Lo que ha hecho Timbur Bekmambetov, con la complicidad de Michael Brandt y Derek Haas (los guionistas clave de hoy en día, también escritores del excelente remake de 3:10 To Yuma) y los creadores como productores ejecutivos (¡chupaos esa integristas de las fuentes originales!), es una adaptación tan legítima como interesante: ha buscado en la misma superficie del tebeo y ha heredado esa actitud prepotente y con una sola idea (coolizarlo todo). Así Wanted es la respuesta exagerada y alucinada a Matrix, sin su hondura metafísica pero con toda su chulería, sin su sugerente juego posmoderno pero con una primitiva idea individualista y contra la mediocridad sacada del tebeo, sin una dirección impoluta pero a cambio alucinatoria y absolutamente subordinada a Wesley Gibson.
Wanted es, tal y como dijo Liana, lo mejor que van a poder en un cine este año y ya es decir: puede que tenga defectos, como algunas concesiones comerciales al imaginario de Hollywood, pero su despliegue es tan brutal (planos secuencia capaces de llegar al cristal de un vagón tambaleante de un tren que pende de un precipicio, giros de guión que sólo incitan a coronar los versos que son su plomo) que resulta imposible negarse a ella. No hay explicaciones (absurdas) ni razonamientos para el extraño y retorcido encanto de las imágenes en movimiento: sólo una hipnótica dirección obsesionada en crear una dirección tan llena de plomo como las películas de John Woo pero con una mirada que por heterodoxa, insobornable y ciertamente lírica de la muerte (con interrupciones del espacio tiempo sólo porque sí, usos absolutamente locos de la dolly) que se revela tremendamente europea. Wanted alude a la naturaleza más auténtica del cine, creando un lenguaje puro en el que los diálogos sólo caben para recordarnos nuestra condición de miserables (y privilegiados) espectadores.