Dragonball evolution (2009, James Wong)
La crónica de la catástrofe anunciada ya no es tal. La fidelidad no es un mérito, ni mucho menos un demérito, pero visto el film mis cuestionamientos apriorísticos se convierten en perplejidad ante las reacciones airadas y lloriqueantes: Ir a ver la adaptación del popular manga (y todavía más famoso anime) de Akira Toriyama es casi una actividad de riesgo en tiempos de cine y reinvenciones ultraserias de iconos pop. El despiporre exploit de Toriyama no podía traducirse en una película seria y convencional y el resultado es muy disfrutable ya que carece de todas las aburridas pretensiones épicas de un Peter Jackson o similares.
Su parecido con El reino prohibido es asombroso: ambas son películas que llaman a un tipo de festividad que parece ochentera (y ambas se basan en materiales más o menos relacionados con clásicos y mitos del folklore chino y sus respectivas lecturas llevadas a cabo por el cine de kungfu) y que ahora debe reinventarse con mirada nostálgica e incluso digitalizada. En todo caso, cierto es que Wong no es un cineasta brillante y es mucho más convencional de lo deseable, pero el sentido del humor de Toriyama se mantiene: planos congelados de tortazos, reducción drástica de parte de su imaginario pero que no evita que el resultado siga pareciendo alocado igualmente (hay tecnología futurista, ciudades sin nombre, un gorilón gigante, un malvado verde y vengativo y un dragón que concede deseos después de reunir siete bolas), diálogos abiertamente autoconscientes (especialmente memorables son las menciones a Namek, Shifu Norris y el me llamo Chi Chi, aunque no soy boba) y el humor de chichinabo del original prevalece (desatadísimo Chow Yun Fat, primeros planos de escotes) con un tinte, eso sí, un pelín más posfeminista ya que ahora Bulma se vale por sí sola y Chi Chi es un aluchadora ejemplar. Y por supuesto, la batalla final se resuelve con un kame hame ha y diversas bolas de energías.
No es una película de los hermanos Wachowski, única y libérrima, ni una de Stephen Chow, pero sí un entretenida y simpática readaptación del universo a nuevas generaciones. Sobran algunos parones de ritmo demasiado evidentes (los remontajes parecen pasar factura) y el epílogo. No tiene el grand style y la poesía del Stephen Chow director, pero tampoco la tenía su material: en suma, película perfecta para los niños y para tardes bienhumoradas de espectadores verdaderamente heterodoxos de cine popular.