jueves, junio 28, 2007

El Síntoma Chéjov

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Esta tarde he leído El síndrome Chéjov debut en la escena literaria de Miguel Ángel Muñoz. Entre las cosas que supuso este debut, está la obertura del blog, a priori, promocional del libro que enseguida derivó (afortunadamente) en una suerte de portal de la Resistencia del Relato en castellano no adherida a la Corriente General (gente como Ángel Zapata o Mercedes Cebrián han sido entrevistados, por si queda alguna duda de mi afirmación).

Lo curioso pese a la apariencia chejoviana, es que la mayoría de sus relatos me han parecido una Cheeveriana. Una puesta en escena de su teoría ejemplificante. El principal problema de la práctica es, curiosamente, su estricta fidelidad a su modelo teórico que entorpece el interés y la fluidez de una prosa personal en sus cuentos. Y lo digo desde la honestidad: por eso mismo, que los cuentos de Miguel Ángel Muñoz me parecen más interesantes que los de un consagrado como Sergi Pàmies. Muñoz demuestra hasta qué límites puede llevarse la influencia de los narradores norteamericanos como el maestro de Shady Hill o Carver y en ocasiones uno se da cuenta que a pesar de ser un aplicado alumno del autor de Falconer, Muñoz está más cómodo acariciando un lenguaje de jerga que lo emparentaría más con los cuentistas jewish (llamemos a Salinger, llamemos a Malamud) y le dan más vida.

El cuento de Chéjov es un doble salto mortal sin red del que se sale con el sobresaliente: ahí Muñoz desplega su encanto, su homenaje, su cariño y su complicidad desde la primera hasta la última palabra. Los chejovianos, desde luego, no le podrán hacer ni un reproche... pero tampoco los que buscamos una ficción distinta.

Me explico: uno nota síntomas de que hay en Muñoz un jugoso y brillante observador con esa maravillosa re-recreación del Homer Simpson-Santa Claus, dotada de una fuerza icónica e identificativa netamente pop: inmediata, sí, y además toda una declaración de intenciones. Pero mi relato favorito es (sí A PESAR DEL TÍTULO, lo digo bien alto) El rapto de Woody Allen. La jugada es mucho más suicida que el de Chéjov o al menos a su misma altura: explicar la love story de unos feos en la época del cine de Jared Hess. Muñoz sale sorprendentemente airoso. En su primera escena (como la pareja se conoció) evoca enseguida a todo el imaginario teen del cine de los ochenta. Todos tenemos claros aquella pareja de secundarios entrañables que sigue estando en nuestras vidas. Muñoz no los convierte en héroes: de ello ya se ha encargado el día del orgullo friqui y de una forma mal. Muñoz los conierte en humanos y resuelve su historia con un mensaje impresionante que le lleva hasta las alturas de las metáforas literales de Society de Brian Yuzna. La pieza más brillante y encomiable del libro sugiere un narrador de historias cortas con humor hardcore que le lleva más cerca de Joseph Heller (o Quim Monzó) que del mismo Allen, que además podría ser el narrador sin pretensiones fantastique con el espíritu más maravillosamente cercano a la Nueva Carne. Sólo este relato ya justifica la inmersión en las páginas de Muñoz.

El síndrome Chéjov es un libro recomendable para los amantes de la ficción doméstica (y de hecho es en su marco de perfectas variaciones dónde todo tipo de público encontrará su satisfacción asegurada) pero sus momentos más interesantes no están cuando el maestro se aleja de Chéjov, como se puede pensar erróneamente (de hecho, lo hace casi constantemente) sino cuando revela a un narrador que baraja otras posibilidades de metáfora social mucho más mordaces (y llenas de una frescura inmensa) que, quizá, plenamente elegantes.

4 comentarios:

Oscar Z. Oliva dijo...

Con todo el riesgo que es ponerle de título "El Síntoma Chéjov" tengo ganas de que el libro pase por mis manos.

Buena reseña.

Saludos

Francisco Ortiz dijo...

Original visión, original mirada sobre el libro. Usted vale.

Diego Zúñiga dijo...

Muy buena reseña, Alvy. Aunque para mí, el mejor cuento es "Ambulancias"... cada vez que veo una me acuerdo del cuento.
Saludos

Enrique Ortiz dijo...

Aunque comulgo con Diego Zúñigo en cuanto a lo de Ambulancias, cómo me gusta su reseña, Sr. Singer, cómo me ha gustado. Abrazos, Alvy.