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martes, septiembre 18, 2007

El artista del cuerpo

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La casa de cera (House of Wax, 2005) es posiblemente la mejor película que ha producido la Dark Castle, por encima incluso de la muy divertida House on Haunted Hill (la película inaugural) y seguramente de su próxima apuesta, una adaptación del cómic Whiteout con Kate Beckinsale como reclamo, para una película quizá deudora del éxito de la adaptación de Sin City. En todo caso la que nos ocupa es infinitamente superior a las ocasionalmente simpáticas Barco Fantasma y 13 Fantasmas, producciones que no lograban ni recuperar el encanto de William Castle, la primera, ni resultar la segunda una digna reinterpretación del esquema de Alien trasladado a ambientes góticos canónicos.Y también es, con toda seguridad, la única que podrá ser vista como clásico del género dentro de un tiempo.

La película de Collet-Serra propone , desde la inclusión de Paris Hilton como líder de reparto, una relectura hiperbólica del concepto del grand guignol. No sólo se rescata la idea que ya sostuvo a la magnífica (y muy pulposa) película de Andre de Toth de 1953 sino que se da a la película un tono de repaso a la historia del cine completamente innovador. Vayamos, por partes.

El clásico esquema de slasher teen encuentra aquí a dos personajes definidos: dos hermanos, peleados, que serán nuestros protagonistas. Ella, una scream queen nata pero superviviente y él, un Justin Timberlake de visos superheroicos, capaz de todo para proteger a su hermana. El inolvidable escenario (el cine de terror es también un cine de espacios) en el que transcurre toda la acción es Ambrose, en Louisiana, un pueblo ficticio de visos art decó, un claro referente para el caníbal Aja en su posterior Las colinas 2006. En el cine de Ambrose proyectan sólo ¿Qué fue de Baby Jane? Un clásico del horror grand guignol, y aquí la película va de los cincuenta a los sesenta. Su prólogo es en 1974 lo que nos devuelve a todos los clásicos del american gothic: y por si fuera poco los retoños de Trudy Sinclair emparentan con otras famílias de otros estados, como los Hewitt. Y esta estética postmoderna y reflexiva nació en los 80: La casa de cera es, por encima de todo, una mirada al cine de terror de atrás a través de la acumulación (muy distinta, por ejemplo a la del mucho más ensayístico Rob Zombie) de elementos, logrando un resultado interesantísimo y atractivo. Como cualquier cinta del género incluye una cierta sensibilidad por lo bizarro, que aquí se representan en la poética muerta de Paris Hilton que no hace falta que sea de cera, en el trabajo de Vincent como artista del cuerpo, capaz de reproducir la belleza artificial que le ha sido negado de forma natural y en esa Elisha Cuthbert de labios ensagrentados y dedo cortado, capaz de representar una nueva scream queen mucho más bellamente icónica por la sangre que la envuelve.