viernes, agosto 24, 2007

Highway to Hell: Un trayecto por autoestopistas y coches

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Well Abe says, "Where do you want this killin' done?"
God says, "Out on Highway 61."
Bob Dylan, Highway 61

Routine

Michael Bay ya puede vivir de la renta con sus Transformers porqué su faceta de productormolón me está empezando a sacar el talibán que todos los amantes del género llevamos dentro: tiene el crédito de su Matanza de Texas de Nispel pero creo que se le empieza a terminar. La nueva versión de The Hitcher, además de indigna, devalúa todos los elementos que hicieron de la original una indiscutible obra de culto.

Así como el presumible acierto de la nueva es tener a Eric Red de su parte y a un Sean Bean perfecto, esto se diluye ante la vulgaridad reinante. La elección de la scream queen resulta completmente ineficaz y Bean no puede igualar la performance estratosférica de Rutger Hauer con unos guionistas que le joden: John Ryder es ahora, un asesino en serie al uso, un tipo del que lo sabemos todo. Todo. Todo lo fascinante de la original de Harmon, pues, desaparece y no se ve sustituido: Ryder no puede sobrevivir pese al carisma de Bean, al Closer de NIN y al uso de buenas canciones en su soundtrack (yo me quedo con convertir Don't give up on us en todo un tema de supervivencia).

Stairway to Heaven

Casi a modo de interferencia, Cars pilla toda la imaginería de la América abandonada, desaforada, desierta y la reviste de odisea expresiva. Cars es la versión feliz de Carretera al infierno pero protagonizada por un ganador que aprender a ser un perdedor. Hay que agradecerle a Lasseter que se esfuerze en dividir la tarea de maestro en más de un personaje, se agradece. Excepto el horroroso (bendita razón tenía Noel) momento musical que me devuelve a los sueños Disney (para mí, siempre pesadillas) estamos ante una veloz historia que no cede nunca al final. Esto, en los tiempos de victorias fugaces o batallas épicas, es un logro increíble. El juez de Cars es el peculiar iniciador y el autoestopista a quién recoge el veloz Rayo McQueen en su estrellada carrera.


América

China Lake (1983) es una declaración de intenciones: Charles Napier encarna al policía de tráfico más diabólico jamás visto. Con este currículum llega Robert Harmon. Se le suma Eric Red en su mejor momento (un año después escribiría Near Dark o Los viajeros de la noche, el Peckimpah vampírico) o justo a punto de iniciar su mejor momento. El resultado es atronador: una América desierta, llena de policías ineptos, elipsis Lynchianas (En todo momento The Hitcher es un precedente sin etiquetar de Lost Highway.: Jim Halsey y su vigilia, su sueño en la prisión están filmados con un pulso absolutamente cercano al universo de gifford/lynch) y sobretodo JOHN RYDER. Es un personaje construido en la actuación (Hauer inmenso), en el conocimiento de los mitos (no sabemos nada de él ¿acaso hace falta?) y en el esquivo de los tópicos pero no de las buenas fábulas morales, que también son de horror.: Ryder no quiere matar a Halsey, quiere que Halsey sea un asesino. Esta forma de trasladar el MAL queda patente en su final, con un plano sequísimo: The Hitcher no es una historia de huida de un diabólico autoestopista, se convierte en un encuentro entre dos personas conectadas de una forma nunca explicada, sobrenatural y, SÍ, sugerente.