Se descorcha sola (lo juro, estábamos allí) una botella de champán. Sin duda alguna parece el final o el principio ideal para el acto de homenaje a Quim Monzó.
Monzó se preguntó si el final de su trayectoria significaba que tenía una enfermedad terminal y no se había dado cuenta. Sin duda alguna a mi me sabe a pronto este homenaje (por otra parte merecido) a un escritor que le queda mucho que dar. Supongo que a él también: los cuentos de Monzó, lejos de buscar la ambición, se preguntan y abren una fractura sobre nuestra realidad impoluta. Sobre nuestra condición. Él siempre prefiere la cercanía de Bioy Casares a la de Carver.
En sus historias están todas las historias de amor , como diría el sabio, como en Marienbad.