miércoles, septiembre 09, 2015
Edmundo pidió también algo de comer. No tenían más que patatas frías y un queso muy fuerte. Él pidió las dos cosas. Estaba contenta. Le alegraba que Cristina se hubiera atrevido a hablar de él, y ahora ponía en segundo lugar la opinión la opinión de Cristina sobre lo de su padre. Puso el plato de queso en la mesa, luego la cesta con el pan y el plato de patatas.
-¿A qué hora sale el autobús que va a Gijón? - preguntó.
-A las dos y diez, ya debe de haber pasado. ¿Tenías ganas de ir a Gijón?
-Se me ha ocurrido ahora, cogernos el día libre.
-Si quieres lo intentamos - dijo Cristina -, pero tendríamos que salir corriendo y llegar empapados a la parada y es casi que ya habría salido.
-No, déjalo. Cuando no llueva lo hacemos.
Cristina se acabó su vermut.
-Estaría bien tener un coche - dijo.
-Y un helicóptero.
-Un coche no es lo mismo que un helicóptero. Un coche de segunda mano puede costar noventa mil pesetas, o menos.
-Yo tengo el carnet, pero casi no he conducido.
-Yo si. Podríamos practicar. Un sitio como éste es muy bueno para coger confianza.
Edmundo percibía el optimismo del alcohol, un paño de agua tibia alrededor del cuerpo.
-Lo pensaremos - dijo -. Cristina ¿cuando empezaste a estudiar ya querías escribir libros de política?
-No. Se me ocurrió en cuarto, con aquel profesor que te conté.
-¿Con el que tuviste una historia?
-Si, bueno, llevaba dándole vueltas desde antes. En realidad, creo que salí con él por eso.
-¿No te gustaba?
Cristina echó la silla contra la pared, apoyándola sólo sobre las patas traseras. Recostada, las piernas colgando, sostenía con los dedos de la mano izquierda el vaso de vermut y lo balanceaba.
-Me atraía sí. Pero fue una historia muy corta, lo dejamos a los tres meses. Germán conseguía hacerte creer que eras una gran persona. A mi me convenció de que yo iba a inventar una nueva corriente política como mínimo. Sólo que era muy vanidoso. Te hacía creer eso para que no pareciera que él estaba teniendo un rollo vulgar con una alumna.
-Y tú te diste cuenta.
-Si, algo en su situación no le salió bien. Tenía una sonrisilla bastante falsa, a lo mejor fue un detalle así de tonto. El caso es que pensé que nunca haría nada, que dentro de veinte años volvería a la facultad y me lo encontraria diciéndole a otra alumna las mismas cosas que me decía a mí, con su misma sonrisilla, sin haber publicado un solo artículo interesante.
Edmundo dibujó con el dedo una hoz y un martillo en el pantalón de Cristina, sobre el mundo.
-De todas formas le buscaste para que te convenciera de que podías ser el nuevo Marx del siglo veintiuno.
-Sin exagerar - río ella -. Digamos que le busqué porque quería que viera que yo no me iba a limitar a hacer muestreos electorales. ¿El último? - dijo señalando el vaso casi vacío de Edmundo. El suyo estaba por la mitad.
-No, gracias, beberé un poco del tuyo. Cristina ¿tú también tienes un plan?
-¿Qué quieres decir?
-Una vez te pregunté qué harías después de sacar las oposiciones y me dijiste que no los abías, pero ahora veo que sí.
-Ah, por lo de los libros. Eso no es un plan, Edmundo. Supongo que todos queremos hacer algo más que ir a una oficina de ocho a tres hasta que nos muramos. Todo el mundo tiene la fantasía de ser alguien.
-Ser alguien. Yo no sé si quiero ser alguien.
-Pero cuando me has preguntado has dicho tú "también" tienes un plan. Has dicho "también".
-El plan de que nos echemos una siesta, creo.
-Si, yo no voy a tomar ni café - dijo Cristina, aunque Edmundo estaba segura de que ella había recogido la palabra plan y volvería sobre el tema más tarde.
La lluvia seguía cayendo. Eran las tres menos cuarto de la tarde y parecía de noche. Se echarían la siesta, harían el amor con un deseo vuelto contra ellos mismos, lo harían para negar que estaban algo perdidos, que se aburrían, que dudaban del otro porque habían empezado a dudar delfuturo, y algo más tranquilos después, se dormirían para despertarse a las cinco y media o tal vez seis, y que siguiera lloviendo, y tener toda la tarde y la cena y la noche por delante.
Belén Gopegui, Lo real
domingo, mayo 24, 2015
Que me disculpe la coincidencia por llamarla necesidad.
Que me disculpe la necesidad, si a pesar de ello me equivoco.
Que no se enoje la felicidad por considerarla mía.
Que me olviden los muertos que apenas si brillan en la memoria.
Que me disculpe el tiempo por el mucho mundo pasado
por alto a cada segundo.
Que me disculpe mi viejo amor por considerar al nuevo
el primero.
Perdonadme, guerras lejanas, por traer flores a casa.
Perdonadme, heridas abiertas, por pincharme en el dedo.
Que me disculpen los que claman desde el abismo el disco
de un minué.
Que me disculpe la gente en las estaciones por el sueño
a las cinco de la mañana.
Perdóname, esperanza acosada, por reírme a veces.
Perdonadme, desiertos, por no correr con una cuchara de agua.
Y tú, gavilán, hace años el mismo, en esta misma jaula,
inmóvil mirando fijamente el mismo punto siempre,
absuélveme, aunque fueras un ave disecada.
Que me disculpe el árbol talado por las cuatro patas de la mesa.
Que me disculpen las grandes preguntas por las pequeñas
respuestas.
Verdad, no me prestes demasiada atención.
Solemnidad, sé magnánima conmigo.
Soporta, misterio de la existencia, que arranque hilos de tu cola.
No me acuses, alma, de poseerte pocas veces.
Que me perdone todo por no poder estar en todas partes.
Que me perdonen todos por no saber ser cada uno de ellos,
cada una de ellas.
Sé que mientras viva nada me justifica
porque yo misma me lo impido.
Habla, no me tomes a mal que tome prestadas palabras patéticas
Que me disculpe la necesidad, si a pesar de ello me equivoco.
Que no se enoje la felicidad por considerarla mía.
Que me olviden los muertos que apenas si brillan en la memoria.
Que me disculpe el tiempo por el mucho mundo pasado
por alto a cada segundo.
Que me disculpe mi viejo amor por considerar al nuevo
el primero.
Perdonadme, guerras lejanas, por traer flores a casa.
Perdonadme, heridas abiertas, por pincharme en el dedo.
Que me disculpen los que claman desde el abismo el disco
de un minué.
Que me disculpe la gente en las estaciones por el sueño
a las cinco de la mañana.
Perdóname, esperanza acosada, por reírme a veces.
Perdonadme, desiertos, por no correr con una cuchara de agua.
Y tú, gavilán, hace años el mismo, en esta misma jaula,
inmóvil mirando fijamente el mismo punto siempre,
absuélveme, aunque fueras un ave disecada.
Que me disculpe el árbol talado por las cuatro patas de la mesa.
Que me disculpen las grandes preguntas por las pequeñas
respuestas.
Verdad, no me prestes demasiada atención.
Solemnidad, sé magnánima conmigo.
Soporta, misterio de la existencia, que arranque hilos de tu cola.
No me acuses, alma, de poseerte pocas veces.
Que me perdone todo por no poder estar en todas partes.
Que me perdonen todos por no saber ser cada uno de ellos,
cada una de ellas.
Sé que mientras viva nada me justifica
porque yo misma me lo impido.
Habla, no me tomes a mal que tome prestadas palabras patéticas
y que me esfuerce después para que parezcan ligeras.
Wislawa Szymbroska. Versión de Abel A. Murcia.
jueves, mayo 14, 2015
-Nunca tomes una decisión - prosiguió tía Marton-. Prométeme que nunca lo harás. Yo sigo con tu tío porque tomé una decisión....y porque no he conseguido desprenderme de este absurdo sentimiento de fidelidad a mí misma. He tenido que capitular en muchas cosas y al menos en una de ellas no puedo dejar de serme fiel. Tan sólo necesito, de vez en cuando, airearme un poco...aunque sea con aire viciado. Necesito engañarme, como todo el mundo: ¡que el aire al menos sea otro! Tu tío es completamente irrespirable. Todo el mundo me lo decía...y es tanhorrible cuando todo el mundo tiene razón. No sabes lo pronto que desistí, lo rápida que fue mi renuncia, con qué claridad vi, tras la euforia de los primeros momentos, en qué iba a quedar mi tremendo acto de voluntad: en una pura labor de protección. He tenido, desde entonces, que proteger a tu tío, de mi elección, de mi fracaso. Tampoco creo que eso me haya salido muy bien. Sigo viéndolo inseguro, pendiente, cobarde; acude a mí con la tristísima conciencia de que yo no le basto. Y es muy posible que ni siquiera yo sea suficiente para él...pero me tiene ahí. Eso es lo que queda de mi gran decisión: estar ahí. Y ahí me matengo, porque, si me apartara, si diera el meno paso para alejarme..., ¿de quien me estaria alejando? Firmé un compromiso, y a fuerza de componendas lo cumplo. No es así como se cumplen los compromisos? ¡Si no quieres trampear, no te comprometas! ¡ Te pasará la vida poniendo y quitando parches! No, prométemelo. Prométeme que nunca tomarás una decisión.
Luis Magrinyà, Los dos Luises.
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Luis Magrinyà
lunes, mayo 11, 2015
Al hundirnos en esa cueva de temblores y susurros de la intimidad, entendía muy bien que esas teorías sobre la fugacidad del amor, sobre el tedio o la aridez de las relaciones que perseveran, eran mitos elaborados por los perdedores. Un cuento de fracasados que al imponer sus consuelos como verdades universales habían camuflado la pulpa blanda de su experiencia bajo la coraza de lo inevitable. Quizás era una reacción legítima contra los excesos románticos, contra esos poetas que escribían sobre amoríos que discurrían sin obstáculos hasta la muerte. ¡E incluso más allá! Así los disculparba. ¿Quien querría narrar un amor satisfecho? ¿Qué interés dramático podía desprenderse del relato de una cotidianidad serena? De manera que el retrato artístico del amor oscilaba entre dos polos funestos: o bien se prestaba pomposo y huero, al modo de una fuerza nacida al amparo del destino, o cobraba el tono desapegado de los vencidos. Entre ambos se infiltraba la vía intermedia de nuestro enlace, y me preguntaba, bajo los frescos y húmedos favores que nos dispensábamos, si una felicidad así podía durar para siempre, si tenía derecho a agotarse.
Gonzalo Torné, "Dos lecciones de amor", Lo inhóspito.
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Lo inhóspito
-La gente, o al menos así lo veo yo, prefiere casi siempre que se hable mal de ella a que no se hable en absoluto: cada vez que los pones a prueba (por los menos, cuando yo lo intento) te reafirmas en tu opinión. No es sólo que con ofrecerles para que se suban se te echan encima como peces hambrientos; es que se salen del agua, saltan por millares y corren brincado y boqueando con ojos desorbitados hasta la puerta de tu casa. Ya conoces la expresión francesa, tener des yeux de carpe: expresa de manera muy gráfica las miradas que rodean al joven periodista, y te aseguro que a veces tengo la impresi´n de que si me atreviera a no cerrar los ojos ante el espectáculo, perdería brillo el oropel de las primeras ilusiones. They all do it, ya lo dice la canción, y es una de las sorpresas más elocuentes. Uno pensaba que quedaban espíritus egregios que no sucumbirían a ello, es decir, que no harían el menor gesto para cortejar al oráculo. Pero, válgame Dios, les brindas la oportunidad y son los peores, los más ávidos. Te lo digo en serio, no me resta ni una pizca de fe en ningún ser humano. Salvo, desde luego - contiuó el joven-, con dos excepciones: ese ser extraordinario que tengo ante mí, y ese otro frío, calmado y comprensivo al que distingues con tu confianza. Pero nosotros vamos a contracorriente. Vemos, comprendemos; sabemos que tener que vivir, y cómo vivimos. Al menos lo hacemos así, los dos solos, nos tomamos nuestra revancha intelectual, nos libramos de la indignidad de hacer el necio tratando con necios. Lo cual no quiere decir que no disfrutáramos más si lo fuéramos. Pero es algo que no se puede evitar. Carecemos del don, del don de... de no ver. Lo hacemos lo peor que podemos para lo que nos pagan.
Henry James, Los periódicos. Traducción de Guillermo Lorenzo.
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El ceño de la incomprensión - decía Mairena, gran observador de fisonomías - es, muchas veces, el signo de la inteligencia, propio de quien piensa algo en contra de lo que se dice, que es, casi siempre, la única manera de pensar algo.
Antonio Machado, Juan de Mairena.
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miércoles, mayo 06, 2015
Tener esperanza es saber que la esencial del tiempo es promesa. Es decir, que lo intemporal es la esencia del tiempo. O mejor dicho, la esencia de la realidad y de la llenazón del tiempo. Aceptar plenamente en esta tierra una promesa es tener esperanza. Aceptamos plenamente una promesa cuando no dudamos, puesto que no la comparamos con su cumplimiento,, y cuando no la transformamos en ninguna medida en una deuda.
Tomás Segovia, El tiempo en los brazos. Cuadernos de notas (1950-1983)
sábado, marzo 28, 2015
LXV
Si ni la piedra, el bronce, el mar la tierra,
se libran de la triste destrucción,
¿cómo ha de hacerle frente la belleza
que apenas tiene el brío de una flor?
¿Y qué opondrá el aliento veraniego
al despiadado embate de los días,
si el Tiempo tumba pórticos de hierro
y ni la roca aguanta su embestida?
¡Cruel desazón! Pues ¿quien podrá evitar
que el Tiempo encofre su mejor alhaja?
¿Qué mano detendrá su piez fugaz,
librando a la belleza de su azada?
No salvará mi amor sino un milagro:
que impreso en tinta negra brille tanto.
O bien
LXV
Since brass, nor stone, nor earth, nor boundless sea,
But sad mortality o'ersways their power,
How with this rage shall beauty hold a plea,
Whose action is no stronger than a flower?
O how shall summer's honey breath hold out
Against the wrackful siege of batt'ring days,
When rocks impregnable are not so stout,
Nor gates of steel so strong, but time decays?
O fearful meditation; where, alack,
Shall Time's best jewel from Time's chest lie hid?
Or what strong hand cand hold his swift foot back,
Or who his spoil of beauty can forbid?
O none, unless this miracle have might
That in black ink my love may still shine bright.
William Shakespeare, Sonetos y Lamento de una amante. Traducción de Andrés Ehrenhaus.
lunes, marzo 16, 2015
-
No debes arrepentirte de tus decisiones, Clara. Debes confiar en tu propio punto de vista. ¿Te fijaste en el camarero? Puedes escoger a otro cualquiera, el que más te guste. Debió de echarle una ojeada al mundo y se dejó intimidar por la mezcla de agresividad y confusión. Buscó un camino que ya estuviese pisado. ¿Qué hay de malo en un empleo? Se someten a una idea expresada con buenas palabras, razonable, y en veinte años la miseria del empleo les ha absorbido por completo. Ssus pensamientos, su gramo de visión crítica, incluso sus momentos de ira están plastificados pro el entorno, cuesta aceptar que ahí agita un resto de espíritu. No saben hacer nada más, el restaurante es su horizonte, dudo que si lo dejas en la calle pueda valerse por si mismo. Ojalá no tengas que aprender lo que un hombre así podría hacerte para conservar su puesto. Se entregan demasiado pronto, no llegan a tasarse. El mundo que ven no les gusta, pero no tienen alternativa; nacen y tenemos que meterlos en algún sitio. ¿Sabes lo único que reciben a cambio? Miedo. Están dominados por el miedo, se dejarían cortar la mano si les asegurases que el futuro no iba a desestabilizarles hasta bien entrada la setentena. No creen en dioses, ni en el destino, ni en otras fuerzas que las geodésicas, a lo que más temen es al tiempo, y el tiempo está siempre por delante de nosotros, irresuelto, inminente y fuera de nuestro alcance.
Gonzalo Torné, Hilos de sangre.
No debes arrepentirte de tus decisiones, Clara. Debes confiar en tu propio punto de vista. ¿Te fijaste en el camarero? Puedes escoger a otro cualquiera, el que más te guste. Debió de echarle una ojeada al mundo y se dejó intimidar por la mezcla de agresividad y confusión. Buscó un camino que ya estuviese pisado. ¿Qué hay de malo en un empleo? Se someten a una idea expresada con buenas palabras, razonable, y en veinte años la miseria del empleo les ha absorbido por completo. Ssus pensamientos, su gramo de visión crítica, incluso sus momentos de ira están plastificados pro el entorno, cuesta aceptar que ahí agita un resto de espíritu. No saben hacer nada más, el restaurante es su horizonte, dudo que si lo dejas en la calle pueda valerse por si mismo. Ojalá no tengas que aprender lo que un hombre así podría hacerte para conservar su puesto. Se entregan demasiado pronto, no llegan a tasarse. El mundo que ven no les gusta, pero no tienen alternativa; nacen y tenemos que meterlos en algún sitio. ¿Sabes lo único que reciben a cambio? Miedo. Están dominados por el miedo, se dejarían cortar la mano si les asegurases que el futuro no iba a desestabilizarles hasta bien entrada la setentena. No creen en dioses, ni en el destino, ni en otras fuerzas que las geodésicas, a lo que más temen es al tiempo, y el tiempo está siempre por delante de nosotros, irresuelto, inminente y fuera de nuestro alcance.
Gonzalo Torné, Hilos de sangre.
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Gonzalo Torné,
Hilos de sangre
viernes, febrero 27, 2015

Quizá pudiéramos despistar al tiempo, ese propagador de falsos rumores, como decía un personaje de Wilkie Collins, pero a quienes no íbamos a engañar era a esos comentaristas mordaces que conocemos por el nombre de los demás. Teníamos treinta y seis años, éramos favorecidos, artísticos y originales y estábamos siempre nerviosos, pero debíamos aceptar nuestra existencia social, es decir, que pronto a nadie le bastaría con que nos juzgáramos solo nosotros mismos. Nuestro romance fue maravilloso porque se construyó en los inicios de esta conciencia, que nos privilegiaba secretamente y nos unía, y en los coleteos de la energía asocial, por este motivo más furiosos y acrobáticos. Por otro lado, la provisionalidad nos sostenía: a mi él me gustaba porque se iba a ir; yo le gustaba porque me iba a quedar. Y saber que ninguno iba ya a dar un paseo en la romántica comedia del nomadismo, cuidadito con lo que voy a decir, hacía que nos sintiéramos reales. Rabiábamos porque vivíamos nuestro último sueño, pero lo disfrutábamos como nunca porque era el último. El gran acto final nos aseguraba una especie de porvenir, algo que hasta entonces ninguno de los dos había tenido, o, seamos exactos, algo que los dos, en algún momento, habíamos renunciado a tener: nos aseguraba que después de nosotros había otra vida. Pero por eso era tan importante que nosotros fuera una realidad.
Luis Magrinyà, "Luxor" en Habitación Doble.
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Luis Magrinyà
domingo, febrero 15, 2015
El matrimonio es algo que construimos a partir de materiales que tenemos disponibles. En ese sentido, es algo no preparado, casi improvisado. Acaso sea ése el motivo por el que sabemos tan poco acerca de él. Es algo demasiado inspirado y azogado como para que podamos comprenderlo con claridad. Dos personas forman una mancha borrosa.
Don DeLillo, Los Nombres. Traducción de Gian Castelli.
sábado, diciembre 13, 2014
Habían descubierto (aunque sólo se dieron cuenta después, cuando acababan de mudarse juntos a una diminuta madriguera alfombrada de Belgrano R y sus ex compañeros de colegio, en un típico arrebato de admiración ominosa, hablaba de ellos como un par de "ancianos precoces") que la adolescencia no adora artistas ni obras sino sólo formas alternativas de família, y que del otro lado de esa adoración indiscriminada acechaban decepciones igualmente indiscriminadas. La comprobación los hirió. Se sintieron irremediameblemente idiotas, porque los orgullos que la retrospección exhuma como torpezas siempre valen doble, y en esa herida que ya empezaba a quemarles vieron consumirse una parte, menor pero valiosa, de su juventud.
Alan Pauls, El Pasado.
martes, octubre 07, 2014
En la planta baja de aquel hospital, asomado a una ventana que después de tantos años aún podía reconstruir con precisión, juró no permitir que la vida pasara solamente: había demasiada oscuridad, dolor a carretadas, por eso, en las treguas, ya fueran de semanas o de años, él iba a perseguir la cola del cometa, un destello profundo como el del autobús que, iluminado por dentro, pasó a unos metros de distancia horadando la noche. Allí el futuro abogado se soñó salvaje, sin aspirar a la heroicidad pero sí a la construcción de un carácter que fuera como una herramienta, resistente y útil para dirigir la energía. No había cumplido nada. Horarios, dinero, contratiempos, habían convertido su vida en una más, llena de transacciones y pequeños arrepentimientos. La tormenta ha hundido el barco, ya no me alcanzan los vasos para sacar el agua, le había dicho su madre en las ráfagas de conciencia de las últimas semanas. Y también, acariciándole el pelo, dijo: "Navega, velero mío, sin temor", los versos que él mismo le había enseñado cuando era niño.
Belén Gopegui, Acceso No Autorizado.
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belén gopegui
martes, agosto 05, 2014
No, no se ama la virtud y es posible que ni siquiera el amor pueda superar el innato horror a la virtud ajena, pues en verdad sólo se amará aquello que subyuga y por consiguiente estará siempre separando de un abismo, con medio cuerpo inmerso en una zona oscura. Y no puede ser sino pecaminoso; las armas reblandecidas en una lucha húmeda, el cuerpo a cuerpo sin fisonomía, en una luz indecisa. Pero para eso es preciso montar una comedia presentable al público: belleza, honradez y buenas intenciones. Un día de sol, de una primera primavera en guerra que no había querido amedrentarse ante la belicosa agitación que todo lo invadía tras el letargo invernal, y aún pugnaba con éxito por brindar los frutos de la paz en los campos de los aires seminales, se vienen abajo todas las normas. La moral es un castillo de naipes, la caída de una pieza resulta decisiva. Cuando se elige el pecado y la pecadora - y precisamente por ser pecadora - y queda recusada toda clase de redención (cualquiera que sea el resultado de esta guerra) y se acepta formar parte de los Enoc o los Irad y se dejan atrás los padres y la casa y la mayor parte del prójimo, la hombría de bien, el provecho y el respeto a los demás, se diría que se sale al aire fresco de la mañana tras una interminable noche en un sótano; en aquel instante comienza el curso del tiempo, tras haber cercenado la historia de un tajo; pero esa mañana dura poco, el aire libre agota y la memoria (o será el metabolismo, ese inencontrable principio de individuación que a cualquiera autoriza a seguir siendo el mismo aun cuando sólo sea una combinación sui géneris de los seres y sales que le rodean) exige estar a cubierto. La rebelión, a la larga, sólo produce melancolía y en este mundo dominado por el rozamiento, la quietud termina por imponerse en cada elemento individual que nació, creció y se desarrolló gracias al movimiento. Te estoy hablando desde una posición privilegiada que tú me procuraste, con tu marcha; no sería así si hubieras tenido ala atención de volver, no para atar los cabos que dejaste sueltos sino para explicarme - sólo a mí, a nadie más que a mí- - la razón que te movia a dejarlos así; pues a pesar de justificarlo una y otra vez como una sutil maniobra pensada para el provecho de los supervivientes todas las mañanas despierto con los labios cortados por los reproches a tu falta de atención y aún cuando todo el día no haré sino repetirme que la "deuda está pagada, y hasta con intereses" ninguna noche cerraré los ojos sin decirme "pero no en persona". Sólo los paralogismos del principio de contradicción han llevado a los fundamentos de nuestras creencias la convicción de que hay verdad puesto que hay errores. Es cierto, hay errores pero no verdad. Hay algunas cosas ciertas que sirven de bien poco pero no existe esa abstracta e inexupgnable propiedad de convertir en piedra nuestras gaseosas conjeturas. ¿Quién conoce todos los órdenes de una frase? ¿Y qué frase puede alcanzar el estado absoluto? ¿Y quién nos engañó con su empeño de buscar lo cierto? ¿Cuál es la virtud que incandesce los filamentos de nuestro tiempo?
Juan Benet, Saúl ante Samuel.
miércoles, julio 09, 2014
Esos valores se transfieren inevitablemente de la vida a la novela. Este libro es importante, da por sentado el crítico, porque trata de guerras. Este otro libro es insignifcante porque trata de los sentimientos de las mujeres en un salón. Una escena en un campo de batalla es más importante que una escena en una tienda - en todas partes y con más sutileza la diferencia de valores persiste-. Toda la estructura, por consiguiente, de la novela de principios del siglo XIX había sido ergida, si se era mujer, por una mente algo desviada de lo recto, y obligada a alterar su clara visión en obsequio de una autoridad externa. No hay más que ojear aquellas viejas novelas olvidadas y escuchar el tono de voz en el cual fueron escritas para saber que la escritora está enfrentándose con la crítica; ella decía tal cosa para agredir, tal cosa para conciliar. Admitía que era "sólo una mujer", o afirmaba que "valía tanto como un hombre". Salía al encuentro de la crítica según su temperamento, con diferencia y docilidad, o con enojo y énfasis. No importa cuál de los dos; estaba en otra cosa que en la cosa misma. Su libro se nos viene encima. Había una falla en el centro. Y pensé en todas las novelas escritas por mujeres que yacen desparramadas, como manzanas picadas en una huerta, por las librerías de viejo de Londres. Es la falla del centro lo que las ha podrido. Ella ha alterado sus valores en obsequio a la opinión ajena.
Virginia Woolf, Un cuarto propio. Traducción de Jorge Luis Borges.
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Virginia Woolf
-Sea como fuere, hace ya tiempo que desapareció de mi vida, gracias a Dios.
-Pero ha vuelto. ¿Sabes que eres un criticón, Bradley?
-Lo que ocurre es que hay ciertas cosas que censuro.
-Lo de censurar está muy bien. Pero no debes censurar a las personas. Eso te aísla.
-Precisamente lo que pretende es aislarme de personas como Marloe. El que uno sea una persona en el amplio sentido de la palabra es cuestión de establecer límites y trazar una raya y decir que no. No quiero ser un pedacito nebuloso de ectoplasma flotando por las vidas de los demás. Ese género de vaga compasión hacia todo el mundo excluye la verdadera compasión hacia nadie.
-La compasión no tiene por qué ser vaga....
-Y excluye toda verdadera lealtad.
-Uno debe conocer los detalles. A fin de cuentas, la justicia...
-Detesto el parloteo y el chismorreo. Uno debe morderse la lengua. Incluso a veces no pensar en los demás. Los auténticos pensamientos brotan del silencio.
-Bradley, eso no, por favor. ¡Escucha! Lo que yo estaba diciendo es que la justicia exige detalles. Dices que no te interesa la causa por la que fue suspendido del ejercicio de su profesión. ¡Pues debería interesarte! Dices que es una especie de granuja. A mí me gustaría saber de qué especie. Está claro que no lo sabes.
Haciendo grandes esfuerzos por dominar mi irritación, dije:
-Me alegré mucho de poder liberarme de mi mujer, y él también se esfumó. ¿Es que no lo entiendes? A mí me parece bastante sencillo.
-A mi me ha caído bien. Le he dicho que viniera a visitarnos.
-¡Díos mío!
-Pero, Bradley, no debes rechazar a las personas, no debes descartarlas. Debe inspirarte curiosidad. La curiosidad es una forma de caridad.
-No creo que la curiosidad sea una forma de caridad. Creo que es una forma de malicia.
-Eso es lo que hace de alguien un escritor, el conocer los detalles.
-Puede que haga de alguien que tú entiendes por ser escritor. Yo no opino igual.
-Ya estamos otra vez....- dijo Arnold-
-¿Por qué acumula un amasijo de detalles? De todos modos, cuando uno empieza realmente a imaginar algo, debe olvidarse de los detalles, te estorban. El arte no es la reproducción de cosas sueltas sacadas de la vida.
-¡No he dicho que lo fuera! - protestó Arnold-. No me baso en la vida real.
-Tú mujer así lo cree.
-Ah, eso. ¡Dios!
-La cháhchara inquisitiva y el catalogar las cosas que uno observa no es arte.
-Claro que no lo es...
-El vago y romántico mito tampoco es arte. El arte es imaginación. La imaginación cambia, se funde. Sin imaginación sólo te quedan absurdos detalles por un lado y sueños vacuos por otro.
-Bradley, sé que tú....
-El arte no es cháchara más fantasía. El arte brota de una infinita contención y silencio.
-¡Si el silencio es infinito no hay arte! Son las personas sin dotes creativas las que afirman que más significa peor.
-Sólo debe completarse algo cuando nos sintamos condenadamente afortunados de poseerlo. Los que sólo hacen lo que resulta fácil nunca se verán recompensados por...
-Zarandajas. Yo escribo tanto si me apetece como si no. Completo cosas, tanto si me parecen perfectas como si no. Todo lo demás es hipocresía. Y no tengo musa. Esto es ser un escritor profesional.
-En tal caso, doy gracias a Dios de no serlo.
-Tú eres un quejica impenitente, Bradley. Tú romantizas el arte. Lo enfocas de una manera masoquista, quieres sufrir, quieres sentir que tu incapacidad es continuamente significativa.
Iris Murdoch, El príncipe negro. Traducción de Camila Batlles.
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El príncipe negro,
Iris Murdoch
miércoles, julio 02, 2014
Quitar las ganas de hablar
Los mecanismos que desarman nuestra palabra se han perfeccionado de tal modo que se ha hecho innecesario prohibirnos hablar. El control que se ejerce sobre los discursos no ha desaparecido si no que ha cambiado de forma: abarca ya una extensión grande, se camufla en lo cotidiano, se hace imperceptible. La estrategia depurada no poda las armas sino que quema la raíz.
Si despolitizar es el más antiguo de los trabajos de la política - como afirmó en su momento Rancière -, quitar las ganas de hablar es la forma más extendida de censura y supresión del discurso. O bien sentimos que no tenemos nada que decir (que no hay nada nuevo o relevante que no haya sido ya dicho y merezca nuestra intervención) o bien no nos sentimos con capacidad de decir nada (al no cumplir las condiciones que nos convertirían en hablantes competentes).
Cuanto más acotadas están las posiciones desde las cuales es autorizada la emisión de un discurso, mayor es el control ejercido sobre el mismo, más desarmada está una palabra antes de ser pronunciada. Actualmente oscilan entre la autoridad del lenguaje experto y la mera opinión a la que se ven reducidos los juicios de valor de unos espectadores cuya capacidad de interlocución sencillamente no se contempla. Al mismo tiempo, cada vez con mayor frecuencia nos vemos obligados a responder a unas preguntas que no nos hemos formulado. Ante nuestro asombro las respuestas que se nos reclaman son llamadas decisiones y se dice que son nuestras. Pero sabemos bien que una decisión no tiene nunca la estructura de una respuesta.
El aprendizaje basado en la dinámica de pregunta y respuesta, en pedir y dar la palabra, forma parte de la estructura de docilidad que hemos interiorizado desde la infancia. La verdadera construcción del conocimiento nunca tuvo su origen en las respuestas dadas a preguntas ajenas, sino en el modo en que nosotros mismos interrogábamos la realidad. Nuestras conclusiones más nítidas tuvieron lugar en un espacio de interrogación sin intermediarios. Seguir manteniendo un espacio propio para relacionarnos de una forma directa con lo que nos concierne es necesario para poder pensar y a la vez para mantenernos a distancia de la figura de meros espectadores o encuestados.
Los mecanismos que hacen de una opinión una opinión autorizada reparten verdad, consistiendo y censurando, oyendo y desoyendo razones, argumentos, palabras, anclándonos en unas relaciones de asimetrías de las que nos resulta tan difícil como necesario salir. Poder decir hoy pasa, entonces, no por el reconocimiento de la nuestra por opinión autorizada ni por cambiar sin más de tema en una lista cerrada de ellos, sino por imponer los nuestros propios, de otro modo, nuestra vida en el lenguaje. Nuestra necesidad más viva es esta: abrir espacios de enunciación que no sean los prefijados, hacer posible una toma de la palabra desde un lugar que no sea el del experto o el del encuestado. La palabra que espera ser tomada no es aquella que nace con la conciencia de la carencia de conocimientos sino la que identifica desde un principio la inadecuación entre lo que se piensa acerca de una cuestión y los mecanismos que determinan qué enunciados están permitidos y cuáles excluidos para referirse a ella (bien por inasimilables, bien por incomprensibles). Estos mecanismos son los que constriñen la palabra y encauzan nuestro pensamiento. Se nos presentan pronto en las memorizaciones de las frases impresas en unos libros de texto desconectados con lo que nos sucede. No es algo trivial. Que los temas y preocupaciones que nos concieren no figuren sino anecdóticamente en los libros de estudio reforzará la tensión entre nuestras preocupaciones y nuestros conocimientos, nuestra vida y el saber. Pero en realidad la materia vivida es el tamiz que nos permite filtrar e incorporar lo que aprendemos en la escuela y en los libros. En ella comienza el ejercicio constante de traducción y contratraducción en la que consiste nuestra educación, educación que será mejor tan sólo en la medida en que nos ayude a ampliar nuestra capacidad para hacer nuevas y renovadas conexiones e interpretaciones allí donde todo parece destinado a ser ajeno, distante o inapropiado
Noelia Pena, El agua que falta
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viernes, junio 20, 2014
"I do not believe a word of it, my dear. If he had been so very agreeable he would have talked to Mrs. Long. But I can guess how it was; every body says that he is ate up with pride, and I dare say he had heard somehow that Mrs. Long does not keep a carriage, and had come to the ball in a hack chaise."
"I do not mind his not talking to Mrs. Long," said Miss Lucas, "but I wish he had danced with Eliza."
"Another time, Lizzy," said her mother, "I would not dance with him, if I were you."
"I believe, Ma'am, I may safely promise you never to dance with him."
"His pride," said Miss Lucas, "does not offend me so much as pride often does, because there is an excuse for it. One cannot wonder that so very fine a young man, with family, fortune, every thing in his favour, should think highly of himself. If I may so express it, he has a right to be proud."
"That is very true," replied Elizabeth, "and I could easily forgive his pride, if he had not mortified mine."
"Pride," observed Mary, who piqued herself upon the solidity of her reflections, "is a very common failing I believe. By all that I have ever read, I am convinced that it is very common indeed, that human nature is particularly prone to it, and that there are very few of us who do not cherish a feeling of self-complacency on the score of some quality or other, real or imaginary. Vanity and pride are different things, though the words are often used synonimously. A person may be proud without being vain. Pride relates more to our opinion of ourselves, vanity to what we would have others think of us."
"If I were as rich as Mr. Darcy," cried a young Lucas who came with his sisters, "I should not care how proud I was. I would keep a pack of foxhounds, and drink a bottle of wine every day."
"Then you would drink a great deal more than you ought," said Mrs. Bennet; "and if I were to see you at it I should take away your bottle directly."
The boy protested that she should not; she continued to declare that she would, and the argument ended only with the visit.
Jane Austen, Pride and Prejudice.
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Pride and Prejudice
miércoles, junio 18, 2014
-No sé qué tal saldrá. Es uno de esos directores ultramodernos. Es...es gay, de hecho. Dice que va a hacer una lectura deconstructivista de la obra. A mi no me molesta, por supuesto, porque ya he hecho deconstrucción; pero a mis padrés quizá no les guste.
-No puedes preocuparte de lo que piensen tus padres - dijo Nick.
-Tienes razón - dijo Toby-. De todos modos, tu madre es muy abierta. Siempre va a conciertos y a cosas a la última.
-No, con ella no habrá problema.
Toby se río.
-Claro que el comentario más famoso de tu padre es que ojalá Shakespeare no hubiese nacido.
-No sé si ése es su comentario más famoso - dijo Sophie, con un tono de pique. De hecho, si Maurice Tipper hubiera hecho un comentario célebre seguramente habría sido sobre el margen de beneficios y unos buenos dividendos para accionistas-. Sólo lo dijo después de que los mosquitos le comieran vivo en la función de Pericles, en los jardines del Worcester College.
-Ah...-murmuró Nick, que de la obra sólo recordaba la tímida jactancia de Toby como un Lord de Tyre, cuando Sophie hizo de Marina.
Alan Hollinghurst, La línea de la belleza. Traducción de Jaime Zulaika.
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La línea de la belleza
El umbral y la chimenea son espacios míticos. Ambos tienen aspectos sagrados y ceremoniales en la historia de nuestro mito. Cruzar el umbral es entrar en otro mundo - el del interior o el del exterior - y nunca podemos estar realmente seguros de que hay al otro lado de la puerta hasta que la abrimos.
Todo el mundo ha soñado alguna vez con puertas familiares y habitaciones desconocidas. A Narnia se llega cruzando una puerta en un armario. En Barba Azul hay una puerta que no se debe abrir. Un vampiro no puede cruzal un umbral protegido con ajos. Abre la puerta de la pequeña Tardis y dentro hay un espacio enorme y cambiante.
La tradición de entrar en la nueva casa con la novia en brazos es un rito de paso; se deja atrás un mundo, se entra en otro. Cuando abandonamos el hogar paterno, incluso hoy en día, hacemos algo más que salir de casa con una maleta.
La puerta de nuestra casa puede ser una cosa maravillosa, o una visión aterradora; pero raras veces es solo una puerta.
El cruzar hacia dentro y hacia fuera, los distintos mundos, los espacios significativos, son coordenadas privadas que en mi ficción he intentado convertir en paradigmáticas.
Las historias personales funcionan para los demás cuando esas historias se convierten en paraidgmas y parábolas. La intensidad de una historia - por ejemplo, la historia de Fruta prohibida - se librera en un ámbito mayor del que una vez ocupó en el tiempo y en el espacio. La historia cruzal el umbral desde mi mundo al vuestro. Nos encontramos en los peldaños de la historia.
Los libros, para mí, son un hogar. Los libros no hacen un hogar, son un hogar, en el sentido de que hacemos como con una puerta, abrimos un libro y entramos. En su interior hay un espacio diferente y un tiempo diferente.
También hay un calor: una chimenea. Me siento con un libro y tengo calor. Lo sé desde las gélidas noches en el peldaño de casa.
Jeanette Winterson, ¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal? Traducción de Álvaro Abella Villar.
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