domingo, mayo 20, 2007

La velocidad de la literatura: Una charla con Rodrigo Fresán (I)

J. tenía razón. Rodrigo Fresán es el hombre invisible, es el perfecto habitante de sus Canciones Tristes. Me encontré con él hace un par de meses cerca de la Sagrada Família. Él pidió un zumo de naranja. Yo una coca-cola. Habla con una tranquilidad admirable, mide sus pausas y mira al mundo con la sabiduría de cualquier navegante del final de una fiesta.

¿Seguirá publicando remixes de sus obras?

Sí claro, de hecho el próximo es Vidas de Santos y tiene un relato más, basado en canciones pop sobre Jesucristo. Es la historia de un dj obsesionado con la música sacra pop.

Pero ¿Saldrá un Esperanto ed. del coleccionista?

Esperanto no me lo atrevería a tocar por la génesis del libro, que lo escribí en una semana. Aclararía más una cosa por la que todos los amantes del idioma esperanto han pedido mi cabeza y es cuando digo que el inventor de la lengua fue ocultista y no oculista, está puesto a propósito pero todos me acusan de convertir a alguien diabólico a Zemenhoff. Lo corregiría porqué estoy cansado de recibir e-mails pidiendo mi cabeza, de tanto en tanto recibo estos mensajes de esperantistas que organizan partidas de caza.

¿Estas ediciones extendidas tienen que ver con la intención de escribir una gran obra? El gran debate ahora en la literatura norteamericana, por ejemplo, es escribir la GRAN obra. Pensar en Foster Wallace, Eugenides, Chabon...

El problema de la literatura norteamericana es que la gran novela freak pop ya está escrita y es insuperable: es Moby Dick. Con esos capítulos documentales, veinticinco páginas de epígrafes... Yo siempre digo que me parece raro que un libro sobre una ballena blanca sea el equivalente al Disco blanco de los Beatles, son cosas eternamente modernas que no van a envejecer nunca. Mi vocación de perfeccionar mis libros es algo más lúdico. Es más bien un reflejo de lo que pasan con los CD's y los Director's Cut. Para mí los libros no se terminan nunca. No hay ninguna de las catorce traducciones que sea igual, siempre añado una frase a cada una, para fastidiar a los futuros académicos supongo.

Vicente Luis Mora definió su obra como un work in progress..

A mi me gusta pensar, en las escasas ocasiones que he pensado en mi obra, que suele ser cuando el guión me lo exije, que todo forma parte de una casa. Uno puede ser el baño, el otro el cenicero, el otro el salón, otro una cucaracha que va de la cocina al altillo. Son cosas que tienen que ver con una vocación de emulación y homenaje con los autores que me gustan, como Cheever, Salinger o Vonnegut. En todos los escritores que me interesan más está esta constante, puede ser Nabokov, Bolaño, Dick. Hay escritores que siempre están escribiendo el mismo libro como John Banville. Siempre uso estas constantes en mis libros, como esa voz monologante y confesional.

Si, muchos me comentan que siempre es la misma voz

Que sea la misma voz no es un defecto ni algo inconsciente, es justo lo que busco. Los libros de relatos que tengo, al final siempre se revela que todos los relatos anteriores están narrados por la misma voz. Para mí es una voz no auditiva, sino reflexiva, que funciona a la velocidad del cerebro y porqué mi fuerte no es el diálogo. Y tampoco me gustan los libros dónde los personajes están definidos por el modo en que hablan como los personajes que dicen guay todo el tiempo para que puedas distinguirlo del que dice cool.

Para una generación como la mía, acostumbrada a sagasizarlo todo, que todo transcurra en Canciones Tristes da una extraña cercanía

En realidad es una trampa porqué es el mismo lugar pero puede ser cualquier parte. Es una astucia porqué Canciones Tristes puede estar dónde quiera. De hecho estoy escribiendo un libro dónde Canciones Tristes es un planeta. En la raíz, incluso fonética, del sitio está Buenos Aires que es un parque temático esquizofrénico findelmundista completamente desesperado por ser Europa. Pero también tiene su sede central en la Patagonia.

Si, muchas veces tenemos reminiscencias de Canciones Tristes como un sitio hermanado a Historias Mínimas...

El director de Historias Mínimas, Carlos Sorín, hizo una película sobre la vida de mi padre, La película del rey. Incluso hay un actor niño que hace de mí.

(Continuará....)

5 comentarios:

Noel dijo...

¡Viva!

¿Cuántas entregas serán?

Ya que estoy: ¿qué pasa con lo de Sherlock Holmes?

Enrique Ortiz dijo...

Maravilloso, Alvy, un lujazo que me pone muy contento al unir a uno de mis favoritos en mi género literario preferido: la entrevista.

No future dijo...

Pues vengo luego de un tiempo y me encuentro esta conversaciòn, que he disfrutado mucho...

desde ya advierto que me serà imposible no citarlo, parafrasearlo y saquear todo cuanto pueda en mi blog...

Y claro, ahora cuanto tendremos que esperar para la proxima entrega?

nos regalarà alguna foto?

Mauricio Salvador dijo...

Buena charla, Alvin. Tomando cocacola y zumo de naranja. No sé por qué pero me parece tierno.

Oscar Z. Oliva dijo...

Sospechaba lo de Esperanto.

Bueno, podrías haberle preguntado sobre "Trabajos Manuales" si es que saldrá una versión remix alguna vez...

Saludos