sábado, marzo 04, 2006

TRAFFIC: La adicción

Traffic.
(Traffic, 2000)
D.: Steven Soderbergh.
G.: Stephen Gaghan según la serie británica Traffic de Simon Moore.
I.: Benicio del Toro, Michael Douglas, Don Cheadle, Catherine Zeta-Jones, Dennis Quaid, Erika Christensen, Amy Irving, Jacob Vargas, Steven Bauer, Topher Grace, Tomas Milian, Peter Riegert.
Duración.: 151 minutos. Color.
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BSO.: Brian Eno - An ending (Ascent).

Stephen Gaghan, cineasta que ahora estrena Syriana, se reveló como uno de los guionistas más interesantes del panorama actual de Hollywood, con esta cinta del siempre ecléctico director Steven Soderbergh.

El film se presenta como una de las cintas claves de la nueva década por varias razones. La primera de ella es la de utilizar un sistema narrativo, (Gaghan) que hereda en parte de la estructura de Vidas Cruzadas (1993, Robert Altman), que consiste en proporcionar cambios en el espacio-tiempo. El uso de esta estructura se tiende con un razonablemente atractivo (y también muy influyente) tratamiento estético de las imágenes que ha supuesto toda una revelación de nuevos estilos filmatorios.

Si en el plano narrativo Gaghan bebe de Altman, en el estético Soderbergh usa recursos como la cámara en mano, y los cambios tonales, según el espacio. Un irritado y un tanto irritante Alejandro González Iñárritu afirmaba categórico que la filmación de colores contrastados y granito resaltado de Traffic era obra de un director de connotaciones claramente xenófobas, por el color chillón de la imagen. El director de 21 gramos, a la par de algo bobo, no supo que la pretensión de Soderbergh fue muy similar a la propuesta estética de Sam Peckinpah en el clásico Quiero la cabeza de Alfredo García. Y que no es otro, que el del resaltar la atmósfera calurosa, agobiante y polvorienta que sufre Méjico. Esto queda muy claro, porque cuando un personaje pasa la frontera, se adopta este estilo. El cambio tonal viene definido por el espacio, nunca por el personaje que deambula en escena. Así para Los Ángeles se opta por una cámara en mano neutra, en Méjico la ya citada contrastada imagen semidocumental de granito, y en Washington tonos azules que marcan la frialdad, de la capital de Estados Unidos.

Las historias que se articulan son variopintas, y Gaghan teje con un pulso admirable como todas ellas confluyen de una forma natural y que no queda forzada. Por un lado, Robert Wakefield es nombrado responsable de la política antidroga de Estados Unidos, y se enfrenta a la droga en casa.: pronto descubre que su hija es adicta. Por el otro Helena Ayala debe afrontar la amenaza contra su esposo que resulta ser un poderoso narcotraficante. Y por el otro la de Javier Rodríguez, un policía mexicano que intenta ser honesto, y luchar contra la droga, en un mundo de corruptos donde todo le es hostil.

Lo mejor de estas historias es su carácter de perspectiva. La historia toma diversos puntos de vista, para que así observemos como se desarrolla el mundo que rodea a la droga más que la droga en sí. Para entendernos, Soderbergh, aunque no obvia en una historia, los efectos de la adicción, de lo que habla (él y Gaghan) es de una adicción al poder. Estamos pues lejos de Réquiem for a Dream.

Toda esta historia de poder tiene diversas lecturas. La primera es que de hecho, lo más lógico seria legalizar las drogas, y evitar toda esta industria de muertes y corrupción que la rodea. La segunda, es que no sólo es necesaria una lucha en el ámbito policial, sino también en el familiar. Hace falta unión contra el tema. Hace falta algo más que un compromiso. Los adictos, también son víctimas.

Las interpretaciones son sobresalientes. El guión y las actuaciones sostienen las mejores virtudes de la película. Encontramos a unos cautivadores Michael Douglas y Benicio del Toro. Al descubrimiento del gran Don Cheadle. Y Steven Bauer, haciendo de narcotraficante, nos devuelve el aliento de aquel personaje de Scarface de Manny solo en parte.

En su contra resalta la condición un tanto fría de la dirección en ocasiones. Mientras que su juego estético está muy bien, la dirección es un tanto fría y hasta oportunista en proponer dicho juego estético. Siendo claros, que la propuesta es original, pero no trasciende mucho más allá. No deja de ser una hábil propuesta. Es inteligente, pero no se trata de algo realmente trascendental en la manera de filmar, sólo un uso , matizo habilísimo. Lo que si es inteligente es la cámara en mano, que no es mareante, y que da el buscadísimo tono documental que logra.
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Así, en su inteligente jugada de obviar la caída en el maniqueísmo que habían tenido el 75% de cintas anteriores sobre la droga, Soderbergh construye un magnífico y espectacular thriller de visos documentales cuya propuesta estética y estructural ha sido clave en el cine posterior norteamericano.

Puntuación.: 8,75.

2 comentarios:

Noel dijo...

Yo la ODIO. Menos mal que "Syriana" ha redimido un poco a su guionista, porque la historia de Michael Douglas y su hijita es completamente horrible.

Pero igual es que me cae muy gordo su director: solo le aguanto los "Ocean's". Bueno, y la de Kafka.

Alvy Singer dijo...

No creo que sea eso. A mi me pasa igual con Soderbergh. Me cae gordísimo (creo que tambien soportamos casi los mismos films, porque erin brockovich me parece maniquea y telefilmica, su alabado debut no me dice nada, y solo me gusto la kafiana y ocean's eleven, a falta de ver la secuela).

Y la historia de Douglas es un tanto telefilmica, pero yo sigo cryeendo que Gaghan cree que lo mejor es legalizar. Sino no hubiese emancipado una historia como la de Don Cheadle, Luis Guzman y Miguel Ferrer (que les suela réplicas muy significativas9