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sábado, julio 28, 2007

Pieces

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Me sorprende mi decepción ante el anime de One Piece y confirmo la imposibilidad, en terrenos de animación, de continuar con el legado de Dragon Ball que no sea por una via un tanto superficial (ya saben: protagonista alocado, viaje de iniciación y búsqueda postIndiana). He de admitir que el manga puede estar realmente mejor (y eso espero), llevando hasta el final cosas que aquí solo se insinuan o combinando mejor los registros (veremos). En todo caso, la serie animada que parte de las viñetas de Eiichiro Oda aparecido en 1997 y anunciada por su autor como inspirada en Dragon Ball fracasa (y no creo que por deshonestidad, sino por paletismo).

El gran triunfo de Dragon Ball está en la narrativa desfragmentada que se llegó a lograr en Dragon Ball Z ampliando el universo hasta límites nunca vistos: reiniciar la aventura paso por paso (esto lo comparte con su otra sucesora, la un poco mejor Naruto) juega con una desventaja y es la de la reinvención. Situarla en un ambiente de piratas con poderes mágicos parecía un atractivo poderosísimo. Pero nada: la serie confunde las diversas líneas de DBZ con gags a cada cual más reutilizado. ¿Se imaginan las posibildades que tiene hacer gags absurdos, en la mejor línea de los primeros Fantastic Four, con un tipo elástico? Yo si y desde luego es mas interesante que la reedición de situaciones de ojitos con forma de corazón.

La otra gran virtud de Dragon Ball era incorporar ese humor autodestructivo en el centro mismo de su concepción: ahi se situa el fracaso de One Piece, porqué Oda es, previsiblemente, un mal espectador (o sea interpretador) de DB e interpreta que la mejor manera de homenajear a un maestro no estriba en continuar el concepto inicial de una serie, sino de emularlo desde la nostalgia. One Piece es una serie con cierta arritmia que no sustituye su condición de derivado con la hipérbole sino con el gag mimético y ahi encuentra su pozo: en ningún momento se decide por tomar partido en sus elementos más interesantes (como por ejemplo, la facilidad con la que un pirata pega un tiro) y su cambio de registros provoca una descompensación que se traduce en la perplejidad del espectador que asiste a una summa un tanto antinatural de revival mal entendido y toques de seriedad completamente descohesionados. Justo lo contrario que pasaba con tanta fascinante naturalidad en la obra de Toriyama. Si tuviera que escoger un digno sucesor de Dragon Ball en términos innovadores, sin duda alguna me quedo con la maravilla La melancolía de Haruhi Suzumiya serie metanarrativa dispuesta a reinventar los artríticos chistes y lugares comunes que One Piece repite con pretendida épica.