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jueves, marzo 17, 2016
Si mi mirada fuese como la de Gabriel me conformaría pensando que todas esas construcciones son asentamientos donde los hombres se protegen de las inclemencias y se unen para fecundar y concebibir, sobrevivir y relevarse. Pero en mi mirada quedan restos de la lesión y he reservado un espacio para los espíritus. Cada una de las luces prendidas está envuelta por una ida de hogar, ecos de los dioses tutelares. Desde que nací la idea de una casa donde vivir por mí misma, con quien yo (yo, yo) elija, ondea sus plumas resplandecientes al fondo de la imaginación. He vivido en varias desde que abandone el piso de nuestros padres: en Londres, en Diagonal Mar, en la Barceloneta, en Balmes, he pasado largas temporadas en Tredòs, cada espacio está asociado a mis vivencias, no hay nada abstracto en las habitaciones, en los techos, en las camas. Han envuelto mi vida. Pero ninguna se ha convertido en mi hogar. A veces era por vosotros, otras por Joan-Marc, por las personitas que durante el periplo londinense se metían entre mis sábanas, ahora es mi propia soledad la que me impide ver esta habitación como algo definitivo. Ni siquiera me ha rozado la estabilidad que se apreciaba en casa de los adultos. Las encontré allí y pensé que estaban allí desde siempre, que las habían proyectado y que respondían a lo que habían querido proyectar. Mi ojo infantil no me dejaba apreciar laf luidez de los cimientos de la casa de los Llort, de los Selma, de los Anglés. Su precariedad era como la mía. Recogieron los materiales de donde pudieron, la gente que nos acompaña tiene sus propios ideas. La amargura de la vida consistente en que levantamos casas con las manos de la mente pero nadie quiere vivir en ellas.
Gonzalo Torné, Hilos de sangre.
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jueves, octubre 22, 2015
-Los hijos, los nietos, sois divertidos. Observáis a los mayores con tanto detenimiento, os damos amor y protección y nos concedéis tanta importancia que el pasado, bueno, es como si perteneciese a otro planeta. A veces rellenáis los huecos con ingenio, pero vuestra visión es sesgada. ¿Has visto el cadáver? Eso tampoco hay manera de atarlo con lo anterior. La muerte deja desvalida a la carne, la limpia de la suciedad de la mente, toda la impregnación de los deseos. Si conoces a un hombre que lleve cuarenta o cincuenta años interviniendo en el mundo no es difícil que hayan secciones difíciles de armonizar. Tu Gabriel nunca coincidirá con el mío y está bien que sea así.
-¿Cómo era el abuelo? ¿Qué hizo mal?
-No me malinterpretes, tú lo conociste revuelto en una época comedida, entibiada por el triunfo del capitalismo y los auxilios sociales. A Gabriel lo templó un clima bien distinto. Los de vuestra edad habláis de felicidad, de satisfacción, de realizaros. Nuestras miras estaban puestas en sobrevivir, ni siquiera eso estaba seguro. Si lo hubieses conocido a tu edad, te hubiese parecido casi impasible. Un pequeño Dios, créeme, he tenido trato profesional con varios, y su común denominador es decepcionarnos. No me hagas caso, es tarde y no me conviene salirme de mi modesta rutina. Dale recuerdos a Amanda y ánimos at u hermano, dile que se espabile con esos samuráis si quiere que llegue a leer unas páginas sobre ellos.
Gonzalo Torné, Hilos de sangre.
lunes, marzo 16, 2015
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No debes arrepentirte de tus decisiones, Clara. Debes confiar en tu propio punto de vista. ¿Te fijaste en el camarero? Puedes escoger a otro cualquiera, el que más te guste. Debió de echarle una ojeada al mundo y se dejó intimidar por la mezcla de agresividad y confusión. Buscó un camino que ya estuviese pisado. ¿Qué hay de malo en un empleo? Se someten a una idea expresada con buenas palabras, razonable, y en veinte años la miseria del empleo les ha absorbido por completo. Ssus pensamientos, su gramo de visión crítica, incluso sus momentos de ira están plastificados pro el entorno, cuesta aceptar que ahí agita un resto de espíritu. No saben hacer nada más, el restaurante es su horizonte, dudo que si lo dejas en la calle pueda valerse por si mismo. Ojalá no tengas que aprender lo que un hombre así podría hacerte para conservar su puesto. Se entregan demasiado pronto, no llegan a tasarse. El mundo que ven no les gusta, pero no tienen alternativa; nacen y tenemos que meterlos en algún sitio. ¿Sabes lo único que reciben a cambio? Miedo. Están dominados por el miedo, se dejarían cortar la mano si les asegurases que el futuro no iba a desestabilizarles hasta bien entrada la setentena. No creen en dioses, ni en el destino, ni en otras fuerzas que las geodésicas, a lo que más temen es al tiempo, y el tiempo está siempre por delante de nosotros, irresuelto, inminente y fuera de nuestro alcance.
Gonzalo Torné, Hilos de sangre.
No debes arrepentirte de tus decisiones, Clara. Debes confiar en tu propio punto de vista. ¿Te fijaste en el camarero? Puedes escoger a otro cualquiera, el que más te guste. Debió de echarle una ojeada al mundo y se dejó intimidar por la mezcla de agresividad y confusión. Buscó un camino que ya estuviese pisado. ¿Qué hay de malo en un empleo? Se someten a una idea expresada con buenas palabras, razonable, y en veinte años la miseria del empleo les ha absorbido por completo. Ssus pensamientos, su gramo de visión crítica, incluso sus momentos de ira están plastificados pro el entorno, cuesta aceptar que ahí agita un resto de espíritu. No saben hacer nada más, el restaurante es su horizonte, dudo que si lo dejas en la calle pueda valerse por si mismo. Ojalá no tengas que aprender lo que un hombre así podría hacerte para conservar su puesto. Se entregan demasiado pronto, no llegan a tasarse. El mundo que ven no les gusta, pero no tienen alternativa; nacen y tenemos que meterlos en algún sitio. ¿Sabes lo único que reciben a cambio? Miedo. Están dominados por el miedo, se dejarían cortar la mano si les asegurases que el futuro no iba a desestabilizarles hasta bien entrada la setentena. No creen en dioses, ni en el destino, ni en otras fuerzas que las geodésicas, a lo que más temen es al tiempo, y el tiempo está siempre por delante de nosotros, irresuelto, inminente y fuera de nuestro alcance.
Gonzalo Torné, Hilos de sangre.
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domingo, agosto 25, 2013
-No me vengas con esas sutilezas ahora, Gato. Yo me casé con una escritora inminente cargada de seguridad en sí misma y a la que le sentaba de miedo el uniforme de enfermera y no quiero renunciar a ninguna de tus dos cualidades. Deja que me encargue yo. Voy a estudiar a fondo qué pasa con nuestros muebles, la disposición y los colores han encontrado la manera de bloquear las corrientes creativas y es evidente que necesitas más luz y levantarte antes de las doce, voy a comprar un despertador de verdad, el móvil emiten ondas que se pegan al encéfalo, basura negativa, la mielina reducida a gachas, tampoco te iría mal un trabajo de cuatro horas, van a salirte telarañas si sigues ahí metida, traduciendo o corrigiendo o lo que sea. Y nada de desayunar a las doce, ya vale de tanto café, en cuanto despiertes te exprimirás un buen zumo de naranja, lo haría yo mismo pero al jugo se le van las vitaminas si lo dejan unos minutos en contacto con el oxígeno. En una semana podemos tener listo el nuevo paisaje, el cambio interior se llevará más esfuerzo. Te presionas demasiado. Quieres escribir un libro, ¿verdad? Pues empieza de una maldita vez, no puede ser tan complicado. Si incluso los periodistas y las zorras de la televisión y la mayor parte de su surtido de guardaespaldas mariquitas cobran derechos de autor. Ya basta de tantas exigencias. Si esperas a que te salgan las palabras de la boca bien limadas y organizadas en frases pulidas se nos hará de noche a los dos. ¿Sabes?, no es agradable para mí ver que pasan los días y que sigues en la misma página buscando una formulación definitiva, incontestable. Total ¿para qué? Esa gente a la que admiras...parece que escribas para ellos, para gustarles, pero están muertos, y que yo sepa la literatura se escribe para los vivos y no para los muertos, y entre los vivos...la verdad Gato es que Proust no está entre los intereses más extendidos, fuera del Loop no conozco a nadie que haya terminado un libro suyo. Vas a tirarte tres años más de tu vida, en el supuesto de que encuentres la primera frase redonda de la que se desenreden las demás, para que te paguen mil euros y te lean setecientas personas. Cambia de modelo, adáptalo a tu época, los vivos de hoy tenemos prisa, no vas a mantener su atención, hay demasiados estímulos, las películas tampoco duran tres horas y cuarto como las que me llevabas a ver en Londres ni se ven en un reclinatorio, menos las que intenta rodar tu amiga Irina, a quien, dicho sea de paso, nunca he tenido por una persona normal. Los tíos que tú admiras se pasaban años escribiendo esos mamotretos porque confiaban que alguien les esperaba al otro lado de las librerías. Te aseguro que donde deberían estar los justos y pacientes lectores no se ve a nadie, los ciudadanos están absorbidos por sus pantallitas, agrupados en torno a sus blogs, regurgitando pedazos de seleccionados de vida personal, contando los chistes de otro, satisfechos de su público de siete, mendigando un enlace....La literatura del futuro ha de ser rápida, simpática, intensa, porque la gente ahora hace con su ocio lo que le da la gana, salen a la calle, se acuestan con quien quieren, en cuanto les das una oportunidad votan a Hamas; y les gusta leer novelas amables y con una historia dentro, agradecen cuando la médula del libro en el que se han gastado veinte euros rezuma de sentido común. Fíjate en Martí Gironell. Qué bien me cae ese Marti Gironell, me lo llevaría a casa y lo tendría sentado en el salón dando el parte de nuestras conversaciones con el mismo estilo sabroso que usa para comentar las noticias. Es sencillo, directo, franco, inocente: ahí tienes los ladrillos de tu carrera futura, y qué olfato para detectar dónde se esconde una buena trama. Combina bien. Imagínate, un puente y un puñado de judíos. Qué intuición, si partes de ahí las páginas se desenvuelven solas. Arréglate para meter una pareja de judíos en esas páginas, Gato, no me negarás que cuando se trata de libros los judíos son imbatibles.
Gonzalo Torné, Hilos de sangre.
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