Mostrando entradas con la etiqueta Michel Houellebecq. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Michel Houellebecq. Mostrar todas las entradas

martes, marzo 04, 2014


No he tenido una vida feliz - dijo Annabellle-. Creo que le concedía demasiada importancia al amor. Me entregaba con demasiada facilidad, los hombres me dejaban tirada en cuanto conseguían lo que querían, y yo lo pasaba mal. Los hombres no hacen el amor porque estén enamorados, sino porque están excitados; me hicieron falta años para comprender un hecho tan obvio y tan simple. Toda la gente que me rodeaba vivía así, me movía en un medio liberado; pero no sentía el menor placer provocando o seduciendo. Hasta la sexualidad terminó asquéandome; ya no soportaba sus sonrisas de triunfo cuando me quitaba el vestido, sus caras de idiota cuando se corrían, y menos aún sus groserías una vez acabado el acto. Eran despresciables, pusilánimes y pretenciosos. Al final resulta penoso que te consideren ganado intercambiable, aunque a mí me considerasen una buena pieza por ser estéticamente irreprochable y se sintieran orgullosos de llevarme a un restaurante. Sólo una vez creí que la cosa iba en serio y me fui a vivir con un tipo. Era actor, tenía un físico muy interesante, pero no cosneguía abrirse camino; y era sobre todo yo la que pagaba las facturas del apartamento. Vivimos dos años juntos, me quedé embarazada. Él me pidió que abortara. Lo hice, pero al volver del hospital supe que se habia acabado todo. Me separé de él esa misma noche y me instalé durante cierto tiempo en un hotel. Tenía treinta años, era mi segundo aborto y estaba completamente harta. Era en 1988, todo el mundo empezaba a ser consciente de los peligros del sida; yo lo viví como una liberación. Me había acostado con docenas de hombres y ninguno merecía que lo recordase. Hoy pensamos que hay una época de la vida en la que uno sale y se divierte; después aparece la imagen de la muerte. Todos los hombres que he conocido tenían terror a envejecer, no paraban de pensar en su edad. Esa obsesión por la edad empieza muy pronto, la he visto en gente de veinticinco años, y luego no hace más que empeorar. Decidí parar, dejar el juego. Llevo una vida tranquila, sin alegría. Por las noches leo, me hago infusiones, bebidas calientes. Todos los fines de semana voya  casa de mis padres, paso mucho tiempo con mi sobrino y mis sobrinas. Cierto que necesito un hombre, que a veces tengo miedo de noche y que me cuesta trabajo dormirme. Están los tranquilizantes, los somníferos; pero eso no basta del todo. En realidad, me gustaría que la vida pasara muy deprisa.

Michel guardó silencio; no estaba sorprendido. La mayoría de las mujeres tienen una adolescencia exaltada, se interesan mucho por los chicos y el sexo; poco a poco se cansan, tienen cada vez menos ganas de abrir las piernas, de curvar la espalda y presentar el culo; buscan una relación tierna que no encuentran, una pasión que ya no son realmente capaces de sentir; entonces empiezan para ellas los años difíciles.

Michel Houellebecq, Las partículas elementales. Traducción de Encarna Castejón.

martes, diciembre 13, 2011

Guía para ver el mundo


Michel Houellebecq; Plataforma.
Traducción de Sergi Matarín, Barcelona, Empúries, 2002.

Gil Padrol ha escrito unas cuantas palabras dedicadas a Michel Houellebecq en el último dossier de la revista Quimera. Lo ha hecho junto a Germán Sierra y Ernesto Castro, entre otros. Su texto me parece el mejor. Gil Padrol es joven y apasionado y su texto es ¿adivinan? todo lo que se le podría pedir a uno como ése, el mejor lector de Houellebecq posible. Fijaos en lo que ha hecho antes (escribir sobre y a Easton Ellis), lo que hará luego (entrevistar a Ben Brooks). Tengo un reparo importante con él, claro. Desvirtúa Padrol la biografía de Henri-Levi, ligándolo a uno de sus profesores, Jacques Derrida, y obviando la intención de tomar partido en el espacio público, algo que de lo que Henri-Levi hizo bandera. De ser un intelectual de la esfera pública, además de relevante. También creo, como Padrol, que Houellebecq allana su inteligencia en sus textos, emplea el truco permisible de permitir a esos grises yoes ser un poco más cultos de lo que esperamos. Y que no hacen falta mayores retruécanos filosóficos; tal es su claridad y su método. Yo creo que Houellebecq está por encima de Easton Ellis y ojalá me refiriera solamente a la calidad literaria.

Me refiero a que los personajes de Easton Ellis son mucho más fatídicos, pero bueno, eso lo único que hace es que sus novelas sean, en esencia, mucho más fatídicas y efectistas. Con esto no quiero decir que Houellebecq no tenga sus efectismos: sus escenas de sexo, como la de Jean-Yves con la quinceañera, pueden salvar del pozo la narración. Lo que quiero decir es que Easton Ellis depende de sus efectos. Y Houellebecq, que es francés, se permite la licencia de ensayar, escribir poesía, parlotear sobre sus referentes en voz altísima, ni falta hace notar que Nietzsche, germánico y paródico macho, es mucho menos que Schopenhauer en su universo, como tampoco que esta novela, estupenda, gloriosa, trata de la llegada al mundo contemporáneo, es decir a la llegada del capitalismo tardío, vamos, expansivo.

Por decirlo de una manera brusca, esto es Bataille conoce al capitalismo, o sea que esas pulsiones de amor y muerte sobre las que escribió el crítico francés no son otra cosa que las directrices, los latidos de este mundo contemporáneo. No se trata del vacío, de esos zombies poseídos por la marca, viejo moralismo del norteamericano, se trata de algo mucho mejor: el amor es, a lo sumo, un misterio inalcanzable y después de eso solamente queda muerte.

Élan de vie, eso Houellebecq lo encuentra en cada felación y si eso no es un hallazgo, sí lo es que este Michel amargado, hastiado, sin otro tamboreo que el de un best-seller pocho o, esto es Francia, un libro de Augusto Comte, pueda funcionar como espejismo: a fin de cuentas, "la piel, tierna" es el mayor descubrimiento que hará él en su aventura.

viernes, febrero 01, 2008

Leer essays le hace a uno mejor anglófono

Debería empezar a pensar en titular una sección del blog Alvy Singer Recommends, o Variaciones sobre Mis Links del Del.Icio.Us. En todo caso prefiero mascarme las neuronas y generar títulos candidatos a premios tales como Mejor Refrán Hecho Título de Post o Mejor Titulación inneceseriamente Completa, en los futuribles concursos de la blogocosa (aunque de eso hablaremos otro día). ¿Se han fijado la poca atención que se le ha prestado a Milan Kundera en el terreno inglés reciente? Sí, ya sé que me van a decir: Es que Kundera... Bien, las palabras de Guillem Martinez lo definen mejor que nadie, así que no traten de hacerse los listos por montones. Una obviedad: se siguen escribiendo ensayos sobre Pynchon, Barthelme y Gaddis. Y, vale, dos obviedades encadenadas: ¡Auster! Sí, el Auster primerizo, el que va de La invención de la soledad, pasa por la trilogía de Nueva York y podríamos decirse que termina en Leviatán. Me parece que Kundera es notablemente mejor que todo ese Auster y merece algo más de revisión crítica, por supuesto no me estoy refiriendo a esas reseñas elogiosas que salieron como setas y que lo coronaron en algo que francamente no sé si tuvo mucho que ver, y de ahí su retiro. Por eso me he dedicado a buscar cosas que leer sobre el señor: Russell Banks, estimable novelista, ha escrito sobre él un texto, de acuerdo, elogioso pero con ciertos apuntes sobre su pensamiento bastante reseñables. Además el tema viene al caso si se quieren hacer los listos: Martin Scorsese después de adaptar Shutter Island (debería hablar sobre esa novela ya, porque resulta que tiene más de un paralelismo con La posibilidad de una isla, pero los dos son de una tradicionalidad previsible casi gloriosa), se animará a adaptar The Darling. Esto lo reseño no por crear expectativas sino por los hechos: Aflicción es una novela y una película que ha dado muy buenos resultados. The Darling puede devolver a Scorsese a un plano importante o confirmar su muerte, lo que de todos modos puede ser interesante. Más reseñas, a leer por su concisión: Ignorance reseñada por Bill Robinson. Y una muy bella: la de John Updike, con su habitual elegancia. Después hay una cosa maravillosa: una discusión en un foro de internet anglosajón sobre Kundera. Se mezcla la estupidez preponderante y la concisión desarmante, y es que cuando tenemos que vestir nuestras opiniones de intelectualismo somos muy divertidos. Resulta imposible resistirse a este placer culposo.

En cierto sentido Kundera ha tenido dos herederos en el lector europeo: Michel Houellebecq y Haruki Murakami. El primero ha llenado esa sensación de escritor europeo ciertamente polémico que encuentra respaldo en toda clase de librerías y el segundo ha llenado esa condición de superventas profundo, imponiéndose lo japonés a lo europeo. Y los cito a los dos porque serán los próximos cadáveres que se cobrará el impasible mercado de narradores profundos último modelo, y ya verán como si no lo remediamos, el acercamiento crítico a ambos quedará reducido a un éxito cada vez mas lejano. Lo que al menos en un caso es una auténtica lástima. En el otro es otra pose más de su viaje al descenso.

Actalización: JR Zamora en los comentarios nos brinda este ensayo Nietzsche & Kundera.