viernes, diciembre 06, 2013
"Todos vamos perdiendo: diciendo adiós con la mano, o dándonos un besito en la punta de los dedos, da igual, de la manera que sea, todos perdemos algo, nos despedimos de algo que se va encogiendo, alejando, desapareciendo. La vida se reduce a perder, perdemos a la madre, al padre, perdemos el pelo, la belleza, los dientes, los amigos, los amantes, la buena forma, la razón, la vida. No hacemos más que perder, perder, perder. Nos va quedando cada vez menos vida. Es demasiado dura, demasiado difícil. No valemos para vivir. No sé si resistiríamos otras cosas. Pero la vida no. A ver quién se lleva la vida de nuestros estantes. Que nos la quiten de encima. Es jodidamente difícil, y no valemos para vivirla."
Martin Amis, Dinero. Traducción de Enrique Murillo.
lunes, julio 07, 2008
La flecha del tiempo de Amis
Aunque no me parece que debamos detener el pensamiento sobre la obra de Amis aquí, sino que hay que leer La casa de los encuentros (además de sus dos obras clave, Dinero y Campos de Londres) para terminar de entender el rumbo del autor al cabo de los años y lo perdurable de la obra. Como bien sabrán, La flecha del tiempo termina deveniendo en una camusiana reflexión moral de alto calado, justificando la deliciosa sucesión de momentos y frases que proporciona su estructura y juego narrativo. En su última obra Amis propone justo lo contrario: depurar su lenguaje hasta lo parco y olvidarse de todas esas bromas para regresar a los personajes, narrando la historia contemporánea de Rusia (otra forma de reflexión moral de altura, a través del olvido) en forma de historia de amor y de memoir a través de otro protgonista prácticamente desconocido. Es entonces cuando nos damos cuenta que, naturalmente, preferimos al juguetón que al serio perfeccionista. No es que La casa de los encuentros no sea una buena historia, es que Amis parece decidir renunciar a su poder para volver a contar la historia por, directamente, sentirse Camus, su máxima influencia junto con Nabokov. El bloguero que firma estas líneas prefiere muchas obras fallidas de Amis más, aunque sean remedos, a asistir a un reto encomiable pero un tanto agotador: el de volver a los viejos maestros sin mayor enjundia, el de componer novelas rígidas, tal vez verdaderamente emocionales pero sin ese arrebato de excitación con la que Amis ha construido el resto de sus juguetes.
