sábado, agosto 29, 2009

La discreta ternura de la beligerancia digital

El cine es para tontos. Vale, dicho de otro modo: pocos medios algutinan y multiplican la estupidez como lo hace el cine. El último ejemplo es el caso de Armond White. He leído tiernísimas diatribas, intentos de descifrar la postura de White y su negativa a District 9. Viene siendo costumbre lo de 'hundir' a un crítico, Rotten Tomatoes (portal del hype que sintetiza las críticas en estadística para bobos) mediante, si no se apunta al carro de la industria.

La gente viene a descubrir evidencias: ¡White quiere llamar la atención! El desconocimiento de Pauline Kael es, creo, la clave. Kael fue una revolucionaria de la moral burguesa, alguien que defendió a Penn, DePalma o incluso al Spielberg maltratado cuando nadie lo haría. Su crítica era visceral, pero su visceralidad estaba condicionada por el contexto: el New Yorker (entonces la revista de la clase media-alta), la generación educada en la última Modernidad. Menand lo ha explicado muy bien.

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Descubrí a White hará cosa de dos años. Nacho Vigalondo me puso sobre la pista y enseguida vi el carácter activista de su obra. Es un seguidor obvio de Kael, y así lo ha visto el NY Magazine al titular su reportaje 'No Kiss Kiss, All Bang, Bang'.

El activismo y el mesianismo son conductas unidas. Observen el título de la obra clave de White, The Resistance: Ten Years of Pop Culture that Shook the World (Overlook Press). White es un agitador en busca de la verdad antes que el orden. Sus sentencias sobre el arte son de una epifanía nada proustiana que asegura que el arte debe buscar la humanidad (supongo que porque está hecho de humanos) y la verdad. Sobretodo este concepto, muy espiritual, de la Verdad. Su prosa vive de los terremotos, pero los movimientos sísmicos siempre tienen que llevar a la verdad. Esa verdad no es tanto una cognición absoluta como una epifanía insuperable, de ahí nace todo su alegato a favor de la sátira desalmada del siempre perfectamente distanciado Antonioni.





Una cosa ridícula, así como para resumir su pensamiento, es tratar de centrarse en las películas que gustan a White y las que no gustan. Es una foto muy tierna porque demuestra hasta que punto hay sufridores para tolerar la complejidad del argumento y la obra. Necesitan el letrero que diga Mirad, defiende Transformers y no The Dark Knight. Son versiones domésticas, nocturnas, presumiblemente bobas de los cultos religiosos con una diferencia, que ya detectaba Menand en el impacto de Kael: lo importante no es la obra, sino ellos. Si el cine es importante es porque los espectadores, los críticos y sus ridículas notas y estrellitas lo son. Es un momento de asmático deseo de ser jerarcas. Kael rompió un tabu cuando puso sobre la mesa que la importancia de la recepción era básica para el cine. Es un tabú que rompió con ayuda, quizás, de Nietzsche y de Northrop Frye. El opinador de cine busca la autosatisfacción de estar por encima de la obra, antes que organizar su pensamiento (y limitaciones) sobre ella.

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Ya dije hace un tiempo que el Pueblo no sólo cree a Boyero, sino que le hace parecer cuerdo y lúcido, por usar uno de los adjetivos boyerizados. Ayer hablaba sobre ese tema. El crítico debe facilitarnos no ya su juicio incuestionable, argumento de autoridad, sino su lectura de la Tradición Cinematográfica y de la Cultural.

Por eso mismo resulta difícil encontrar grandes críticos de cine. La mayoría están ocupados, irónicamente, en su satisfacción personal y en sus pequeñas guerras domésticas de puntuaciones o en sus especulaciones infantiles sobre una Industria que conciben con la mira de dibujos animados de sábado con la mañana.

Jonathan Rosenbaum es uno de mis favoritos. Por irónico que parezca, Rosenbaum siempre habla desde la contundencia de la primera persona, detalle insignifcante que desarrolla hasta la máxima honestidad intelectual. Siempre queda clara su percepción de la semiótica del artista, de la violencia como vehículo puramente estético, de la recepción de cine extranjero.

No busca epatarnos porque su mayor activismo es la independencia. Esa es la máxima diferencia con White, y el motivo por el que Rosenbaum ha mantenido un pulso ideológico con Kael a lo largo de los años: White está convencido en la necesidad del activismo y del enfrentamiento concienzudo a la crítica del mainstream. Eso le obliga a no poder ser David Foster Wallace, Fredric Jameson o Roland Barthes: tiene que estar, forzosamente, en la postura de opositor y quedarse ahí, insinuando otros roles (gramático radical, ojeador de anomalías culturales) más interesantes, pero nunca profundizano porque no puede. Eso le condiciona a la boutade. Es evidente que Transporter 3 no es arte kinético, al menos después de que Bordwell lo ha explicara tan bien. Rosenbaum resuelve esta dialéctica con un chiste y deja claro que, la mayoría de veces, es una pérdida de tiempo.

5 comentarios:

Diego dijo...

Enorme post, Alvy, sobre un tema que me apasiona. Ya lo he leído dos veces y todavía estoy extrayendo de él conclusiones y, lo más importante, ¡más dudas! sobre este "oficio".

Y por cierto, no quiero subirme al carro de nadie, pero aprovecho para comentar que District 9 está siendo muy, muy sobrevalorada.

Haciendo Amig@s dijo...

¿Y no será la cosa más sencilla?¿No será que el crítico, cuanto más polémico, más atención atrae?¿Qué más gente lo lee cuanto más controvertidas y viscerales sean sus opiniones?¿Y al tener más lectores venderá más libros que publique y podrá pedir un aumento de sueldo?
¿No se puede sentir tentado el crítico a ser como el Risto del cine y soñar con que le den un programa de tv donde ponga a parir pelis famosas y criticar a la gente sin ton ni son?¿Son los críticos seres humanos que necesitan pagar una hipoteca, deseosos de protagonismo rentable?¿O son intelectuales intachables que ven el cine como un sacerdocio sagrado?

Javi-LHP dijo...

Rafa también puso un post en la web sobre el caso de este crítico y las reacciones que ha generado.

No dudo que buena parte de su postura sea por una cuestión de convicciones, de tratar de resaltar aquello que los demás olvidan, pero creo que también hay algo de lo que comenta Haciendo Amig@s. A fin de cuentas tan predecible y falto de análisis es dejarse llevar por la corriente dominante como ir a la contra por puro espíritu contestatario y ganas de llamar la atención (que lo hace). El espíritu antisistema que es tanto o más "sistémico" que aquello que critica y donde al final el único valor que promueve no es el de la diferencia, sino el de ir a la contra.

Quizás sólo por eso merezca la pena que haya gente con esa clase de posturas, pero personalmente si alguien me viene con la moto del lo malo que es el capitalismo, de que la globalización es lo peor y de que el cine lo dominan los estudios, le pido al menos que me argumente de verdad por qué motivo habría de ir en contra de la postura dominante. Protestar por protestar me parece tan vacío como asentir por costumbre ante todo aquello que Hollywood nos trae a las salas.

No sé si me he explicado bien, al final siempre le doy mil vueltas a las cosas.

En cualquier caso gran artículo Alvy, siempre está bien enfocar el mundillo de la crítica desde distintas perspectivas.

Alvy Singer dijo...

Creo que nos entendemos. El gran problema de White es que su 'polémica' consiste en estar en la dialéctica de Hollywood, reseñando y debatiendo cada semana sus estrenos y gritando ¡qué falsedad! Entiendo que es una parte de obligación, pero...

Rosenbaum, un gran crítico de verdad, se ha pasado toda su carrera reseñando todo el cine extranjero que se estrenara, por mucho que la Warner lanzara una superproducción ruidosa esa semana. White no se movería bien sin la fuerza de la oposición. Vale, mola cuando aporta ideas constructivas y es coherente (su crítica de Hellboy 2 o Star Trek 09 son 'coherentes' en él), pero le puede la dinámica.

Debería dedicarse a crear canones alternativos. Ya tenemos suficiente con la cinefilia actual, que cree El Padrino es la obra maestra definitiva (y en muchos casos, una de las pocas películas antiguas) y cuyo conocimiento de cine extranjero es nulo. Críticos como estos, lo favorecen, la verdad, porque parecen estar perdidos cuando no toman partido por una iconoclastía provinciana y limitada, en vez de estar atentos a los movimientos de las otras cinematografías.

Alvy Singer dijo...

Para que quede claro de lo que White es capaz: http://www.criterion.com/current/posts/768 su ensayo sobre L'amour l'aprés midi de Rohmer. Buenísimo, claro.