viernes, septiembre 26, 2008

La arqueología superheroica

De la etapa en la que Richard Donner acompañó a Geoff Johns en la tarea de escribir los guiones de Superman, podemos decir que supo terminar. Me refiero al último número, en el que se hacía un breve repaso al universo de Kal-El, recordando uno de los mejores momentos: cuando Superboy recibió la visita del Daxamita. Era más un resumen sintético que una abierta relectura, pero me pareció signifcativo que Supermán fuera vestido con su identidad civil, a la Smallville (aunque dejamos eso para otro post).

Johns, el mejor guionista que haya tenido Flash, gusta poco de dibujantes espectaculares o canónicos. Cuando Tones me descubrió su obra clave, Fuego Cruzado, con el velocista escarlata enfrentado a su pasado, futuro y villanos (a su Universo, en suma) descubrí a Scott Kolins, ilustrador norteamericano capaz de aunar el detallismo de Windsor-Smith y la composición a la Kirby. Ahora apuesta por otro dibujante de corte detallista y talento descomunal, Gary Frank, venido de la Top Cow y capaz de sacar auténtico petróleo de J. Michael Stracynski.

El encuentro entre el nativo de Krypton y Val-El de las Lunas Daxam, terminaba con el segundo liderando a la Liga de Superhéroes. Por supuesto las deliciosas paradojas temporales del universo DC permiten que en muchas líneas temporales haya sido Superman precisamente el que lidere a esta Liga de Superhéroes. En todo caso, proponen Johns y Frank un regreso casi arqueológico a aquel encuentro de Superman con los superhéroes. Recuerda el procedimiento al Byrne que abordó a Superman, con esa intención de rebuscar en la génesis del mito, aunque Byrne tenía que tirar abajo toda una rocosa tradición y reinventar. En cambio, Johns y Frank convierten la historia en ecos y recuerdos melancólicos de un tiempo en el que Superman fue un líder (y un tebeo que marcaba unas generaciones). El acierto está en rescatar a personajes como el fascinante WildFire que somete al héroe a la visión de una clase donde se le explica, mal, y a la visión de unas estatuas, de piedra, en la que están esculpidas su figura y la de sus compañeros, ahora capturados. Johns maneja este momento de un modo muy distinto al que Moore manejó en Supreme y MiracleMan los reencuentros del Mito con la memoria para afrontar su incierto futuro y da a la historia un aire más que naturalista, de hiperrealista e imposible búsqueda del auténtico sense of wonder. Una delicia.

1 comentario:

Tropovski dijo...

Mi vacilante dominio del inglés me impide hincarle del todo el diente a la ingente arqueología que está haciendo Grant Morrison en Batman y Supermán, pero tiene una pinta estupenda. Claro que soy morrisoniano hasta las cejas.

Y por seguir con la arquelogía: recuerdo lo ridídula que me pareció en su momento la etapa Englehart en los 4F post-Byrne, pero ahora no dejo de recodarla una y otra vez, con esa Ms. Marvel transformada en Cosa y esa estupenda Cristal dibujada por Buscema, amén de toda esa galería de personajes estrafalarios que se rescataba.

Diablos, ¡si hasta hecho algo de menos la arqueología kistch Englehart/¡Milgrom! en los WC Avengers! (perdón, West Coast: un chiste no intencionado). ¿Me estaré haciendo viejo?