domingo, octubre 07, 2007

No os acerquéis a LO banal

The irresponsible self de James Wood es, además de un libro de ensayos sobre literatura norteamericana (por ende, occidental) maravilloso, una herramienta para determinar el diagnóstico de la falacia que se vive en ciertos ambientes (dogmas) literarios en el que lo postmoderno, mal entendido claro, se ha instalado para siempre. Wood es mucho más listo y polémico de lo que aparenta, quizá porqué él puede y nosotros somos un puñado de fans al aire. El crítico toma como ejemplo una de las novelas más horrorosas de Salman Rushdie: Furia. Wood concluye que la visión de la América corrupta de su protagonista es exactamente igual de idiota que la visión de la América gloriosa y de Mickey Mouse.

Precisamente, Fantasmas (y en menor medida, la tolerable Superviviente) juega en esta liga (y también un autor tan deshonesto a ratos como es Chuck Palahniuk): la de ofrecer una visión, venga adjetivémosla compuesto (postmoderna, ultraglobal, neonihilista), tremendamente banal que se excusa en estar en contra. No, el sensacionalismo del que bebe Fantasmas no nutre un corpus ácido, capaz de sublevar sus formas, no, regodea a lo que es, sin más, un libro banal. O como diría, alguien más sabio que yo: Palahniuk ofrece su crítica de la cultura antisistema basándose en su percepción que tiene él sobre Adbusters. Lo que no deja de ser ingenuo, igual que sus lectores que ven una quimera dónde sólo hay una vulgaridad revestida de acidez. La transgresión de Palahniuk es paupérrima y eficaz, en la medida que el sensacionalismo e impacto de sus novelas nos haga creer que jugamos en otra liga. En otras palabras: Palahniuk es el artista del bestseller del siglo XXI, el creador de placeres idiotas profundos. Y ahí es dónde entra Terrorista: una novela que es capaz de defenderse como entretenimiento inteligente por un autor que no engaña a nadie desde su inicio (esa overture llena de erotismo tan propia de su universo), criticado por un escritor tan inteligente como David Foster Wallace (no tiene cojones el tipo de meterse con Moody y Palahniuk: ah, publican en McSweeney's o algo) por la de otro capaz de revender a Stephen King, Easton Ellis, Ballard, DeLillo o la pulp fiction revestida de nihilismo idiota. Porqué en Fantasmas, sólo hay una sucesión de hechos brutales justificados entre sí como postnovela y supracrítica hacia algo de lo que se
es un simple e hipócrita cómplice.

5 comentarios:

Alicia Liddell dijo...

Fantasmas es, sin duda, una mala novela. A mí me decepcionó tras haber leído otras obras con planteamientos más originales y, sí, nihilistas, pero coherentes. Fantasmas es una fantasmada.

J. Alvargonzález dijo...

Todo lo que me impactó en su momento de "El Club de la lucha" acabó resultándome insufriblemente tedioso. Palahniuk es un escritor de taller literario, puede verse sin problemas dónde sus intenciones ensamblan, las feas costuras.

Y Foster Wallace nunca me cayó simpático. Pero ése es mi propio prejuicio.

Mauricio Salvador dijo...

El último que leí fue "Haunted". Y creo que me entretuvo, pero al final sentí un enorme vacío, tal que desde entonces no he vuelto a abrir otro libro de Palahniuk.
El caso de Wood es intersante, un crítico -podríamos decir- a la antigua, con una fuerte concepción moral de la literatura, casi un elitista, en ese sentido, aquel para el que la literatura lo es todo.
Habrá que leer pronto su otro libro, que fue el primero, "The Broken State."
Saludos.

Noel dijo...

Ya sabe que discrepo, pero su opinión está tan bien argumentada que la comprendo plenamente. De hecho, es mucho más enriquecedora que el clásico "¡Mola porque es una pasada, es superbestia!".

Miguel Ángel Muñoz dijo...

Y tenemos que preguntarnos sobre la gran influencia de Chuck, del mismo modo que ahora cualquier escritor joven tiene a Bellow entre sus preferidos, como si no hubiese ganado el Nobel hace tropecientos años. Cascadas autorreferenciales.
Brillante comentario.