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martes, octubre 12, 2010

American Kitsch


Nacido el 4 de Julio (Born the Fourth of July, 1989, Oliver Stone )

Oliver Stone es su gramática.: tomas de grúa imposibles y de ojo divino, largos planos secuencia que intensifican lo grandilocuente de su escenario, juegos cromáticos para ejemplificar la sangre-y-el-dolor del pasado o de lo posible, el montaje como arma. Su discurso es su retórica endiablada e interminable, tremendista e hiper-expresiva, incluso poderosamente imaginativa. Hay películas de Stone que parecen nacidas para la polémica, pero son siempre juguetonas. Tenemos sus Asesinos Natos, cuyas críticas siempre consideré equivocadas y que hubieran sido muy interesantes de centrarse en la representación de la violencia y su discurso y de haber obtenido una lectura comparativa a los Funny Games de Michael Haneke. Otra polémica es la gloriosa y agobiante JFK. Pero su fama viene gracias a su interés por hacer de cronista de los Estados Unidos en, al menos, dos frentes: la política y la guerra. Su experiencia propia fue el germen de Platoon (1986) y usó materiales ajenos para completar su percepción en esta película y El cielo y la tierra.

En esta película hay una gran interpretación de Tom Cruise como Ron Kovic, el veterano autor del libro en el que se basa y coguionista del film. La historia de Kovic es la de un soldado que regresa paralítico de Vietnam y que emprende un camino hacia el activismo pacifista. También la de un hombre con problemas de conciencia cuya experiencia en Vietnam le deja como asesino de un compañero y horrorizado ante la matanza de unos campesinos inocentes en una operación. Cruise emprende un camino muy interesante: de joven all-american obsesionado con la guerra a adulto desencantado, que envejece y sufre a los ojos del espectador. Como si el propio film pareciera destinado a resaltar las virtudes de Cruise como arquetipo y como estrella y luego a desmantelarlas cuidadosamente, esta parece una película diseñada para que su talento brille y lo hace a un gran nivel. Pero el interés de la evolución de Kovic dibuja una personalidad cuasi caricaturesca: un soldado virgen, oprimido por una madre castradora cuya furia contenida Stone subraya con su mirada maligna, que regresa paralítico y por lo tanto inhabilitado para el sexo, cuyo compromiso con la causa aumenta conforme se descubre decorativo y accesorio para el gobierno, ocupado en recortar gastos a los hopsitales de veterano y en dejar convenientemente deslocalizado al protagonista. Pero Stone es su retórica y aunque aquí puntea el kitsch en varias ocasiones, rompe moldes, se atreve a mostrar una tronchante pelea de paralíticos y a dibujar el fracaso de Kovic en su encuentro con una prostituta mexicana. Y hay una buena idea tras esa simplificación: que un americano con conciencia debe carecer de atributos, de dejar de ser un hombre, un héroe genuino, al tiempo que su primer relato oficial será el de un noble luchador.

Sin embargo, no es la película en la que Stone descubra algo nuevo sobre el conflicto de Vietnam. La guerra es sucia y cruel, pero el mejor de los temas tratados en esta película es el que trata sobre el Hombre y sus posibles (im)potencias.

domingo, agosto 17, 2008

Algunos apuntes sobre Oliver Stone, Michael Haneke y Sergei M. Eisenstein

Cuando Eisenstein habló de los usos del montaje fílmico estaba en realidad describiéndose a si mismo. Podríamos achacar esos usos en Eisenstein como pioneros, sin duda, pero también podríamos hablar que Eisenstein nunca tuvo una conciencia del montaje global. De su famosa escena de las escaleras de Odessa en El acorazado Potemkin, la parte más interesante (aunque no la más expresiva) está en la toma más larga, la que enfoca a la madre con su hijo subiendo la escalera. Es un momento clave porque el soviético consigue al fin expresar una emoción a través de todo el lenguaje, sin renegar de su valiosa aportación, con una pureza sin igual. La guerra y la madre herida. Tal vez debiera haber sido ese el argumento de su película.

Brian De Palma a mi juicio supo extraer de su lectura de Eisenstein una valiosa lección: al prodigio técnico del cine solo cabe desearle un lenguaje poderoso. Su tiroteo en la estación relee la escena en sus claves más conseguidas: la madre, el niño y la inocencia en juego. Es además una escena que mantiene una relación poderosa con el resto del metraje porque en la película ya muere un niño, entregando un paquete. Los Intocables está construida sobre la idea de la brutalidad y DePalma tuvo la ambición de superar a Eisenstein en sus mismas herramientas, pero además definirle maestro, de un cierto logro.

Con motivo de su remake clónico Michael Haneke declaraba que Asesinos Natos era una película que no funcionaba porque usaba una estética fascista. En casi todas las conversaciones asentimos en que Haneke estaba equivocado, era un moralista o demás lugar común de lo que apriorísticamente podría ser considerado una provocación. Pero Haneke en realidad estaba hablando de la importancia del lenguaje y es algo que nadie se ha planteado a la hora de evaluar a Oliver Stone. El cineasta norteamericano ha usado en toda su filmografía formatos cercanos a la propaganda fílmica o incluso a las adscripciones genéricas sólo para llegar al sitio dónde pretende. Asesinos Natos es una película contaminada, en el sentido que le dio Steiner a Años de Perro, porque asume que algo ha ocurrido. Haneke quiere reflexionar siempre sobre los límites de la imagen desde el fuera de plano. Pero ¿acaso no es su recurso del rebobinado una pirueta inteligentísima de un calado similar al de Stone? Haneke en realidad cree que la pirueta narrativa del rewind es propia de sus criminales y la intención de Stone de, por ejemplo, convertir un caso de pedofilia en una sitcom es puramente de Stone. O sea que el problema que tiene Haneke es con la decisión de Stone de delatarse narrador en todo momento.