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jueves, diciembre 01, 2016
Con el pensamiento podemos justificar cosas espantosas, los argumentos sirven para defender y sostener lo más repugnante; el placer de lo espiritual, su brisa vivificante enajena a menudo el contenido y las consecuencias de cuanto se discurre
Gonzalo Torné, Lo inhóspito
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Lo inhóspito
jueves, marzo 17, 2016
Si mi mirada fuese como la de Gabriel me conformaría pensando que todas esas construcciones son asentamientos donde los hombres se protegen de las inclemencias y se unen para fecundar y concebibir, sobrevivir y relevarse. Pero en mi mirada quedan restos de la lesión y he reservado un espacio para los espíritus. Cada una de las luces prendidas está envuelta por una ida de hogar, ecos de los dioses tutelares. Desde que nací la idea de una casa donde vivir por mí misma, con quien yo (yo, yo) elija, ondea sus plumas resplandecientes al fondo de la imaginación. He vivido en varias desde que abandone el piso de nuestros padres: en Londres, en Diagonal Mar, en la Barceloneta, en Balmes, he pasado largas temporadas en Tredòs, cada espacio está asociado a mis vivencias, no hay nada abstracto en las habitaciones, en los techos, en las camas. Han envuelto mi vida. Pero ninguna se ha convertido en mi hogar. A veces era por vosotros, otras por Joan-Marc, por las personitas que durante el periplo londinense se metían entre mis sábanas, ahora es mi propia soledad la que me impide ver esta habitación como algo definitivo. Ni siquiera me ha rozado la estabilidad que se apreciaba en casa de los adultos. Las encontré allí y pensé que estaban allí desde siempre, que las habían proyectado y que respondían a lo que habían querido proyectar. Mi ojo infantil no me dejaba apreciar laf luidez de los cimientos de la casa de los Llort, de los Selma, de los Anglés. Su precariedad era como la mía. Recogieron los materiales de donde pudieron, la gente que nos acompaña tiene sus propios ideas. La amargura de la vida consistente en que levantamos casas con las manos de la mente pero nadie quiere vivir en ellas.
Gonzalo Torné, Hilos de sangre.
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Hilos de sangre
miércoles, noviembre 04, 2015
Volvamos por última vez a la Recherche. Mientras participaba en una fiesta, donde el paso del tiempo ha encanecido y arrugado el pelaje de los hombres y mujeres con los que entró en el mundo como si fuera algo que fuese a durar para siempre, el narrador descubre que la vejez es algo propiamente humano, y se interroga para qué sirve una vida: con todos sus momentos álgidos, las incertidumbres, los borrones del aburrimiento, y millares de pensamientos que se revuelven en la mente y que nunca llegan a expresarse. Uno sospecha que la respuesta de Proust le hubiese hecho torcer el gesto a Montaigne: toda esa vida informe sirve como material para elaborar una obra literaria, para salvar a los hombres que la tierra ya no puede retener mediante una sofisticada recreación estética; una ambición de raíz romántica. Para Montaigne los hombres prosiguen su vida en Dios y la escritura es un entretenimiento (aunque no por eso menos sofisticado), solo un majadero confundiría la literatura con elf in último del hombre en la tierra, su salvación contingente.
Claro que tampoco cuesta imaginar a un Cicerón o a un Séneca juzgando con severidad desconcertada los Ensayos de Montaigne. A fin de cuentas ¿para qué sirve abrirle al lector el libro de la propia vida, exponerle su intimidad, sus miedos, sus cólicos? ¿En qué nos beneficia saber tantos detalles de una vida que no es la nuestra, que no podremos volver a vivir, que ni siquiera, pues nuestro mundo ya no es el suyo, podremos tomar seriamente como modelo?
Como sucede con las vocaciones, observadas a determinadas altura todas las vidas están sujetas a las mismas etapas, regidas por una pauta común que se resuelve de manera distinta en cada caso particular. Aunque gran parte del tiempo que tenemos asignado lo experimentamos en soledad, vivimos envueltos de opiniones, discursos, testimonios y recuerdos ajenos, que lo queramos o no nos suministran los hilos con los que tejemos nuestras expectativas, metas y objetivos. Existen dos discursos culturales que pese a estar situados en extremos opuestos del valor coinciden en tratarnos como niños. La autoayuda (personal, empresarial, laboral, tanto da) se basa en transmitirnos amables mentiras sobre nosotros mismos y el funcionamiento del mundo, en renovar, libro a libro, el mismo cúmulo de esperanzas sin fundamento. En las escuelas filosóficas de la sospecha (que inspiraron mucha de la literatura escrita alrededor de las grandes guerras mundiales) percibimos cierta propensión morbosa a encontrar una explicación repugnante a cada emoción o pensamiento espontáneo e inocente (a la manera del padre que desconfía del hijo incluso cuando no encuentra ningún motivo artero a su comportamiento). Montaigne no trata de animarnos con falsas expectativas no nos asusta como niños. Pese a que ni con tres vida nos alcanzaría para pensar por nosotros mismos los Ensayos, Montaigne nos mira a la altura de los ojos. Quizá porque muchos de estos ensayos recuerdan a veces a una carta disimulada y dirigida al fantasma de La Boétie, en cuyo vacío nos sentamos cada uno de los lectores al pasar las páginas, el tono de Montaigne se parece al de una conversación entre amigos, más interesados en seguir y deleitar, que convencer e imponerse.
Los grandes libros forman una suerte de casas, de lugares donde nnuestra mente habita un tiempo. Algunas de las casas más prestigiosa son subyugantes, amplían nuestra sensibiñlidad y nos maduran intelectualmente, pero Edipo Rey, el Infierno de Dante o el Rey Lear no son sitios donde la mente debería quedarse. Montaigne está lejos de la jocosa brutalidad de Cervantes y del espectáculo de la hostilidad humana que despliega Shakespeare. Es es el más acogedor de estos tres escritores que sentaron las bases del ensayo, la novela y el teatro modernos. En estas coordenadas de intencióon y tono podríamos decir que la lectura de Montaigne (en sus Ensayos, sobre todo, pero también en su diario de viaje y en sus cartas) nos aporta algo realmente estimable: compañía. Quizá la palabra esté en desuso, pero califica bien la experiencia de leer a Montaigne: encontraremos autores más intensos, un puñado de los más imaginativos, pero me cuesta caer en la cuenta de otro escritor de quien, al leerlo, se desprenda una sensación parecida de cercanía, una proximidad inmaterial y desinteresada, la de una voz que se examins sin restricciones para que incrementemos nuestro conocimiento sobre la existencia humana, para nuestro provecho.
Volvamos ahora a formular paregunta: ¿para qé sirve que alguien abra para nosotros el libro de su intimidad? La sabiduría que puede proporcionarnos la literatura es variable y amplisima, pero una de las peculiaridades distintivas de la experiencia es que debemos atravesarla en primera persona. Pero aunque no podamos ni repetir los aciertos ni evitar los errores de ningún predecesor, supone un valor incalculable que una mente despierta se comprometa a relatarnos una larga secuencia de reflexiones verdaderas sobre su vida.
Gonzalo Torné, El ensayo de su tiempo, prólogo a Ensayos de Michel De Montaigne
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jueves, octubre 22, 2015
-Los hijos, los nietos, sois divertidos. Observáis a los mayores con tanto detenimiento, os damos amor y protección y nos concedéis tanta importancia que el pasado, bueno, es como si perteneciese a otro planeta. A veces rellenáis los huecos con ingenio, pero vuestra visión es sesgada. ¿Has visto el cadáver? Eso tampoco hay manera de atarlo con lo anterior. La muerte deja desvalida a la carne, la limpia de la suciedad de la mente, toda la impregnación de los deseos. Si conoces a un hombre que lleve cuarenta o cincuenta años interviniendo en el mundo no es difícil que hayan secciones difíciles de armonizar. Tu Gabriel nunca coincidirá con el mío y está bien que sea así.
-¿Cómo era el abuelo? ¿Qué hizo mal?
-No me malinterpretes, tú lo conociste revuelto en una época comedida, entibiada por el triunfo del capitalismo y los auxilios sociales. A Gabriel lo templó un clima bien distinto. Los de vuestra edad habláis de felicidad, de satisfacción, de realizaros. Nuestras miras estaban puestas en sobrevivir, ni siquiera eso estaba seguro. Si lo hubieses conocido a tu edad, te hubiese parecido casi impasible. Un pequeño Dios, créeme, he tenido trato profesional con varios, y su común denominador es decepcionarnos. No me hagas caso, es tarde y no me conviene salirme de mi modesta rutina. Dale recuerdos a Amanda y ánimos at u hermano, dile que se espabile con esos samuráis si quiere que llegue a leer unas páginas sobre ellos.
Gonzalo Torné, Hilos de sangre.
domingo, octubre 11, 2015
Un cuestionario sobre Philip Roth
Quin creus que és el paper de Roth dins la història de la literatura,
sobretot en la literatura de la modernitat?
Bueno, creo que es un escritor que toma un camino distinto al del
Modernism y las vanguardias. La superficie de sus obras es aparentemente
“realista” (aunque es mil veces más experimental y osado que Barth, Gaddis
y compañía). Creo que su tema es el encaje de la vida privada y la pública,
en un tono cómico, y el de ambas dimensiones personales con la historia
social, en un tono trágico, siempre desde una perspectiva masculina. Narra a
una velocidad nunca vista y tiene una imaginación literaria prodigiosa.
Gracias a un esfuerzo que imagino durísimo sus novelas parecen
desprovistas de pudor y son inasumibles para tietes y tòtiles.
Què t’aporten les seves obres?
Comprensión del mundo, compañía, incitación... Los placeres
asociados a las obras maestras. En sus mejores novelas (el ciclo que va de
“Operación Shylock” a “El animal moribundo”) Roth es un escritor del nivel del
último Dovstoievski.
Quin dels seus llibres et sembla que t’ha agradat més? Per què?
Mi favorito es “Me casé con un comunista”. Pero no sé explicar muy
bien los motivos (o sí, pero necesitaría 30 páginas). En cierto sentido trata de
cómo convertir una novela política en una tragedia griega. Y las últimas
treinta páginas son sobrecogedoras.
Si l’has llegit, què en penses del volum EL TEATRE D’EN SABBATH?
Creus que mereix el Premi Nobel de Literatura?
Creo que un académico declaró que le daban el Nobel porque ya
habían premiado a su maestro Saul Bellow. Dados los criterios, llamémosle
distributivos, de la Academia tiene cierto sentido. Hasta los años 90 las
novelas de Roth iban pegadísimas a las de Bellow. Tuvo que luchar mucho (y
volverse muy oscuro y político) para sacarse esa influencia de encima. Y lo
hizo cuando ya era un novelista rico y famosísimo.
Creus que pot ser titllat de masclista? Si és així, per què?
A un escritor tan caudaloso se le puede llamar cualquier cosa, claro.
Durante algún tiempo personas nada estúpidas como Martin Amis le
acusaron de tener una paleta de personajes femeninos un tanto reiterativa,
que transitava de la voracidad al conformismo sin puntos intermedios, pero
los novelistas y las novelas funcionan con exageraciones, pequeñas
hipérboles, cortes, segmentaciones. Es cierto que ha escrito sobre mujeres
mezquinas e histéricas, pero me temo que esa clase de mujer existe. A mí
sus personajes femeninos me interesan mucho.
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Philip Roth
lunes, mayo 11, 2015
Al hundirnos en esa cueva de temblores y susurros de la intimidad, entendía muy bien que esas teorías sobre la fugacidad del amor, sobre el tedio o la aridez de las relaciones que perseveran, eran mitos elaborados por los perdedores. Un cuento de fracasados que al imponer sus consuelos como verdades universales habían camuflado la pulpa blanda de su experiencia bajo la coraza de lo inevitable. Quizás era una reacción legítima contra los excesos románticos, contra esos poetas que escribían sobre amoríos que discurrían sin obstáculos hasta la muerte. ¡E incluso más allá! Así los disculparba. ¿Quien querría narrar un amor satisfecho? ¿Qué interés dramático podía desprenderse del relato de una cotidianidad serena? De manera que el retrato artístico del amor oscilaba entre dos polos funestos: o bien se prestaba pomposo y huero, al modo de una fuerza nacida al amparo del destino, o cobraba el tono desapegado de los vencidos. Entre ambos se infiltraba la vía intermedia de nuestro enlace, y me preguntaba, bajo los frescos y húmedos favores que nos dispensábamos, si una felicidad así podía durar para siempre, si tenía derecho a agotarse.
Gonzalo Torné, "Dos lecciones de amor", Lo inhóspito.
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Lo inhóspito
lunes, marzo 16, 2015
-
No debes arrepentirte de tus decisiones, Clara. Debes confiar en tu propio punto de vista. ¿Te fijaste en el camarero? Puedes escoger a otro cualquiera, el que más te guste. Debió de echarle una ojeada al mundo y se dejó intimidar por la mezcla de agresividad y confusión. Buscó un camino que ya estuviese pisado. ¿Qué hay de malo en un empleo? Se someten a una idea expresada con buenas palabras, razonable, y en veinte años la miseria del empleo les ha absorbido por completo. Ssus pensamientos, su gramo de visión crítica, incluso sus momentos de ira están plastificados pro el entorno, cuesta aceptar que ahí agita un resto de espíritu. No saben hacer nada más, el restaurante es su horizonte, dudo que si lo dejas en la calle pueda valerse por si mismo. Ojalá no tengas que aprender lo que un hombre así podría hacerte para conservar su puesto. Se entregan demasiado pronto, no llegan a tasarse. El mundo que ven no les gusta, pero no tienen alternativa; nacen y tenemos que meterlos en algún sitio. ¿Sabes lo único que reciben a cambio? Miedo. Están dominados por el miedo, se dejarían cortar la mano si les asegurases que el futuro no iba a desestabilizarles hasta bien entrada la setentena. No creen en dioses, ni en el destino, ni en otras fuerzas que las geodésicas, a lo que más temen es al tiempo, y el tiempo está siempre por delante de nosotros, irresuelto, inminente y fuera de nuestro alcance.
Gonzalo Torné, Hilos de sangre.
No debes arrepentirte de tus decisiones, Clara. Debes confiar en tu propio punto de vista. ¿Te fijaste en el camarero? Puedes escoger a otro cualquiera, el que más te guste. Debió de echarle una ojeada al mundo y se dejó intimidar por la mezcla de agresividad y confusión. Buscó un camino que ya estuviese pisado. ¿Qué hay de malo en un empleo? Se someten a una idea expresada con buenas palabras, razonable, y en veinte años la miseria del empleo les ha absorbido por completo. Ssus pensamientos, su gramo de visión crítica, incluso sus momentos de ira están plastificados pro el entorno, cuesta aceptar que ahí agita un resto de espíritu. No saben hacer nada más, el restaurante es su horizonte, dudo que si lo dejas en la calle pueda valerse por si mismo. Ojalá no tengas que aprender lo que un hombre así podría hacerte para conservar su puesto. Se entregan demasiado pronto, no llegan a tasarse. El mundo que ven no les gusta, pero no tienen alternativa; nacen y tenemos que meterlos en algún sitio. ¿Sabes lo único que reciben a cambio? Miedo. Están dominados por el miedo, se dejarían cortar la mano si les asegurases que el futuro no iba a desestabilizarles hasta bien entrada la setentena. No creen en dioses, ni en el destino, ni en otras fuerzas que las geodésicas, a lo que más temen es al tiempo, y el tiempo está siempre por delante de nosotros, irresuelto, inminente y fuera de nuestro alcance.
Gonzalo Torné, Hilos de sangre.
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Hilos de sangre
miércoles, enero 15, 2014
La psiquiatría tiene palabras sorprendentes para las más diversas fobias, pero no existe ninguna para referirse a una dolencia muy común: el miedo a la propia vida. El hastío de ser nosotros, la fatiga de sostener nuestros pensamientos todo el tiempo. El terror a que, un día, ya no podamos más. La frustración que Alba sentía a causa del desajuste entre sus expectativas como escritora y sus logros era una dolencia menor si lo comparamos con el rasgo más constante de su carácter. A menudo, Alba se oscurecía. Al principio, sólo yo veía los efectos. Ojerosa, se mordía las uñas y los dedos hasta dejárselos en carne viva. Una torsión de los nervios, me decía, en su lenguaje críptico. Hasta donde logra recordar siempre ha sido así. Un desajuste, dice, un error en la trama de la vida.Después, como si yo formase parte de su organismo, ya no me ocultaba sus crisis. Sin fuerzas, sencillamente, se desplomaba. Cuando Alba caía en sus profundos estados de desesperación el día se terminaba para nosotros. Nada de lo que hubiésemos proyectado podía realizarse, se quedaba acurrucada en el sofá o en la silla o sobre el suelo, sintiendo la vida pasar por encima de mí, como una navaja. Por más que trataba de animarla, el sentido de mis palabras se desarticulaba en cuanto se acercaban a sus oídos. Tuve que resignarme a convivir con esta sombra que se iba convirtiendo en nuestra atmósfera, a la inesperada maza que la golpeaba dejándola aturdida. Cuando, después, con el paso de las horas, Alba regresaba a la superfície y recuperaba su ánimo más saludable, un velo parecía cubrir el pasado inmediato. Su rostro había reverdecido y exhalaba una turbadora ansia de vivir. A su estado anterior (que se alejaba de nosotros como una pesadilla inofensiva) sólo alcanzaba a referirse con aforismos. Cuando le preguntaba por ello me respondía: estoy encerrada en mi vida, no puedo salir, luego sonriendo, temo que no haya suficiente tiempo para quererte; frases algo plúmbeas para un aspirante a novelista, pero que salidas de aquel rostro dorado sonaban con una dulzura que nos alejaba de mis graves presentimientos. Alba me prometía (durante una cena, en el intermedio de un concierto) que no volverían a repetirse aquellos retrocesos, pero yo sabía que no estaba en su mano, ¿cómo iba a estarlo si dependía de esas emociones que trepan desde abismos profundos donde la conciencia no tiene control ni acceso? Ese mismo restaurante, las butacas del Auditori, las sábanas limpias o el salón, eran testigos de sus recaídas. Alba se retiraba a los cuarteles de su cuerpo, dejaba en su exterior un rostro y una carne desordenados y contraídos por el desgarro interior. Un pez desconcertado, sumergido en su tanque, con la mirada obsesiva y extraviada. Ella estaba tan cerca de mí que un simple balanceo del cuerpo me bastaba para abrazarla. Pero ¿era ella?, o sólo quedaba la piel amurallada e insensible, una concha sin gajo que no podía obligar a a desaparecer.
Gonzalo Torné, Lo inhóspito.
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Lo inhóspito
martes, noviembre 26, 2013
No me pareció del todo mal que los católicos se impusiesen la castidad prematrimonial, con los ojos cerrados el novio podía seguir el viaje de la sangre desde el corazón hasta los órganos periféricos, lamiendo las paredes de las venas, y anticipar el desnudo al que, después de abrirse paso entre masas de pavor y de emoción, podría picotear la noche entera iluminados por una luna empapada en miel.
Gonzalo Torné, Divorcio en el aire.
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Gonzalo Torné
domingo, agosto 25, 2013
-No me vengas con esas sutilezas ahora, Gato. Yo me casé con una escritora inminente cargada de seguridad en sí misma y a la que le sentaba de miedo el uniforme de enfermera y no quiero renunciar a ninguna de tus dos cualidades. Deja que me encargue yo. Voy a estudiar a fondo qué pasa con nuestros muebles, la disposición y los colores han encontrado la manera de bloquear las corrientes creativas y es evidente que necesitas más luz y levantarte antes de las doce, voy a comprar un despertador de verdad, el móvil emiten ondas que se pegan al encéfalo, basura negativa, la mielina reducida a gachas, tampoco te iría mal un trabajo de cuatro horas, van a salirte telarañas si sigues ahí metida, traduciendo o corrigiendo o lo que sea. Y nada de desayunar a las doce, ya vale de tanto café, en cuanto despiertes te exprimirás un buen zumo de naranja, lo haría yo mismo pero al jugo se le van las vitaminas si lo dejan unos minutos en contacto con el oxígeno. En una semana podemos tener listo el nuevo paisaje, el cambio interior se llevará más esfuerzo. Te presionas demasiado. Quieres escribir un libro, ¿verdad? Pues empieza de una maldita vez, no puede ser tan complicado. Si incluso los periodistas y las zorras de la televisión y la mayor parte de su surtido de guardaespaldas mariquitas cobran derechos de autor. Ya basta de tantas exigencias. Si esperas a que te salgan las palabras de la boca bien limadas y organizadas en frases pulidas se nos hará de noche a los dos. ¿Sabes?, no es agradable para mí ver que pasan los días y que sigues en la misma página buscando una formulación definitiva, incontestable. Total ¿para qué? Esa gente a la que admiras...parece que escribas para ellos, para gustarles, pero están muertos, y que yo sepa la literatura se escribe para los vivos y no para los muertos, y entre los vivos...la verdad Gato es que Proust no está entre los intereses más extendidos, fuera del Loop no conozco a nadie que haya terminado un libro suyo. Vas a tirarte tres años más de tu vida, en el supuesto de que encuentres la primera frase redonda de la que se desenreden las demás, para que te paguen mil euros y te lean setecientas personas. Cambia de modelo, adáptalo a tu época, los vivos de hoy tenemos prisa, no vas a mantener su atención, hay demasiados estímulos, las películas tampoco duran tres horas y cuarto como las que me llevabas a ver en Londres ni se ven en un reclinatorio, menos las que intenta rodar tu amiga Irina, a quien, dicho sea de paso, nunca he tenido por una persona normal. Los tíos que tú admiras se pasaban años escribiendo esos mamotretos porque confiaban que alguien les esperaba al otro lado de las librerías. Te aseguro que donde deberían estar los justos y pacientes lectores no se ve a nadie, los ciudadanos están absorbidos por sus pantallitas, agrupados en torno a sus blogs, regurgitando pedazos de seleccionados de vida personal, contando los chistes de otro, satisfechos de su público de siete, mendigando un enlace....La literatura del futuro ha de ser rápida, simpática, intensa, porque la gente ahora hace con su ocio lo que le da la gana, salen a la calle, se acuestan con quien quieren, en cuanto les das una oportunidad votan a Hamas; y les gusta leer novelas amables y con una historia dentro, agradecen cuando la médula del libro en el que se han gastado veinte euros rezuma de sentido común. Fíjate en Martí Gironell. Qué bien me cae ese Marti Gironell, me lo llevaría a casa y lo tendría sentado en el salón dando el parte de nuestras conversaciones con el mismo estilo sabroso que usa para comentar las noticias. Es sencillo, directo, franco, inocente: ahí tienes los ladrillos de tu carrera futura, y qué olfato para detectar dónde se esconde una buena trama. Combina bien. Imagínate, un puente y un puñado de judíos. Qué intuición, si partes de ahí las páginas se desenvuelven solas. Arréglate para meter una pareja de judíos en esas páginas, Gato, no me negarás que cuando se trata de libros los judíos son imbatibles.
Gonzalo Torné, Hilos de sangre.
domingo, junio 30, 2013
Nosotras, si lo piensas bien, crecimos en una atmósfera bien distinta. Entramos en esas aulas de Hermanos, de Padres, de Maristas y Salesianos y Marianistas como una invasión alienígena, un perfume femenino capaz de reanimar líneas evolutivas en franco deterioro; los chicos sensibles que solían atravesar la adolescencia perseguidos a campo abierto o encerrados en los servicios de sus colegios para varones, que eran carne de vejación hasta que podían incorporarse a iviendas civiles, se aliaron con nosotras. Cómo nos gustaba su expresión soñadora, la velocidad de sus complejos cerebros, lo que podían hacerte con las palabras. La inteligencia era el nuevo sexy. No te rías, Clara, no estoy improvisando, es un asunto en el que he pensado a fondo.
La versión inocente es que los chicos podían jugar con muñecas y nosotras a la guerra. La perversa era que ya no podíamos dejarnos tratar por nuestros amigos/novios como criaturas delicadas, había que arremangarse, abandonar el claustro hogareño (frustrar intensas pulsiones organizativas y decorativas que descendían por los ríos generaciones en el barquito de los genes) y se competitivas en el territorio masculino conocido como ámbito laboral. ¿Y ellos? Bueno, les bastaba con escenificar un par de pasos en dirección a la igualdad suprema. Lo nuestro costaba, lo suyo se lo aplaudíamos enseguida. Ellos daban caridad, mientras que nosotras estábamos obligadas a ser efectivas en sitios tan distintos como el comedor, entre sábanas, la oficina, la calle (primera ley de la termodinámica femenina: si descuidas el físico ingresas en la muerte social) y la maternidad. Dulces, fuertes, comprensivas, efectivas, todo más o menos al mismo tiempo. A ellos les decían que a cambio de la limpieza superficial del baño el peso de los ingresos ya no recaería sobre sus hombros, a nosotras se nos arrojaba a la cara un acertijo que no tiene respuesta, que afectaba a las fibras íntimas de la organización existencial. Te concedo que hay miles de tías mezquinas, bobas y perezosas ¡pero ellos no son mucho mejores!, y es a nosotras a quienes se nos invita a la épica de los nervios crespos, a la década dorada del ansiolítico.
Gonzalo Torné, Las parejas de los demás
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Las parejas de los demás
El anarquismo aparece de forma recurrente. ¿Cree que hoy han muerto las ideologías?
No, para nada. Están en descomposición los cuerpos de ideas de los programas políticos derrotados, sí, pero una mente no puede abrirse paso con ayuda de su experiencia, hay que recurrir a las ideas, de manera que nos movemos dentro de cuerpos de expectativas, de deseos y relatos no examinados que no reconocemos como "ideología" porque están vivos, activos, y pegadas a nosotros. Hay que tener cuidado con eso, creo que una cabeza sana debería ser capaz de mantenerse a una distancia prudencial de estas ideologías tenues, si no aparecen esos fanáticos a los que les va la vida en sus convicciones y con los que apenas se puede dialogar, y yo los veo a diario, en la política, en los medios, en las asociaciones, en los foros, en las empresas y en la calle.
(Gonzalo Torné, en esta entrevista)
No, para nada. Están en descomposición los cuerpos de ideas de los programas políticos derrotados, sí, pero una mente no puede abrirse paso con ayuda de su experiencia, hay que recurrir a las ideas, de manera que nos movemos dentro de cuerpos de expectativas, de deseos y relatos no examinados que no reconocemos como "ideología" porque están vivos, activos, y pegadas a nosotros. Hay que tener cuidado con eso, creo que una cabeza sana debería ser capaz de mantenerse a una distancia prudencial de estas ideologías tenues, si no aparecen esos fanáticos a los que les va la vida en sus convicciones y con los que apenas se puede dialogar, y yo los veo a diario, en la política, en los medios, en las asociaciones, en los foros, en las empresas y en la calle.
(Gonzalo Torné, en esta entrevista)
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