
Spoilers go included
Anoche Antena 3 emitió Estado de Sitio una de esas películas del cineasta políticamente ideal Edward Zwick que ha tenido relevancia por su carácter pre-11S total (Nueva York, atentados, malvados árabes). Yo siempre he sostenido que realmente esta es una de las pocas cintas ideológicamente fuertes y demostrables que se han rodado, de verdad, y que a diferencia de los subproductos no tiene un marcado carácter de arquetipo o distancia irónica, pero yo creo que su pecado mayor no estriba en ser ideológicamente disidente sino en ser ideológicamente falsa-dente y disfrazar su racismo implícito.
Slavoj Zizek escribe en su Violencia en acto:
"La conocida historia, contada una y otra vez, sobre la definición de negro que dio, hace un siglo, la Corte Suprema de los Estados Unidos: todo aquel que tuviera aun un mínimo de sangre afroamericana; 1/64 de ancestros era suficiente, aunque la apariencia fuera totalmente blanca. ¿Cuál es el error en la apasionada referencia a esta historia y a otras similares, que suele acompañarse de exclamaciones como ¡Ves, eran peores que los nazis, para quienes contabas como judío solamente si 1/4 o más de tus ancestros eran judíos!? Concentrarse en el exceso vuelve automáticamente aceptable una forma más moderada de exclusión racista, por ejemplo, solamente 1/4 o 1/3 de sangre afromaericana."
Así tiene en consideración ese sabio de la hipocresía cinematográfica su concepción de lo que él llama "las películas que deberían hacerte pensar". Samir no sólo resulta ser el traidor sino que mata a Sharon, la operativa de la CIA que, cuando se declara la ley marcial en Brooklyn, le ha ocultado. El personaje de Bruce Willis (William Deveraux) no es nunca más que el traidor-inesperado, nunca un villano de verdad, de hecho su intención analizada con cuidado no es más que la de vencerle la partida a otros organismos de defensa estadounidenses (los federales, la CIA) que la que da miedo y es verdadera, el poder (léase: our freedom). Para ello ya están alternadas las secuencias de rezo/destrucción e introspección de su protagonista (un sacrificado e heroico afro-americano). Más significativo es el personaje de Frank Haddad: moro si, pero del FBI también con lo que la seriedad y el clima dramático deliberadamente serio resultan ideales para hacer pensar al espectador medio alejado de racismo. El mainstream, supongo.