viernes, marzo 14, 2008

Entre dos aguas

Terminado el Stranglehold podemos definir perfectamente su problema: se trata de un Woo que se mueve equidistante entre dos aguas. Ya lo ha hecho en su etapa norteamericana con películas como Blanco Humano o WindTalkers, o incluso su excelente corto para The Hire, Hostage. Pero la equidistancia de Stranglehold es muy negativa: un Woo que había llevado al máximo sus capacidades formales en la excelente e hiperbólica Hard-Boiled (como se señala en John Woo de Pedro Berruezo, tiene un grado de auto parodia sutil, pero también una constante en el que el honor se fluye con el plomo y la hombría) para rodar una secuela demasiado amanerada, con una repetición nada novedosa del esquema de la película, incluso con el policía traidor pero sin un Leslie Cheung o el fundamental Tony Leung para hacerle sombra. Su traición no lleva el dolor y su repetición del trauma de la identidad es más autoparódica que otra cosa.

Stranglehold, con su subtrama paternal y su pérdida amorosa manchada de sangre, se acerca, incluso con este Chow-Yun Fat digitalizado a lo que fue en 1997 la excelente ( a un nivel meramente formal ) coda Replacement Killers a obras maestras como A better tomorrow 2, la citada o The Killer: una coda, maja e impresionante, con el sabor cool de su héroe pero sin su alma. Un remake para el gran público de Hard-Boiled, en el que Woo ha relajado sus constantes y va tocando una serie de greatest hits que todo fan considera glorioso (en ocasiones recuerda el heterodoxo Bond de Ladrón que roba un Ladrón). Nunca en un cineasta tan maestro y primario como Woo un regreso a los orígenes había sido tan incómodo: sólo en la composición brillante de la pelea del bar, todos aquellos duelos en los que hay implicados dragones y dinosaurios su energía queda patente en el juego. ¿EN el resto? Su habitual melodrama está irreconocible (y no por el tono, menos enfático de lo habitual, sino por los temas) y bastante parco, y tras un laborioso duelo final, el cierre de los créditos (con un Woo interpretando un rol metaficticio y tronchante) no deja de ser igualmente autoparódico. ¿Pero esa era la última intención? Una autoparodia disfrazada de continuación y remake, en la línea de Evil Dead 2, la genial obra cumbre de Sam Raimi. No desecharemos está lectura: si es así Stranglehold funciona como un catálogo de excesos, de un entretenimiento y diversión, que exigiría una nueva y renovada lectura. Y a partir de aquí si en esta línea no sería la postwooiana Shoot'Em'Up un camino muchísimo más razonable.