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lunes, octubre 19, 2009

High School Nocilla

En Nocilla Experience, Agustín Fernández Mallo imaginaba una suerte de making of improbable de la Rayuela de Julio Cortázar. Que Enrique Vila-Matas, autor que convirtió su medio en una (falsa) superfície llena de ironía y sofisticación bajo el título de Historia abreviada de la literatura portátil, planee sobre las páginas de este cierre no es una casualidad: es una declaración de intenciones por parte de quien hace el más aparatoso tour de force jamás visto, haciendo propia la pirueta de uno de los personajes que poblaban la segunda entrega.

Sin embargo, lo más interesante de Nocilla Lab está en el documental que la cierra, en el que se combina una estética a medio camino entre el programa musical underground y el programa literario, en el que se explican los fundamentos teóricos de la saga, explicados por Eloy Fernández Porta y Vicente Luis Mora (entre otros, claro). Este documental me parece un gesto, sí, vanguardista ligado íntimamente a la visionaria High School Musical 3.

Si en High School Musical 3 se nos descubría que las obras pueden oficializar al fan dándole un protagonismo en los créditos finales, en Nocilla Lab tenemos a un artista que selecciona teorías de sus receptores (los críticos) y las oficializa. Es decir, que Nocilla Lab y Fernández Mallo han ido un paso por delante de la posible crítica, y de una pirueta menor ejecutada en su primera entrega, que recordaba vagamente a Bolaño: se han convertido en los dueños de la interpretación de la obra, ha marcado las posibles rutas por las que el crítico debe transitar y han convertido al lector en un mero publicista, en alguien que ya tiene su camino.

Este gesto tan desconcertante y sinuoso convierte a Fernández Mallo en un artista que se cree dueño no ya de su obra, sino también de sus significados y disloca toda crítica posible. Como en High School Musical 3, los límites de la obra no están en su final, sino donde el artista los decide.

lunes, noviembre 10, 2008

Y la película más visionaria del año es…

¿Quién dijo que la Masculinidad estaba en Crisis? ¿Eh? ¿EH?

High School Musical 3, cima en una trilogía basada en el romance (imposible pero luego decimos que los americanos son racistas ¿eh?) entre una latina (¡son el nuevo target!) que siempre lleva vestiditos y un joven jugador de baloncesto en el que hay sitio para rubias malvadas, hermanos gays y todo es que Jordi Costa llama pornografía asexuada (atención a la cantidad de falditas cortitas y escotes para tratarse de una franquicia Disney Channel). En esta entrega se termina el instituto y el joven Troy Bolton tiene problemas cósmicos: no sabe si quiere ser actor en Juilliard o cumplir su destino y jugar al baloncesto. Todo esto es lo de menos porque nuestra latina va a seguir llevando florecillas y nuestro protagonista se lleva las mejores coreografías. Kenny Ortega rueda el número musical más loco de la serie (conceptualmente a la altura del momento beisbol, pero el que mejor luce) con su protagonista bailando con un mundo que, literalmente, le da vueltas.

Sin embargo lo mejor de la película está en el final. El número musical final es algo así como "High School Musical / es lo más grande / nunca lo olvidarás". La propia película advierte (¡adiestra!) al espectador de que no se engañe: está viendo un clásico que querrá volver a disfrutar una y otra vez. Pero todavía hay más: en sus créditos finales vemos un reproductor de YouTube. Y aunque al principio tenemos las manidas tomas falsas, luego aparece un fanvideo reproduciendo de forma idéntica un número musical de la primera entrega. Con felicitacion y todo. La película, toma ya, oficializa al fan, youtube mediante: ¿se imaginan todas las posibilidades (futuras, inmensas) que tiene ese discurso de la Memoria y la cultura Pop que han (re)inaugurado todas las redes sociales? ¿Se imaginan una película que te convierta a ti fan loco de Star Trek, en toma falsa y te premien con ello?

Demi Lovato rockera renegada, vale, pero esperará hasta el matrimonio.

High School Musical 3 cede el testigo ahora a las secuelas de Camp Rock: apologías del rock and roll protagonizadas por un trío de hermanos que hacen orgullo de sus anillos de castidad. Sin sexo, ni drogas, pero con rubias malvadas, ecología y aprendiendo a ser menos egoístas. Y Demi Lovato.