domingo, febrero 01, 2009

El conejo afortunado


Se sabe que Updike dijo que Corre Conejo (Rabbit Run), para mí una de sus mejores obras, tanto por separado como integrada en la grandiosa saga de Angstrom, era una respuesta a On the Road de Jack Kerouac. Entiendo perfectamente a que se refería: la postura de Kerouac, que siempre fue peor escritor que Ginsberg y Burroughs, era la de la rebeldía, el grito juvenil, el lanzarse a la carretera a la nueva aventura. La ficción de Kerouac respira esa ingenuidad y casi todos los lectores la disfrutan como aventura, como historia inolvidable: Dean Moriarty es para su narrador su condcutor de una etapa única en su vida. Updike cree que hay algo terrible, que la ficción debe responder no sólo ante los sueños sino también el dolor, ante el fracaso.

Uno de los motivos por los que siento devoción por el debut de Updike es por su dominio de recursos, por su experimentalismo, ya sea narrativo o puramente estilístico. Empieza su narración con una narración casi en elipsis, típicamente americana y entrecortada:

Boys are playing basketball around a telephone pole with a backboard bolted to it. Legs, shouts.

Sigue con una descripción inmensamente sensorial:

The scrape and snap of Keds on loose alley pebbles seems to catapult their voices high into the moist March air blue above the wires.

Por un lado tenemos la musicalidad, solo apreciable en inglés. Por el otro el contraste de la fugacidad de la escena con su morosidad descriptiva "los ruidos secos de las suelas de goma y de la gravill arrastrada parecen catapultar sus voces hasta el húmedo marzo, azul por encima de los cables". Creo que el "azul por encima de los cables" es lo que condena, en cierta medida, el éxito de la frase. Pero lo condena a su grandeza. Las voces ya "se catapultaban", pero pocos escritores se atreven a llevarnos a un nivel tan básico y detallado de lo cotidiano: "azul por encima de los cables". Se refiere siempre a un día, a un momento.

A esto se le suma un párrafo también contundente, muchísimo, ligado sólo a lo que sienten sus personajes, sin intervención del narrador.

His standing there makes the real boys feel strange. Eyeballs slide. They're doing this for themselves, not as a show for some adult walking around town in a double—breasted cocoa suit. It seems funny to them, an adult walking up the alley at all. Where's his car? The cigarette makes it more sinister still. Is this one of those going to offer them cigarettes or money to go out in back of the ice plant with him? They've heard of such things but are not too frightened; there are six of them and one of him.

Esa tensión interna se repite más adelante, con el mismo éxito, demostrando que Updike, en sus mejores momentos, no era simplemente un hombre repetitivo, como se defenestró su imagen por sus últmas novelas, sino un creador en estado puro:

They go to the cemetery. He and his father and Janice's father and the undertaker's man carry the white box to the hearse. There is weight to it but the weight is all wood. They get into their cars and drive through the streets uphill. The town hushes around them; a woman comes out on her porch with a basket of wash and waits there, a small boy stops himself in the middle of throwing a ball to watch them pass.

Pocas descripciones más conmovedoras sobre la muerte ("Pesa, pero todo el peso es de la madera). En castellano, de nuevo, inapreciable, pese a que Updike ha tenido grandes traductores, como Jaime Zulaika o la misma primera edición de Corre Conejo (Seix Barral, Barcelona, 1960) estaba bien traducida por Enriqeu Hengewicz. Hay un juego con las esés y el sh propia del silencio, propio del clima "(the town hushes; basket of wash; pass, the white box to the hearse) y porque Updike escoge siempre un verbo cuyo significado está más íntimamente ligado con el silencio que con el más habitual to be quiet.