En el principio (del final del siglo XX) Bret Easton Ellis fue la luz y faro de la literatura norteamericana. Todas sus críticas favorables podrían resumirse tal búsqueda de google: crítica+brutal+sociedad+consumo (los hay que descubrieron a América).
En el principio (del siglo XXI) Bret Easton Ellis fue el símbolo de los pasados de moda, y en todas sus críticas negativas se apreciaba otra inequívoca frase (comparativa, desquiciadamente inoperante como argumento analítico) búsqueda de google: Chuck+Palahniuk+es+mejor+que+Easton+Ellis (los hay que leyeron El club de la lucha para llevar a la librería de segunda mano American Psycho).
Ninguno de nosotros se conocía de verdad porque todavía no éramos una família. Sólo éramos un grupo de supervivientes en un mundo sin nombre.
Supongo que debutar con algo tan fascinantemente redondo como Less tan zero requiere tiempo. Y no para el escritor (sólo) sino para los lectores: hay que asimilar todo esto, este clásico que parece provenir de la profecía de Jim Morrison en The End en la que anunciaba the children are insane…. y ver después por dónde transitar. Bret Easton Ellis pasó por ser el representante y gran salvador de la novelística norteamericana más nihilista (¡Norman Mailer sacó sus guantes para defender American Psycho!) al sobrevalorado de “la década”. Ni una cosa ni otra, entre Menos que cero y esta, Lunar Park han pasado la alargada Las reglas del juego, la imperfecta y divertida American Psycho y el resacón de la reiteración por abuso, Glamourama.Aparentemente Lunar Park es otra jugada ellisiana planteada igual que Glamourama: el divertimento bajo la excusa de remitirse al esquema de un bestelling de calidad (en la primera Ludlum, en esta The Shinning del maestro). Pero si uno percibe, más allá del formalismo del Exchange del presente por pasado, se da cuenta de que Ellis inicia su más interesante travesía metaficcional y autoindagatoria hasta la fecha. Lo que supone (a falta de leer sus relatos) y teniendo como otro destello la estimable andanza de Bateman, una digestión correcta de su primera obra y además un inicio de empezar a transitar otros caminos, sin que ello signifique que no siga siendo el estilo de Ellis con su posthemingwayana frase breve (que aquí adquiere su verdadera y mejor forma)
Se hizo un silencio de complicidad, de conspiración
Y rinde cuentas a Stephen King (maestro y preceptor al fin y al cabo de él y Palahniuk), pero también, en este caso a lo que él considera (en este mismo orden) sus dos autores favoritos: Philip Roth y Don DeLillo. Del primero relee Patrimonio a su manera, y del segundo esa esquizoide paradisiaca vida en la que uno intuye el Ruido de Fondo.
Este Easton Ellis no aboga a la metaficción por gusto, a este Ellis le confunden con Jay McInerney, le joden los calentones con su estudiante de taller y es, en efecto, el mismo bastardo que era de esperar como padre.
Tiene esta novela un par de motivos para leerla porqué sí:
-Parafreseando de memoria una frase tonesiana de Laboratorio infernal: al menos servirá para que muchos descubran a Stephen King.
-Y sin salir del nativo de Maine: que Easton Ellis no beba (que se puede mamar, echar un trego o emborrachar), sino situe en su misma escala de valores referenciales a Roth , DeLillo y King, no sólo es coherente sino que además me provoca una complicidad más que sana con él.