Mostrando entradas con la etiqueta Remake. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Remake. Mostrar todas las entradas

martes, octubre 07, 2008

Carpocalypse Now

Carmageddon, pionero de la ultraviolencia pixelada, hizo de la ironía un arma de doble filo, puesto que allí donde los polemistas veían salvajismo inmoral (sic), el juego se postulaba una legítima invocación del espíritu de Death Race 2000 (1975, Paul Bartel) joyita de culto en el que la sociedad del espectáculo era el objeto a retra(c)tar a ritmo de carreras a muerte.

No resulta nada casual que muchas de las imágenes y soluciones narrativas del remake de la excelente película de Bartel remitan a las dos primeras entregas de Carmageddon, ni tampoco que su encargado sea un recuperado (¡al fin!) Paul W.S. Anderson, que debutó con otra sátira social, Shopping, en la que hablaba en clave casi ballardiana del placer de estrellarse con coches robados.

A pesar de no contener toda la ironía y mala leche que hicieron de Bartel una justa figura de culto, esta nueva Death Race es una variante satisfactoria del cine de acción de izquierdas, en la que la conciencia de clase está presente hasta el último minuto y los empresarios malvados dominan la televisión (¡sí!) y sólo hay una forma de terminar con ellos: explotando. Así, literalmente. Lo que en la anterior era una historia, inolvidable, de amistad entre Frankeinstein y Machine Gun Joe, aquí deviene un brochazo mitológico que hará las delicias de cualquiera interesado en las leyendas: esa máscara que represennta al invencible y que deja caer una historia de varios y coaccionados pilotos parece hablar en clave secreta de una exploit que ahora es, o mejor dicho, sólo puede ser reinventada a ritmo de videojuego (y dicho sea esto como piropazo: esa distribución de los escudos y las armas controladas por la villana da una riqueza increíble).

Anderson, que ya ha producido la maravillosa DOA, recupera el pulso perdido en los Resident Evils y aunque tiene algunos abusos estilísticos (los zooms que se acercan a Henessy con steadycam son excesivamente televisivos por reiterativos, algunas tomas aéreas restan el frenesí informativo del montaje entrecortado y veloz de las carreras, otras impiden mayor profundidad espacial en la carrera) no restan mérito alguno a la película: una compañera excelente de Doomsday, con la que comparte carreras a muerte, coches bellamente retocados e islas fortificadas, pero a la que supera al ser un honesto y puro remake, casi por encima de la voluntad homenajeadora.

lunes, junio 30, 2008

La posibilidad del canon: El retorno del maldito


Que Alexandre Aja es francés, en un sentido cultural, no lo duda nadie. Pero que también se ha empeñado en tener modales demasiado americanos no parece verlo nadie, tampoco. Es Aja hombre de gran debut tempranamente estropeado por un giro final, muy existencialista y llenito de amor fou como dictaba Tones, llamado Alta Tensión y de remake, me temo, encumbrado por gente ajena a la primerísimo etapa de Wes Craven, realizador aficionado a la relectura salvaje del cine de Ingmar Bergman. Su remake está hecho, como no, desde la escasa vergüenza de lo clónico pero con cierta efectividad y poder de entretenimiento, con la música de Tomandandy sustituyendo el detalle brutal de Craven, del que Aja era un alumno más suavizado, guste o no. Pero también decidió incluir un fascinante poblado desértico, lleno de evocadores maniquíes, y una divertida, por francesa que no por subversiva, apología del chiste político en forma de resurrección justiciera.

Uno no lamenta pues la ausencia de Alexandre Aja en esta secuela del remake, y celebra el regreso de Wes Craven, acompañado de su retoño, que sirve para que el viejo maestro se redima de esa secuela de su obra original (que narrativamente tiene una serie de flashbacks que a mi me parecen involuntariamente delirantes y predecesores de ciertas tácticas de Lost), que dirigó en uno de sus intermezzos creativos. De entrada, el score de Tomandandy se mantiene pero la sutileza política mejora. No es mal destino para Craven el intentar dignificar sus remakes, y ahora que se acercan The Last House on the Left y Shocker (¡!) al cineasta se le abren algunas posibilidades de supervivencia. Weisz no tiene la gracia visual de Aja pero sabe darle un par de codas, centrando toda la acción en minas y colinas, convirtiéndose la película en una sensible heredera del verdadero legado de los setenta, en términos de american gothic y western cafre. Y eso, sí que merece muchísimo interés.

La trama es magnífica: ese grupo de soldados paletos de la guardia Nacional (atención al sarcástico Kandahar simulado en el que se presenta la acción) representan perfectamente a una América con ganas de lucha pero menos. Pero en 14 minutos la película ya está encargada de saber que el chiste político (que Aja tomaba como punto y final) es para Craven sólo un punto de partida para hablarnos de algo todavía más cafre: nuestros encantadores reversos deformes. Y así no faltan pegas, como la inclusión de Napoleón, sin embargo es un personaje excesivamente paródico: un soldado de ideales pacifistas, que cree que toda guerra no es “legal”. Es decir, lo políticamente correcto. Pero más allá de eso, El retorno de los malditos es una película veloz, llena de caníbales, concisa y verdaderamente cafre y digna como horror post setentero, superior al remake en prácticamente todo lo esencial.

miércoles, abril 16, 2008

Dos espoilers en formato de trailer


John Erick Dowdle nos daba a todos seguridad. ¡Seguridad en un remake spanish! Es, desde luego, una elección más inteligente que ese Cameron Crowe para Vanilla Sky. Pero las cosas claras.: el mismo título es un jodido espoileraco, y el tráiler desvela nada más y nada menos que el final. Por no cambiar, no han cambiado ni a la mujer pero lo peor de todo es que su tráiler desvela el final. O Dowdle se saca de la manga un montón de piruetas inesperadas (tiene el beneficio de la duda) o este tráiler nos hace añorar nuestra Barcelona zombificada por dos tipos en estado de gracia.

Internet parece estar condenando a este remake por clónico dada la expansión de la original como cult movie por los States. ¿Una oportunidad perdida? ¿El nacimiento de los ports, con otro sistema evaluativo, ya definitivo en el ámbito cinematográfico? Veremos.

lunes, abril 14, 2008

Noche de paz, Noche de dolor

La generación perdida

Así es como podría conocerse esa generación que vino para revolucionarlo todo pero luego pareció que no había ocurrido nada. ¿Las series? La santa madre Expediente X (hija directa del éxito de Twin Peaks) y sus hijitas: Millenium, Space: Above and beyond y también, en otro plano más secreto, si… Dawson Crece. O lo que es lo mismo: Chris Carter, Rob Bowman James Wong, Glen Morgan y Kevin Williamson. El primero parece que no superará la maldición de su serie y ya está escribiendo y dirigiendo la secuela cinematográfica o lo que vendría a conocerse como intento desesperado de volver al ruedo, el segundo se lanzó al vacío precisamente con la primera película de los X-Files y se estrelló con la interesante y fallida El imperio del fuego, pero la historia sigue y permítanme un desorden: Kevin Williamson lleva la vuelta a su ida al slasher (Scream 1&2) y después no regresa (Secuestrando a la señorita Tingle condenada al olvido y otra vez con Craven realizando la peor revisión de los hombres lobo imaginable). En el poco dulce trance de Scream aparecen James Wong y Glen Morgan y facturan la muy inteligente y divertida Destino Final y la divertidísima mezcla de artes marciales y realidades alternativos postmatrixiana llamada The One. Separados tenemos a Wong triunfado a base de gore para fans del industrial con la sobrevalorada saga Saw que funciona cuando olvida que las triquiñuelas funcionan en cantidades de sangre no de truculencia conceptual a la que no se puede estar a la altura, y a Morgan remakeando dos clásicos ocultos (tal vez sería mejor decir o-cooltos) de los setenta, a modo de díptico y estrenándose como director: Willard y Black Christmas.

Horror Americano

Y Glen Morgan siempre escoge gemas que el aficionado díficlmente puede olvidar: de la primera, el retrato del psicopáta como animalito de compañía condenado a la cloaca social, de la segunda, un inicio mil veces homenajeado, continuado y sampleado en su subgénero que casi inventó, el slasher. No faltan adolescentes en esta nueva Black Christmas: los buffyómanos tienen a Michelle Trachtenberg haciendo lo que mejor sabe (oneliners dignas de una outsider dura pero menos y todo antes de morir) y los erotómanos más astutos tendrán localizada a la nueva musa Mary Elizabeth Winstead, la Lee de Death Proof y la señorita "It's Gennaro not McClane" encargada de jubilar a Bonnie Bedelia en Live Free or Die Hard, además de caer en la cuenta que el rumbo del cine fantástico termina contagiando siempre al mainstream. Porque fue en el horror donde el hiperrealismo ha empezado a dar sus muestras más interesantes y contemporáneas (y ya tiene tradición para ello) y ha vuelto a ser aquí dónde el canon de los setenta se ha recuperado como sacro al principio, como excusa para inocentones después y como trampa para críticos bienintencionados al final. Y Black Christmas parece tener algunas de las virtudes del remake de When a Stranger Calls, y es esa propensión a la belleza Maxim casi patológica en cada plano. Y claro, hay mujeres en peligro, villancicos de función sádica reconvertidos en adorables politonos y un asesino que sólo quiere sentirse como en casa cada nochebuena y probar el pollo que le hacía su madre, con la que tuvo una relación, como debe ser, mal resuelta.

Un remake competente

Igual que Rob Zombie en su Halloween, Glen Morgan hace películas (o versiones) tan bucólicas y nevadas como era de esperarse, pero en este caso hinchadas, perversas, e incestuosas , llenas de giros, reencuentros familiares y equiparaciones entre asesino y chica principal por cuestiones de orfandad. Lo que en Bob Clark (que recibe su homenaje en el nombre del sanatorio) era misterio e ingenioso giro final juguetón, aquí es explicativo, detallista. Pese a ello a Morgan se le pueden reprochar algunas decisiones estilísticas (ese travelling malogrado por los forzados contraplanos que repasaba voyeurísticamente a todas las residentes ventana por ventana) lo que no se le puede reprochar, en cambio, es su ingeniosa y veloz estructura narrativa que inserta los flashbacks a su antojo, a modo de digresión todavía más explicativa y un tono glorioso, contrario al original de ¿podría ser el culpable? A ¿quién diantres no es culpable?, que pierde fuelle en su deficientísimo clímax final cuando Morgan tiene que rodar con el ímpetu que a Zombie le sobra, con la maestría que Zombie reparte y con el suspense que la original derrochaba. Ahí, con su doblete de villanos simpático pero que nunca muere la película pierde toda su condición gozosa y aunque no ahorra en momentos poéticos (la doble muerte a modo de la redención del asesino) le falta fuerza, intensidad y un final que a pesar de contener todo el sarcasmo que la cinta desgrana y desangra ha perdido su ritmo en fervor a una rutina que parecía, durante unos momentos, esquivada. Aunque no hay que olvidar que la película muestra una deliciosa obsesión por los ojos de orígenes orgullosamente pulps, detalle que la convierte casi en irreprochable.

Así las cosas esta Black Christmas 2006 es divertidísima y muy recomendable para convertirse en futurible programación navideña a pesar de su descompensado final, puede que sea un remake dignísimo, alejado y lleno de humor e infidelidad.

jueves, mayo 17, 2007

Cats

Image Hosted by ImageShack.us
Si hoy se estrenara Cat People (1982) la gente (joven) saldría del cine alucinando, blasfemando y secretamente satisfecha, con ese sentimiento de culpa que tienen todos los héroes schradianos. Imposible concebir una película en estos tiempos por dos motivos: la mojigatería ya está asimilada y los remakes ya están dogmatizados en la tradición de la fotocopia.

Nacho Vigalondo insinuaba en la última Xtreme que los cambios en las secuelas de los videojuegos eran superficiales, es decir, que las secuelas eran versiones ampliadas y perfeccionadas de las entregas anteriores sin que psaara nada. Señalaba que esto en el cine tiene una recepción contraria y se ve como un defecto. ¿Es pues el remake mejorado técnicamente nocivo? Pues no. Sin ir más lejos les diré que me quedo infinitamente antes con The Ring versión Gore Verbinski, a pesar de los escasos cambios introducidos. Pero que ustedes ya me entienden: nunca está de más que cada uno pueda abordar la cosa a su manera, oigan.

Escribía Jordi Costa en la Fantastic Magazine de por allá en los noventa que El cabo del miedo era el triunfo de Scorsese sobre Spielberg. Eso explica su lógica y mediana decepción ante el Scorsese de Departed. Pero también sirve para reavivar la verdadera alma cinéfaga ochentera de cualquier persona de bien y releer la película, si quieren, como el triunfo de Schrader sobre Jerry Bruckheimer (al menos si así lo prefieren los cinéfagos de antaño reciclados ahora en cinéfilos gruñones e insatisfechos).

Resulta gratificante y sorprendente ver lo bien que ha envejecido Cat People y lo mucho que tiene que decir aún sobre el cine del mañana (además del de su contexto). Steven Soderbergh trataba en The good german traducir los códigos formales del cine clásico con un mensaje más abiertamente moderno. El fracaso del mimetismo se hace presente en toda su artificiosa y forzada puesta en escena que sirve para que el espectador reflexione: Soderbergh puede considerarse un director muy necesario pues con su última propuesta da un importante puñetazo a los viejos cinéfilos que claman sin cesar, mirando al cielo y en modo vejez mental, a Ford, Wilder, Capra, Lang y.... Tourneur.

La cinta de Schrader no tiene miedo a inscribirse en la línea postmoderna de los remakes y lo hace de forma más sutil: a diferencia del compañero Landis, esta no necesita insistir tanto en el chiste referent-pop. Lo tiene y lo usa un par de veces (ese Don Gato y canciones de miau miau como pruebas) pero como las panteras no necesita rugir para hacerse oír.

Otra cosa que no podría verse hoy (a excepción de cualquier francotirador) es una cinta que mantenga hasta el final esa perversidad ,que poquito a poco se ha adueñado del mainstream y se ha adaptado a los esquemas más rutinarios. Schrader no sólo incorpora descaradamente sus temas calvinistas, sino que ahonda continuamente en una perversa y gozosa relación de incesto/maldición en la que se insiste sin fisuras ni censuras.

¿Dónde quedó esa vía? Schrader no sólo hizo suyo un remake sino que pasó completamente de la presión de versionar a Tourneur. Su atmósfera pecaminosa (es New Orleans) y lo obvio redondean una película marcada por su poderoso clímax: sexual y sudoroso, como el resto del metraje. La parte más inteligente y autoconsciente de Schrader en cuanto a términos de narrativa está en ese final: durante un momento, Irina se acerca a Alice su previsible rival por Oliver. Durante mucho tiempo creemos que todo va a desembocar en la clásica persecución frenética/cacería en el que todo terminará bien. Schrader no se rindió y continuó con ese tono abiertamente sensual, atando al espectador a un final sin tregua y descaradamente cínico respecto a las relaciones sexuales.

Tal y como la definen en Cine de terror contemporáneo, está es una película grosaremente explícita, incomódamente perversa... todavía.