viernes, septiembre 28, 2007

Para acabar con la crítica Freudiana: Las listas de Metterling

Por fin, Venal & Sons ha publicado el primer volumen tan largamente esperado de las listas de ropa de Metterling (Las listas completas ropa de Hans Metterling, vol 1: 437 páginas con uina introducción de XXXII págs ; índice; $ 18,75) un comentario erudito del conocido estudioso de Metterling, Gunther Eisenbud. La decisión de publicar la obra por separado, antes de la finalización de la inmensa oeuvre en cuatro volúmenes, es satisfactoria e inteligente ya que este libro contumaz y espumante dejará de inmediato sin efectos los desagradables rumores de que Venal & Sons, después de haber cosechado ganancias sustancosas con las novelas, obras de teatro, cuadernas de anotaciones, diarios y cartas de Metterling, sólo buscaba seguir recibiendo beneficios del mismo material. ¡Cuán errados han estado los propagadores de rumores! Por cierto, la mismísima primera lista de ropa de Metterling

Lista nº1
6 pares de shorts
4 camisetas
6 pares de calcetines azules
4 camisas azules
2 camisas blancas
6 pañuelos
Sin almidón

sirve como introducción perfecta y casi absoluta a este genio problemático, conocido por sus contemporáneos como el Raro de Praga. Esta primera lista fue garrapateada mientras Metterling escribía Confesiones de un queso monstruoso, obra de sorprendente importancia filosófica en la que probó no sólo que Kant estaba equivocado acerca del universo, sino que tampoco había cobrado nunca un cheque. La repugnancia que sentia Metterling por el almidón es típica de la época, y cuando este paqeuete de ropa le fue devuelto demasiado rígido, Metterling se puso de mal humor y sufrió un ataque de depresión. Su ama de llaves, Frau Weiser, informó a algunos amigos de que “Hace dias que Herr Metterling está encerrado en su habitación llorando porque le han almidonado los calzoncillos”. Por supuesto, Breuer ha señalado ya la relación existente entre los calzoncillos almidonados y la sensación permanente que tenía Metterling de que hablaban de él hombres con carillos (Metterling: Psicosis paranoica-depresiva y las primeras listas, Zeiss Press). Este tema de la incapacidad para seguir instrucciones aparece en la única obra teatral de Metterling, Asma, cuando Needleman lleva la pelota de tenis maldita a Valhalla por equivocación.
El obvio enigma de la segunda lista
Lista nº2.
7 pares de shorts
5 camisetas.
7 pares de calcetines negros
6 camisas azules
6 pañuelos
Sin almidón.

Son los siete pares de calcetines negros ya que hace mucho tiempo es vox populi el que Metterling era sumamente proclive al azul. Sin duda, durante años, la mera mención de cualquier otro color le ponía hecho una furia y en una oportunidad dio un empujón a Rilke y le hizo caer sobre un montón de miel porque el poeta dijo que prefería las mujeres de ojos castaños. Según Anna Freud (“Los calcetines de Metterling como expresión de la madre fálica”, Journal of Psychoanalysis, nov. 1935) este cambio súbito a ropajes más sombríos está relacionado con la infelicidad que le produjo el incidente de Bayreuth. Allí fue donde, durante el primer actó de Tristán, no pudo contener un estornudo e hizo volar el peluquín de uno de los más ricos benefactores del teatro. La audiencia se convolsuionó, pero Wagner salió en su defensa con ella hora ya clásico comentario: Todo el mundo estornuda. Para colo Cósima Wagner estalló en sollozos y acusó a Metterling de sabotear la obra de su marido.
Ya no puedo caber la menor duda de que Metterling tenía interés en Cósima Wagner: sabemos que una vez la cogió de la mano en Leipzig y cuatro años más tarde, una vez más en el valle del Rhut en Danzig se refiri´´o tagencialmente a la tibia de Cósima durante el trasncurso de unat ormenta y ella decidió que era mejor no volvero a hacer nunca más. De regreso a su cas en estado de agotamiento, Metterling escribió Pnesamiento de un pollo y dedicó el manuscrito original a los Wagner. Cuando éstos lo utilizaron para estabilizar la mesa de la cocina que tenía una pata más corta, Metterling se enfadó y cambió a calcetines oscuros. Su ama de llaves le rogó que conservara su azul amado o que por lo menos hiciera un intento con el marrón, pero Metterling la maldijo exclamando: “Perra, ¿y por qué no escocesas, eh?”.
En la tercera lista
LISTA Nº3
6 pañuelas
5 camisetas
8 pares de calcetines
3 sábanas
2 fundas de almohada
se menciona por primera vez la ropa de cama: Metterling tenía pasión por la ropa de cama, en especial que él y su hermana, cuando niños se ponían sobre la cabeza cuando jugaban a los fantasmas hasta que un día él se cayó de cabeza en una cantera de rocas. A Metterling le gustaba tanto dormir con ropa de cama limpia y lo mismo le suceden a sus personajes de ficción. Horst Wasserman, el herrero impotetne de Filete de arenque, comete un asesinato por un cambio de sábanos, y Jenny en El dedo del pastor esta dispuesta a acostarse con Klinesman (a quién odia por haber frotado a su madre con mantequilla) “si esto significa echarse entre sábas suaves”. Es una tragedia que la lavendería jamás dejara que la ropa la ropa de cama a satisfacción de Metterling, pero afirmar, como la ha hecho Pflatz, que su consternación al respecto no le permitió terminar Adónde vas, cretino es absurdo. Metterling se permitía el lujo de enviar a lavar sus sábanas, pero no dependí de eso.

Lo que impdió a Metterling termina su libro de poesía durante tanto tiempo proyectado, fue un romance adorado que figura en la Famosa Cuarta lista.

LISTA Nº4.
7 pares de shorts
6 pañuelos
6 camisetas.
7 pares de calcetines negros.
Sin almidón
Servicio especial en veinticuatro horas

En 1884, Metterling conoció a Lou Andras-Salomé y de pronto nos enteramos de que a partir de entonces exigió que se le lavara la ropa todos los días. En realidad, los presentó Nietzsche quien dijo a Lou que Metterling era un genio o un idiota y que viera si podía averiguarlo. En ese tiempo, el servicio especial en veinticuatro horas se estaba volviendo bastante popular en el Continente, en especial entre intelectuales, y la innovación que bien fue recibida por Metterling. Al menos era r´paido, y Metterling adoraba la rapidez. Siempre se presentaba a las citas temprano – aveces varios días antes y entonces lo tenaían que acomodar en el cuarto de huéspedes -. A Lou también le encantaba el envío diario de ropa limpia de la lavandería. Era como una niña en su alegría ; a menudo llevaba a caminar a Metterling por el bosque y allí abría el último envío del escritor. A ella le encantaban sus camisetas y sus pañuelos pero más que nada adoraba sus shorts. Le escribió a Nietzsche que los shorts de Metterling eran lo más sublime que había encontrado en su vida, incluyendo Así hablaba Zaratustra. Nietzsche se comportó como un caballero al respecto, pero siempre sintió celos de los calzoncillos de Metterling y le contó a sus íntimos que le parecían “hegelianos en extremo”. Lou Salomé y Metterling se separaron después del Gran Desastre de la Melaza de 1886, y si bien Metterling perdonó a Lou, ésta siempre dijo de él que su “mente tenía rincones de hospital”.
La quinta
LISTA Nº5
6 camisetas
6 shorts
6 pañuelos
ha confundido siempre a los estudiosos, principalmente por la ausencia total de calcetines. (Por cierto, Thomas Mann, años más tarde, se interesó tanto por el problema que escribió toda una obra teatro sobre el tema: Las calcetas de Moisés que, en un descuido, se le cayó albañal) ¿Por qué este gigante de la literatura súbitamente sacó los calcetines de su lista semanal? No fue, como dicen algunos estudiosos, una señal de su creciente locura, aun cuando Metterling por aquel entonces había adoptado ciertas extrañas características en su conducta. Por ejemplo creia que lo seguían o que él seguía a otra persona. Contó a unos amigos íntimos algo acerca de un complot gubernamental para robarle el mentón; y, en una ocasión, durante unas vacacionesen el Jena no pudo decir otra cosa que la palabra “berenjena” durante cuatro días seguidos. Empero, estos ataques fueron esporádicos y no explican la desaparición de los calcetines. Tampoco lo hacia su emulación de Kafka, quien durante un breve período de su vida, dejó de usar calcetinesbido a un sentimiento de culpa. Pero Eisenbudnos asegura que Metterling continuó usando calcetines. ¡Simplmente dejó de enviarlos a la tintorería! ¿y por qué? Porque en esa época de su vida, consiguía una nueva ama de llaves, Frau Milne, quien consintió en lavarle los calcetines a mano (un gesto que emocionó tanto a Metterling que dejó a esa muejmr toda su fortuna, consistente en un sombrero negro y un poco de tabaco). Asimismo, ella aparece en el personaje de Hilda en su alegoría cómica, El icor de Mamá Brandt.
Es obvio que la personalidad de Metterling empezó a fragmentarse en 1894, si podemos deducir algo de la sexta lista:
LISTA Nº6
25 pañuelos
1 camiseta
5 shorts
1 calcetín
y ya no resulta sorprendente que en aquel período empezsara un tratamiento de análisis con Freud.

´”Había conocido años antes a Freud en Viena cuando los dos acudieron a la representación de Edipo, ocasión en la que Freud debió ser sacado del teatro presa de un ataque de sudor frío. La sesiones fueron tormentosas y, si creemos en las anotaciones de Freud, el comportamiento de Metterling fue hostil. En un momento, amenazó con almidonar la barba de Freud y con frecuencia decía que éste ler ecordaba a su tintorero. Poco a poco, las extrañas relaciones de Metterling (los estudantes de nuestro autor ya se han familiarizo con el padre de Metterling, un pequeño funcionario que a menudo ridiculizaba a Metterling comparándola con una salchicha.) Freud escribe acerca de un sueño clave que Metterling le describió:
Estoy en una cena con algunos amigos cuando de pronto entra un hombre con bol de sopa una traíll. Acusa a mi ropa interior de traición, y cuando una dama me defiende, a ésta se le cae la cabeza. Lo encuentro divertio en el sueño y me río. Pronto todo el mundo se ríe salvo mi tintorero que parece serio y se queda sentado poniéndose gachas en los oídos. Entra mi padre, recoge la frente de la dama y sale corriendo con ella. Corre hasta la plaza pública gritando ¡Al fin! ¡Al fin! ¡Una frente propia! ¡Ahora no tendré que depender de ese idiota de mi hijo. Esto me depriime en el sueño y siento la urgente necesidad de besar la ropa de Burgomaestre. (En este momento el paciente se pone a llorar y olvida el resto del sueño.”

Con los reconocimientos adquiridos de este sueño, Freud pudo ayudar a Metterling y lo sdos se hicieron bastante amigos fuera del psicoánalisis aunqeu Freud jamás permitió que Metterling se le pusiera a sus espaldas.
En el Volumen II se anuncia que Eisenbud se hará cargo de las Listas 7-25 que inclueyn los años de la tintorera particular de Metterling y el patético malentendido con los chinos de la esquina.

Traducción de Marcelo Sovían, en Como acabar de una vez por todas con la cultura. Y aquí termina nuestra semana: el próximo año nos encargaremos del Allen barcelonés o el proyecto más traicionero del judío, su obra maestra Melinda y Melinda (4 años después) y un top de sus mejores relatos online.