La ultima noche. (The 25th Hour, 2002) D.: Spike Lee. G.: David Benioff sobre su propia novela. I.: Edward Norton, Rosario Dawson, Barry Pepper, Philp Seymour Hoffman, Brian Cox, Anna Paquin, Tony Siraqusa. Duración.: 134 minutos. Color.
Tal y como leí en algún lugar que nunca recordé después Spike Lee es un cronista de Nueva York en sintonía con Woody Allen. La diferencia estriba en que Allen es un judío intelectual de Manhattan, y Lee un negro de Brooklyn. Y eso se nota. No faltan las reflexiones sobre las relaciones entre los seres humanos, pero la población de color que tiene en su pasado una esclavitud imborrable que nunca ha dejado de desaparecer, asume estas historias de una perspectiva muy distinta.
Tras los atentados del 11S Lee tomó un nuevo rumbo en su carrera que a juzgar por lo que viene diciendo la crítica continua en su segunda cinta de género (siempre hay alguien que olvida sus Clockers ) recientemente estrenada, Plan Oculto. La que hoy nos ocupa es la cinta que se estrenó antes (aunque no la que rodó antes, después viene la aún inédita She Hate Me ) una historia que se distingue de las otras (como Summer of Sam ) por alejarse de la temática plenamente racial.
La premisa inicial es la narración del último día en libertad de Monty Brogan, un traficante de drogas atrapado por el DEA, que se debate sobre si su novia Naturelle Riviera le delató, y pasará la noche reencontrándose con su padre, y sus dos mejores amigos.
Así el director reduce los personajes y los actores toman por lo tanto mucho papel. Edward Norton un actor que lleva años sin prodigarse por esos grandes tours de force que le dieron su merecida fama, borda un personaje y lo llena literalmente de matices. Le acompañan un Barry Pepper que demuestra que debería ser más explotado por papeles mejores, y los siempre sensacionales Philip Seymour Hoffman, Rosario Dawson, Brian Cox y Anna Paquin.
Spike Lee además usa sus mejores virtudes estilísticas en este film. Por un lado su siempre sensacional equipo técnico se redondea con la presencia del siempre extraordinario cámara Rodrigo Prieto, y por el otro el montaje de Lee siempre rítmico confluye muy bien con los imprescindibles ritmos que tan bien compone un majestuoso Terrence Blanchard, como siempre Lee crea musicales sin números, donde la música es un estado de ánimo.
El argumento en apariencia sencillo presenta numerosas discontinuidades en su historia que lo hacen más atractivo, y digresiones varias. En concreto dos: el mónologo ante el espejo y la visión final. No revelaremos más, pero ahí Lee adquiere toda la fuerza que tiene su cine desde los tiempos de Do the right thing. La furia, la rabia, la pasión. La sensación de desarraigo e impotencia que vive Nueva York tras el 11S es reflejada por la película desde su inicio y es una referencia continuada y nada gratuita. Esta película es el retrato de un momento cargado de rabia e intolerancia. En este sentido La última noche presenta de un modo mejor incorporado todo el discurso de Crash (el film de Haggis) pero además tampoco pierde el otro sentido a su historia.
El otro sentido es el retrato de un personaje desamparado que empieza a plantearse su vida justo cuando quizás ya la haya sentenciado. Y estos dos temas confluyen en Lee con una fuerza que no denota para nada falsa trascendencia. Todo está calculado y los momentos climáticos son los justos.
Tampoco esquiva Lee a unos sabrosos personajes secundarios, que es capaz de retratar con una línea de diálogo y que también en cierta medida los hace partícipes del viaje sin retorno que va a iniciar Monty Brogan. Y ahí vuelve a incar el diente étnico que puebla la Gran Manzana, haciendo un homenaje a un Nueva York que después del 2001 quizás ya no vuelva. También hace apuntes de noir retratando con ciertos aires scoresianos los ambientes en los que se mueve Brogan, pero esto se queda ahí, en vagos apuntes que quedan sometidos a una historia que no necesita para nada amoldarse a un género estricto. Ya es elocuente por si sola. Como siempre Lee borda sus característicos travellings que atraviesan por delante y siempre por dentro a sus personajes. Y al revisarla compruebo que The 25th Hour no ha perdido ápice de su importancia ni de su grito ahogado de rabia. Mientras que Edward Norton grita Fuck You ante su espejo (otro eco scorsesiano) todos nosotros contemplamos impasibles nuestros errores, como los amigos de Brogan. Como el caído World Trade Center, ya no hay remedio posible. La música de Blanchard continua grabada en mis oídos, y cualquier mero apunte que haya hecho con anterioridad no hace justicia a toda la perfección que deslumbra la que quizás sea la mejor película de Lee.
16 Calles. (16 Blocks, 2005) D.: Richard Donner. G.: Richard Wenkt. I.: Bruce Willis, Mos Def, David Morse, Tig Fong, Cylk Cozart. Duración.: 108 minutos. Color.
Richard Donner no ha dado aún su último tiro. Los que lo dábamos perdido filmando pseudoseries B decadentes como Timeline y otras olvidables películas nos podemos ir tragando nuestras palabras, pero un error como este no merece más que celebrarse.
Richard Donner para quien no lo sepa es el mayor y uno de los mejores artesanos del “late Hollywood”, un hábil director que sabe conducir con sobriedad y clase cualquier clase de espectáculo cinematográfico. Arma Letal; Superman; La profecía o Los Goonies son sanos ejemplos de la cinematografía que ya ha sido objeto de imitaciones y remakes (el inminente estreno de La Profecía lo vuelve a confirmar).
Sin embargo el exceso de secuelas de las aventuras de Riggs y Murtaugh, y sobretodo la ausencia de Shane Black en ellas confirman que Donner llevaba un cansancio a reformular siempre los mismos clichés. Pero en 16 Calles borda su historia por sus medios. Así el peculiar (anti)héroe de la película, Jack Mosley, un policía cojo, gordo, ojeroso, alcohólico y cansado pero con una última posibilidad de redención es la historia de Donner, un director gastado con al menos un disparo más.
De acuerdo, la historia es la clásica buddy movie, pero aquí no estamos ante los delirios de Michael Bay, ni otros cineastas videocliperos y explosivos. Y hay más lecturas, que nunca son gratuitas. ¿Recuerdan Ruta Suicida (The Gauntlet) ese maravilloso divertimento que nadie pareció querer entender?
Pues en susodicho film dirigido/protagonizado por Clint Eastwood, encarnaba a Ben Shcokley, un detective completamente torpe y borracho, pero también con un mínimo de principios a los que no va a renunciar. Desmitifcando con ironía a Harry Callahan, Eastwood bordaba un clásico del thriller setentero con un famosísimo tiroteo a un autobús. Aquí vuelve a aparecer el tiroteo al autobús, pero esta vez el antihéroe es un Bruce Willis genial, que decide desmitificar al muy duro héroe John McClane de La jungla de cristal (el perfecto equivalente reciente a la saga de Callahan).
Lo que prima aquí es narrar y entretener con un oficio que ya no es nada habitual ; y lo consigue. Sobra la moralina final (y un tremendamente chirriante Mos Def) y le borra todo ese airazo de apuntes de noir que habían desarrollado el personaje de Mosley pero aún así es uno de esos productos que despiertan la simpatía de los nostálgicos del mainstream de antaño.
Noel me pasa un genial anuncio para calmar la desértica sed que provoca esperar The Fantastic Mr. Fox, es decir, un Wes Anderson comprimido pero no menos inspirado.
-Las aventuras de Kavalier y Clay de Michael Chabon es una novela que no me canso de recomendar y de la que he disfrutado recientemente. Básicamente es una historia sobre dos dibujantes de cómics, con algún que otro exceso de información para los “no entendidos”. Además es el primer Chabon que descubro. -Maravillosa traducción de Javier Calvo, cabe destacar varias cosas: el punto de partida es la llegada de un escapista, Joseph Kavalier, a Nueva York, la de finales de los 30, a vivir a casa de su primo Sammy Klayman. Pronto “Joe” Kavalier y Sam Clay crearán El Escapista, un superhéroe judío decidido a liberar a todos del mal de Hitler. Todo esto a ritmo de los swings enrarecidos de los años 30 y 40 del grandioso Raymond Scott, y al final acompasado por la inevitable tristeza de una canción de Sinatra o Rosemary Clooney. Un viaje a la cultura popular en toda regla, y además aparte de los excesos informativos, no tiene ningún tipo de desperdicio.
-Sin embargo todos los que quieran ver una novela para amantes del cómc cometen uno de los mayores actos de estupidez jamás visto. A poco a poco, Chabon usa con una maestría tan propia de él, unas cuantas metáforas del superhéroe que nos conmueven. Sus dos protagonistas, son a su manera, superhéroes que no saben si ser el hombre con mayas o el hombre con gafas. Ambos necesitan escapar de sus vidas cuando la cosa se pone fea, y de hecho la lectura abunda en fugas. En realidad, no lo consiguen.
-Le sobran algunos pasajes (pocos), pero esta novela es excelente y muy recomendable. Para unos y para otros, al final nos queda una cosa clara: todo superhéroe, sobretodo los anónimos que tienen mucha carne y hueso, necesita su Fortaleza de la Soledad, su Baticueva….
Ahora que el E3 está al caer, y todos los aficionados a las consolas están esperando impacientes para poder ver algo de luz, recupero este estupendo anuncio que rodó David Lynch para la PS2.
"En el camino de la ciudad paré en un bar y me tomé un par de whiskys dobles. No me hicieron ningún bien. Todo lo que hicieron fue recordarme a Peluca de Plata. Nunca más volví a verla" Raymond Chandler, El sueño eterno.
Que si, que soy un crío, y por eso les exclamo lleno de vigorosidad, "Miren que me han regalado este día del libro ".... (aunque cabe señalar que en castellano obviously, pero las portadas originales suelen ser más atractivas).
Mañana será el día del Libro (aquí también conocido como Sant Jordi), y como lo de tomarse recomendaciones es algo más serio, les digo lo que yo regalaría para tan literario día. A ver, a ver…
-El sueño eterno de Raymond Chandler. Porque Chandler es mito y referencia. Porqué todo buen lector ha deseado ser Philip Marlowe alguna vez en su vida.
-Memorias de un amante sarnoso de Groucho Marx. “Nuestro héroe esta royendo un hueso sentado ante una mesa de piedra en una cueva oscura. Soy yo, Groucho Marx, el ermitaño de Hollywood”.
-Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay de Michael Chabon. Elegante crónica de 50 años del mundo del cómic. ¿Qué no saben que regalar libros o tebeos? Apuesten por esta maravillosa novela hecha para cualquier amante del cómic, y cualquier lector de Salinger.
Álvaro Pons lidera la propuesta de "En el día del libro, regala tebeos " en los que ha incluido varios de los blogs de más resonancia entre el público. Sea como sea, tres cómics que regalaría serían:
-Como un guante de seda forjado en hierro de Daniel Clowes. Hipnótico y triste. En palabras de Jordi Costa es una obra sobre “la extraña naturaleza del amor”.
-¡You are here! de Kyle Baker. Una comedia romántica noir, por aproximarse a una obra tan indescriptible como iconoclasta, la más desternillante y frenética que he leído en mucho tiempo.
-La ciudad de cristal de David Mazzuchelli y Paul Karasik. ¿Qué no sabes como empezar a leer a Paul Auster? Sigan mi ejemplo, primero el cómic, después sus novelas. Y les puedo asegurar que estamos ante una obra con vida propia (más allá de Auster) y con una grandeza que no se tiene que perder.
En el hotel había noventa y siete agentes de publicidad neoyorquinos. Como monopolizaban las líneas telefónicas de larga distancia, la chica del 507 tuvo que esperar su llamada desde el mediodía hasta las dos y media de la tarde. Pero no perdió el tiempo. En una revista femenina leyó un artículo titulado «El sexo es divertido o infernal». Lavó su peine y su cepillo. Quitó una mancha de la falda de su traje beige. Corrió un poco el botón de la blusa de Saks. Se arrancó los dos pelos que acababan de salirle en el lunar. Cuando, por fin, la operadora la llamó, estaba sentada en el alféizar de la ventana y casi había terminado de pintarse las uñas de la mano izquierda.
Un perro andaluz, cortometraje de diecisiete minutos, es la obra maestra de Luis Buñuel escrita en colaboración de Salvador Dalí . Pues disfruten de un ejercicio de surrealismo sacado de los sueños (pesadillas). Ah si, Pierre Batcheff (el protagonista) se suicidó tras rodar el corto. A Dalí le pareció muy adecuado. Alimenten sus paranoias de que "el cine es el diablo" (si ya lo decía Coppola...).
Y si quieren ver la saludable influencia que ha ejercido la fascinante propuesta de estos dos genios, vean porqué el video maldito de The Ring (versión Gore Verbinski) resulta tan aterradoramente fascinante.
UNO. Que llenar tu obra de referentes puede convertirse en una de las bellas artes ya lo sabemos. Los referentes son muchos y variados y sino miren la naturaleza fascinante de los links. Sin embargo en el cine una intentar referenciar (o mas bien, parecerse a) puede acarrear ser muchísimo más estúpido que inteligente. DOS. No les voy a soltar (contra todo lo que puedan llegar a pensar) un discurso de los defectos del cine de Brian De Palma, el “discípulo de Hitchcock” para unos, y “el plagiador descarado del ídem” para otros, los más puristas claro. De Palma tiene una inventiva y una inteligencia fuera de serie en su cine. A lo que íbamos es por ejemplo al corto Yeah Yeah Yeah! uno de los participantes de la edición de Fotogramas en Corto. Lo que pretende este cortometraje es acercarse a entre otros, el cine de Wes Anderson. Y he aquí el meollo de la cuestión. ¿Qué pasa cuando este “referenciado” ya está lo suficientemente surtido de otros referentes? Pues que el intento de “parecerse”, “homenajear” (llámenlo como quieran) se queda en un tímido acercamiento estético con esos guiños continuos a la cultura pop, que por otra parte sólo es una fuente nutritiva de las películas de Anderson. El corto de Marçal Flores no se acerca a la sensibilidad de Anderson (alumno recién salido de Franny y Zoey con alma de Peanut, como ya he reiterado otras veces) y lo que hacen es un acercamiento nimio. TRES. El caso más exagerado es Quentin Tarantino, y sino revisen la filmografía de Michael Madsen pos-Reservoir Dogs, y lo que John Constantine en los comentarios a la crítica de Revolver de Mr. Refo ha llamado las “neopulp fictions”. ¿Qué ocurre? (Guy Ritchie aparte) pues que el cine de Tarantino lo mismo se alimenta de Sonny Chiba que de Godard, e intentar plagiar a Tarantino es poco menos que un suicidio intelectual que viene condenado al fracaso de antemano (¿a que espera alguien para llevarme la contraria?). CUATRO. Por suerte es poco recordado, pero Woody Allen también ha tenido su “intención de crear escuela”. Miami de David Frankel lo heredaba todo (créditos blancos sobre fondo negro a ritmo de jazz; Mia Farrow ; matrimonios en crisis…) pero el fracaso fue estrepitoso. Lo más obvio es que Miami no es Manhattan, y los films de Allen también tienen sus pequeños referentes aunque no lo parezcan, y resulta bastante parco acercarse a la filmografía del neoyorquino de una forma tan obvia como insatisfactoria. Porqué Allen tiene dos ramas importantes, por un lado ciertos temas heredados de la literatura judeoamericana, de autores como Philip Roth (no tan lejano a Allen como pudiera parecer) o por el otro esa escuela del humor judío que lidera Groucho Marx (los libros de Allen son maravillosas ampliaciones de las genialidades perpetradas por Groucho) Por mucho que se diga Cuando Harry encontró a Sallyno es una película pretendidamente “woodyalleniana”. Es fruto del encuentro entre Rob Reiner y Nora Ephron, y hay que tener varios factores en cuenta: si la película destila algo de humor “ a la allen” es porqué su director es hijo de otro maestro del humor judío, el también realizador Carl Reiner (que si rizamos el rizo podríamos decir que algo de Carl hay en Woody), y porqué nadie duda que a Nora Ephron , tan enamorada de la Gran Manzana como Allen, le gustó mucho Annie Hall. CINCO. Y es que nadie duda que en la otra cara de la moneda se pueda superar al referente en muchísimos aspectos. El ejemplo más claro que me viene ahora a la cabeza son Una serie de catastróficas desdichas de Lemony Snicket de Brad Siberling en la que Tim Burton es fundamental en la propia estética del film, pero es que contando con variopintos colaboradores del mismo Tim (Emmanuel Lubezki en la fotografía o Colleen Atwood en el vestuario) su director teje su mejor película, una suerte de cinta de aventuras pos-Burton pero con un ritmo de los mejores Indiana Jones. Es decir, una cinta tan perversa como siniestramente atractiva.
martes, abril 18, 2006
Bill: Como sabes soy amante de los comics. Especialmente de los de Superhéroes. Encuentro que toda la Mitología que rodea a los comics es fascinante. Tomemos a mi superhéroe favorito, Superman. No es un comic grandioso, no está bien dibujado. Pero la mitología, no solo es estupenda, sino que es única.
Beatrix Kiddo: ¿Cuánto falta para que esta mierda entre en acción?
Bill: Unos dos minutos. Lo suficiente como para que entiendas lo que te explico. Lo común en una historia de mitología es que por un lado está el superhéroe, y por el otro está su alter-ego. Batman en verdad es Bruce Wayne, Spiderman es en realidad Peter Parker. Cuando ese personaje se despierta por la mañana, es Peter Parker. Tiene que ponerse un traje para convertirse en Spiderman. Y es en esa característica en la que Superman, no tiene semejante. Superman no se convirtió en Superman, nació siendo Superman. Cuando se levanta por la mañana, es Superman. Su alter-ego, es Clark Kent. Ese traje, con la S en rojo, esa era la colcha con la cual estaba envuelto de bebé cuando los Kent lo encontraron. Esa es su ropa. Lo que usa Kent, las gafas, el traje de negocios, ese es el disfraz. Ese es el traje que utiliza Superman para mezclarse entre nosotros. Clark Kent es como Superman nos ve a nosotros. ¿Y cuales son las características de Clark Kent? Es débil, inseguro... es un cobarde. Clark Kent es la crítica que hace Superman sobre toda la raza humana.
Aún no la he visto, sin embargo el debate que está suscitando es bastante interesante. Vean, contrasten, y no duden en opinar:
Pepo Pérez. Street Fighting Man sonando en los títulos de créditos finales: otro capricho más que les habrá costado una pasta. Créditos en los cuales, efectivamente, no aparece Alan Moore, sólo se refieren al cómic "ilustrado por David Lloyd". Vista la película, uno sospecha por qué el barbudo decidió retirarse de ellos. No es que sea muy mala ni muy buena, ni siquiera llega a macarra, es que no es. El fenómeno ya lo conocemos: autores mediocres pagando por adaptar un material que "les fascina" pero que han sido incapaces de crear por sí mismos, para luego "hacerlo suyo" y recrear en él "su mundo propio", aderezándolo con multitud de guiños y caprichos caros que pueden pagarse porque tienen dinero para ello. Por supuesto, en realidad lo único que consiguen es distorsionar la obra adaptada y parir un raro engendro que ni es el original ni, por supuesto, un material genuino y personal que logre llegar a ser algo más que mediocre. Siga leyendo V de... ¿qué? Rodrigo Fresán Para empezar a hablar del asunto, la última edición de la revista especializada Empire recuerda que en 1940, en los livings y comedores del Blitz londinense, los ciudadanos escuchaban en la radio un programa que, invariablemente, comenzaba con las primeras notas de la Quinta Sinfonía de Beethoven. Cuatro notas que, traducidas a cadencia Morse, valían y equivalen a punto-punto-punto-raya y que no significaban otra cosa que la letra V. La idea para el slogan fue de Winston Churchill: V de Victoria. Siga leyendo El buen terrorista. - Enlace a Fresán cortesía de Pynchon Community.
"Cuando lo volví a ver, me dijo:«Que coño quieres decir con 'retorno'? No me he ido a ninguna parte.» Típico comentario de Miles. " Ashley Kahn, Miles Davis y Kind Of Blue: La creación de una obra maestra.
Es cierto. Nacho Vigalondo es ya más que una promesa dentro del cine. Sus "Cronocrímenes" que quizás produzcan los hermanos Scott ya tiene su granito de enormes esperanzas en este rincón, porqué viendo sus gags uno ya no "intuye", sino "ve". Ve que el tipo tiene talento. En breve mi reseña sobre Choque, su mejor trabajo hasta el momento (y ya es decir). Ahora disfruten de esta enorme lección de cine.
Cuando vi The Matrix en un cine de barrio de Eslovenia, tuve la oportunidad única de sentarme al lado del espectador ideal para la película, es decir, de un idiota: un hombre que rozaba la treintena, sentado a mi derecha y, tan absorto en la película, que constantemente molestaba a los otros espectadores con exclamaciones como: «¡Dios, la realidad no existe!»... Sin duda prefiero esta ingenua inmersión en la película a las interpretaciones intelectualoides y pseudosofisticadas que proyectan sobre la ella refinados matices filosóficos o psicoanalíticos. Sin embargo, no resulta difícil comprender la atracción que a nivel intelectual ejerce The Matrix: ¿No es una de esas películas que actúan como una especie de test de Rorschach, poniendo en marcha un proceso universal de identificación, como el proverbial retrato de Dios, que parece siempre estar mirándote directamente, lo mires desde dónde lo mires - una de esas películas en las que se sienten reflejadas casi todas las miradas? Mis amigos lacanianos me aseguran que los autores del guión deben haber leído a Lacan; los defensores de la Escuela de Frankfurt ven en la película una encarnación extrapolada de la Kulturindustrie, con el dominio directo de la Sustancia social (del Capital) alienada-reificada que coloniza nuestra vida interior y nos utiliza como fuente de energía; los defensores de la New Age ven en la película una fuente para especular sobre nuestro mundo como un espejismo generado por una Mente global encarnada en la World Wide Web. Esta serie de referencias nos remite a La República de Platón: ¿no calca The Matrix la imagen platónica de la cueva (seres humanos comunes como prisioneros férreamente atados a sus asientos y obligados a ser espectadores de una oscura representación de lo que (engañados) consideran que es la realidad? Una diferencia esencial entre la película y el texto platónico es, por supuesto, que cuando alguna persona se escapa de la cueva, y asciende a la superficie de la tierra, lo que encuentra ya no es la brillante superficie iluminada por los rayos de sol de antaño, el Bien supremo, sino el desolado «desierto de lo real». La principal dicotomía en este caso viene dada por las posturas de la Escuela de Frankfurt y de Lacan: ¿debemos historizar Matrix incorporándol a a la metáfora del Capital que colonizó la cultura y la subjetividad, o estamos hablando de la reificación del orden simbólico en sí mismo? Sin embargo, ¿qué ocurre si la alternativa misma que planteamos es falsa? ¿Qué pasa si el carácter virtual del orden simbólico «en sí mismo» es la condición misma de la historicidad?