lunes, diciembre 29, 2008

Sonata de Retoño: Dos Cortometrajes

Cabeza de Pescado (2008, Henrique Lage)

Dos Manos Zurdas y un Racimo de Ojos Manchados de Gris (2008, Antonio Trashorras)

Cabeza de pescado (ESP SUB) from babeco on Vimeo.

El debut en el cortometraje de Henrique Lage es lo suficientemente esperanzador como para no perderle la pista: modesto antes que ambicioso, rueda una comedia, un tanto pausada y alucinada, sobre un niño que no se quiere tomar su comida (el come y calla reformulado como tragedia infantil). Las fantasías de Hideshi Hino se encuentran con un Escobar que parece haber emitido sus registros de humor en deliciosas elipsis (véase el momento en que el niño mira la sopa y el encuentro entre su madrastra y el desconocido transcurre presuntamente apacible). Lage se decanta por los planos fijos, pero no esquiva el experimentalismo, tanto en lo formal (usa la split screen para deformar las vivencias de su protagonista) como en la puesta en escena, con esos juegos de sombras que devienen insectos. Hay una cierta deuda conceptual, absolutamente consciente, con David Lynch o Cesar Velasco Broca, pero los iconos son distintos: el ser que "hechiza" al protagonista recuerda tanto al Kato de Green Hornet como a cualquier criatura más o menos dibujada por Suehiro Maruo, sin duda la influencia clave para entender el resultado de este niño rebelde bien acompañado por la música de . Es un cortometraje con el propósito de turbarnos divirtiéndonos y lo consigue de una forma mucho más sutil que impactante.

Debut en solitario como director de Antonio Trashorras, supone un paso adelante a su codirigido (con David Muñoz) ¡De Potra! simpático aunque fallido cortometraje gangsteril, con planos interesantes lastrados por una narrativa y una historia demasiado anecdóticas. Parábola que invierte de forma perversa el complejo de Edipo y que narra un despertar sexual adolescente como momento clave del horror maternal, esquiva con sutileza los virtuosismos un tanto inconsistentes siempre en el cortometraje a favor de una dirección gozosamente invisible, todo un logro en un corto que toma el testigo de dos icneastas tan distintos y exquisitamente estilistas como Roman Polanski ( esencialmente el comediante nervioso de El Quimérico Inquilino, Cul-de-Sac, incluso Lunas de Hiel), o los maestros del giallo, Dario Argento (incluiída su Suspiria de la que hereda amor por el terror exquisitamente cromático, heredero de los dibujos animados) o Mario Bava. Esta exquisita ausencia no se torna un problema, ni con su lynchiano uso de flashes terribles (aquí descontextualizados y con un uso distinto al que le da Lynch, cabe destacar), delatan a todo un autor tras Ttrashorras (que con el guión de El Espinazo del Diablo conforma un interesante discurso sobre la niñez, la pérdida y la edad adulta) evitan momentos exquisitos: las acciones en segundo plano que acentuan el drama de nuestra protagonista, las tomas áereas que enrarecen la visión que tenemos del adolescente. El humor surge también de forma original: por oposición, la música melancólica que puntua cuando Pau grita "El bus para al lado, joder" y que resulta una situación, cambio, tremendamente realista. Consigue el corto disculpar sus asimetrías visuales (el travelling lateral que recorre a la protagonista, se ve correspondido con otro parecido en la dirección opuesta que se resuelve bruscamente y evita un gozoso contrapunto) con continuos hallazgos (la escena de sexo, la aparición del bebé). El de Trashorras da una cierta idea de lo que es una buena ficción: aquella que es capaz de evocar algo de verdad en sus personajes, por mucho que todo lo que acontezca parezca alterado.