martes, diciembre 08, 2009

Elogio de la superfície

Agustín Fernández Mallo.

Creta Lateral Travelling (Ed. Sloper, Palma de Mallorca, 2008)

Nocilla Experience (Ed. Alfaguara, Madrid, 2008)

Agustín Fernández Mallo define así la posmodernidad artística: "Desde que Bob Dylan triunfó sin saber cantar, la posmodernidad nos enseñó que no hace falta ser un erudito para poder conmover."

Para este escritor, su tarea es la de la superfície. Lo que ocurre es que en nuestro tiempo post-literario ya no hay una superfície: es una era visual en la que esta se multiplica y se autoimpone como tarea localizarlas. La narrativa de Fernández Mallo está profundamente contaminada, pero con una diferencia: felizmente contaminada por los medios. La gran parte de sus historias empiezan como crónicas de periodismo televisivo o digital, también sus escenas. Tomemos algunas de Nocilla Experience, la segunda entrega del Proyecto Nocilla:

"Mohamed Smith es un crío de 4 años, concebido y nacido en Basora durante la ocupación norteamericana de Irak." (pag. 18)

"Antón es un percebero que vive en el pueblo de Corcubión, La Coruña, España." (p. 20)

"La ciudad de Ulan Erge está pasando por uno de los inviernos más duros que se recuerdan." (pg. 60)

"Steve es cocinero, administrador, ideólogo y regente del Steve's Restaurant, en Orange Street, Brooklyn, espacio que funciona como una especie de laboratorio de ideas." (p. 117)

Muchos han llamado a su estética blog. No lo creo, pero parece evidente que su narrativa fragmentada tiene algo de Internet: la condición de samplear citas, de superponer historias y de leerlas da una sensación de que uno no lee esta novela sino que la navega. La presencia en la obra de Julio Cortázar no es casual, ni tampoco su teoría para leerla. Parece ver en la Rayuela una fórmula secreta, pero, finalmente, es otra escena poética.

Nocilla Experience no es solamente una narrativa fragmentaria puesto que lo que interesa, de verdad, a Fernández Mallo es la postpoesía cuyo manifiesto viene en la reedición de Sloper de Creta Lateral Travelling, texto redactado en 1998 y premiado en 2004 con el premio Café Mon. Es decir: una forma Duchampiana de admitir que el lenguaje de la ciencia es también un lenguaje válido para representar poesía. Igualando el lenguaje científico y el poético (ambos son ficciones) en su manifiesto, Fernández Mallo sugería que la nueva poética debería admitir teoremas físicos como haikues puesto que ambos proponen una representación del mundo. Otra influencia importantísima es Wittgeinstein, a quién Fernández Mallo lee como teórico (de lo) superficial. Es decir, deduce del pensador que su máximo hallazgo es haber demostrado que todo son lenguajes, que todo son, en definitiva, superfícies.

En Nocilla Experience se llega al límite de esa idea. Se hace una novela meridianamente entretenida, con una estructura interesante que está llena de intrusiones como una cita de Apocalypse Now que se colará en el penúltimo fragmento o la despedida de Annie Hall que invadirá la propia despedida del libro. Pero su sucesión de escenas es anodina porque todas llevan al mismo método de vaciado.: todos los personajes de Nocilla Experience actúan, no impulsivamente, sino como androides. Todos se dirigen a espacios y buscan detenerse. Los grandes temas son la posibilidad de un espacio abandonado, distintivo para los protagonistas y su soledad. En esos lugares, tal vez, es posible encontrar el amor. Elogiando esas superfícies, Agustín ha creado un divertimento modesto, pero barroquizado. ¿A qué responde su sofisticación? La estrategia no es excesivamente distinta a la de su predecesora, pero sólo algunos sketches alcanzan lo poético. Cuando hila, en una estructura elaborada y episódica, una narración no funciona porque se ha dejado atrás la narrativa. Es en esta contradicción donde sufre la novela. Yuxtapone escenas poéticas, pero también hila una narración nueva, entretenida pero finalmente tediosa. Cuando triunfan las escenas, triunfa el propio Fernández Mallo, como en la página 93 con la historia de Vladimir y Rush. Se habla de una historia, mínima, para llegar al instante: Encuentran un espacio vacío, un hotel abandonado que recorren y disfrutan. Tragan un extraño mecanismo apocalíptico y Vladimir muere viendo el reflejo de sus ojos. Estas escenas, deudoras de Ballard, son las más logradas del conjunto.

Sin embargo, en Creta Lateral Travelling había una viveza en el lenguaje que en esta se ha perdido del todo. Observen estas frases iniciales:

Hay una certeza al mudar las sábanas = cada vez más oscura la mancha que en el lino deja mi silueta.

Parece una broma a costa del lenguaje científico, pero el uso es poético. Explicaré también otro motivo de su profundidad: en caso de ser un poema usaríamos / para separar los versos. Agustín usa un símbolo del lenguaje científico y causa un efecto distinto, pero más sugerente y hasta coherente. ¿No estamos usando otro lenguaje, el informático, para explicar la poesía? Establece una nueva relación. Crea su lenguaje postpoético en todas sus frases, más allá de los instantes, más allá de una narrativa que por desfragmentada sigue siendo una narrativa. La lírica de este libro es humana, genuina:

"Dicen que cuando aún estamos en el cristal de la placenta vemos toda nuestra vida pasar en fragmentos desordenados y rotos, acúmulo que olvidamos en el instantes de nacer. Después, vivimos reordenándolo sin darnos cuenta. Es ese el caos de secuencias que volvemos a ver momentos antes de la muerte; y entonces sentimos el inevitable placer del retorno al vientre. [55]"

Incluso sus habituales acotaciones funcionan en este libro de un modo más estimulante:

"Una vez soñé [soñar: truco operado por la Virtualidad para ascender a Realidad] que de camino a la cocina me encontraba en el suelo de una cuerda vidriosa y en apariencia endeble a la que no veía fin, la seguía por un intervalo de tiempo que, con franqueza, no podría precisar, aunque sí adjetivar: tedioso, inmenso, simplicísimo, denso, irreductible, genésico, tramposo, sublime [pero esto es tanto como decir nada, porque las palabras dan cuerda a otros relojes]."

En estas acotaciones, Fernández Mallo desactiva lo tópico de su pensamiento. Las enumeraciones adjetivales, el una vez soñé adquieren una perspectiva fría y calculada. Su escepticismo se entromete.

Es Creta, un lugar clásico en la mitología griega, uno de los espacios más sugerentes del imaginario de Mallo. Tal vez el mejor de ellos. Observen la definición que da en la página 23

"Más allá de la perfección: la nada. Inventando laberintos vivió creta su laberinto, y finalmente alcanzó un hueco de máximo diámetro cívico y estético mil quinientos años a.C., por eso, como a mi abuelo, sólo le quedaba desaparecer en la poética creada por sus propios ecos; y se cerró la caja. "

Monólogo interior imposible, dietario onírico contado por una voz en off, Creta Lateral Travelling es un conjunto de prosas poéticas aparentemente modestas, pero en realidad ambiciosas y llenas del mejor talento que ha dado este poeta que con esta certificó su mejor obra, una de las más interesantes y personales de la literatura española.

3 comentarios:

Mario Vírico dijo...

Grande Mallo.

Mientras por un lado practica un rupturismo no caprichoso y persiste en su construcción de una literatura liberada y flexible, cosa que no puedo sino compartir (y a detalles como su opinión sobre la discutible importancia de la trama, vertida en la entrevista que usted enlaza, me remito), por otro lado apunta, no sin razón, esa tendencia de novelista clásico a buscarle subterfugio a las referencias en pos de evitar la vulgarización de la novela. Creo que su concepción literataria (que suscribo prácticamente a un 90%) y algunas opiniones concretas como esa riña con los modos clásicos son, en más de un momento perfectamente compatibles. Amplío esto último: soy poco amigo de las referencias, me gusta hermetizar la entidad de lo que estoy narrando, intentar que interfieran los menos elementos externos posibles.

El caso es que el hombre sabe de lo que habla, conoce las letras, apenas hallamos caprichosidad en su ideario como escritor. Un tipo coherente que conoce el oficio y que por lo tanto puede deconstruirlo a su antojo. Es así como se hace, conociendo de antemano las bases.

Sólo lamento alguna opinión puntual, como ya apunto atrás, que me impide suscribir enteramente su decálogo. Y aún así me hace feliz saber que no soy el único que se sabe incapaz de afrontar una novela tirando de estrategias narrativas y estructurales añejas. El estilo de Mallo es una reacción lógica y natural a tantos años de literatura encorsetada. Ya era hora.
Otro motivo para la felicidad: que Mallo haya abierto brecha y camino para otros que operan en esferas similares.

Total, el cultivo de la superficie es un peaje obligatorio si se quiere ahondar, y no un síntoma de ineptitud, como muchos detractores esgrimen a la hora de arremeter contra el gallego. Lo triste es eso, que habrá quien crea que es todo pura floritura estética, y no.

En fin, disculpe mi enrevasado argumento. Espero al menos haber dejado clara mi defensa de Mallo y el reclamar a más autores de su raza. Es ahora cuando realmente los necesitamos.

El fotógrafo dijo...

Todavía quedan viejos nazis entre nosotros. ¿Quieres conocer a uno?
http://opalazon.blogspot.com

sergisonic dijo...

Y de la feliz fragmentación se consigue una unidad coherente. El allioli perfecto. Fernández Mallo logra proyectar la rotura de un cristal. Proyecta lo imposible, lo teoriza, su poética es una ecuación, un modelo econométrico y la obra, el resultado, o incluso el propio modelo (¿metaproyectos?). Nocilla Lab en este sentido es espectacular. Fernández Mallo logra homogeneizar unidades y sumar peras con manzanas. Pocas veces un resultado confuso es tan bello y exacto. Admiro de su proyecto la capacidad en confundir las dimensiones (Vicente Luis Mora también es otro maestro): espacio y tiempo son sinónimos en su literatura, primero se quiebran, luego se funden. Como en un cómic de Flash. Y nosotros a disfrutarlo.

Un abrazo sónico,

sergi
sonic love