¿Cree que lo ha entendido?