miércoles, agosto 21, 2013
“You know what people who go to nude beaches look like?”
“Tell me.”
“People who shouldn’t go to nude beaches.”
“Is Chili Palmer joining the tour?’
“I wasn’t told”
“Ask Nick for me.”
About a minute went by. Now he heard Nick saying, “Tell him if he goes near Chili Palmer I’ll see that he suffers excruciating pain and will never fucking walk again in his life.”
And, then Robin’s voice: “Nick said to tell you that if you go near Chili Palmer he’ll have your legs broken.”
“Why couldn’t he say it like that?”
“He reads, but the wrong books.”
Elmore Leonard, Be Cool.
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Descanse en Paz,
Elmore Leonard
miércoles, julio 10, 2013
Y allí estaba yo. Y ellas me vieron y yo las vi. ¿Y qué fue lo que vi? Ojeras. Labios partidos. pómulos brillantes. Una paciencia que no me pareció resignación cristiana. Una paciencia como venida de otras latitudes. Una paciencia que no era chilena aunque aquellas mujeres fueran chilenas. una paciencia que no se había gestado en nuestro país ni en América y que ni siquiera era una paciencia europea, ni asiática ni africana (aunque estas dos últimas culturas me son prácticamente desconocidas). Una paciencia venida del espacio exterior. Y esa paciencia a punto estuvo de colmar mi paciencia. Y sus palabras, sus murmullos, se extendieron por el campo, por los árboles, movidos por el viento, por los hierbajos movidos por el viento, por los frutos de la tierra movidos por el viento. Y yo cada vez me sentía más impaciente, pues en la casa principal me esperaban y tal vez alguien, Farewell u otro, se estaría preguntando por las razones de mi ya prolongada ausencia.
Roberto Bolaño, Nocturno de Chile.
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Roberto Bolaño
sábado, julio 06, 2013
"Fathering imposed an obligation that was more than your money, your body, or your time, a presence neither physical nor measurable by clocks: open-ended, eternal, and invisible, like the commitment of gravity to the stars"
Michael Chabon, Telegraph Avenue
Michael Chabon, Telegraph Avenue
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domingo, junio 30, 2013
Nosotras, si lo piensas bien, crecimos en una atmósfera bien distinta. Entramos en esas aulas de Hermanos, de Padres, de Maristas y Salesianos y Marianistas como una invasión alienígena, un perfume femenino capaz de reanimar líneas evolutivas en franco deterioro; los chicos sensibles que solían atravesar la adolescencia perseguidos a campo abierto o encerrados en los servicios de sus colegios para varones, que eran carne de vejación hasta que podían incorporarse a iviendas civiles, se aliaron con nosotras. Cómo nos gustaba su expresión soñadora, la velocidad de sus complejos cerebros, lo que podían hacerte con las palabras. La inteligencia era el nuevo sexy. No te rías, Clara, no estoy improvisando, es un asunto en el que he pensado a fondo.
La versión inocente es que los chicos podían jugar con muñecas y nosotras a la guerra. La perversa era que ya no podíamos dejarnos tratar por nuestros amigos/novios como criaturas delicadas, había que arremangarse, abandonar el claustro hogareño (frustrar intensas pulsiones organizativas y decorativas que descendían por los ríos generaciones en el barquito de los genes) y se competitivas en el territorio masculino conocido como ámbito laboral. ¿Y ellos? Bueno, les bastaba con escenificar un par de pasos en dirección a la igualdad suprema. Lo nuestro costaba, lo suyo se lo aplaudíamos enseguida. Ellos daban caridad, mientras que nosotras estábamos obligadas a ser efectivas en sitios tan distintos como el comedor, entre sábanas, la oficina, la calle (primera ley de la termodinámica femenina: si descuidas el físico ingresas en la muerte social) y la maternidad. Dulces, fuertes, comprensivas, efectivas, todo más o menos al mismo tiempo. A ellos les decían que a cambio de la limpieza superficial del baño el peso de los ingresos ya no recaería sobre sus hombros, a nosotras se nos arrojaba a la cara un acertijo que no tiene respuesta, que afectaba a las fibras íntimas de la organización existencial. Te concedo que hay miles de tías mezquinas, bobas y perezosas ¡pero ellos no son mucho mejores!, y es a nosotras a quienes se nos invita a la épica de los nervios crespos, a la década dorada del ansiolítico.
Gonzalo Torné, Las parejas de los demás
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Gonzalo Torné,
Las parejas de los demás
El anarquismo aparece de forma recurrente. ¿Cree que hoy han muerto las ideologías?
No, para nada. Están en descomposición los cuerpos de ideas de los programas políticos derrotados, sí, pero una mente no puede abrirse paso con ayuda de su experiencia, hay que recurrir a las ideas, de manera que nos movemos dentro de cuerpos de expectativas, de deseos y relatos no examinados que no reconocemos como "ideología" porque están vivos, activos, y pegadas a nosotros. Hay que tener cuidado con eso, creo que una cabeza sana debería ser capaz de mantenerse a una distancia prudencial de estas ideologías tenues, si no aparecen esos fanáticos a los que les va la vida en sus convicciones y con los que apenas se puede dialogar, y yo los veo a diario, en la política, en los medios, en las asociaciones, en los foros, en las empresas y en la calle.
(Gonzalo Torné, en esta entrevista)
No, para nada. Están en descomposición los cuerpos de ideas de los programas políticos derrotados, sí, pero una mente no puede abrirse paso con ayuda de su experiencia, hay que recurrir a las ideas, de manera que nos movemos dentro de cuerpos de expectativas, de deseos y relatos no examinados que no reconocemos como "ideología" porque están vivos, activos, y pegadas a nosotros. Hay que tener cuidado con eso, creo que una cabeza sana debería ser capaz de mantenerse a una distancia prudencial de estas ideologías tenues, si no aparecen esos fanáticos a los que les va la vida en sus convicciones y con los que apenas se puede dialogar, y yo los veo a diario, en la política, en los medios, en las asociaciones, en los foros, en las empresas y en la calle.
(Gonzalo Torné, en esta entrevista)
martes, junio 25, 2013
La lectura del crítico no debe ser una lectura imparcial o neutra, sino tan radicalmente personal y parcial que ponga en evidencia y transparente los materiales culturales, biográficos e ideológicos sobre los que se asienta lo personal, el hardware y el software de su personalidad lectora. Como ciudadano común que es, tendrá sus propios intereses y prejuicios, pero como crítico está obligado, primero, a conocerlos, y, segundo, a controlarlos. Si por motivos que sean esos intereses intervienen en su proceso de lectura sin ser reconocidos como tal, su lectura será fraudulenta. Toda lectura es una lectura interesada, pero en la del crítico sus intereses propios - ideológicos, literarios, autodescriptivos, profesionales, crematísticos, a los que, al meos en principio, ni tiene ni debe puede renunciar, tendrán que estar integrados en el interior del mecanismo de lectura, sin que sirva como escape pretender su ocultamiento bajo el manto de una previa declaración expresa que pretenda así neutralizarlos en su proceso de lectura.
La lectura del crítico está obligada a ser honesta, pero no desde un punto de vista moral - cada uno es libre de escoger el infierno que prefiera -, sino desde el punto de vista que la propia operación de leer exige a quien va a interferir sobre la lectura que una comunidad va a haer de sí misma. Se trata en consecuencia de una honestidad intelectual y de una honestidad política. La crítica exige ese mínimo nivel de honestidad. Por debajo sólo hay publicidad o adulación.
Constantino Bértolo, La cena de los notables.
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Constantino Bértolo,
La cena de los notables
"I was continuing to shrink, to become... what? The infinitesimal? What was I? Still a human being? Or was I the man of the future? If there were other bursts of radiation, other clouds drifting across seas and
continents, would other beings follow me into this vast new world? So close - the infinitesimal and the infinite. But suddenly, I knew they were really the two ends of the same concept. The unbelievably small and
the unbelievably vast eventually meet - like the closing of a gigantic circle. I looked up, as if somehow I would grasp the heavens. The universe, worlds beyond number, God's silver tapestry spread across the
night. And in that moment, I knew the answer to the riddle of the infinite. I had thought in terms of man's own limited dimension. I had presumed upon nature. That existence begins and ends in man's
conception, not nature's. And I felt my body dwindling, melting, becoming nothing. My fears melted away. And in their place came acceptance. All this vast majesty of creation, it had to mean something.
And then I meant something, too. Yes, smaller than the smallest, I meant something, too. To God, there is no zero. I still exist"
Richard Matheson, The Incredible Shrinking Man
continents, would other beings follow me into this vast new world? So close - the infinitesimal and the infinite. But suddenly, I knew they were really the two ends of the same concept. The unbelievably small and
the unbelievably vast eventually meet - like the closing of a gigantic circle. I looked up, as if somehow I would grasp the heavens. The universe, worlds beyond number, God's silver tapestry spread across the
night. And in that moment, I knew the answer to the riddle of the infinite. I had thought in terms of man's own limited dimension. I had presumed upon nature. That existence begins and ends in man's
conception, not nature's. And I felt my body dwindling, melting, becoming nothing. My fears melted away. And in their place came acceptance. All this vast majesty of creation, it had to mean something.
And then I meant something, too. Yes, smaller than the smallest, I meant something, too. To God, there is no zero. I still exist"
Richard Matheson, The Incredible Shrinking Man
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Richard Matheson,
RIP,
The incredible shrinking man
domingo, junio 23, 2013
"No le voy a pedir que me diga lo que tantas me he dicho a mí misma y no habría tenido que decírmelo si hubiera conocido un solo instante de reposo. No aspiraba a otra cosa porque de todo lo demás, incluida la fidelidad, me creía ya curada. Pero el cuerpo que envejece sin haber recibido la confirmación de la gloria juvenil mira con aprensión y zozobra un futuro cercenado por la esterilidad, un ánimo en decadencia que ni siquiera se atreve a reconocer con honradez y aflicción la suma de sus males sólo porque una memoria desoediente y procaz gusta de recrearse con otra edad engañosa. Hubiera sido mejor silenciarla, reducirla a lo que es; porque la memoria - ahora lo veo tan claro - es casi siempre la venganza de lo que no fue - aquello que fue se graba en el cuerpo en una sustancia a donde no llegan nuestras luces. Quizá me equivoque, pero ahora me parece tan evidente...sólo lo que no pudo ser es mantenido en el nivel del recuerdo - y en registros indelebles - para constituir esa columna del debe con que el alma quiera contrapesar el haber del cuerpo. Así que la memoria nunca me trae recuerdos; es más bien todo lo contrario, la violencia contable del olvido. No tengo intención de decirle hasta dónde llegaron mis quebrantos, ni cuanto se secó la fuente de la fidelidad, ni en qué lecho, entre qué sábanas terminaron mis abrazos y los anhelos, qué clase de ilusiones dieron fin a mis esperanzas - porque una fortuna concluye siempre con un papel de prestamista o una carta de pago, ay, no en el desenfreno de una despedida. No sé si he vuelto o he venido por primera vez a comprobar la naturaleza de una ficción, pero en tal caso, ¿qué curación cabe esperar si mi propia vanidad me impide hacerme cargo de mis propias creencias, si mi amor propio - de acuerdo con la confesión - manda sobre mi voluntad? Entonces me dije: mírate por dentro ¿qué guardas en el fondo de tu más íntimo reducto? Ni es amor, ni es esperanza, ni es - siquiera - desencanto. Pero si aplicas con antención el oído observarás que en el fondo de tu alma se escucha un leve e inquietante zumbido hecho de la misma naturaleza que el silencio -; y es que está pidiendo una justificación, se ha conformado con lo que ahora es y sólo exige que le expliques ahora por qué eso es así.
Juan Benet, Volverás a Región.
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Juan Benet,
Volverás a Región
sábado, junio 22, 2013
Concedo , por consiguiente, que el divorcio se asemeja a ese acto de buena administración gracias al cual se trata de poner fin a ese semptierno "estado de cosas que no puede durar", ese conjunto de tragas legales y sociales que te tiene maniatada y entristecida, que te está haciendo perder muy buenas oportunidades (como esa mercancía dipositada en un puerto franco y que a falta de un papel de la aduana nadie se atreve a adquirir, incluso a un precio ventajoso) y está transformando tu capacidad de futurición en aceptación de pretérito, tu capacidad de culpa en conformidad y humillación, tu sentido de la responsabilidad en esa frivolidad que justifica todas sus licencias con la falta de libertad; y tu edad de vergüenza en un falso descoco - que tú eres la primera en aborrecer - disimulado bajo el amplio manto de las instituciones sociales de carácter estable. Concedo que con tu divorcio podrás asumir una verdad responsabilidad de la que, en el mmento actual, cobijada bajo la ley de fuerza que otros te imponen, te puedes zafar con cierta facilidad con sólo atender las oligaciones maternales y contractuales (y eso te lleva a ti poco trabajo y apenas te produce quebraderos de cabeza) propias de tu estado. Concedo que tras el divorcio esas obligaciones cobrarán su verdadera dimensión y todo su valor; que el cuidado, la educación y el cariño de tus hijos, que el respeto, el aprecio y una cierta fidelidad para con tu marido, los celarás y conservarás a costa de momento de libertad y no, como hasta ahora, para cumplir una obligación o llenar el vacío de las largas horas de un cautivierio ocioso e inútil. Concedo que tras la liberación que te ha de procurar el divorcio podrás ser una persona con capacidad de autodeterminación - como ahora se dice - en lugar de esa otra, no dueña de sí misma, que vive bajo la férula de otro; y que sólo a partir de esa decisión tus actos tendrán un sentido propio y una significación cabal, como todos aquellos nacidos en un ámbito de libertad. Concedo todo eso a regañadientes porque sólo me lo creo a medias; porque ya no te concedo (y ardo en deseos de decirlos) es que una vez divorciada vas a ser más capaz de cumplir tu futuro que lo eres ahora. Por ahí si que no paso.
En primer lugar porque el cumplimiento del futuro exige una coincidencia que muy rara vez se da: la que ha de existir entre el programa y su realización. Se puede examinar esta pequeña cuestión con un enfoque combinatorio; así, pues, por el hecho de divorciarte (como por otro hecho cualquiera) tu situación cambi y a la vista de eso pues:
-conservar el mismo que tenías cuando caada para sólo mejorar la posibilidades de llevarlo a cabo, o bien
-cambiar el programa y los recursos para alcanzar una meta distinta - y por una vía distinta - a la que informó tu vida de casada.
A poco que recapacites sobre ello te percatarás de que las tres modalidades se reducen a la última, siendo que el programa para el futuro y los recursos para llevarlo a efecto son cosas que están íntima e indisolublemente ligadas ligadas a toda persona sensata. A poco que cambie uno se alteran los otros. Y si al decir de la gente enterada tanto el programa como sus posibilidades de ejecución cambian cada día ¿qué cabe decir de ese día en que tomas una decisión dictada por la necesidad de cambiarlos? Tú esperas que tu vida a partir de ahora tome un sesgo diferente, que tu futuro se va a ir separando uniformemente de aquel que abrigabas con anterioridad; tu meta ya es distinta, tus pasos distintos y del hecho de que se separaron los antiguos - en la convicción de que los han de mejorar - es de donde has extraído las fuerzas necesarias para tomar la decisión inicial donde se localiza la separación. Sin embargo, ambos programas tienen una constitución común; los dos son unas conjeturas y aquí entra lo grave: porque la segunda - la nueva - por ser más exigente, extravagante e imaginaria, es más inverosímil. El programa antiguo - trazado en un ámbito en el que la presunta carencia de libertad no es más que una justificación de su modestía - mal que bien se había decidido por una serie de metas posibles y alcanzables que, conseguidas día tras día, si no eran válidas para revolver el problema general de la felicidad al menos servirían para aplazarlo, mitigarlo y quien sabe si restarle casi toda su influencia sobre la persona.
Juan Benet, Puerta de Tierra.
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Epístola moral a Laura,
Juan Benet,
Puerta de tierra
lunes, junio 17, 2013
Parecido bien nos hacen las obras de teatro tristes; por eso debemos considerarlas muy superiores a las alegres que engañan nuestra hambre en lugar de saciarla: el pan que ha de nutrirnos es amargo. En la vida feliz no vemos en su realidad los destinos de nuestros semejantes, ya porque el interés los enmascare, bien porque el deseo los transfigure. Pero en el despejo que da el sufrimiento en la vida, y en la sensación de la belleza dolorosa en el teatro, los destinos de los demás hombres y nuestro propio destino hacen oír por fin a nuestra alma atenta la palabra inesperada de deber y verad. La obra triste de un verdadero artista nos habla con ese acento de los que han sufrido, que obligan a todo que ha sufrido a prescindir de todo lo demás y a escuchar.
Marcel Proust, Los placeres y los días.
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Los placeres y los días,
Marcel Proust
A veces sólo se puede ser leal al presente traicionando al pasado. A veces la lealtad es una forma de coraje, pero otras veces es una forma de cobardía. A veces la lealtad es una forma de traición y la traición una forma de lealtad. Quiza no sabemos con exactitud lo que es la lealtad ni lo que es la traición. Tenemos una ética de la lealtad, pero no tenemos una ética de la traición. Necesitamos una ética de la traición. El héroe de la retirada es un héroe de la traición.
Javier Cercas, Anatomía de un instante, Random House, 2009.
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Anatomía de un instante,
Javier Cercas
jueves, mayo 23, 2013
viernes, mayo 17, 2013
"Es natural que el Amor se presente después - y no antes - del aprendizaje sexual, bajo el aspecto de una puerta más alta, noble y capaz de conducnros a la felicidad, ya que se trata de una síntesis entre la felicidad política (colectiva, ética, dogmática) y la felicidad sexual (individual, estética y acéfala). El Amor parece una solución perfecta entre las abstracciones universales de la organización social y la tendencia anárquica, destructiva, de la relación sexual. Un Enamorado cree que ha resuelto por su cuenta el conflicto entre Mundo y Yo, desde el momento en que está convencido de que pertenece a Lo Otro, sin por elljo dejar de ser él Mismo. Espejismo de muchísima fuerza por lo secreto de su truco y lo doloroso de su elucidación, como ya intuyera alguien tan alejado de la psicología como Platón"
Félix de Azúa, Historia de un idiota contada por él mismo o el Contenido de la felicidad
"Las grandes añagazas sólo se comprenden muy tarde, cuando al no quedar tiempo para las enmiendas, el espíritu comprende que muchos errores que no podrán ser corregidos constituirán el sudario de unos cuantos aciertos; con cuánta frecuencia el arte une a su elegida a la mujer que hablará por su boca, para quedarse a solas con él rumiando un lenguaje privado"
Juan Benet, Otoño en Madrid hacia 1950
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Juan Benet,
Otoño en Madrid Hacia 1950
"-Porque los pasos, sobre todo los pasos, vienen a ser como un animal nocturno. Durante el día se quedan quietos en cualquier rincón. Tú a lo mejor andas por allí porque estás limpiando o lo que sea y los tocas, porque no sabes dónde están, y no ocurre nada. Pero si por la noche caminas o haces ruido, entonces se acercan a ti. Hay gente que se asusta yc hilla, y lo único que consiguen es atraerlos más y más. Y pueden llegar a pasarte por encima de la cara, y, aunque no hacen daño, luego no se olvida nunca porque son como una lengua de gelatina o algo así. Y si corres, lo mismo; peor, porque te siguen, al menos mientras corras por el interior de la casa
Juan José Millás, El Jardín Vacío
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El Jardín Vacío,
Juan José Millás
lunes, mayo 13, 2013
"Un día, como digo - y quizás en el momento en que menos me podía interesar -, surgió el recuerdo y con él el refrendo de un convencimiento que si en un principio llegó a molestarme, con el tiempo paso a constituir una verdadera obsesión. Nunca he comprendido cómo la desaparición temporal del recuerdo se achaca al olvido, desmentido por tantos fenómenos, porque de la misma manera que la roca sedimentaria guarda en su seno todas las huellas de los seres que dejaron su impronta cuando tan sólo era un légamo blando e impresionable, así la memoria puede cobijar y atesorar todo lo que en su día tuvo la consistencia necesaria para dejar un rastro indeleble. Y de todo ese terreno ignorado del cual nacen las conjeturas y las hipótesis - de la misma manera que no se llama arqueología a todo lo que se supone que esconden las arenas del desierto sino al conjunto de restos extraídos de é y sobre el que se ha edificado una ciencia de la reconstrucción no - no se puede llamar memoria tanto a una facultad como a los resultados que el hombre ha sido capaz a su propia luz y que - en general - son tan escasos que bien puede decirse que apenas constituyen una base sólida para cimentar un conocimiento de lo que ha sido. Me pregunto muchas veces: si no fuera por los demás ¿qué sabríamos de nosotros mismos? ¿qué sería la niñez sino un espejismo contradictoria e incontrastable? Y qué de enigmas no presentan un carácter acuciante y misterioso en virtu dde que unac ontinuidad vital, garantizada por el organismo, se despreocupa de dar continuidad al conocimiento de tal hecho. Porque de treinta o cincuenta años vividos ¿qué es lo que se conoce con seguridad? En verdad lo único que se siente- no se sabe- de firme es que han sido vividos y recogidos y resumidos más por la ignorancia que por uns aber que - con la ausencia del cuerpo y gracias al olvido - siempre está dispuesto a desatender y abandonar su cometido. Una gran parte de recuerdos están acompañados de una sorpresa o de una intención muy acusada; y yo me imagino que ese medio denso, opaco e impenetrable a la investigación y verificación en el que quedan grabados tantos hechos de nuestra vida, sólo es susceptible de ser impresionado por loinsólito y en cambio - como esa losa marórea cuajada de conchas indiferente a los pies que la hollan, que no hacen sino desgastarla - es capaz de enfrentar toda su dureza y tenacidad al registro de las costumbres. Así que una gran parte de lo que es costumbre no lo guarda tanto la memoria como un saber distinto, emparentado con el proyecto de existencia que todo hombre se hace y que poco a poco va traduciendo en hábitos. La memoria guarda un viaje, un amigo l que no se le ha visto en años o una caída infantil pero con mucha frecuencia lo hace tras reducir todo ello a estampas insaboras, despojándolas de un sentir que las envolvía en el momento en que sucedía; se diría que se trata de un proceso esterilizador gracias al cual el recuerdo queda conservado desprovisto de unos sentimientos que de no ser extirpados fermentan; qué poco sabe, por consiguiente, en una primera instancia, cuando la burbuja va aflorando a la superficie, arrastrando tras ella mil otros detalles sepultos e intactos que le siguen en su camino a la conciencia, de todo ese maremágnu emocional que envuelve a la más intrascendente herida en una rodilla para cuya imperfecta comprensión sería menester más tarde hacer uso de la adivinación con tanta o más intensidad que cuando se pretende adentrar en el tiempo no vivido; ha grabado sí la caída pero qué poco dice del camino del colegial, repetido cientos de veces cada día de distinta manera, o del hastío domiical salvado cada domingo con una ilusión diferente, a causa de esas imágenes tópicas envolventes de los mil caminos y las mil tardes y los cientos de domingos - todos parecidos y ninguno semejante - que constituyen nuestro andar Si a eso se añade que a medida que vamos creciendo oe nvejeciendo más análogas son nuestras tardes y más simple esa imagen única que las envuelve, simplifica y representa, se comprenderá una razón por la cual cada día se hace menos uso de la memoria, no tanto un órgano ni una función como un saber que, sobretodo, fue utilizado y aprovechado antes de los trenta años"
Juan Benet, Una meditación
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Juan Benet,
Una meditación
lunes, mayo 06, 2013
- Ya veo - dijo - que no quieres hablar. No seré yo quien te acuse de cobardía. A todos nos cuesta que en un instante ya irrecuperable lo que apostamos todo a una vuelta de la ruleta antes de aprender las reglas del juego. Yo también creí que la vida era otra cosa. Luego se sigue jugando, se gana y se pierde alternativamente, pero ya nada es igual: las cartas están marcadas, los dados están cargados y las fichas sólo cambian de bolsillo mientras dura la velada. La vida es así y es inútil calificarla de injusta a posteriori.
Eduardo Mendoza, El laberinto de las aceitunas
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Eduardo Mendoza,
fragmentos
domingo, abril 21, 2013
" - Pasarán unos años y olvidaremos todo; se borraran los embudos de las explosiones,
se pavimentaran las calles levantadas, se alzarán casas que fueron destruidas.
Cuanto vivimos, parecerá un sueño y nos extrañará los pocos recuerdos que guardamos;
acaso las fátigas del hambre, el sordo tambor de los bombardeos, los parapetos de
adoquines cerrando las calles solitarias....
Juan Eduardo Zuñiga, Largo Noviembre de Madrid
lunes, marzo 25, 2013
El arte de la suplantación
De la entrevista original del Paris Review.:
¿Qué le sucede a Philip Roth cuando se convierte en Nathan Zuckerman?
Nathan Zuckerman es un acto. Es todo el arte de la suplantación, no es cierto? Ese es el don novelístico fundamental. Zuckerman es un escritor que quiere ser un doctor suplantando a un pornógrafo. Yo soy un escritor escribiendo un libro suplantando a un escritor que quiere ser un doctor suplantando a un pornógrafo - que entonces, para hacer la suplantación, para poner la lengüeta en el bode, pretende ser un conocido crítico literario. Creando una biografía falsa, una historia falsa, inventando una existencia medio imaginaria fuera del drama real de que mi vida es mi vida. Tiene que haber cierto placer en este trabajo, y eso es todo. Ir por ahí con un disfraz. Actuar como un personaje. Pasar uno mismo como alguien que no es. Pretender. La astuta y sagaz mascarada. Piensa en el ventrílocuo. Habla de un modo que su voz parece que procede de alguien que está a cierta distancia de sí mismo. Pero si no fuera por tu línea de visión, no encontrarías placer alguno en su arte. Su arte consiste en estar presente y ausente; es más él mismo cuando está simultaneámente siendo otro, ninguno de los dos es él una vez baja el telón. No tienes por qué necesariamente, como escritor, abandonar tu biografía completamente para abordar un acto de suplantación. Puede que sea más intrigante cuando no lo haces del todo. Lo distorsionas, lo caricaturizas, lo parodias, lo torturas y subviertes, lo explotas - todo para dar a la biografía esa dimensión que excitará tu vida verbal. Millones de personas hacen esto todo el tiempo, y no con la justificación de crear literatura. Lo hacen en serio. Es sorprendente qué mentiras puede sostener la gente tras la máscara de sus verdaderos rostros. Piensa en el arte del adúltero: bajo una presión tremenda y contra enormes dificultades, maridos y esposas ordinarias, que se petrificarían con autoconciencia encima de un escenario, aunque en el teatro del hogar, solo ante la audiencia del cónyuge traicionado, representan roles de inocencia y fidelidad con una técnica dramática perfecta. Grandes, grandes actuaciones, concebidas con genio para los más pequeños particulares, una actuación impecablemente meticulosa y naturalista, y todo hecha por un ránking de aficionados. La gente hermosamente pretendiendo ser "ella misma". La imaginación puede tomarse las formas más sutiles, sabes. ¿Por qué debería un novelista, un simulador de profesión, ser menos cuidadoso o de más confianza que un estólido, nada imaginativo, contable de un suburbio siendo infiel a su esposa? Jack Benny solía simular que era un ávaro ¿recuerdas? Se llama a sí mismo por su buen nombre y exclamaba que era tacaño y mezquino. Excitaba su imaginación cómica hacer esto. Probablemente no era tan divertido como cualquier otro tipo escribiendo cheques a la UJA y llevando a sus amigos fuera a cenar. Céline simulaba ser un indiferente, incluso irresponsable doctor, cuando parece, de hecho, que trabajó duramente en su profesión y que fue concienzudo con sus pacientes. Pero eso no era interesante.
domingo, marzo 24, 2013
Mi héroe: Philip Roth
Por James Wood (The Guardian)
¿Creyó alguien a Philip Roth cuando, a principios de año, anunció que se retiraba de la escritura? De todos los novelistas contemporáneos, es el único que ha hecho que el escribir parezca un acto necesario y continuado, inextricable de las continuidades y los conflictos del estar vivo. Para Roth, la narración y el yo parecen haber nacido juntos, y, por lo tanto, deben morir juntos también. Más que ningún otro novelista moderna, ha usado la ficción como confesión y como el desplazamiento de la confesión: sus virulentos, quejicas y alter egos, de Portnoy a Zuckerman o Mickey Sabbath todos parecen rothianos, incluso cuando están solamente siendo suplentes de Roth. Ha hecho de su infancia en Newark, su amor, sus padres irritantes, su condición judía, su sexualidad, su propia vida de escritor algo familiar y vívido para millones de lectores. Ha parecido necesitar la ficción como una clase de reportaje performativo y despiadado, es por lo cual, en años recientes, las grandes novelas (El teatro del Sabbath, Pastoral Americana) han compartido espacio con trabajos mucho más flojos, y por lo que ha sido tan productivo; la ficción al mismo tiempo urgente y algo incompleta, tan necesaria como el arte y tan desesperanzada como la vida.
Admiro a Roth (que cumplió ochenta años esta semana) por muchas razones. Porque no ha seguido siendo el mismo (su prosa enjuta es ahora muy distinta de las pulidas cadencias de sus primeros trabajos). Porque esa prosa es un instrumento maravilloso, capaz de sorpresas líricas y de la más cruda de las franquezas, al mismo tiempo altamente construida y derrochantemente oral. Porque es muy divertido (pensad en el momento en el El escritor fantasma en el que Nathan Zuckerman que él ha hecho el bien, como un chico judío majo, al casarse con Ana Frank, que ha sobrevivido mágicamente el Holocausto). Y porque ha demostrado que el artificio posmoderno y el realismo americano no son incompatibles, sino que, en realidad, se alimentan el uno al otro - tal vez su mejor novela, La contravida, toma lo que necesita de la autoconciencia posmoderna y los juegos ficticios, y monta una conmovedora investigación sobre qué significa llevar tu vida. Que nuestra perpetua máquina de escribir profundice en las páginas, como con Henry James, hasta que tengamos que pelear por la pluma de su mano moribunda.
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