miércoles, junio 23, 2010

Hay otros mundos


Stephen King
, Hampones con chaquetas amarillas. Traducción de Carlos Milla Soler.

Corazones en la Atlántida es un libro de relatos, pero sería conveniente detallar que se trata de una nouvelle y cuatro relatos. La novelita, Hampones con chaquetas amarillas, fue adaptada con el título del libro en 2001 por William Goldman, en un conmovedor esfuerzo por resultar todo lo fiel posible al libro de su amigo, al que ya había adaptado en varias ocasiones. Es uno de los mejores trabajos de King. Un relato a caballo entre la hermosa historia americana de iniciación y su perversión. Una historia, en definitiva, de una esperanza encarnada en un hombre, Ted, que enseña que hay que leer los libros de ficción dispuestos a la espesura, que hay que releerlos sobre todo y que la gran literatura jamás termina en la lectura, jamás ofrece todas sus pistas la primera vez o con el final. Es un momento precioso. Pero lo mejor es lo estricto que es King con su teoría. Hay un pequeño interludio metaliterario que implica El señor de las moscas de William Golding y una novela de Clifford Simak, Ring around the Sun.

Después todo se va a la mierda para el protagonista, hay una escena final tremenda y tristísima, y la crónica de cómo Bobby se convierte en el más prosaico (e incomprensible) de los delincuentes juveniles está lograda, rompe el tono de descripción detallada del inicio del relato. Pero sería un chiste, uno trágico y perverso, y no debe una obra tan prometedora terminar así. Hay un reencuentro, una correspondencia perdida, memorable hacia el final de esta obra mayor de su autor. Una posibilidad de que existan otros mundos. Toda esa posibildad reside, en realidad, en el lector: solamente es comprensible en la obra de Stephen King. Es un giro valiente y un cierre un poco menos triste, pero alejadísimo del alivio. Propone un homenaje a los lectores, pero les obliga a asimilar los desatinos de sus protagonistas, en contra de las expectativas y les fuerza a un final abrupto y perfecto. En el episodio final de Lost, Damon Lindelof demostró entender perfectamente esta maquinaria y saber trasladar parte de ella al audiovisual. Scott Hicks, que dirigió la citada adaptación de Goldman, realizó una película convencional y apenas nostálgica.

sábado, junio 19, 2010

El imperio del sol de Ballard y Spielberg

Cuenta James Graham Ballard en su extraordinaria memoir, Memoria de vida, que Steven Spielberg fue increíblemente fiel a El imperio del sol, su novela de tintes autobiográficos publicada en 1985, no solamente respetando la escena que él consideraba fácil de censurar e imprescindible para entender la esencia de su obra (la del joven Jim resucitando a un soldado y confundiéndolo con él mismo), sino con detalles como la lectura respetuosa y atenta que el cineasta había hecho de la novela, adaptada a la gran pantalla por el dramaturgo Tom Stoppard.


Cuenta Ballard también que los lectores atentos de su novela pronto vieron como "las imágenes características que había presentado a lo largo de los treinta años anteriores – las piscinas vacías, los hoteles y clubes nocturnos abandonados, las pistas de aterrizaje desiertas y los ríos desbordados – se remontaban al Shangai de la guerra".

La simbiosis entre Ballard y Spielberg es increíblemente estimulante. El autor de E.T., que hábilemente delegó a David Lean en funciones como director (un director que, en opinión de Ballard, rechazó la adaptación porque era partidario de"los actores infantiles que hablaran ceceando y fueran ligeramente afeminados"), se especializó en espectáculos que iban parejos al descubrimiento interior del protagonista o a una revelación que le conducían a un destino (el Roy Neary de Encuentros en la tercera fase; incluso Indiana Jones en su primera entrega descubría los poderes divinos del Arca Perdida). Con el material de Ballard, el estilo de Spielberg, siempre a caballo entre el citado Lean, la ingenuidad de Capra y DeMille, brilla porque acentúa la bizarra paradoja que supone que el protagonista rinda culto a los soldados japoneses que le tienen cautivo. Observen este memorable encuentro del joven Jim, obsesionado con los aviones, con dos pilotos japoneses a los que saluda. El saludo le salvará la vida de otro soldado, indignado por el atrevimiento del niño.

Otro de mis momentos favoritos favoritos es cuando Spielberg juega a la narración subjetiva. Lo que para Jim es un milagro, es el alma de una compañera siendo integrada en el cielo, no es más que la detonación de la primera bomba atómica. El estilo de Spielberg, yendo de lo íntimo a lo grandioso, se revela imprescindible. Es maduro porque no rueda con la misma sensibilidad que, por ejemplo, E.T. sino que descubre las posibilidades de sus herramientas expresivas. Su Imperio del Sol es imaginativa porque donde otro cineasta hubiera visto una irónica y explícita comedia negra, Spielberg ve el hermoso e incomprensible espectáculo de la guerra y la destrucción. Y no hay nada más ballardiano.

Hoy he aprendido una palabra nueva: Bomba Atómica.

El genio leve de Leo McCarey

Leo McCarey dirigió An affair to remember (1957), remake de su Love Affair (1939) casi escena por escena. Cambiaban muy pocas cosas: los cincuenta proporcionaban remakes en lujoso Cinemascope, con gran presencia de la música pop (en este caso de Jimmy Durante) y los protagonistas eran levemente distintos, adaptados absolutamente al gusto del Hollywood de entonces.: Cary Grant es un playboy antes que un romántico pintor y esto crea una sensación de exotismo menor a la de Charles Boyer, cuyo pintor era bohemio y cercano. La pareja de Boyer, Irene Dunne era una actriz más dramática que Deborah Kerr, que añade unos extraordinarios rasgos cómicos con una rara y frágil forma de sarcasmo como modo de comunicarse con el personaje de Grant. No importa: el guión funciona como un tiro en las dos versiones por su precisión narrativa, toda contenida en el catártico clímax final. De hecho, McCarey usó el mismo guión que coescribió junto a Delmer Daves en 1939 y volvió a acreditarle como coguionista. La diferencia está en los actores y en las composiciones más abiertas del cinemascope. Pueden ver y descargar Love Affair (1939) en archive.org porque, como algunas películas de la RKO, es un film de dominio público.

Pero McCarey se reserva un as en la manga. Aquí, minuto 7:55, pueden ver el beso de la versión del 39. McCarey enfoca a las manos y después mueve la cámara hacia arriba, permitiéndonos ver eso que estábamos intuyendo: el beso intenso y deseado. Pero en la versión del 57 hace lo contrario: el momento más intenso del romance de los protagonistas en el crucero….está mostrado y contado solamente con las manos.

La barandilla funciona como testigo principal. Las manos solamente regresarán cuando el beso haya terminado. El barco y su forma intrincada adquieren todo el protagonismo. Es un recurso extraordinario.

jueves, junio 17, 2010

Pixar en su laberinto



Bien, pues hablando de animación es inevitable pensar en Toy Story 3 como inevitable punto de inflexión para Pixar. Primero, porque es su segunda secuela y será la primera de muchas: Cars 2 y Monstruos S.A. 2 están ya anunciadas y con fechas de salida. Un proyecto como Newt, el debut en el largometraje de Gary Rydstrom (Lifted), parece haberse cancelado, aunque el comunicado no ha sido exactamente oficial. Toy Story fue la piedra angular de Pixar y una soberbia película de animación que sentó las bases que han sofisticado películas como Wall-E o Up. Este concept art nos muestra el habitual (y brillante) trabajo de los artistas de Pixar y alimenta nuestras esperanzas respecto a la película. El rumbo del estudio animado es irreprochable y su nueva película promete un cierre para Woody, Buzz Lightyear, protagonistas de dos de las mejores películas del Canon del estudio.

miércoles, junio 16, 2010

Tati, Chomet


El trabajo animado de Sylvain Chomet puede considerarse un auténtico milagro: en tiempos de la exuberancia digital made in Pixar y el hiperrealismo de la Motion Capture, la animación artesanal y deliciosa del francés parece un oasis inverosímil. Su obra, además, contiene un humanismo capaz de ser demoledor y optimista al mismo tiempo, paradoja que quizá explique la admiración rendida que le profesan otros maestros como Hayao Miyazaki. Les Tripletes de Belleville (2003) es una película que debe verse al menos tres veces para comprenderse y en su nueva película, L'illusioniste (2010), el moestro Chomet ha partido de un guión inédito del maestro Jacques Tati, autor de dos o tres obras maestras, Viendo este tráiler ruso parece claro que la gema animada de este año tiene nombre y apellidos: ¡qué pena que la animación europea despierte tanta pereza en sus espectadores!

jueves, junio 10, 2010

Ser Policial (II)


Javier Calvo, Corona de Flores. Random House Mondadori, Barcelona, 2009.

Para qué engañarnos: Corona de Flores se antoja imprescindible en estos días. Y puestos a ser sinceros: nunca me ha interesado la obra de Javier Calvo (Barcelona, 1973) hasta hace relativamente poco. Sobre Risas Enlatadas como parte de la narrativa de la imagen se ha escrito mucho, recuerdo textos de Mora, entre otros, al respecto. No logré terminar El dios reflectante y bien está que el lector lo sepa. Calvo empezó a interesarme con Los Ríos Perdidos de Londres y a sorprenderme con Mundo Maravilloso. Considero su texto más perfecto e imprescindible para entender sus ideas (y con sus ideas hablo de tres o cuatro meditaciones sobre el presente y la relación con la ciudad) Ríos Perdidos.

Superficialmente la novela es, por supuesto, gótica. Y dickensiana. Se ha escrito sobre eso. En su fondo late un lector muy profundo de la obra de Joan Perucho. Tan profundo que seguramente se me escapen cosas, pero basta con empezar a leer al escritor catalán, con tomar como proféticos puntos de partida dos de sus mejores textos (que definen una poética subterránea) para entenderlo: sus textos dedicados a la Arquitectura Gótica Barcelonesa y a Lovecraft incluidos en Espectacles & Secrets como primer paso hacia una serie de cuentos de los que Calvo aprende tino narrativo e ideas sobre el mundo.

Calvo está perfectamente cómodo con la novela policial. La suya está marcada por el escenario, por la ciudad y una divertida reconstrucción histórica en la que hay sitio para políticos y demás fauna subterránea. Su esquema no podía ser, por supuesto, más contemporáneo: un inspector frustrado y entrañable, Semproni de Paula, que protagoniza un culebrón humillante al llegar a casa y trata de resolver un marrón enervante en su trabajo como detective; un mad doctor, Menelaus Roca, con imaginería levemente steampunk (¡la pseudorquídea!) y una relación ambigua con una mudita esclava llamada Libertada y, mi personaje favorito, el autor de un folletín que arrasa en Barcelona, Aniol Almarrosa, al que Calvo le da la escena más divertida de la novela, o al menos la que mejor es capaz de definir sugerir muchas cosas a la vez: el autor del folletín que tan intrigado tiene al público y preocupado a las autoridades, jugando a cartas con gente peligrosa, sospechosísima de poder ser revolucionarios. Absolutamente todo tiene un uso contemporáneo: Calvo para comprender, como el Alan Moore del hiper-retorcido y distinto en tono From Hell, los mecanismos de transición y nacimiento de la era moderna con el final del siglo pasado.

El estilo de la novela es festivo en todo momento y cercano a lo que podríamos llamar grand-style, valleinclanesco y dickensiano, y prueba de ello son, por poner un ejemplo, los tres primeros capítulos. Pocas cosas que objetar. Si acaso que mi parte favorita está en las 190 primeras páginas, intachables, en la que todo parece construido de una forma redonda: el contrapunto metalingüistico en Almarrosa a los crímenes del asesino, el elemento sobrenatural que proviene de un pasado del que huye el mad Doctor, el pasado común entre Roca y Semproni, etcétera. Una vez resuelto el misterio y dando pasos hacia el final, el relato me parece más endeble en términos de construcción narrativa (y lo digo entendiendo como muy saludable la decisión del autor de no reducir demasiado a Almarrosa al rol esperable).

Estos pormenores son, por supuesto, discutibles. La novela es menos interesante para este bloguero, pero mantiene su estilo e incluye niños voraces (dejémoslo ahí) y una sana propensión a llevar más allá las humillaciones físicas y espirituales a Roca y Semproni de Paula. Y qué clase de reproche admite esta clase de virtudes. Aunque no me parece ni lejanamente una novela del diecinueve (no la concibo sin su mirada contemporánea e irónica sobre el pasado y la autoconciencia respecto a figuras arquetípicas), Corona de Flores descubre a un autor ante su primera tentativa de clásico y con una obra imprevisible. Lo que, admítamoslo, es una noticia excelente.

miércoles, junio 09, 2010

La genealogía del Capitán América

Ultimate Vengadores#1. Guión de Mark Millar, dibujos de Carlos Pachecho. Traducción De Santiago García. Panini Cómics, 2009.

-Spoilers -

Una gran noticia: acaba de empezar a publicarse en España el excelente Ultimate Avengers. Su autor es uno de mis favoritos, Mark Millar, seguramente el nombre que más dudas me provoque por su brillantez a ratos negligente, muchas veces fruto del ingenio, otras una genialidad indiscutible. Así ha venido transcurriendo su obra, con sus ecos perfectos (Superman: Red Son) y sus reformulaciones absolutamente imprescindibles del superhéroe contemporáneo (Civil War; The Ultimates 1&2). Ahora regresa a The Ultimates, después de que Jeph Loeb fuera el peor heredero posible de su etapa con Bryan Hitch y junto a Joe Madureira firmara una de los tebeos de superhéroes más decepcionantes y aburridos que he leído. Todo lo que Millar y Hitch habían transformado en intrigante revisión del esquema superheroico terminaba siendo rutinaria aventura, desecada de toda la ambigüedad con la que el escocés ha dado algunos de sus mejores aciertos. Tras el reinicio de Ultimátum, la propuesta de esta miniserie es ofrecer arcos con distintos dibujantes: el primero es del discutido Carlos Pacheco, que parece adaptarse bien a las necesidades de Millar, aunque a veces funcione como una perversión del estilo de Steve McNiven.

Parece evidente que el Capitán América es el personaje favorito de Millar y esto se comprende viendo en qué rol lo colocó en la Civil War y qué otro papel tuvo en The Ultimates, como eco anacrónico de un tiempo de superhéroes y finalmente como crepuscular héroe que comprendía su labor simbólica al final del día. Este primer número no podía empezar mejor. : Cráneo Rojo, tradicional némesis del Capitán América, contrataaca, en un universo recién reiniciado tras los sucesos de Ultimátum. Le espeta al oído que se trata de su hijo.

Y en un flashback memorable descubrimos que Cráneo Rojo es el hijo perdido de Steve Rogers y Gail Richards, educado por el gobierno por su parecido por su padre, finalmente rebelado por ese mismo motivo y cuyo rostro proviene de una escabrosa reacción a su herencia. Cráneo Rojo fue primero un agente nazi y luego Albert Malik, un enviado comunista. En cada época se adaptaba a la dialéctica del Capitán América: la aventura propagandística, nacida en los tiempos simples de la segunda guerra mundial. Millar, de nuevo, hace una lectura atenta a lo que significan los símbolos que rodean a cada uno de sus personajes y es ahí donde se hace difícil discutirlo, convirtiendo al villano en resentimiento contra el Capitán América, en cuestionamiento ante la posibilidad de que incluso su era de gloria estuviera exenta de errores. El Capitán América parecía vivir un proceso (lineal) de desencanto en sus Ultimates: ahora es el lector el que parece destinado a este aprendizaje.

Es cierto que este tebeo contiene la habitual envoltura de ampuloso blockbuster que caracteriza al autor, muchas veces excusa para esperar el siguiente cliffhanger, pero su canónica estructura cosida a base de flashbacks y su sugerente idea hacen el resto y confirman lo esperado: Millar está de vuelta y trae ideas inflamadas para sobrecargar a los mitos de la casa Marvel de ambigüedad.

martes, junio 08, 2010

Nombre en clave: Baraka


Este tráiler viral (seguramente de un juego venidero o eso parece) de un Mortal Kombat en clave hiperrealista (Cortesías) es uno de los ejercicios más notables de reinterpretaciónd e mitologías pop en clave deliberadamente Ultimate.: la conversión de la bestia Baraka en un psychokiller me parece una de las conexiones más inspiradas que he visto lately. Shang Tsung convertido en jefe mafioso y Scorpion y SubZero expresidiarios sacados del neo noir más necio. Esta reinvención, a priori, no es tanto una serie de coartadas para examinar una mitología hecha de materiales de derribo como una vuelta de tuerca todavía más festiva a unos personajes.

Actualización: Es el vídeo piloto para financiar película...cuenta Kotaku.

sábado, junio 05, 2010

El viejo tema del doble

El Libro de Arena de Jorge Luis Borges contiene uno de los relatos más inesperadamente tiernos y hermosos del autor argentino: El Otro, que imagina a un narrador (El propio Borges) encontrándose con su yo joven en un banco frente al río Charles, en Cambridge. El Otro Borges parece estar en otro lugar: en Ginebra. El autor argentino concedía a un lugar cotidiano un raro punto de encuentro, aunque no desdeñaba la lectura onírica ("El encuentro fue real, pero el otro conversó conmigo en un sueño y fue así que pudo olvidarme; yo conversé con él en la vigilia y todavía me atormenta el recuerdo).

Mirror Image, vigésimo primer capítulo de la primera temporada de The Twilight Zone, propone una lectura del tema del doble a medio camino entre la que propondría Borges casi diecisiete años más tarde y la fundacional El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde. Serling precede a Borges en el espacio corriente: su punto de encuentro entre dos mundos es una estación de autobuses y el banco en el que se produce la espera. También especula con la posibilidad de lo irreal, en este caso con la locura de la protagonista, Millicent Barnes (Vera Miles) que descubre aterrorizada que ya ha estado preguntando por la hora de llegada del autobús al que espera en una noche de tromenta y que ya ha conocido a la señora de la limpieza del lavabo al que acude todavía más desorientada. Oscar Wilde imaginó una metáfora perdurable: el dobble de su cuadro representaba todo a lo que Dorian Gray había renunciado para lograr su triunfo definitivo y supremo, un triunfo estético.

Rod Serling imagina algo más perverso, en sintonía con el gato de Schrödinger (y con descendientes tan simpáticas y claras como La habitación del niño de Álex de la Iglesia): un punto de encuentro en el que los dobles malignos tengan capacidad y voluntad de reemplazar a los reales. Un lugar que sirva de puerta de acceso para el Doppelgänger. Lo más admirable de Serling, uno de los narradores más brillantes del siglo XX y el fundador del serial de televisión moderno, es hasta qué punto sus narraciones presentan matices sorprendentes. En Mirror Image, todos (el vendedor de la estación, la señora de la limpieza, incluso la policía) parece ser ya un doble: no se nos aclara esa posibilidad. Las dudas las produce su protagonista y sus sentimientos, pero Serling especula con la posibilidad de que el mundo ya haya sido convertido, incluso más allá de la invasión extraterrestre en clave infiltración (otro tema habitual de la serie). El mundo de Mirror Image es espeso: ninguna verdad basta para identificarnos como individuos (o como el mismo tipo de individuo que el resto) y todas son susceptibles de provocar la destrucción de nuestro yo.

lunes, mayo 31, 2010

Ser Policial (I)

Even while men's minds are wild, lest more mischance

On plots and errors happen

William Shakespeare, Hamlet


Vicente Luis Mora, Alba Cromm. Barcelona, Seix Barral, 2010.

-With tons of Spoilers -

Esto no puede ser una crítica de una novela tan compleja y sugerente como Alba Cromm, cuya riqueza es, ciertamente, cervantina, aunque algo más que en el sentido que le da el propio Mora: también es cervantina (también sterniana), en el sentido que hace de la digresión una de sus formas, pero también la celebración de sus posibilidades una clave en su estructura. La obra está sobresaturada de lecturas, de referencias, de bromas (públicas, privadas, una costa a de este bloguero reconvertido en pornógrafo completista para un nuevo mundo). Habrá posts para hablar de estos elementos, de un interés insoslayable para completar su lectura, pero me interesa hablar de Alba Cromm en términos más básicos: como reformulación del género policial en clave estrictamente contemporánea.

Estas nuevas posibilidades de la novela no pasan solamente por diseñarla, un paso más allá de Cero Absoluto, de Javier Fernández, influencia y una voz contemporánea de Mora, cuya crítica parece predecir algunas de sus ambiciones. La obra de Fernández era un relato apocalíptico, distópico, en clave de reescritura (de Ballard y Dick, principalmente, aunque había muchos otros) de un tipo de novela (digamos Ubik; digamos el Ballard vanguardista de sus relatos cortos) a través de los titulares, a través del relato mediático de los periódicos. El proyecto de Mora pasa por la revista de tendencias masculina y la reescritura pasa por el future noir: los ecos son de Blade Runner y Minority Report (y el cuento que la inspiró de Dick, posiblemente), pero, sobre todo, de dos obras previas del propio Mora: Subterráneos (de cuyos relatos parece una continuación lógica) y Pangea, con un Internet hecho directamente de interfaz y deseo. Mora teje una narrativa con varios personajes: Alba Cromm, una solitaria e inquebrantable comisaria de policía; Ezequiel Martínez Cerva, el periodista interesado en el caso; Elena, la psicóloga amiga de la protagonista, y el misterioso y buscado Nemo, el invencible hacker, sospechoso de ser el mayor traficante de pornografía infantil.

El Sr. Molina, de solodelibros, asegura que la novela parece un refrito de las de Stieg Larsson. Celebro la coincidencia en el zeitgeist de dos heroínas del neo policial, pero el final de Alba Cromm tiene poco que hacer con una gran trama conspirativa y mucho con una terrible y hermosa imagen que replantea todo el relato. Es un final basado en la duda. En la duda profunda.

Hamlet
parece un obvio precusor. Con esto no estoy diciendo que Mora sea, en el sentido habitual, shakespereano: apasionado del wordplay o de la caracterización de personajes que parecen estar disfrutando en todo momento de quienes son (como Falstaff). La obra incluye, en cierto sentido, un misterio que el protagonista debe resolver: la conspiración de su tío Claudio para deshacerse de él.

El brutal envenenamiento de Gertudis y Claudio, el asesinato con reconciliación de Laertes y el suicidio final de Hamlet son la culminación de la duda. La lucha contra el yo de Hamlet llega al extremo de salpicar al lector que ha distinguido desde el inicio si el príncipe está haciendo un espectacular baño de sangre guiado realmente por la justicia poética o si su refriega incontrolable le ha llevado al fracaso absoluto. Shakespeare fue un poco más generoso que Mora al identificar en el carismático Claudio un villano total.

La novela policíaca parece ser profundamente interesante cuando el sujeto detectivesco está expuesto al cuestionamiento. En A scandal in Bohemia, Sherlock Holmes conocía a Irene Adler y con ello la única mujer capaz de hacernos dudar de su invencible inteligencia. En El Largo Adiós, Philip Marlowe llegaba al punto límite de su escepticismo: su mejor amigo, Terry Lennox, no solamente le pedía un favor irrepetible sino que le implicaba en un crimen. Pero es cierto que estas cimas son de personajes cuya infabilidad ha sido, de algún modo, preestablecida. El agente de la Intercontinental de la Cosecha Roja de Dashiell Hammet era ambiguo gracias al escenario: el suyo era un mundo de vaciado moral y cambio fácil. Bajo Hammet, puede explicarse el origen de Ellroy, cuyos detectives frecuentemente están marcados a fuego por su tiempo, casi siempre pasado y cuya resonancia tolstoiana –dado que todos sus personajes parecen centrifugados por el motor de la Historia- nos llevaría otros posts. Las dos variaciones más brillantes están en El misterio del Cuarto amarillo (Gaston Leroux) y su descendiente, El asesinato de Roger Ackroyd (Agatha Christie). En la primera, Leroux nos enseñaba a un detective que no era otra cosa que el perfecto criminal: ambos son narradores –deben (de)construir una escena del crimen-, demiurgo de su propia novela (en la medida en que se trata del autor del misterio). En la de Agatha Christie, el narrador es el nuevo ayudante del detective y es, a su vez, el criminal. La maniobra de Christie debe leerse en clave deconstructiva: Watson, la quintaesencia del compañero de EL detective (Holmes), era también el narrador fiable por excelencia. Convirtiendo al narrador en un criminal, el misterio adquiría una singularísima contrarreloj: el detective debía adelantarse al narrador que, a su vez, conocía las distancias del lector. Ambas son ejemplos de tensión frente al misterio, el detective y su caso. De un modo singular, Alba Cromm estuvo dialogando con el mundo (hiper)real blogosférico entre Mayo de 2005 y Marzo de 2009.

La brillantez de la obra de Mora está en en su contexto: absolutamente todo está explicado en el mundo en el que transcurre la obra, una distopía machista donde lo más leído son las revistas de tendencias masculinas y cuyo máximo objetivo es alzar unos ideales de belleza gordos, y de la que, de hecho, somos lectores.

La novela empieza con un interrogante que sabemos que su autor cerrará en la última página y es la de encajar el reportaje de Alba Cromm, una comisaria fuerte y ejemplar, en una revista machista llamada Upman, que lo anuncia como el caso del que todo el mundo hablaba desde hace meses. Como elemento narrativo, hay reminiscencias de Watchmen: en el tebeo de Alan Moore y Dave Gibbons el rol de los superhéroes en el mundo real se explicaba con un tebeo llamado Los relatos del navío negro, relato de piratas en la onda del Arthur Gordon Pym de Poe, que leía un adolescente tras un quiosco. El tebeo actuaba como elemento metalingüístico: era un tebeo dentro de otro (y además una forma de diálogo con la tradición, especialmente con los tebeos de la EC que leía de niño), pero también como correlato al ascenso metafórico de uno de los protagonistas y como detalle que daba una pista definitiva del mundo en el que estábamos: Nixon era presidente gracias al Dr. Manhattan y debido a la irrupción de superhéroes desde los años treinta, los tebeos más relevantes eran los de piratas (y los de terror).

En el mundo de Alba Cromm, Internet juega un papel muy relevante. Parece que las predicciones o especulaciones hechas por Mora en su ensayo Pangea, se han cumplido. Allí escribe:

"Que la realidad, la información existente, es la que se encuentra en la Red; es decir la grave confusión entre Pangea y el mundo"

La conclusión es desoladora: toda la trama de Nemo se revela malinterpretación obsesiva de la comisaria y todo lo que queda es un niño frente a la pantalla, malinterpretado por un poder policial obstinado en violar cualquier tipo de privacidad. Mora, volviendo a Pangea, ya había escrito:

"Como dentro de menos tiempo del deseado, todo se hará a través de Internet, es posible que la gente, por puro agotamiento, decida pasar su tiempo libre fuera de la red, en pasatiempos alternativos. Queda por saber qué ocurrirá con los pertinaces"

Esos pertinaces son tanto Nemo, una generación todavía inocente, como los pedófilos que son desarticulados. Hamlet luchaba todo el rato con su yo, incluso antes de descubrir la conspiración, esa batalla se libraba durante toda la obra. Mora estructura el misterio de tal manera que la lucha contra el yo de Cromm no quede evidente hasta el final, cuando el lector descubre el trauma adquirido por la policía tras años de analizar vídeos de pedófilos queda adicta y atraída por los terribles preparativos y juegos previos al acto y es consciente de que toda su lucha ha sido estéril.

¿Hacia dónde nos lleva esto? Hay una línea perversa que este bloguero supone que va del "let me speak to the yet unknowking world" de Horacio al final de Hamlet a el recuento ejecutado por Upman de esa historia que conmocionó al mundo hace unos meses (y cuyo recogido parcial está en la bitácora del Reportero Luis Ramírez).: Horacio parece convencido de lo sensacional(ista) de su relato (Of carnal, bloody and unnatural acts / Of accidental judgments, casual slaughters) y Upman de su función paradigmática. Las dudas siguen siendo las mismas para el lector: ¿en qué punto nos encontramos? Esta clase de respuestas hacen que la obra esté abierta, pero con una diferencia respecto a Hamlet: mientras que sabíamos qué ocurriría con el mundo que dejaba atrás el príncipe (o al menos quien heredaría el trono), no parecemos saber qué ocurrirá tras el juicio de Cromm y con el auge definitivo de una sociedad machista. Sabemos, eso sí, su punto de partida.

Lo único que parece claro es la prestación que se hace del género policial, conducida no tanto por la brillantez incuestionable del detective, ni por su posición heroica sobre la sociedad, sino por el modo en que esta determina absolutamente toda la narración y por el modo en el que el detective lucha contra sí mismo.

lunes, mayo 24, 2010

El inevitable post del final de Lost

Decía Ricardo Piglia que las novelas de Thomas Pynchon y Philip K. Dick trataban sobre de la destrucción de la memoria. Lo decía en un ensayo en el que hablaba sobre el último cuento de Borges: La Memoria de Shakespeare. El personaje de Borges heredaba antes de morir algo: la memoria personal del dramaturgo inglés.

Estas dos metafóras servían a Piglia como crónicas de una reacción ante la posmodernidad. El final de Lost ha trabajado sobre estas ideas y el resultado ha sido enteramente sofisticado. Ha hablado de la posibilidad, remota, de generar una ilusión en la que todo vaya bien. Pero los personajes han muerto ya. Las imágenes elegíacas del avión estrellado no eran una ensoñación, como de un modo confuso han interpretado la mayoría de media, sino otra cosa.: un rastro. El universo alternativo en el que transcurre la serie es un Limbo. El papel de Desmond, el hombre que viaja entre las realidades y entre los mundos, era claro: recuperar la Memoria compartida, la memoria de la isla. Memoria, que por cierto, es la gran metáfora del fan, marcado por el directo de la serie (proporcionado por Internet): es nuestra memoria porque son nuestros últimos cinco años. La escena de la reunión en la iglesia, es, como ha dicho Jorge Carrión, metalingüística: son los personajes/actores en una cálida despedida de los fans.

Recuperando la memoria, los personajes de Lost pueden desaparecer. Es una idea hermosa y poética: donde permanecerán es en la nuestra. Al fin.

Más:

-Brillante Post de Nacho Vigalondo

domingo, mayo 23, 2010

Tres notas antes del final de Lost



1. La Lost Weekend de Noel Ceballos es una manera muy recomendable de compartir estas horas mí(s)ticas.

2. Damon Lindelof y Carlton Cuse hablaron de la serie con los fans en el Times. Contestaron a sus preguntas. Los vídeos de la charla organizados por el diario son muy recomendables. Respecto a los libros, Cuse responde y lo dice claro: We put books in the show that inspired us. Our main intent was to show the audience some of the things that influenced us as storytellers.

3. Lost Books, estupenda página. El último libro citado es Haroun and the sea of stories de Salman Rushdie. El primero The Epic of Gilgamesh, el relato mítico de la Antigua Mesopotomia, una reliquia que logró conservarse en tablas. El libro de Rushdie es un ejemplo muy claro de realismo mágico, altamente influido por Cien años de Soledad de García Márquez, libro-crónica de Macondo. La ciudad más triste pensada por Rushdie funciona al modo del vaciado: la épica del Gilgamesh es un rastro, un contexto. Sobre esta ruta existe una metáfora (tentadora) de la serie y su narrativa.

jueves, mayo 20, 2010

Fast Times at Bloggin' High

Tiempo de proyectos excitantes, fellas. Se agota rápido, pero habrá sorpresas. Entre tanto, pueden esperar leyendo mi reseña de Diario de las especies de la escritora chilena Claudia Apablaza. Es, como saben, la entrega de mi columna mensual Opiniones Misceláneas para Libro de Notas. Y en We Love Cinema, mi textaco dedicado a Alfonso Cuarón.

¡Ah! Noel Ceballos, hombre sabio, ha publicado un excelente texto dedicado a Guillermo del Toro.

martes, mayo 11, 2010

El superhéroe como marca


Iron Man 2 (2010, Jon Favreau)

Muchos inconvenientes puede tener este blockbuster: el principal de ellos es el (nulo) garbo de Favreau para comandar secuencias de acción que carecen de una aproximación estética clara o virtuosa y esto fastidia más sabiendo que el nombre de Genndy Tartakovsky está acreditado como diseñador y autor de los storyboards. Hay una set piece que cumple como introducción prometedora, pero su escena final no es más que una versión alargada del duelo en la primera entrega, con el mismo concepto de Iron Man vs. Robot Gigante, pero multiplicado, contando el protagonista con su ayudante Máquina de Guerra y el villano con todo un ejército de armaduras. En ese sentido, el pesado clímax final no es tanto un momento catártico, sino un largo peaje a una interesantísima comedia sobre los hábitos corporativos, con unos intercambios absolutamente herederos del screwball entre Tony Stark (Robert Downey Jr.), el Iron Man del título, y su secretaria, Virginia Pepper Potts (Gwyneth Paltrow).

No obstante, ese elemento, una leve comedia ambientada en el mundo de las grandes multinacionales, me parece muchísimo más valioso que las recientes aproximaciones de Nolan y la Warner Bros al mito de Batman, otro millonario que se construye como héroe pero en clave de alma herida. La película es una crónica corporativa y sus símiles son obvios. El muy brillante Alejandro Pérez los ha glosado de un modo didáctico y completo.

"He privatizado la paz mundial" dice Tony Stark en la escena más brillante y graciosa de la película. Iron Man 2 cuenta, en efecto, un clásico enfrentamiento liberal, modelo escuela de Chicago: entre el enterpreneur brillantísimo y el gobierno intrusista, encarnado por Garry Shandling en un Senador que no comprende la libertad de los superhéroes. Sin embargo, paralelamente las líneas de la sátira son mucho más complejas si uno es un espectador atento: "Tu padre era un león" le dice Justin Hammer, sosias del modelo Bill Gates (con un "software de mierda") del empresario segundón, y esto lo descubrimos de la mano de Nick Furia, el líder de SHIELD que revela a nuestro protagonista que está en una lista de candidatos a un proyecto llamado La inciativa Vengadores y que SHIELD, la rama secreta gubernamental que organiza el supergrupo, fue fundada por su padre en un acto de "servicio público".

Iron Man: Extremis de Warren Ellis y Adi Gradnov es el máximo referente del film en cuestiones argumentales, como ha señalado ya John Tones. Ellis, siempre interesado por los usos de la neurociencia en sus tebeos superheroicos, marcaba una relación entre Stark y su armadura, vagamente emulada en el film que nos ocupa, en la que la mala conciencia iba acentuada a la naturaleza de máquina de guerra del protagonista y su fusión con el protagonista daría como resultado el perfecto soldado post-humano.

Iron Man (2008, Jon Favreau) era divertida, pero su retelling empresarial era tímido: aunque el villano era el clásico "malvado" hamletiano releído en divertida clave corporativa, lo que importaba era la formación del héroe como tal y su pequeña adquisición de la problemática social no era verosímil, pese a pretender configurarse como el relato de un empresario que desarrolla conciencia y por eso se convierte en superhéroe, tesis que se desmentía al final de la película con nuestro héroe confesando su identidad por vanidad.

El impacto del superhéroe en los Batman de Nolan era meramente social, de un idealismo simplón: el superhéroe era un símbolo de esperanza en la regeneración social y, cuando en la segunda entrega la figura "legal" de Harvey Dent podía enmendarle, Batman asumirá su transformación en Dos Caras para mantenerle como ideal terrenal. Nolan solamente llegó a cuestionarse el papel de su héroe en términos políticos: justificando sus excesos ante un enemigo nihilista en una descripción ambigua y tramposa.

Martin Schenider, crítico de McSweeney's y Metaphilm, asume que Batman es el Judas de las Tres Versiones de Judas de Jorge Luis Borges. Sin embargo, esta idea no se sostiene dado que la preferencia de Batman es por el prestigio social de un fiscal ante la figura de un superhéroe: si Nolan se hubiera atrevido a llegar hasta el fondo, hubiéramos descubierto que lo que realmente quiere Batman no es un "héroe luminoso y sin máscara" sino que la gente no se de cuenta que "un pirado superheroico" es su máxima esperanza. En la línea con la torpe ambigüedad de la película, Nolan jamás deja clara la condición de psicopáta del protagonista y se limita a dejarle tomando decisiones arriesgadas.

Jon Favreau, en cambio, ha ido un paso más allá en Iron Man 2 al enunciar al superhéroe como icono empresarial, como una figura de gran impacto en el Capital ("buen trabajo" le dice a un niño que viste su merchandising y que está a punto de ser eliminado por un robot que le confunde con el verdadero Iron Man) y, por lo tanto, debe cuidar su Marca. Es cierto que esto puede interpretarse como un gesto frívolo, pero ¿acaso no ha sido Favreau el primero en hacerse esta pregunta y en presentar esta visión en el cine superheroico? Por eso, los villanos de Iron Man no pueden ser monstruos del miedo como el R'as Al Ghoul de Begins o el Joker de The Dark Knight (que provocan la clásica fascinación adolescente y que evitan la pregunta del rol siniestro que ejerce el héroe - Batman), sino dos formas muy distintas de oposición en la era corporativa en el capitalismo hiperdesarrollado: Ivan Vanko es el hijo resentido de la URSS, espia delatado y deportado. Su objetivo no es nostálgico, en eso difiere del clásico villano ruso del cine de acción norteamericano de los noventa, sino destructivo: quiere matar a Stark por lo que simboliza.

Sin embargo, su mecenas, el empresario Justin Hammer, eterno segundón al lado de Stark, le sugiere "debes acabar con su legado". Hammer cree en las reglas de juego del capitalismo: lo mejor es devaluar al héroe, no matarlo, no aniquilarlo. Cualquier reacción de resistencia, de anarquía al sistema, es inútil: la derrota más dolorosa es la económica. Es en esta ironía donde la película brilla más y donde deja a sus actores explayarse como grandes aciertos de cast: el Vanko de Rourke habla en términos simbólicos y religiosos (Sangrarán los Dioses) y Hammer habla en términos de negocio: "Lo importante es el legado" se nos dice, refiriéndose a la Marca y su prestigio y sus significados.

La película deja abierta su estimulante línea argumental: Los Vengadores, un secreto supergrupo financiado por Shield otra rama secreta del gobierno, serán el próximo destino de Stark. Para Mark Millar, Los Vengadores fueron un motivo de sátira política al convertirlos en objetos instrumentalizados de intereses del Imperio Norteamericano comandado por Bush. Lo que haga con ellos Joss Whedon (creador de Buffy y Firefly), afectará, indudablemente, a esta sugerente visión del superhéroe como modelo empresarial, servida como ligera y divertidísima, a ratos excesiva, comedia por Favreau.

lunes, mayo 10, 2010

Miniaturas Ghibli


Pocas cosas más afortunadas que este spot de Ghibli para Nisshin Shifun. Storyboards de su hijo, Goro Miyazaki (que debutó con Cuentos de Terramar) y dirige Katsuya Kondo a.k.a. el supervisor animado de la milagrosa Ponyo.

martes, abril 27, 2010

Desvelos lunares

Junichiro Tanizaki. 'La madre del Capitán Shigemoto'

Siruela, 2008. Traducción de Maria Luisa Balseiro. 176 páginas.

Uno no lee este libro, sino los rastros de sus traducciones. Así lo ha escrito ya Zambra en su notablísimo ensayo dedicado a los dos libros que Siruela acaba de editar de Junichiro Tanizaki. En el caso concreto de La madre del capitán Shigemoto, publicada en Japón en 1949, estamos leyendo una versión castellana de la traducción inglesa de Anthony Chambers, publicada por Knopf en 1993.

Resulta imposible, pues, hablar de una prosa, de un estilo y toda tentativa queda en una suposición futil. Si que podemos hablar de su estructura: la narración de un hecho ocurrido se hace a partir de una broma que aparece en La Novela Genji y se filtra la investigación como método de especulación narrativa: se suceden escenas, al principio sobre la seducción y su extraña ironía, después sobre la pérdida y el reencuentro y el retiro. Son, en realidad, dos o tres escenas potentísimas, pero solamente en una confluyen los personajes y el resto es la crónica de sus destinos.

Las mujeres aparecen poco o cuando aparecen es en calidad de luminosas, de irrupciones. Jiju es esquiva y humilla a su amante Heiju de todas las formas posibles, siempre fantasmagóricas y su rol en la sombra funciona como contrapunto a una sociedad de hombres apuestos (sus humillaciones son físicas y más tarde leemos que los sabios budistas aseveran que el "cuerpo es impuro"). El viejo Kunitsune, un retirado ministro de ochenta años, es verdaderamente sincero cuando está borracho, pero también caprichoso y regala a su mujer a Shihei. El capitán Shigemoto, el hijo de Kunitsune, verá el rostro de su madre antes de que esta se marche y de eso se encargará el último episodio: de narrar un reencuentro de personas que han desaparecido o están a punto de hacerlo y que han seguido con sus vidas o en el retiro budista como poso de sabiduría o en cierto deambular.

Es un libro en el que la poesía tiene un gran papel, ya sea como el arma que usan algunos para seducir o halagar o mentir o para expresar algo de un modo desesperado. También para el autor: concede a la luna la función de narradora. En los dos encuentros con su madre, el Capitán Shigemoto está bajo la luz del astro, pero solamente en el primero será clara. Es inevitable pensar en los versos de Borges: "Sé que la luna o la palabra luna / es una letra que fue creada para / la compleja escritura de esa rara/ cosa que somos, numerosa y una".

domingo, abril 25, 2010

Breves


Desde París con Amor (From Paris with Love, 2010, Pierre Morel)

Aunque el título remita con sorna a un clásico bondiano de los sesenta, esto es una actualización, en clave más o menos noughties (una especie de hiperrealismo bourne cruzado con la cantera más anfetamínica del cine de HK, John Woo, Tsui Hark et al), del hard-boiled de Mickey Spillane pasado por la buddy movie típica del cine norteamericano de los ochenta. John Travolta es un súperjusticiero de la CIA que pervierte a su pupilo, un aprendiz casi bourgeois encarnado por Jonathan Rhys-Meyers. Morel anda muy, muy lejos del grand-style de John Woo y en su tarea de encargado de Luc Besson (productor y guionista), que repite el clásico final de furia misógina (o marital) del escritor Spillane, cumple y poco más (una persecución en una autopista bastante vistosa, aunque lejos del nivel de un Greengrass), a un nivel más bajo que la más disfrutable Venganza. Lo bizarro del asunto es que su ideología reaccionaria está más cerca de la anarquía de derechas (Lévi-Strauss dixit) que del fascismo: todo aquí es delirante y bizarro y exagerado (los protagonistas consumen cocaína en la torre eiffel para que su infiltración resulte efectiva y su tensión aumente durante los tiroteos y se ven obligados a matar a unos policías franceses que les entorpecen la huida) . Su disfrute se limita a eso y no hay demasiado reseñable.

Tránsito (Stay, 2005, Marc Forster)

Esta película bien podría formar junto a Mothman (2001, Mark Pellington) el díptico de low-Lynch para todos los públicos. Aunque hay que ser justos con Marc Forster: el guión que maneja, escrito por David Benioff, está lleno de referencias al sueño, desde Hamlet hasta Freud. Su dirección es de nivel y hay citas explícitas a Goya, transiciones visuales sugestivas que desvelan una planificación obsesiva y simétrica, errores de raccord para potenciar las cualidades oníricas del escenario (algo que también usa el Scorsese de Shutter Island) y un montón de citas explícitas a Vértigo, con el solapamiento Lila y Athena siendo la más reiterativa (y obvia). El motivo del film estaba ya mejor contado en An ocurrence on Owl Creel Bridge, pero el resultado es apreciable.

sábado, abril 24, 2010

Huérfanos de Dharma


Que la sexta temporada de Lost se admire tanto no es novedad: este mes la serie termina y deja un legado histórico y un directo (proporcionado gracias a la Red) inolvidable. Como no quiero redundar en esto, pues les dejo este vídeo que la ABC ha dedicado a todos sus fans y a la orfandad que sentiremos cuando termine.

viernes, abril 23, 2010

El día 23

Seis recomendaciones para que compren hoy y no otro día. Y, les recuerdo, que mi última columna era sobre dos libros dedicados a John Ford. Se quejarán ustedes.

lunes, abril 19, 2010

Comebacks


No tengo tiempo para más, pero si el nuevo single de la titana del pop Kate Nash (vía) o el regreso-esperadísimo de Blur no merecen un post pues.....



Denle las gracias a Salanova que me lo ha puesto todo enlazadico.