miércoles, mayo 10, 2006

EL RELATO ENCADENADO - CAPITULO 16

Viene de aquí.

Eva, Paul y Froilán se dirigieron a la puerta de embarque…. Y allí se encontraron con un payaso. Un payaso de esos que te puedes encontrar en un aeropuerto, irritantes, saltarines y parlanchines. Todo lo que se pedía en un payaso. Hiperactivo con sus saltos, les barraba el paso en aquél aeropuerto que empezó a llenarse de gente como si fuera un hipermercado lleno de refrescos baratos.

El payaso les dijo:
-¿Buscan una bola?
-Oye, payaso aparte de aquí, y déjanos proseguir – dijo Paul empezó a pensar lo ridículo de la frase. Pensó “¿No sabe decir que se aparte de una puta vez y ya está?”.

El payaso sin embargo cada vez más saltarín e irritante le toco las narices a Eva sonriente. Y siguió hablando.:-Conozco el secreto de las esferas signorina Gronpius. Lo conozco todo.

Eva se puso pálida de repente dijo:
- O sea que eres tú….
- O sea que lo as adivinado – dijo el payaso soltando una risita – Ya era hora, es como cuando un niño olvida a su cura. Hay cosas que nunca se olvidan. ¿O es que ninguno de vosotros ha oído a Igor Stravinsky?
- ¿Qué coño estas diciendo? – Dijo Froilán cada vez más confuso.
- ¡Nihilistas de supermercado! No me jodáis que no conocéis el Canto de la Primavera.
- No la conocemos – dijo Paul con una gran serenidad.
- Eva ¿Por qué no empiezas a explicarles quien soy?
- Es difícil… - dijo Eva mirando al suelo, con una cara que a Paul en otras circunstancias le parecería forzada y graciosa.
- Chicos ¿Habéis oído hablar de Freud? - dijo Eva.
- Esto está perdiendo toda su lógica. Freud, Stravinsky. Esto no es un puto foro cultural – digo alterado Froilán.

Y de repente apareció un hombre ataviado de negro, con unas gafas de sol, y unos zapatos brillantes cuyo reflejo hizo girar los ojos de repente a Paul que sorprendido lo miró. Empuñó su arma y empezó a disparar tenedores al payaso. El payaso empezó a gemir de placer, y deliberadamente saltó para que uno de esos tenedores le diera en la zona que él buscaba. Y efectivamente le dio.

El hombre de negro miró a Eva y seguía ahí impávido con sus gafas de sol. El payaso se levantó y empezó a vomitar cucarachas. Y el hombre de negro empuñó su colt de nuevo, para volver a llenar de tenedores al burlón. Y Froilán y Paul no entendían nada. Pero Eva si parecía entenderlo todo. A sus compañeros les superaba la situación, ella permanecía observadora y en su cerebro sudaban miles de neuronas. Su cara parecía un poema. Y de su boca parecía salir un leve pero contundente "Mierda ¿Qué coño hacemos ahora?"

Y en la terminal empezó a sonar Happiness is a warm gun de los Beatles.

Continua aquí