Mostrando entradas con la etiqueta Dragon Ball. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dragon Ball. Mostrar todas las entradas

domingo, abril 19, 2009

Siete bolas de dragón

Dándolo todo con el kame hame.

Dragonball evolution (2009, James Wong)

La crónica de la catástrofe anunciada ya no es tal. La fidelidad no es un mérito, ni mucho menos un demérito, pero visto el film mis cuestionamientos apriorísticos se convierten en perplejidad ante las reacciones airadas y lloriqueantes: Ir a ver la adaptación del popular manga (y todavía más famoso anime) de Akira Toriyama es casi una actividad de riesgo en tiempos de cine y reinvenciones ultraserias de iconos pop. El despiporre exploit de Toriyama no podía traducirse en una película seria y convencional y el resultado es muy disfrutable ya que carece de todas las aburridas pretensiones épicas de un Peter Jackson o similares.

Su parecido con El reino prohibido es asombroso: ambas son películas que llaman a un tipo de festividad que parece ochentera (y ambas se basan en materiales más o menos relacionados con clásicos y mitos del folklore chino y sus respectivas lecturas llevadas a cabo por el cine de kungfu) y que ahora debe reinventarse con mirada nostálgica e incluso digitalizada. En todo caso, cierto es que Wong no es un cineasta brillante y es mucho más convencional de lo deseable, pero el sentido del humor de Toriyama se mantiene: planos congelados de tortazos, reducción drástica de parte de su imaginario pero que no evita que el resultado siga pareciendo alocado igualmente (hay tecnología futurista, ciudades sin nombre, un gorilón gigante, un malvado verde y vengativo y un dragón que concede deseos después de reunir siete bolas), diálogos abiertamente autoconscientes (especialmente memorables son las menciones a Namek, Shifu Norris y el me llamo Chi Chi, aunque no soy boba) y el humor de chichinabo del original prevalece (desatadísimo Chow Yun Fat, primeros planos de escotes) con un tinte, eso sí, un pelín más posfeminista ya que ahora Bulma se vale por sí sola y Chi Chi es un aluchadora ejemplar. Y por supuesto, la batalla final se resuelve con un kame hame ha y diversas bolas de energías.

No es una película de los hermanos Wachowski, única y libérrima, ni una de Stephen Chow, pero sí un entretenida y simpática readaptación del universo a nuevas generaciones. Sobran algunos parones de ritmo demasiado evidentes (los remontajes parecen pasar factura) y el epílogo. No tiene el grand style y la poesía del Stephen Chow director, pero tampoco la tenía su material: en suma, película perfecta para los niños y para tardes bienhumoradas de espectadores verdaderamente heterodoxos de cine popular.

jueves, noviembre 27, 2008

Shonen Jump Memories


Una serie que ha hecho de la referencialidad una auténtica base narrativa y del kamikaze toda una seña de sus principios es capaz de defraudar cuando, inevitablemente, cae en la mera repetición de sus rasgos de identidad más elementales.

Es cierto que este revival efímero de Dragon Ball tiene muchas cosas interesantes, aunque no estaría de más advertir que todas provienen de su jugada con la nostalgia. Las reapariciones de Gotrunks, el kame hame final de Gokuh, la aparición de un hermano perdido y oprimido por una raza, los innecesarios cameos de Yamcha y Krilín, todo responde a una construcción de la memoria que ha obviado sus peores momentos (en todo caso, GT) y ha esquivado esa parte del canon que lo hacía feo e innoble.

Una serie que destaca siempre por su capacidad para autodestruirse y expandirse, debería, al menos, ofrecer algo más que dos tímidos apuntes en su retorno. El primer apunte es que los villanos son ya absolutamente vehículos cómicos, al más puro estilo Neko Majin, sin apenas otra consistencia que la de la derivación extrema.

El segundo es la confusión: reproducir unos retales no significa reproducir todos los logros de una serie, sobretodo una tan mastodóntica, ni tan siquiera aproximarse al concepto de greatest hits. Es un episodio desangelado, pero no conviene perderlo de vista: el despiste al que somete al fandom es muy significativo. Este mejungue glaciar y pálido, casi cosido a esbozos de ideas, tiene más de tejido sentimental, de forma de recordar una narrativa que de celebración. Dragon Ball es, desde hace muchos años, una interminable y estupenda franquicia de merchandising, tan fructífera como alejada de cualquier presunto final. Y este es un epsiodio más, por supuesto.

Los fans no se pueden quejar: ya han encontrado al equivalente animado de los Rolling Stones.

miércoles, noviembre 26, 2008

Dragon Ball XY


El nuevo episodio (¿el motivo? el 40 aniversario de Shonen Jump) de Dragon Ball es… en fin, ESO, otra patada a GT y un baño calentito para los desprevenidos como yo. EN unas horas les escribo algo. Denle las gracias al maravilloso Henrique Lage, autor del imprescindible Cabeza de Pescado, una revisión elegíaca de aquel Come y Calla que marcó muchas generaciones.

martes, abril 08, 2008

Contra la Malinterpretación

No entiendo las protestas generalizadas contra las fotos de Dragonball. O más bien, no entiendo qué tipo de argumentación parecen sostener los indignados con las susodichas fotografías, por defecto, la película. Entre las creencias más difundidas en el Saber Popular está la Sagrada Norma No Escrita que dice que una adaptación debe parecerse, a toda costa, a su material inicial, o vamos a ser más justos, a la idea que tienen los seguidores de ese material. Puede que Sin City sea en ese sentido el sueño húmedo de esta sensación, y aunque el film de Rodríguez mantenga unas notables incapacidades cinematográficas en términos formales, la película encantó a los fans de Miller, entre los que me incluía en su día. ¿Acaso una adaptación no es una interpretación? Con Peter Jackson y Ralph Bakshi, los dos encargados de las versiones cinematográficas de la opus tolkeniana El señor de los anillos (ya de por sí muy discutible), ocurre algo parecido: el primero se deshizo entre lágrimas de Tom Bombadil, el segundo se arriesgó. Es evidente que la fidelidad, sumisa y casta, ha perdurado en la valoración de sus dos obras.

El problema con el juicio de Dragonball es que se da por sentado que una adaptación es obligatoriamente fiel. No sólo resulta descabellado porque Akira Toriyama es uno de los creadores más referenciales que existen(ahí están Lobezno, Terminator y las viejas películas de artes marciales hongkonesas, sean de la Shaw Brothers como las comedias setenteras de la Golden Harvest con Jackie Chan, condensados en un cocktail irresistible), sino que además está la conciencia de abandonar toda interpretación en fervor a la fidelidad. ¿Acaso cualquiera que valore en su justa medida Dragon Ball desea ver una película? ¿No es esa una lógica explotativa que nada tiene que ver con el verdadero juicio a la obra? Claro, hay una parte de la historia que nunca se comenta: ahora las criaturas deambulan en varias franquicias de videojuego, pero su fidelidad y calidad dejan al fan ausente de protestas. No seré yo quien despotrique contra el cell shading pero si con la pataleta de la infidelidad. ¡Ah, la infidelidad! No creo que echen mano de una apreciación de una obra kamikaze, compleja y llena de logros, sino de una transferencia meramente sentimental. Dejemos una cosa clara: cualquier adaptación que trabaja para el fan termina mal. O miente o se olvida de que está destinado a ser otra cosa. Y esto no tiene nada que ver con el respeto o amor profesado al punto de partida, que puede tener otros resultados. Ver a Justin CHatwin vestido de esta guisa me parece una idea excepcional, una conjugación casi sarcástica de sensibilidad pop (¡ay cuantas reuniones sociales agrupan ya a miles de disfrazados del saiyan más legendario!) y espíritu colorista. Si a Wong no se le olvida el sentido del humor y sabe rodar con garbo una buena ración de hostias podemos estar ante una obra tan divertida como la adaptación de Paul WS Anderson de Mortal Kombat o ante, sin ir más lejos, un DOA de poética de fotolog. Sin Toriyama pero para eso ya tienen el anime, señores.

viernes, agosto 24, 2007

THE FANTASTIC FOUR VS. THE FLYING GUILLOTINE

Image Hosted by ImageShack.us
-Spoilers included-

Rise of the Silver Surfer

Ese título, tan subestimado y tan mal leído, que anuncia un Star Wars cachondo, introduciendo superhéroes a granel, es el de una de las mejores secuelas de una de las mejores películas de superhéroes. Si lo pienso en frío, me gusta mucho más la primera: tiene el mérito del workingclass hero en un mundo de superproducciones oscuras y lloricas, mucho más ampulosas y con más fe, esta segunda ya tiene la batalla ganada de entrada. Y tiene a Jessica Alba.

Y quien lo iba a decir: ella es lo peor, sin dudarlo, de esta segunda entrega. Su artificiosidad hunde toda su sensualidad latina exhibida en la primera entrega. Pero eso tampoco importa demasiado Fantastic Four 2 es lo más cercano a un buen tebeo espectacular de supertipos que habremos visto nunca en una pantalla de cine: hay un montón de localizaciones (no nos importa si es un estudio o no, hay letreritos de localizones, I mean), hay un montón de momentos espectaculares propios de este supergrupo (la noria londinense, por ejemplo) y ellos, aumentando el sentido del delirio ya presente en la primera parte, intercambian poderes y el Doctor Doom (lástima que no se llame Van Damme como en la versión Ultiamte) le toma la tabla al Silver Surfer. No tiene la emoción desgranada de otros blockbusters de este verano (o sea, la nostalgia hipervitaminada de Rodríguez o el clímax de emoción PURA de Bourne) pero derrocha una fidelidad al alma de los tebeos que es imposible que yo me niegue a esta perfecta peliculita, 50% comedia de situacion en Nueva York y 50% aventura postbondiana anclada en viñetas y logros ochenteros.: además asistimos al acto de fe de los productores en Reed Richards como un auténtico líder setciencies y capaz de dar el discurso pajero de la década. Sí, no podia ser otro.

One Armed Boxer 2

El Luchador Manco 2 es una absoluta joya en la que hay otro Reed Richards: esta vez este superpoder corresponde a un luchador arábigo llamado YOGA. O al menos ese es su nickname para el torneo: un torneo de artes marciales situado en un mundo apasionante, homenajeado en la hiperaventura definitiva The Heroic Trio (codirigida con man o maestra por Johnnie To) con Michelle Yeoh, la artista antes conocida como Michelle Khan, y un derroche de imaginación nunca visto desde justo esta proeza escrita, dirigida y protagonizada por Jimmy Wang Yu (cahieristas y auteuristas, manos a la obra) cuya parte central es precisamente un torneo.

Uno de los logros de Dragon Ball (la primera etapa y también muchos de los momentos de Z) que muchos de los fans de Toriyama no alcanzan a comprender – otro ejemplo de ello es Quentin Tarantino: ¿qué fan es tan modélico como para comprender aquello a lo qué admira? Encuéntrenme el target, digamos, pajero de Kill Bill y veremos si su reacción ante la película es el del entusiasmo exacerbado, esto da para otro debate ¿parte Tarantino de materiales puramente zetosos como apunta algun intelectual ignorante? - es la incorproación de todos los elementos maravillosos, delirantes y extremos de todas las películas de la Shaw Brothers. Toriyama es también un artista postmoderno similar a Tarantino pero aún más loco: su Kill Bill es un serial inabarcable.

El luchador manco 2 es perfecta: sus flashbacks cromáticos son absolutamente superiores a cualquier wuxia elegante, refinado y gay (mal que me pese porqué amo La casa de las dagas voladoras, pero that's a fact) y la incorporación de unos efectos de sonido claramente prevideojuego de lucha la hacen irremediablemente moderna y experimental. La parte del torneo, una serie de duelos independientes por luchadores con poderes a cada cual mejor (De Cuchillo Tornado a mi favorito, el ya citado Yoga), es en realidad una excusa para una doble historia de venganza contada con una trampa parecida (para los que no vimos la primera entrega) al sentido de la venganza de la trilogía de Park-Chan Wook: al principio, creemos que nuestro maestro ciego de la Guillotina Voladora merece su venganza (¡el luchador manco le mató a dos de sus pupilos!) luego descubrimos que ellos querían matar antes al Luchador Manco y le jodieron el brazo. Y el duelo final entre el manco y el maestro GV, dividido en tres partes (la mejor es la segunda: hace creer que todo terminará cuando el luchador manco aprovecha la ceguera del maestro) hasta llegar a un final apoteósico dónde nos demuestran la capacidad absoluta de Wang Yu para rodar cintas perfectas: toda la cinta esta llena de peleas, magníficamente coreografiadas, y zooms desbocados (e invertidos) pero también de un sense of wonder nunca visto antes. El mundo que recrea (de Dinastías, único) no tiene otra poesía que la de la imaginación y la hostia sin coartadas poéticas para públicos refinados. Pero Wang Yu rodaba obras maestras hechas para destilar en tiempos postgrinjausers.

sábado, julio 28, 2007

Pieces

Image Hosted by ImageShack.us
Me sorprende mi decepción ante el anime de One Piece y confirmo la imposibilidad, en terrenos de animación, de continuar con el legado de Dragon Ball que no sea por una via un tanto superficial (ya saben: protagonista alocado, viaje de iniciación y búsqueda postIndiana). He de admitir que el manga puede estar realmente mejor (y eso espero), llevando hasta el final cosas que aquí solo se insinuan o combinando mejor los registros (veremos). En todo caso, la serie animada que parte de las viñetas de Eiichiro Oda aparecido en 1997 y anunciada por su autor como inspirada en Dragon Ball fracasa (y no creo que por deshonestidad, sino por paletismo).

El gran triunfo de Dragon Ball está en la narrativa desfragmentada que se llegó a lograr en Dragon Ball Z ampliando el universo hasta límites nunca vistos: reiniciar la aventura paso por paso (esto lo comparte con su otra sucesora, la un poco mejor Naruto) juega con una desventaja y es la de la reinvención. Situarla en un ambiente de piratas con poderes mágicos parecía un atractivo poderosísimo. Pero nada: la serie confunde las diversas líneas de DBZ con gags a cada cual más reutilizado. ¿Se imaginan las posibildades que tiene hacer gags absurdos, en la mejor línea de los primeros Fantastic Four, con un tipo elástico? Yo si y desde luego es mas interesante que la reedición de situaciones de ojitos con forma de corazón.

La otra gran virtud de Dragon Ball era incorporar ese humor autodestructivo en el centro mismo de su concepción: ahi se situa el fracaso de One Piece, porqué Oda es, previsiblemente, un mal espectador (o sea interpretador) de DB e interpreta que la mejor manera de homenajear a un maestro no estriba en continuar el concepto inicial de una serie, sino de emularlo desde la nostalgia. One Piece es una serie con cierta arritmia que no sustituye su condición de derivado con la hipérbole sino con el gag mimético y ahi encuentra su pozo: en ningún momento se decide por tomar partido en sus elementos más interesantes (como por ejemplo, la facilidad con la que un pirata pega un tiro) y su cambio de registros provoca una descompensación que se traduce en la perplejidad del espectador que asiste a una summa un tanto antinatural de revival mal entendido y toques de seriedad completamente descohesionados. Justo lo contrario que pasaba con tanta fascinante naturalidad en la obra de Toriyama. Si tuviera que escoger un digno sucesor de Dragon Ball en términos innovadores, sin duda alguna me quedo con la maravilla La melancolía de Haruhi Suzumiya serie metanarrativa dispuesta a reinventar los artríticos chistes y lugares comunes que One Piece repite con pretendida épica.

martes, julio 24, 2007

BOO O LA CONSAGRACIÓN DE LA RIDICULEZ DE LA MALDAD

Image Hosted by ImageShack.us
Estos días Liana hace tareas de bien conmigo: me obliga a revisar Dragon Ball, lo que no es tan mala idea como pudiera parecer. Majin Boo me parece, con diferencia, el triunfo absoluto del sentido del humor de Toriyama (que es lo más parecido a un kamikaze suicida que he visto en manga, ever) no siempre comprendido por los fans más clásicos (y quizás uno de los casos más claros de inversión de nihilismo-mal: la falta de Mal verdadero se traduce en un nihilismo individualista light).

Boo es un villano (en su primera encarnación, la más personal de Toriyama) gordinflón, con un insecto (Toriyama y el placer de una metáfora LITERAL: la forma icónica de poquita cosa del que manda al monstruo se convierte aquí en una broma explícita a un nivel nunca visto antes en la serie) como jefazo, con una pasión desmedida por destruir la humanidad convirtiéndola en CHOCOLATE.

El contexto de Dragon Ball (social, político) es el de un Japón literalmente hinchado por la especulación antes del apocalipsis económico y tremebundo (otro fiel cronista de esta realidad distorsionada es Haruki Murakami) y Majin Boo es un monstruo consumista. Pero Toriyama no opta por un lenguaje simbólico, que si me lo permiten, murio con toda la maravillosa modernidad: en las ruinas de la misma le quedan los códigos de la metáfora cafre y anárquica que no está sujeta a otra cosa que no sea su peculiar universo multirreferencial y ultraexpansivo.

La diferencia que situa entre héroe/villano el mismo Toriyama es escalofriante: si Son Gokuh necesita comer antes de vencer a su rival, Boo se los COME . La batalla que se libra en la saga del Boo (toda ella acompasada por una trama de divinidades y mitologías artúricas convertidas por el ojo toriyamiano como siempre en SITCOM ) es la de dos grandes comilones. El héroe se traviste (¡la fusión!) y se multiplica para hacer frente a un devorador con ganas de seguir su rutina (el momento de la vida cotidiana de Boo es muy significativo). Posiblemente, y al margen de lo dilatada que es Dragon Ball - en su narrativa postmoderna y fragmentadísima, adelantada a todo el manga que se hizo después (sorprendentemente rancio, incluso una pretendida sucesora como NARUTO se revela con una narrativa la mar de clásica pero habrá que darle tiempo) – esta sea la batalla más gloriosamente épica: la épica del fracaso por encima de todas las cosas
.