En Nocilla Experience, Agustín Fernández Mallo imaginaba una suerte de making of improbable de la Rayuela de Julio Cortázar. Que Enrique Vila-Matas, autor que convirtió su medio en una (falsa) superfície llena de ironía y sofisticación bajo el título de Historia abreviada de la literatura portátil, planee sobre las páginas de este cierre no es una casualidad: es una declaración de intenciones por parte de quien hace el más aparatoso tour de force jamás visto, haciendo propia la pirueta de uno de los personajes que poblaban la segunda entrega.
Sin embargo, lo más interesante de Nocilla Lab está en el documental que la cierra, en el que se combina una estética a medio camino entre el programa musical underground y el programa literario, en el que se explican los fundamentos teóricos de la saga, explicados por Eloy Fernández Porta y Vicente Luis Mora (entre otros, claro). Este documental me parece un gesto, sí, vanguardista ligado íntimamente a la visionaria High School Musical 3.
Si en High School Musical 3 se nos descubría que las obras pueden oficializar al fan dándole un protagonismo en los créditos finales, en Nocilla Lab tenemos a un artista que selecciona teorías de sus receptores (los críticos) y las oficializa. Es decir, que Nocilla Lab y Fernández Mallo han ido un paso por delante de la posible crítica, y de una pirueta menor ejecutada en su primera entrega, que recordaba vagamente a Bolaño: se han convertido en los dueños de la interpretación de la obra, ha marcado las posibles rutas por las que el crítico debe transitar y han convertido al lector en un mero publicista, en alguien que ya tiene su camino.
Este gesto tan desconcertante y sinuoso convierte a Fernández Mallo en un artista que se cree dueño no ya de su obra, sino también de sus significados y disloca toda crítica posible. Como en High School Musical 3, los límites de la obra no están en su final, sino donde el artista los decide.
