domingo, abril 25, 2010

Breves


Desde París con Amor (From Paris with Love, 2010, Pierre Morel)

Aunque el título remita con sorna a un clásico bondiano de los sesenta, esto es una actualización, en clave más o menos noughties (una especie de hiperrealismo bourne cruzado con la cantera más anfetamínica del cine de HK, John Woo, Tsui Hark et al), del hard-boiled de Mickey Spillane pasado por la buddy movie típica del cine norteamericano de los ochenta. John Travolta es un súperjusticiero de la CIA que pervierte a su pupilo, un aprendiz casi bourgeois encarnado por Jonathan Rhys-Meyers. Morel anda muy, muy lejos del grand-style de John Woo y en su tarea de encargado de Luc Besson (productor y guionista), que repite el clásico final de furia misógina (o marital) del escritor Spillane, cumple y poco más (una persecución en una autopista bastante vistosa, aunque lejos del nivel de un Greengrass), a un nivel más bajo que la más disfrutable Venganza. Lo bizarro del asunto es que su ideología reaccionaria está más cerca de la anarquía de derechas (Lévi-Strauss dixit) que del fascismo: todo aquí es delirante y bizarro y exagerado (los protagonistas consumen cocaína en la torre eiffel para que su infiltración resulte efectiva y su tensión aumente durante los tiroteos y se ven obligados a matar a unos policías franceses que les entorpecen la huida) . Su disfrute se limita a eso y no hay demasiado reseñable.

Tránsito (Stay, 2005, Marc Forster)

Esta película bien podría formar junto a Mothman (2001, Mark Pellington) el díptico de low-Lynch para todos los públicos. Aunque hay que ser justos con Marc Forster: el guión que maneja, escrito por David Benioff, está lleno de referencias al sueño, desde Hamlet hasta Freud. Su dirección es de nivel y hay citas explícitas a Goya, transiciones visuales sugestivas que desvelan una planificación obsesiva y simétrica, errores de raccord para potenciar las cualidades oníricas del escenario (algo que también usa el Scorsese de Shutter Island) y un montón de citas explícitas a Vértigo, con el solapamiento Lila y Athena siendo la más reiterativa (y obvia). El motivo del film estaba ya mejor contado en An ocurrence on Owl Creel Bridge, pero el resultado es apreciable.

sábado, abril 24, 2010

Huérfanos de Dharma


Que la sexta temporada de Lost se admire tanto no es novedad: este mes la serie termina y deja un legado histórico y un directo (proporcionado gracias a la Red) inolvidable. Como no quiero redundar en esto, pues les dejo este vídeo que la ABC ha dedicado a todos sus fans y a la orfandad que sentiremos cuando termine.

viernes, abril 23, 2010

El día 23

Seis recomendaciones para que compren hoy y no otro día. Y, les recuerdo, que mi última columna era sobre dos libros dedicados a John Ford. Se quejarán ustedes.

lunes, abril 19, 2010

Comebacks


No tengo tiempo para más, pero si el nuevo single de la titana del pop Kate Nash (vía) o el regreso-esperadísimo de Blur no merecen un post pues.....



Denle las gracias a Salanova que me lo ha puesto todo enlazadico.

jueves, abril 08, 2010

Fear of a Pixel Planet



Vía. El fetichismo y fasicnación por el Píxel como proyecto inconcluso. Como contaminación absoluta.

miércoles, abril 07, 2010

Historia natural de la desaparición


Jorge Carrión. Los Muertos
. Random House Mondadori, Barcelona, Febrero de 2010.

I

El referente literario es Respiración Artificial, la novela de inteligencia arrebatadora y construcción aparente y esquiva de Ricardo Piglia.

Juan José Saer escribió un texto memorable sobre esa novela. Titulado Historia y novela, política y policía, el ensayo puede encontrarse fácilmente en un par de libros: Ricardo Piglia: una poética sin límites, editado por el instituto internacional de literatura norteamericana y la Universidad Pittsburgh en 2004 y, más recientemente, en El lugar de Piglia, la completísima antología transatlántica sobre el autor que preparó Jorge Carrión en 2007. Saer atribuye a Piglia el mérito de la novela-ensayo. Asegura que "frente a las vanas divagaciones actuales sobre la novela histórica […] Respiración artificial opone una estrategia narrativa radicalmente distinta, consistente en proponerse la historia como bojeto de representación, sino como tema".

Ricardo Piglia fue un seguidor de un género popular que también estableció o definió un interesantísimo correlato sociológico y subcultural en el siglo XX.: el género negro. Respiración Artificial es una mezcla de una aparente trama policial que enseguida deja paso a una forma radical de pastiche y a una teoría que se autojustifica. Ése es el modelo de Piglia. Edgardo H. Berg ha escrito un recomendable ensayo sobre Piglia y Respiración artficial titulado Poéticas en suspenso: migraciones narrativas en Ricardo Piglia, Andrés Reivera y Juan José Saer (Editorial Biblios). Explica perfectamente el procedimiento "Los modos de esta práctica van desde la descontextualización y el montaje, la falsa atribución a procedimientos como la inversión y el desplazamiento propio de las citas paródicas. Algunos de los nombres propios y palabras privilegiadas en este ejercicio dep iratería verbal provienen de James Joyce, Walter Benjamín, Bertolt Brecha, Ludwig Wittgeinstein, George Steiner, Roberto Alrt o Jorge Luis Borges. En este sentido, es visible la relación que se establece entre crítica y ficción; la lectura crítica opera en este sentido como dispositivo de transformación y reescritura del texto borgeano: mezclar y cruzar las ficciones del linaje antiéticas entre Borges y Arlt".

El mejor ejemplo que pone Berg de este procedimiento es la comparación de dos párrafos. Uno pertenece a la novela y otra es la del erudito Steiner. Dicen virtualmente lo mismo sobre El Proceso de Franz Kafka. Pero señala que "aquello que el texto calla o aquello que constituye una ausencia puede ser leído por un rodeo. El texto dice el contexto a partir del montaje alegórico: la ominosa realidad del Auschwitz argentino".

He encontrado centenares de ejemplos de esto en Los Muertos. Me parecen muy estimulantes, por ejemplo, los pastiches a costa de John McClane, el protagonista de Jungla de Cristal encarnado por Bruce Willis. El Señor McClane de la novela confiesa en la primera temporada de Los Muertos su visión.: "Sigo viendo Nueva York en sombras y en llamas, pedazos de edificios saltando por los aires, también veo la destrucción de todo el país, pero no en imágenes, aproximadamente reales, del natural, cómo decirlo, sino en pantallas, iconos que significan bombas, ataques quizá nucleares".

Bruce Willis interpretó en Doce Monos, visionario remake de La Jetée del supremo Chris Marker, a un hombre que sueña su propia muerte siendo niño. Su viaje al pasado, aunque termina siendo el descubrimiento de la naturaleza de ese sueño, se debe a una Nueva York post-apocalíptica destruida. Pero es una Nueva York justamente congelada, muerta, sin ninguna llama que cuesta a su personaje el internamiento en un sanatorio. Por las mismas razones que McClane sufre tatamiento en la novela. Carrión está llevando la intertextualidad un paso más allá, sofisticándola pero a costa de su agotamiento al mezclarla con combinaciones, falsos supuestos, variaciones.

Es, pues, el mismo procedimiento de Piglia, pero con otros materiales y otras connotaciones respecto a las ficciones antiéticas de las que habla Berg que tienen que ver con una noción literaria, estilística (y, por tanto, semántica).

Así está construida Los Muertos, la primea novela de su autor (aunque solamente tenga 167 páginas), bajo esta mirada emplea la fiebre de oro de la ficción televisiva, la coordenada de Jorge Carrión en cuyos referentes están también Juan Goytisolo, Paul Celan o W.G. Sebald, casi todos ellos citados en el libro. Su argumento presenta las dos temporadas de la célebre teleserie Los Muertos acompañadas de las crónicas de su recepción hechas por Martha H. De Santis en la primera temporada y por Jordi Balló y Xavier Pérez en la segunda y con la serie completada, Elcomo si fuera el ensayo de una inventada secuela del libro La caja lista.

El estilo es directo y entrecortado cuando trata la ficción y mimético y cuidodosamente razonado cuando emula el ensayo. En su narración ficticia hay alguna que otra metáfora remarcable (el atardecer caduca se escribe en la pág. 113)

II

El referente tebeístico es Alan Moore. Tomemos como ejemplo su Watchmen, la miniserie que creó junto a Dave Gibbons y que supuso un gran cambio con su sádica y distante parodia, su, en suma, deconstrucción del género superheroico y en el medio gracias a una obra cuyas claves podían localizarse en sí mismas y que no terminaban en el género (William Blake y Edgar Allan Poe son dos de los autores no solamente referenciados sino, en cierta medida, reescrito.

En la construcción del espacio Watchmen es vital, aunque sea como eco identificable ("Quién vigila a los vigilantes" es uno de los grafitis citados en la página 32). También aparece Marvels, el emotivo tebeo de Kurt Busiek y Alex Ross que, en cierto sentido, es una respuesta al tebeo de Moore. Configurado como retelling aparentemente nostálgico de todo el universo Marvel, Busiek y Ross reivindicaban el pathos sociológico del superhéroe explicitando las metáforas iniciales contenidas en sus supergrupos (la aparición de los mutantes, en los años sesenta), pero también la posibilidad de que el héroe marvel sea verosímil como parte de un mundo menos siniestro del que depende el relato periodístico. Del mismo modo que la segunda temporada de Los Muertos, con todos sus elementos sorprendentes, es sensiblemente mimética, más cómoda en el pastiche y en el homenaje antes que en los terrenos movedizos de la primera, Marvels y Watchmen ocupan un fascinante antagonismo en el canon tebeístico invocado por Carrión.

La serie menos referenciada pero más presente es Lost. La gran característica de esta serie es su prodigioso y controlado juego de ecos. Presente, pasado y futuro y hasta posibles pasados (flashes before your eyes, como reza un episodio) se pierden en esta serie. Su condición de éxito global depende de su carácter inclasificable: Lost no ha renunciado nunca a la sofisticación ni a establecer correlatos con un montón de referentes tebeísticos (El propio Watchmen), literarios (Bioy Casares y toda la novela de género que va desde Wells hasta el Stephen King de The Stand), filosóficos (Kierkergaard ha sido el último, sin contar ya los nombres de sus mejores personajes -John Locke, Hume, Rousseau) y una singular genealogía que puede recordar al propio Moore. Los ecos de Los Muertos son los de su propia emisión, los de su mundo de desaparición y los de su serie de emisión corta, de duración efímera frente a las grandes narrativas a las que quiere responder.

Por último, me parece interesante que la relación de Lost con Watchmen sea directa, confesa y que ambas sean evocadas en la novela, pero me parece muy interesante la conexión con otro trabajo de Moore, esta vez creado con Kevin O'Neill, La liga de los hombres extraordinarios, concretamente The Black Dossier el volumen que une al segundo con el último. Al final del cómic, Próspero, el mago de La Tempestad, da un conmovedor monólogo sobre la ficción.

Es curioso que Carrión llegue a unas conclusiones parecidas desde el escepticismo, siendo los espectros de ficción los únicos que habitan la memoria de un mundo, por lo tanto, trágico.

III

El videojuego es el díptico Half-life. No creo que la referencia sea exactamente intencional, pero la evocación es muy similar en el personaje de El Topo. Atendamos a –SPOILERACOS CATEDRALICIOS, SALTAOS EL PÁRRAFO, PASAD A LAS FOTOS DE CIUDADES NEONOIR INSENSATOS – la escena final de la serie Los Muertos:

"Finalmente, el Topo se vuelve. Efectivamente: es Nadia. Empuña su arma reglamentaria: le está apuntando. Quiero algunas respuestas, dice. Él se limita a sonreír. Esto no va a quedar as´, quiero saber, mi último deseo es saber. Él sigue sonriendo, como si tuviera un farol y fuera de póquer. O viceversa. Se limita a decir, lentamente, silabeando.: Hemos compartido una esquina oscura del experimento americano".

Is it really that time again? La oferta del Hombre G en los revolucionarios Half-life, cumbre del medio, que deviene en extinción apocalíptica en el segundo cuando algo se nos revela. Es el fin, la absoluta desaparición.

Por eso, el espacio es el noir encapsulado del que ha escrito Steffan Hattke, profesor de la Universidad de Sogang. Su origen puede rastrearse en el imprescindible estudio de James Naremore, More than Night: Film Noir in its contexts, cuyo primer y quinto capítulo aportan un excelente rastreo histórico sobre la construcción de la imagen urbana en el film noir, punto de partida para esta perversión de la que hablamos. Esta hibridación múltiple se repite en Los Muertos, con el añadido de la Nueva York alternativa de la citada Watchmen o Los Ángeles representada en Blade Runner (y la Gotham City de Anton Furst para el Batman de Tim Burton de 1989) todas ellas ejemplos con no pocas similitudes, conexiones y prolongaciones estéticas de lo que luego sería la Dark City del film de Alex Proyas. Recordemos la definición de zona residual de Jameson.:

"un espacio total, un mundo completo en sí mismo, una especie de ciudad en miniatura (y quisiera añadir que a este nuevo espacio total le corresponde una nueva práctica colectiva, un nuevo modo de moverse y congregarse los individuos, algo así como la práctica de una hipermultitud nueva y de tipo históricamente original "

La de la novela es una Nueva York casi destruida, llena de campos de refugiados y callejones, en las que todos desaparecen. Hay otros ejemplos similares. El más similar de ellos está en Hard-boiled wonderland and the end of the world, escrita por el mejor Haruki Murakami, en la que se nos habla de El Fin Del Mundo, una ciudad orwelliana y de visos neonoir servía como espacio encapsulado en la que un lector de mentes se dedicaba a destruir todos los recuerdos de sus habitantes y a dejarlos sin conciencia (no resulta casual, por lo tanto, que Hantke, el que más ha profundizado y desarrollado el concepto de noir encapsulado, tenga un imprescindible artículo al respecto).

IV

El pormenor principal está la segunda temporada de la serie. La aparición de Tony Soprano (y Michael Corleone, el héroe del Padrino) tiene sentido como, efectivamente, recuento de todos los personajes de ficción de la cultura pop, en especial los de las series de televisión genuino paisaje de la novela. Pero los diálogos devienen mímesis cuasi paródica y digresión antes que cuidadosa construcción.

El libro viene cerrado por dos textos memorables. El primero completa la recepción de la serie completa (y remata con un falso guión la escena final de la segunda, proponiendo así una corrección estilística con un mayor detalle en el paisaje). El segundo es una (falsa) entrevista con los creadores de la serie, Mario Alvares y George Carrington, quienes aseguran que se han comprado una isla. El pathos pop del diálogo está logradísimo, es divertidísimo porque un espacio del relato pulp fundacional como la isla en la que ocurren cosas extrañas (La isla del Dr. Moreau de Wells; La isla misteriosa de Verne), pero está revestido de toda la sensibilidad generacional de la novela al tener un sentido absolutamente distinto. La isla misteriosa es el misterio central de Watchmen y de Lost. La isla en la que ocurre algo sugiere a los creadores como demiurgos, como Ozymandias.

Creo que esos dos ensayos completan la obra de un modo más directo y virtuoso que el de Piglia. Porque hay un elemento a discutir muy profundo: a diferencia del admirable Piglia, Carrión prefiere poner a disposición de todos sus pastiches y sus herramientas intelectuales y marcar la teoría como tal, como parte de la novela pero como parte delimitada de la misma. Para Carrión es importante la noción de borderland de Michael Chabon. No es casual que ambos mantengan una sensibilidad similar respecto a su paisaje. No para Piglia.

Los Muertos es una novela cuya inteligencia, originalidad y herramientas pueden ser disfrutadas y comprendidas sin ser un experto o un conaisseur de las mismas. Esas su mayor virtud: su compleja propuesta está alejada de lo esquivo pero no de lo profundo y, además, es capaz de amalgamar todo el discurso intelectual y creativo de su autor.

Como Goytisolo, Carrión no busca escribir el mismo libro, ni siquiera el mismo estilo (ni período), cada vez. Como Sebald (y Piglia, ambos unidos por su lectura atenta de Benjamin) su tema es la Historia, pero entendida desde la Memoria y sus negociaciones con lo Real. Y parte indispensable en la Memoria es el papel de la Ficción.

Pero lo que le distingue es su ambición: su mundo, cuyas mitologías y relatos son en gran parte audiovisuales, no está marcado por una distinción sencilla entre Alta y Baja Cultura. Carrión no desdeña las posibilidades de ninguna de las dos, por eso Los Muertos se lee como un (emocionante) logro: la clase de reflexión de altura que disfruta enseñando sus inteligentes y elaboradas reglas y haciendo partícipe al lector de su laberinto con una inmersión natural en en el espíritu de su tiempo y reinventándose como discurso autoral. La novela-ensayo como espectáculo al alcance de todos.

Agradecimientos.:
Hijo Tonto, Luna Miguel.

Reseñas para pensar la novela: Vicente Luis Mora, este mes en Quinera, Milo J. Krmpotic, Antonio J. Rodríguez Soria.

Cómics de ciencia ficción, series de televisión (y una bibliografía)

Michael Chabon quería escribir la Gran Novela Americana, un fresco épico que se ha convertido en su propio género, pero cuando lo hizo consiguió la clase de éxito de culto capaz de unir a público y crítica que no por ser habitual deja de ser sorprendente y legítimo. Los referentes evidentes de Chabon pasan por cierto Jorge Luis Borges, cierto Nabokov (en el estilo) y mucho Gustave Flaubert, Francis Scott Fitzgerald y John Cheever. Pero para articular este fresco épico no decidió tomar como punto de partida un pastiche de los paisajes de estos escritores, aunque pasaran por el mundo que retrataron. Escogió al tebeo, no solamente porque lo conocía a fondo sino porque sabía que el siglo XX tenía su perfecto correlato sociológico en él. Y no podía ser de otro modo. Carrión emprende una estrategia parecida con su última novela, Los Muertos. Como Chabon, su paisaje tiene mucho sentido porque explica y contiene el espíritu de su tiempo.

Decíamos que queríamos hablar del Nazismo.

Decíamos que queríamos hablar de los Judíos, claro que sí.... Desde el chiste con el que Siegel y Schuster inventaron a Superman (que al principio era un villano, que esto era una coña nietzscheana.

Hasta el Golem, por supuesto, en los tebeos superheroicos.

Y el comunismo.

Las morales cambiantes.

La vanguardia artística.

Chabon ve todos estos tags muy claros y sabe que los tebeos son su correlato sociológico. Jorge Carrión se propone escribir la gran novela del siglo XXI. Y el siglo XXI es hasta ahora una serie de tags, también.

Propaganda política

Incluso como forma unificadora

Imágenes del desastre, en directo.

Y los big pictures de una narrativa local que recuerdan que aún así

no lo comprenderemos todo.

Y, por supuesto, el Mal. Siempre tan glamouroso.

E hiperrealista.

Y hasta aquí mi explicación de Los Muertos a través de Michael Chabon.

También dejo aquí una bibliografía para la novela de Carrión.

Libros.:

Berg, Edgardo H. – Poéticas en suspenso: Migraciones narrativas en Ricardo Piglia, Andrés Reivera y Juan José Saer. Buenos Aires: Editorial Biblos, 2002.

Chabon, Michael. Maps and legends. San Francisco: McSweeneys Books, 2008.

Chabon, Michael. The adventures of Kavalier & Clay. London: Fourth estate, 2000.

Moore, Alan / Gibbons, Dave. Watchmen. New York: Warner Books: 2000.

Moore, Alan / O’Neill Kevin. The league of extraordinary gentleman: Black Dossier.

Naremore, James. More than Night: Film Noir in its contexts. University of California Press, 2008.

Piglia, Ricardo. Formas Breves.Barcelona, Anagrama, 2001.

Piglia Ricardo. Respiración Artificial. Barcelona, Anagrama, 2000.

Rodríguez Pérsico, Adriana (compiladora) – Richardo Piglia: una poética sin limites. Instituto internacional de literatura iberoamericana, Universidad de Pittsburguh, 2004.

Sebald, Winfried Georg. Sobre la historia natural de la destrucción. Traducción de Miguel Sáenz. Barcelona, Anagrama, 2003.

Videojuegos.

Half Life 1/2. Steam Store.

DVD's.

Abrams, JJ; Cuse, Cartlon; Leiber, Jeffrey; Lindelof, Damon.Lost seasons 1-5.

Chase, David. The Sopranos: Complete Series.

Scott, Ridley. Blade Runner: The Final Cut.


martes, abril 06, 2010


Francis Ford Coppola tiene una anxiety of influence evidente en sus películas con Visconti. Sin embargo, El gatopardo y El Padrino comparten una sensibilidad mayor que la de Nino Rota, compositor en ambas. Visconti fue un director de ópera y Coppola era hijo de Carmine Coppola, un director de orquestra, y sobrino de Anton Coppola, un reconocido conductor y compositor que ha dirigido funciones en New York, Salt Lake, Milán, etc.. Es un dato importante porque Coppola no se limita a admirar a Visconti, sino que, en cierto sentido, es lo más próximo a su sucesor que surgió en el cine norteamericano. No existe la urgencia, ni la violencia neorrealista de Scorsese en el éxito de Coppola con la adaptación del best-seller de Mario Puzo. Su película no es tan arriesgada como la de Visconti, es un ejemplar entretenimiento hollywoodiense, pero ambas hablan de un mundo a punto de desaparecer y de un hombre que teme perder su legado y Coppola busca toda la grandeza (de planos abiertos, movimientos pequeños y un lujo casi sensual) de su maestro.

lunes, abril 05, 2010

domingo, abril 04, 2010

Dos novedades, dos

Cómo entrar a tu dragón (How to train your dragon, 2010, Dean DeBlois, Chris Sanders)

Al contrario que la hipócrita y conservadora cuasiparodia para adolescentes Shrek, en esta película se habla de reconocer al otro, aunque sea usando una clásica fábula de adolescente incomprendido, su pedagogia es eficaz y bienvenida. Es la misma historia de Lilo & Stitch, como ha escrito ya Noel Ceballos, un presunto monstruo que se hace amigo de un humano problemático en su (reducida) sociedad, pero el carácter destroyer del prodigio animado Stitch se sustituye por una guerra entre una humanidad mema (vikinga) y unos dragones furiosos. El conflicto paternofilial es el de siempre, algo agotador y casi sintomático del cine americano reciente (y continuamente reciclado en la animación multisalas, vean sino las diferencias con la reciente Cloudy with a chance of meatballs), pero la película contiene un momento de legítima poesía y un final precioso en el que la minusvalía, al contrario que Avatar (2009), es una forma de estar más cerca de la vida. Es, seguramente, uno de los intentos más coherentes de acercarse al cine de Miyazaki, modelo Mononoke, que dará el mainstream más allá de los confesos seguidores de Pixar. Muy recomendable.



Green Zone (2010, Paul Greengrass)

Vibrante thriller ambientado en la guerra de Irak que sigue la fiel fórmula de Greengrass de combinar una intriga de altos funcionarios siniestros con la de hombres atrapados y que llegó a su cima con los blockbusters de Bourne. Lo más estimulante está en el personaje del exsoldado Freddy que ejerce de conciencia crítica con los invasores, pero también con sus antiguos gobernantes y sus resquicios. La película toma como centro la pregunta adecuada (los motivos de la invasión de Irak), pero no ofrece solución inmediata más allá de una concesión al público con un final de ingenuidad naif. Su Irak está lleno de grises y al borde de la guerra civil. El cineasta y su operador, Barry Ackroyd, brillan en una persecución final, ejemplo de grand style usando un estilo hiperrealista y documental a base de digitales pero parece tener serios problemas para rodar un diálogo sin recurrir a los mismos closeups y a una serie de efectismos vulgarísimos como la cámara en constante movimiento sometida a una serie de rígidas reglas de composición y montaje (siempre el mismo plano general del lugar, siempre el mismo plano abierto con gente en despachos, siempre el mismo primerísimo plano).

viernes, abril 02, 2010

Primos lejanos


Vale, puede que Contra no sea todo lo satisfactorio que debería, pero qué coctel excesivo lo es. Pocos. Mezcla loca que pasa por evocaciones de Toots & The Maythals y esa pretensión de indagar en lo africano tan de grupo pop apenas descubierto y consagrado a velocidad meteórica, los Vampire Weekend se cascan el Cousins que sigue los patrones de sus hits anteriores, pero funciona perfectamente.

domingo, marzo 28, 2010

Lost vs. Saul Bass from Hexagonall on Vimeo.

Cortesías.

Dijo Vigalondo que no ver Lost era como perderse Woodstock cuando el concierto es justo enfrente de tu casa. No podía ser mejor definición: con este Lost + Bass queda claro que esta nuestra mitología y que el 23 de Mayo será la fecha más importante del audiovisual de 2010. ¿Todavía creyendo que el cine puede ofrecer algo así?

sábado, marzo 20, 2010

Lincoln begins

Young Mr. Lincoln (1939, John Ford)

Pequeña fábula sobre el triunfo de la justicia, muy en la línea de Judge Priest (1934): un abogado cuyos principios son inquebrantables. McBride sitúa en un juez de Portland que causó una gran impresión en Ford el origen de tres películas (la tercera es The Sun Shines Bright). La performance estelar es de Henry Fonda cuyo Lincoln existe a través de algo tan senzillo como los andares. Hay un crimen, uno que se narra con un plano general, y aunque es el gran misterio del film me sigue sorprendiendo su fuerza narrativa, su aparente desapasionamiento, sobre todo en la escena que Lincoln habla, en súbita elipsis, con su amada (y fallecida) Ann Rutledge:

Jonathan Rosenbaum recuerda que es la misma escena, anti-sentimental y directa y por ello infinitamente más emocional, de su anterior fábula protagonizada por un honrado jurista.

En todo caso, la película va más allá de eso y propone una genealogía del mito con momentos poéticos del todo interesantes:

Unos planos medios en los que Lincoln mira convencido hacia su deber, convencido de su responsabilidad.

Y conforme Lincoln desarrolla su creciente (y responsable) poder en sus gestos comunicativos, su camino hacia un destino bigger than life se expresa en los planos, en el paisaje. Nadie como Ford dominaba las sombras y las siluetas y los planos generales y aunque la película termina con una elipsis algo forzada hacia la estatua de Lincoln antes ofrece un momento simbólico del todo potente en el que incluso Sam Boone, el borracho al que Lincoln invita a formar parte del jurado popular por ser honesto, percibe la condición mítica del protagonista. Lo interesante es que la ruptura con el tono, adecuada con el final, se hace solamente visual: no hay ningún subrayado, en ningún diálogo el abogado habla de su futuro en la política (habla de respeto mutuo al político local y rival).

Pero es en esta retórica sencilla donde Ford alcanza uno de sus mejores momentos expresivos para hablar de un hombre y su destino y donde conquista la forma.

viernes, marzo 19, 2010


“El pop es muy difícil. El pop tiene una personalidad más allá del disco en que está la canción o del colectivo que la graba o compone.”

Esto sentencia Damon Albarn en la entrevista que le hace Pablo Gil y que se puede leer en el recomendable El Pop Después del fin del pop (Ed. RDL, 2004) que sirve como perfecta guía para comprender los noventa y la música pop contemporánea (o así). Absolutamente de acuerdo con Noel respecto al último disco de Gorillaz, el proyecto que une el talento compositivo de Albarn con la imaginería de Jaime Hewlett. Escuchando On Melancholy Hill uno siente que está ante una pieza de orferbrería pop (que se completa con Broke y To Binge, perfectas baladas weirdy en la onda del sonido iconoclasta y lleno de colaboraciones del disco) y la mezcla entre identidad y discurso evocativo con el poder difícil del que habla Albarn es palpable (Lo importante es crear clásicos no singles de la semana, asegura significativamente en la entrevista). Una gozada.

martes, marzo 16, 2010

El fuego de la venganza

Inglourious Basterds (2009, Quentin Tarantino)

La crítica ha señalado que Tarantino lleva ya un tiempo ocupado en historias de venganza. Es cierto que las tres últimas películas de este cineasta comparten este hilo temático. Pero no es menos cierto que no podían ser revanchas más distintas. Kill Bill (2003-04) empezaba como un film de una belleza admirable, toda ella construida en un ejercicio estilístico que adelgazaba todo el relato y lo reducía a forma, a emoción. Pero su final desarrollado en el volumen dos, con un inolvidable monólogo de Superman mediante, obligaba a los personajes a desarrollar alma, a la venganza a ser antes una historia dolorosa y melancólica de dos tipos que se aman y que son incapaces de no hacerse daño y a tener el final más conmovedor que ha rodado Tarantino con permiso de la despedida entre Robert Forster y Pam Grier en su Jackie Brown. Death Proof (2007), por otra parte, no podía ser una película más estimulante. Jordi Costa escribió que era una película sobre el erotismo, lectura muy adecuada dado el festival de pies- el fetiche femenino tarantinesco- con el que se abre la película. Yo creo que se trata de una película que fue potenciada por su montaje europeo y en ella pudimos apreciar su trabajo especulativo desarrollado en los márgenes (Estructurales, gramáticos) en los que la misma Psycho hitchcockiana o el trabajo de Monte Hellman eran parte del trabajo desarrollado.

Inglourious Basterds tiene un título tan sonoro como tuerto. Jim Hoberman ha señalado que esta película amoral es más honesta que Schindler's List (1993) y que contiene toda la cosmovisión de Tarantino. Hay muchos temas que discutir. Coincido con Hoberman en que como entretenimiento amoral es una película perfecta, enérgica: antes de batear, Brad Pitt asegura que torturar a los nazis es "lo más cercano a ir al cine". Pero ¿qué tiene de nuevo o de sugerente esta reflexión metalingüística? Nadie duda de que el juego metalingüístico es algo personal, pero pocos se preguntan si hay algo en su juego o sencillamente es una forma recreativa menor fácilmente digerible. Creo lo segundo, pero me gustaría discutir primero la noción de violencia y su uso en el film.

¿Qué hay de estético en esta escena, en este mismo plano? No hay demasiado, se apuesta por el hiperrealismo y el feísmo. Los nazis grababan estrellas de David en los rabinos antes de matarlos, así que descartando el plano moral y asumiendo la dialéctica de Hoberman/Tarantino de que solamente es una película, de que se apuesta por una diversión amoral (construid como reverso, como farsa, de hechos acontecidos durante el Holocausto), sigue siendo una escena estéticamente aburrida y fea. Como método de resaltar, a modo de shock, el carácter sucio de la guerra no funciona a los niveles de Zwartboek (2006, Paul Verhoeven) una película cuya coherencia es mayor que la que nos ocupa en todos los aspectos: ¿acaso no es la película el triunfo de la reescritura? Con esta esvástica que Aldo Raine pretende hacer justicia. Es puro shock, no existe un plano estético.

Volviendo al asunto del gran homenaje al cine. Es cierto que lo es. Pero la película alude a su condición de película para convertir la sala en un homenaje en llamas.

Hay algo fantasmagórico y fascinante en la imagen de Shosanna en el humo del cine. Pero el papel de la sala, cerrada, ha generado no pocos dilemas.

Sin embargo, el homenaje funciona en unos niveles no intencionales. Por comparativa negativa: Sherlock Jr., Hellzapoppin', Le Mépris, All About Eve (o su variante directa, The barefoot Countess), Otto e Mezzo, Takeshis o incluso la reciente Los abrazos rotos parecen tener algo más interesante que la coartada de que el cine puede reescribir la Historia. Incluso la mayor de las atrocidades dice Tarantino, pero este homenaje al cine usa como recurso formal y emocional la venganza. No hay nada más, no hay mayor especulación que la victoria del cine sobre la Historia, una celebración intensa, pero exenta de toda poesía (que queda banalizada por lo histérico de la propuesta) más allá del citado plano y exenta de toda reflexión más allá de su propio alcance.

La mejor secuencia de esta película, la que es puramente memorable es la del Capítulo Uno: Érase una vez en una Francia ocupada por los nazis. Es en esta escena donde el genio de Tarantino brilla. Voy a intentar explicarlo. La escena es un reworking del principio (y también del final) de The Searchers (1958) el clásico de John Ford. Pero no es solamente eso. Atendamos al guiño al clásico protagonziado por John Ford.

La película de Ford se abre y se cierra con dos planos simétricos, perfecto espejo de lo que veremos y de lo que hemos visto.

En Kill Bill vol. 2 (2004) Tarantino ya ensaya este homenaje.

Y aquí lo perfecciona.

Este es un plano memorable a la manera de Tarantino porque su conexión no es meramente intertextual: evoca y especula los usos tensos y simétricos que se destilaron en una película y también los que hizo él mismo en otra. Los incluye en un largo plano para sustituirlos, para igualarlos a ellos: se trata de un mecanismo ambicioso e interesantísimo cuyo alcance parece más completo que el mero uso paródico (véase la coda visual de Hugo Stiglitz rememorando la tortura, hecha a la manera del Wild Bunch de Peckimpah).

Pero la tensión de esta escena no se construye solamente a partir de Ford, del que hereda espacio, sino también con Leone, en la distribución de los primeros planos obsesiva y delatora. Pero otro referente que me parece interesantísimo es Monte Hellman, en particular su olvidada Ride in the Whirlwind (1965).:

Tarantino lo relee con un plano general evocadoramente fordiano.

Pero la situación es la misma. Hasta el punto que Tarantino juega a la simetría, al orden, a un cierto tipo de belleza en su memoria cinéfila.:

Pero la premisa es, esencialmente, la misma:

Pese a este gran capítulo, creo que estamos ante un importante fracaso artístico en el que podemos ver todas y cada una de las debilidades del cine de Quentin Tarantino. Como estudio de la tensión, la comentada primera escena parece ser la más interesante con diferencia: es el verbo el que enmascara la verdad y esto se intentará repetir en la escena de la taberna. Pero aquí lo que empieza como un cambio de idioma que sirve para demostrar el talento de Tarantino con el inglés (donde tiene una prosodia y un talento excepcional) forma parte de la estrategia de captura de Landa. "Facts can be so misleading, where rumors, true or false, are often revealing".

La película, como ha explicado Adrian Martin en su artículo La venganza es inútil, usa siempre la misma explosión de violencia dilatada. En este procedimiento la película parece enérgica porque se potencian el mismo tipo de estructuras, de diálogos amenazantes que se dilatan y se interrumpen con una epxlosión de violencia. Reduciendo su ultraviolencia a una estética hiperrealista y feísta y borrando toda elaboración narrativa, el film tiene interés en menos aspectos de lo habitual: la love story entre Zoller y Shosanna se presentaba en el guión original como una reescritura visual de la Nouvelle Vague. El juego de citas visuales se reduce a las interrupciones de la voz en off encarnada por Samuel L. Jackson y al juego habitual con las tipografías para presentar a los personajes. Hay una coda, por supuesto, a Woo. Y al slow motion de Castellari. La estética de la cita, la que presupone al cine como memoria, es muy interesante como procedimiento estructural pero es un recurso puramente emocional antes que una dosis de sofisticación.

Por supuesto, en los diálogos los chistes son continuados: las referencias a King Kong, Antonio Margheriti, Wilhem Pabst, Riefenstahl y en frases más autconscientes como "en Francia respetamos a los directores". Pero estos chistes son recreativos: repiten la misma idea de (ir)realidad del film una y otra vez, nunca añaden otro nivel de lectura.

Pero siempre hay espacio para la composición tarantinesca y el uso de wide angles. Sobre esto ha hablado el operador Robert Richardson en la revista American Cinematographer. Particularmente gracioso me parece esta composición.

Pero incluso el clímax funciona como algo menor, como un DePalma de segundo grado en la introducción. Tarantino parece haber dejado demasiado poco en esta película, apenas un entretenimiento apreciable, con una escena imprescindible y un desarrollo esquemático, muchísimo más pueril de lo que él admitiría porque la última palabra que se oye en esta odisea es masterpiece.

*Agradecimientos: Este post no se hubiera razonado del mismo modo sin las valiosas observaciones de Henrique Lage, John Tones y Vicente Luis Mora.

viernes, marzo 12, 2010

Blogging the night away

Sepan ustedes que tengo un dietario.

Y que en We Love Cinema, con textacos como este, he publicado gustoso una vindicación de Clark y Porky's.

jueves, marzo 04, 2010

Sense of Wonderland: 5 visiones imprescindibles de Alicia

Ahora que todo el mundo correrá a por la versión de Tim Burton, que se estrena esta semana en USA, resulta conveniente recordar que es uno de los libros más adaptados de forma oficial y…apócrifa, off course, aunque esa lista es también inabarcable (basta con pensar en Chihiro, Tideland o Coraline como ejemplos recientes). La obra maestra de Lewis Carroll dio la vuelta a las palabras usando inventiva y el cine parece atraído por Wonderland. Pero, querido lector, no se deje engañar.

La (obligada) relectura de los dos clásicos carrollianos pueden dejarle hambriento de más. Aquí mi canon alternativo para que usted demuestre su rareza cinéfila:

-Alice in Wonderland (1915, W.W. Young)

Higlights: Rarísima versión muda de la novela con incontables elementos de interés para el fan más completista: esquiva la escena del té del Sombrerero Loco (sería ridícula al ser una escena verbal, algo que no funcionaría en la época del silencio) y también las escenas más complicadas, sin embargo, encuentra una identidad potenciando unos maquillajes espectaculares. El gato de Chesire sigue cautivando y generando dosis iguales de extrañeza y candor. Son 55 minutos musicados.

-Alice in Wonderland (1933, Norman Z. McLeod)

Highlights: Una de las versiones más decididamente enloquecidas del clásico, en la que cada plano respira terror y su dirección es casi de pesadilla expresionist. Sus delirantes y ultraeficaces efectos de maquillaje apenas han envejecido y si a eso le sumamos la presencia de un memorable WC Fields como Humpty Dumpty y un reparto que incluye a Cary Grant como Mock Turtle y a Gary Cooper como White Knight. McLeod daría una atmósfera onírica al Pennies from Heaven (1936) de Bing Crosby y un exuberante sentido de la comedia al It's a Gift (1934), clásico emblemático del mejor Fields. Inmejorable y perturbadora, fue adaptada por unos inspiradísimos Joseph L. Mankiewicz y William Cameron Menzies. Merece ser rescatada de su olvido.

-Alice in Wonderland (1985, Harry Harris)

Highlights: Descubierta por Tones, esta joya televisiva es quizá bastante más dulce que las demás, pero contiene la mejor escena del Jabberwocky posible, la gran estrella de la función, criatura que parece una idea enloquecida entre lo carrolliano y el g. El resto es fácilmente accesible y ciertamente vitalista, el tono es cuasi musical y Natalie Gregory es meritoriamente una Alice icónica e inolvidable.

-Alice (1988, Jan Svankmajer)

Highlights: Una de las cimas indiscutibles de este maestro de la animación checa, Svankmajer colocó a una actriz (Kristýna Kohoutová) en un delirante festival de animación en el que la visión carrolliana se aplica con una sequedad implacable (no hay prácticamente diálogos y su ilógica es visual) en un experimento arriesgadisimo que parece unido a la esencia carrolliana. Visionaria y hermética.

-Alice in Wonderland (1999, Nick Willing)

Highlights: Parece evidente que Willing prefiere revisitar al mito carrolliano y derivados con miniseries televisivas y apócrifas, pero esta es quizá la adaptación más fiel del libro, con un extraordinario Short y una delirante Whoopi Goldberg como el gato de Chesire. Tina Majorino es lo más parecido a una Alicia iconoclasta en una adaptación quisquillosa y el completismo queda descompensado por la falta de narrativa. El presupuesto sobrevive gracias a las dosis ingentes de locura que tiene una continuación en una miniserie con todos esos ecos sexuales que todo carrolliano militante intuye y ordena gracias a la (excelente) biografía de Morton N. Cohen.

El nuevo videoclip de OK Go, all over again

OK Go - This Too Shall Pass from OK Go on Vimeo.


El OTRO vídeo oficial de OK Go del himno, This Too Shall Pass, es igual de grande. De nuevo, sacado de allí.

Vampire Weekend están tocando en mi casa, en mi casa


Y así lo cuenta el afortunado. Y tocaron sus himnóticas A-Punk y Cape Cold Kwassa Kwassa. Visto aquí y originado allá.

miércoles, marzo 03, 2010

El nuevo videoclip de OK Go


Hubo un tiempo en que OK Go eran invencibles. E insuperables. Han demostrado que eso incluso se quedaba corto.

Vía Focoforo.

Cápsulas


Invictus (2009, Clint Eastwood)

Eastwood pierde la oportunidad de ofrecer un clímax impecable en lo emocional perdiendo el hilo con una sobredosis musical, pero el resto de la película, un drama deportivo de alcance épico de 134 minutos, es entretenida, pedagógica y de una hondura mayor a la esperable. Se abre con un magnífico travelling lateral que culmina en un movimiento de grúa demoledor, señalando todas las diferencias del paisaje con ese movimiento de cámara. El resto del film, fotografiado por el habitual Tom Stern, puede recordar, por su relato ético filtrado en detalles admirables (cfr: la escena inicial de los guardaespaldas; el discurso a sus partidarios), al Ford de Young Mr. Lincoln (1939), aunque compositivamente el director está aquí más hawksiano que nunca. Basada en el didáctico y bien documentado libro de John Carlin, inteligentemente titulado Playing the enemy e incomprensiblemente publicado en castellano bajo el inmortal título de Greene, El factor humano. Afortunadamente, Eastwood se decanta por Invictus, poema de William Ernest Henley que Mandela escribió en su celda para sobrevivir, cuyo uso en el plano final se revela sorprendente más efectivo que toda la final de rugby que antes se nos narra. La figura de Mandela aparece levemente edulcadorada, pero se dibuja a un hombre solo cuya tarea bigger than life no siempre le proporciona aliento vital. Eastwood mide estos tiempos y el film termina con un buen uso del deporte como propaganda política. Muy recomendable.

Singularidades de una chica rubia (Singularidades de uma Rapariga Loura, 2009, Manoel de Oliveira)

El relato original de José Maria Eça de Queirós, aquí titulado con menor precisión Excentricidades de una chica rubia, contiene un estilo no pocas veces memorable y ejemplos no faltan; el narrador define las noches de Septiembre de una "oscuridad aparatosa" y asegura que "Existe en el fondo de cada uno de nostros, es cierto –por fríamente educados que estemos- un resto de misticismo; y basta a veces un paisaje soturno, el viejo muro de un cementerio, un yermo ascético, las meolientes blancuras de un claro de luna, para que ese fondo místico ascienda, se explaye como una niebla espesa, llene el alma, los sentidos y la idea, y quede así el más matemático, o el más crítico, tan triste, van visionario, tan idealista, como un viejo monje poeta." Editado por Siruela en 2004 y traducido por Maria Tecla Portela Carreiro, el autor de estos cuentos se revela como un maestro capaz de elevar con momentos de inventiva su nada disimulada sencillez conceptual, en la estela de un Balzac, por ejemplo. Pero ese estilo proporciona una riqueza inesperada.

Un cineasta tan completo como Manoel De Oliveira parecía una opción ideal para evocar algo de su tradición (literaria), pero es en su ironía donde hay algo interesante, es en la mirada, infinitamente menos compasiva que la de Queirós o de ironía más sutil y presente, donde se filtra algo de genio. El cambio de narrador y un estilo visual que se pretende propio del divertimento, pero revela un hieratismo falto de inventiva en comparación a obras anteriores, restan notables cantidades de interés. Aún así, son 65 minutos llenos de interés intermitente.

House of the Devil (2009, Ti West)

Habrá quien considere como cima un ejercicio de máscaras del pasado (Jameson dixit) que ni siquiera tiene el carácter bizarro y de cierre de una noción de cine de culto de Rob Zombie. Hecha de referencias habituales ( a John Carpenter, a cierto giallo de Bava y Fredda) pero sin toda su inventiva, ni tan siquiera ingeniosa como molde, el film garantiza 95 minutos de placer nostálgico (está ambientado en los ochenta), pero escaso talento cuando tiene que medirse con sus modelos. Es un punto muerto porque todo se basa en la condición de fan que agradezca estos gestos y los tome como necesarios, no tanto en sus capacidades para experimentar o variar a sus precusores, siendo Rosemary's Baby de Polanski el más escandalosamente saqueado y repetido hasta el mismo final. La presencia de un desbocado Tom Noonan anima el conjunto, aunque no demasiado.