sábado, octubre 06, 2007

Cine legendario


El día de reyes de 1998, al final de un evento con mis allegados, contemplé el clímax final de Regreso al Futuro 3 (que ya había visto, a trancas y barrancas, en su estreno en televisión pública en domingo) y me obsesioné (sus precedentes más claros eran Bill y Ted y su cabina, que se había convertido en algo alucinante durante mis días de infancia más tierna gracias a los cartoons de las películas) con aquella máquina del tiempo: un coche, el Delorean. Lo tenía claro: yo quería ver la primera (y segunda) partes de aquellas películas. Era 1998 y una película en VHS del 85 era muy díficil, por no decir imposible de encontrar en mis videoclubs más habituales. Durante dos años esperé a que dieran por televisión Regreso al Futuro para poder ver la segunda y tercera. Al cabo de un año, frustrado, me grabé la tercera y la vi algo decepcionado: lo que más me gustaba era ese principio loco, luego al llegar al oeste era todo muy aburrido (a día de hoy lo sigo pensando). Al fin, a finales del 99 la dieron por televisión: aquél día tenía una comida familiar in-ex-cu-sa-ble y la grabé. Al regresar a casa, eufórico, puse mi vídeo: había tardado un maldito año en lograr la película. La cinta era de mala calidad, falló y no se grabó nada: el vídeo también estaba desprogramada. Mi desdén era innombrable: al llegar el 2000 me entero que a dos calles la película puede estar porqué hay un videoclub con una extensísima colección de VHS (a finales de ese año empezó un romance con ese videoclub bajo el que ví todo el cine fantástico). Me hice socio un viernes: pero sin el carnet no podía alquilar. Tuve que esperar, claro está, al sábado: una vez en sábado, la película Regreso al Futuro ¡estaba alquilada! No podía ser, no me lo explicaba. Pronto la cosa terminó: fingí una gripe, puse mi termómetro al lado de una lamparilla negra y calculé bien los síntomas. Aquél lunes logré que, en un acto de amor maternal, mi progenitora me trajera la dichosa Regreso al Futuro. Pero... ¡me trajo la tercera! Yo, intentando agradecerle que me había traído la película, le dije que quería la primera y la segunda. Al día siguiente, me las trajo pero no me las dió hasta la tarde: tenía 48 horas para verlas. La mañana de miércoles estaba siempre sólo, ya saben, compras y demás: aquella mañana me preparé mi desayuno, unas tostadas, cerré las persians (a oscuras, sí, sí) y me salté orgulloso la escuela (siendo yo, alumno de sexto de primaria en un Febrero bastante perezoso y tedioso por la sensación de final que tenía ese curso). Aquél pase fue maravilloso, irrepetible. Ví la primera y la segunda película, no con la victoria premeditada de su dificultad para conseguirlas (ni en los grandes recintos se podían encontrar: estaban siempre descatalogadas) sino con la sensación de que la aventura de ver la película había empezado mucho antes. Desde aquél entonces fingí y sufrí variopintas gripes, con otras películas claro, pero es inevitable que alguna noche, vuelva a viajar a través del tiempo. Un díptico que en realidad, te obliga a ver la misma película dos veces, desde el mimo y el detalle.

Una semana antes de poder ver Los Cronocrímenes, no llegué a tiempo. La película agotó sus entradas para el doce y el trece, lo que es, por encima de cualquier bobada o decepción adolescente, una noticia excelente, algo de lo que nunca sabremos estar lo suficientemente alucinados debido a la rapidez con lo que ocurre (véase la cronología: Texas-Sitges y la, ya era hora, fulgurante carrera de la película, y aún asi es poco). No deja de ser poético y me gusta pensar que mítico. Regreso al Futuro 1&2 forman parte de un cine de estirpe legendaria y la película de Vigalondo igual: cuando entre a una sala de cine, y espero que sea pronto, a ver las morelianas aventuras de Héctor sabré que ya llevaba mucho tiempo antes viéndolas, imaginándolas, suponiéndolas. Igual que cuando aparecio The power of love, el estéreo gigantesco y el áeropatín: la primera película de Vigalondo está destinada a ser leyenda. Diantres, fueron dos años de búsqueda pero valieron la pena. Y aquí igual: uno debe esperar lo que haga falta para terminar sentado en la oscuridad dispuesto a mirar un proyector que se ha convertido (como mi reproductor de vídeo en el 2000) en algo muy parecido a la máquina imaginada por Bioy capaz de capturar las almas e inventar miles de realidades hasta el infinito.

7 comentarios:

Enrique Ortiz dijo...

Genial, Alvy, genial; me apunto su interés por la peli y lo hago propio. Por cierto, estoy con su recomendación: Afterpop. Un abrazo.

Jaime Lorite dijo...

Ya tengo ganas de ver "Los cronocrímenes".
Para mí, siendo crío, el cine empezó con "Regreso al futuro". Al contrario que usted, la primera que vi de la saga fue la segunda, en una de esas sesiones de tarde que programaba (y, de hecho, sigue programando, aunque ahora con pelis de caballos) TVE1. Desde entonces, cada vez que han emitido cualquiera de las entregas de la saga, me las he tragado sin problemas, hasta acabar aprendiéndome pasajes enteros. Ahora, tengo bastante claro que esa fue y siempre será mi película favorita y dudo que algún día llegue alguien y la desbanque. Es imposible. Aeropatines, un DeLorean, el condensador de fluzo, el anuncio de "Jaws 19", la Caída de Eastwood, la inmortal banda sonora de Alan Silvestri y alguna canción de Huey Lewis, la mejor versión de "Johnny B. Goode" de la Historia... Una maravilla.
Si algo lamento de "Regreso al futuro" es no haber nacido unos años antes para poder ver alguna en el cine. La posibilidad del reestreno es lo único que nos queda, aunque parece bastante poco probable.
This is heavy, Doc!

¡Un saludo!

dussander dijo...

¡Joder, menuda odisea! Lo malo con la saga de REGRESO AL FUTURO es que en las televisiones suelen programarla de madrugada, y claro, así no hay quién la pille hasta el final, entre anuncios y demás. Pero merece la pena. Junto a EL PADRINO, INDIANA JONES y LA GUERRA DE LAS GALAXIAS, es una de las sagas más imborrables y duraderas de la historia.

Ryu dijo...

Regreso al futuro es un viaje intrínseco a la nostalgia más pura y uno de esos clásicos que perdurarán en nuestras retinas a lo largo de nuestras vidas.

Excelente relato, Alvy.

Gas Snake dijo...

Gran relato... Las obsesiones por las sagas son la leche. A mí me pasó algo parecido con la saga Alien, ¡pero no tuve cojones a fingir que estaba enfermo para verla!

¡Un saludo, Alvy!

Francisco Ortiz dijo...

En mi particular rincón de los mitos también están los Regreso al futuro: aún hoy, lo confieso con algo de vergüenza, las encuentro en un canal y las veo con alegría, sin melancolía, como un niño o el chaval que de alguna manera tampoco yo dejaré de ser jamás.

zinemátikas dijo...

Lo que a mi me hace seguir un lugar en la red, es que sin solemnidad alguna hable de hechos signifiativos, y que cuando se hable de los recuerdos, el impacto genere una empatía total. Es
posible que se cuente una experiencia donde el que escriba sea el malo de la película, y sea como fuere, uno lee y le sucede como con Harry Block: uno sabe que ser humano es ser contradictorio y que si eres bondadoso o cruel no es a priori porque eres malévolo. A menos que se haya asesinado o matado algo con saña, el ser humano es una telearaña de sucesos en puzzle aleatorio.
Me salí del tema: voy al punto. Grax Alvy , porque opinas sobre films y libros, en posts
con las que uno está o
no está totalmente de acuerdo, como con Blade Runner (lo sigo pensando) u otras.
Sobre BR, sigo procesándolo y ese mismo hecho ya es un generador que al hacerme pensar y pensar, me convierte en crítica sobre un film fetiche. Y no es que uno quiera practicar la objetividad a como dé lugar. Si no que se sabe que no se dejará a esta película en el desván de los films rezagados, si no que se intenta ver más allá de lo que se ha visto. Aunque eso parezca suceder siempre cuando se vuelve a ver BR.

Y ya, no sigo con ello. Cuando tenga algo redondeado, lo escribo, creo.



A esta saga la vi en etapa de chiquillada como tantos, y encontré
en Michael Fox un personaje inolvidable, al que después no sé si injustamente, desplazé por otros. Sin embargo un post como éste me lo ha traído con re-brillos y lo agradezco.

Eran los años dorados con sus recursos subterráneos para ver cine. Sí, esas enfermedades imaginarias y demás.
:)